Análisis
Rosario Vera Peñaloza: madre del aula
Pedagoga y pionera de la eduacación inicial, esta docente riojana creó jardines de infantes y escuelas, museos y bibliotecas en todo el país durante casi medio siglo.
Por Daniel Giarone
Rosario Vera Peñaloza apostó por niños que pudieran jugar y aprender. También adquirir habilidades prácticas y asociar la cultura nacional con el conocimiento. Murió en 1950, a los 77 años, cuando iba a dar un curso de formación docente.
Fue necesario cruzar llanuras, dejarse llevar por ríos caudalosos, internarse por valles y cerros majestusos. Fue necesario encontrar a las infancias en esas mismas llanuras, en aquellos ríos, valles y montañas, en su identidad y en los juegos apenas interrumpidos. Fue necesario Rosario Vera Peñaloza, maestra y pedagoga, para pensar la educación desde los primeros años de vida y como una construcción creativa.
Fue a fines del siglo XIX, cuando la Argentina adoptaba la fisonomía y organización impuesta por los vencedores de Caseros, cuando Rosarito comenzó su tarea docente.
La reforma del sistema de enseñanza, la formación docente y la creación de jardines de infantes (y con ellos de la educación inicial) fue su principal legado, que todavía perdura.Fue el día de la Navidad de 1873, en Atiles, La Rioja, cuando nació.
Hija de Eloy Vera y de Mercedes Peñaloza, bisnieta del abuelo del “Chacho”, caudillo federal de los Llanos. Resultó la menor de cuatro hermanas.
No llegó a conocer a su hermano varón, que falleció a poco de nacer. Cuando tenía 10 años murió su papá y, tiempo después, su madre. Se crió con su tía materna, Jesús Peñaloza Ocampo. Se trasladó a la casa de unos parientes en San Juan para ir a la escuela primaria, donde entraría a un aula por primera vez. Algo que no dejaría de hacer hasta tu muerte, setenta años después.

De la niña de los Llanos a la maestra de todos
Durante medio siglo formó docentes en todo el país. De regreso a los Llanos ingresó en la Escuela Normal de La Rioja, entonces dirigida por las maestras estadounidenses Annette Haven y Bernice Avery, que Domingo Faustino Sarmiento había radicado en el país.
En 1888 se graduó como Maestra Normal y cuatro años después ingresaría a la Escuela Normal de Paraná, donde obtuvo el título de Profesora y recibiría la influencia de Sara Chamberlain de Eccleston, su gran mentora.
El interés por la formación de los más chicos ya estaba vivo en Rosario, quien en 1897 se graduó como Profesora de Kindergarten, en la Escuela de Profesores de Jardín de Infantes de Paraná. Sólo tres años después, con el nacimiento del nuevo siglo, fundaría el Jardín de Infantes anexo a la Escuela Normal de La Rioja.
Fue el primer Jardín de Infantes de la Argentina y el puntapie inicial de una larga serie de jardines creados en Córdoba, Buenos Aires y Paraná. Diseñó planes de estudio y programas de educación preescolar.
Se convirtió en una pionera del Nivel Incial, en una pedagoga inquieta e innovadora.Entre sus labores también aparecen la de Inspectora de Educación Física (1910), Directora de la Escuela Normal 1 “Roque Saenz Peña” en Buenos Aires (1912), la fundación y dirección de la Escuela Normal 9 “Domingo Faustino Sarmiento” y la de Directora de la Escuela Modelo Argentina (1918).
También participó, a pedido del Consejo Nacional de Educación, de la fundación del Museo Argentino para la Educación Primaria (1931). Instalado en el Instituto Bernasconi, se convirtió en un espacio de investigación y formulación de propuestas educativas.
Allí también se critalizó uno de sus principales proyectos, el Pre-Escolar Felix Bernasconi. Peñaloza no dejó de pensar nunca la educación. Impulsó su renovación, una actualización acorde a las realidades y necesidades de los niños.
Para esto dictó cursos en casi todo el país, bregando por la enseñanza popular. Apostó por nuevas técnicas y didácticas para jardines de infantes. Además, brindó capacitación en la creación de bibliotecas.
Credo Patriótico * “Amar a la Patria más que a si mismo”. * “No realizar acto alguno que mengue la propia dignidad. Quien se dignifica a si mismo, dignifica a la Patria”.* “Buscar y practicar siempre la verdad”. Estas son algunas de las diez máximas que integran “Credo Patriótico”, texto con el que Rosario Vera Peñaloza daba testimonio de sus ideas y buscaba dejar como legado.

