Análisis
Jhore: la voz de un barrio
La historia del freestyle a través la vida de un artista.
Por Elias Maidana. @segovax_rap
No tenía muchos caminos para elegir, era la delincuencia o trabajar como un esclavo. Jorge Benites mejor conocido como «Jhore», es uno de los artistas más influyentes del barrio Carlos Mujica.
Nació hace 26 años, cuando todavía era la Villa 31, en el seno de una familia trabajadora, de padres paraguayos, tercero de cuatro hermanos, de contextura grande, moreno y con una barba que lo hace sentir seguro.
Empezó en el género a mediados del 2011 escuchando artistas como “Nach’ » y decidió escribir y grabar su primera canción a finales de ese año.Antes de contar su historia es bueno saber y entender cómo nació y se cimentó este género en el país.

El Hip Hop en Argentina empezó a popularizarse entre mediados de los 90’s y principios de los 2000, momento en que se formaron las primeras crews argentinas y varios grupos de amigos empezaron a juntarse en las calles a rapear y a compartir sus conocimientos sobre esta nueva cultura proveniente de Estados Unidos.
A fines de 2002, el estreno de 8 Mile, la película que cuenta la historia de Eminem y sus comienzos en las batallas, sirvió como un empujón para que más personas conocieran este nuevo movimiento y le prestarán más atención.
Con el tiempo, empezaron a surgir competencias mejor organizadas, de mayor nivel y, con el paso de los años, los encuentros en las plazas se volvieron cada vez más populares.
Teniendo en cuenta esos momentos, Jhore tuvo un primer acercamiento con la cultura gracias a un amigo suyo que también estaba comenzando en el movimiento, escuchando a artistas españoles y estadounidenses se propuso a escribir temas que no se animó a grabar.
En el 2012 se sintió motivado a registrar sus primeras canciones usando su celular e instrumentales que descargaba de internet y, al mismo tiempo, tuvo un mayor acercamiento a la cultura del Rap en Argentina y, sobre todo, al freestyle.
Usando como referente al rapero español «Nach Scratch» cuyas letras profundas y filosóficas lo inspiraron a expresarse y también a mostrarle a las personas que el arte puede provenir de cualquier lugar.
«Empecé con una caja de zapatillas repleta de letras que solo yo conocía«, dice el artista apasionado por la escritura, la poesía y por contar historias y, así, se sintió cada vez más motivado.
Pero hubo un acontecimiento que marcó un antes y un después en el freestyle argentino: en 2013, Dtoke se coronó campeón internacional de la Red Bull Batalla de los gallos –luego de tres años sin finales internacionales- y se convirtió en la esperanza para todos los aspirantes que soñaban con triunfar en esta disciplina.
Al sentirse motivado por ese momento, Jhore decidió mejorar la calidad de sus grabaciones y junto a sus amigos empezaron a armar «Home Studios» o estudios de grabación caseros, donde pudo mejorar en la calidad de sus canciones.
Así continuó hasta el 2016 donde conoció a más artistas emergentes de su barrio y tuvo contacto con personas dentro del movimiento que él no conocía y qué vivían en el Mugica.
«Al subir al escenario sentí una presión inmensa y aun la siento cada vez que subo a la tarima», asegura Jhore recordando ese mismo año en donde subió por primera vez a un escenario y cantó sus primeras canciones al público, con los nervios de las primeras veces.
Un año después de aquella presentación, y teniendo cada vez más visibilización por parte de la gente, se le presentó la oportunidad, gracias a la organización «Scholas» y junto a otros artistas del barrio, de rapearle al Papa Francisco I y, gracias eso, tanto Jhore como otros artistas tuvieron mayor alcance llegando a presentarse en televisión y dando entrevistas en diarios y revistas.
Ese mismo año junto a otra organización llamada «La poderosa», que lo ayudó a él y a otros artistas a ser conocidos en más barrios, realizó un viaje a Porto Alegre, Brasil, donde pudo compartir su música y experiencias con personas de otros países.
En esos años la cultura del Hip Hop, pero sobre todo el freestyle, tuvo un alcance masivo en el país, donde era cada vez más común que en las plazas y en los barrios se formarán competencias de freestyle.
Al mismo tiempo, otras más profesionales como la Freestyle Master Series, FMS, y la God Level comenzaron a apostar por el público argentino.«Yo no quiero fama ni ser conocido, lo único que quiero es escribir y que mis letras lleguen a más personas«, dice Jhore, que recientemente fue padre y que, a pesar de todo lo que vivió, él sigue adelante con su vida y su familia, deseando poder llevar su arte y su voz a todo el mundo.
Desde entonces y gracias a estos acontecimientos, en el país muchos artistas deciden empezar a mostrarse, pero aún quedan demasiados limitados ya sea por su capital económico, o por la falta de apoyo de las personas.
Muchos aún no pueden ser visibles, por eso es importante conocer nuevos artistas, ya que sus historias muchas veces no son escuchadas. Si se les abren las puertas podría generarse algo nuevo, e incluso, mejor de todo lo que conocemos actualmente.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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