Trabajó con la Geografía como punto de partida para la enseñanza, sosteniendo que la escuela debía tomar en cuenta la cultura regional y local, en un tiro por elevación a la uniformidad centralista de la época, lo que le valió reproches y sanciones.
“Siempre es lenta la marcha de las ideas nuevas. Hay siempre una lucha hasta que el público las acepta y todos los que llegan a ser discípulos de tal innovación tienen que soportar críticas y advertencias injustas”, escribió.
Vera Peñaloza difundió los principios de Froebel y Montessori. Intentó adpatarlos a la realidad nacional y a cruzarlos con las ideas de autores argentinos como Joaquín V. González y Juan B. Terán.
Además, promovió el trabajo manual en las escuelas primarias para que los chicos desarrollen habilidades prácticas.
En cuanto a los jardines de infantes, su labor fue superlativa. Impulsó la actualización de los programas de estudio para maestras jardineras, figura que no existía en el país, y dedicó buena parte de su tiempo a pensar la didáctica.
Es que entendía a la educación como un proceso integral que comenzaba en los primeros años de vida. Destacaba la importancia de la expresión oral y la construcción del conocimiento a través de la creatividad, la exploración y el juego.
“El juego es la vida del niño. En él ejercita su actividad innata y muestra sus gustos y sus tendencias, su sentir”, repetía.
ROSARITO VERA, MAESTRA “Con manos sucias de tiza / Siembras semillas de letras / Y crecen abecedarios /En tu corazón maestra / Y crecen abecedarios / En tu corazón de maestra”, escribió Félix Luna en “Rosarito Vera, maestra”, poema musicalizado por Ariel Ramírez y que con voz de Mercedes Sosa integra “Mujeres Argentinas”, disco donde se recuerda a la docente y pedagoga.
El material, editado por Philips en 1969, rinde homenaje a Rosario Vera Peñaloza, junto a otras mujeres también protatonistas de la historia argentina, como Juana Azurduy, Alfonsina Storni y Guadalupe Cuenca.
El LP contenía ocho canciones, algunas de las cuales se convirtieron en clásico de la música popular, como “Dorotea, la cuativa”, “Alfonsina y el mar” o la propia “Rosarito Vera, maestra”.
Identidad, cultura y pertenencia

En 1900 fundó un Jardín de Infantes anexo a la Escuela Normal de La Rioja. Fue el primero de la Argentina.
Rosario Vera Peñaloza escribió 25 textos, entre libros y papeles de trabajo, muchos de los cuales permanecen inéditos. Ocupó 22 cargos públicos.
Fue una incansable impulsora de jardines de infantes, bibliotecas y museos. Pero por sobretodo fue maestra, formadora de maestros. Buscó que el aula fuera tan amplia como grande concebía a la Patria.
La muerte la encontró a las 77 años, haciendo lo que sabía y amaba. Fue el 28 de mayo de 1950, en Chamical, provincia de La Rioja, cuando iba a dar un curso de formación docente.
Se despidió como pensaba, promoviendo el encuentro y la pertenecia a una identidad común.
Su labor como maestra de los más pequeños recibió reconocimiento institucional en diciembre de 2014, mes en el que el Congreso de la Nación sancionó, y el Poder Ejecutivo promulgó, la ley 27059, donde se establece el 28 de mayo (día del fallecimiento de la pedagoga) “como el Día Nacional del Docente de Nivel Inicial”.
Por Jesús Rivero
Según quiénes acompañaban a Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia, que en paralelo que avanzaba en su marcha, escribía, demasiado escribía. Cuando lo capturaron el 8 de octubre de 1967 encontraron en su mochila varios cuadernos escritos a mano, el más conocido es su diario de campaña, pero había un cuaderno rojo en el que había transcrito (escrito más allá) tres poemas de Rubén Darío. Uno de ellos era Marcha Triunfal.
Setenta y dos años antes, una fría madrugada de fines de abril de 1895, el gran poeta nicaragüense aún no había escrito aquella marcha. En el contexto de nuestra Plaza de Mayo, estaba en un banco, desalineado, desmejorado. Seguro había pasado una noche de vino y juerga. Cuando sucedió algo inesperado, lo encontró el amigo indicado, era el doctor Plaza, responsable de la Isla Martín Garcia, donde por aquellos días se hacía la cuarentena, por la epidemia de fiebre amarilla. El doctor Plaza cubrió a Darío con un sobretodo y lo llevó directamente hasta el puerto para embarcarse en el vaporcito que los trasladará hasta la isla.
En la Isla Martín Garcia, se recuperó, al mismo tiempo que escribió, demasiado escribió. Un día llegó un telegrama en donde le pedían un poema para el próximo aniversario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Cuyo lugar físico de celebración era “El Ateneo de la calle Florida». Tenía tres días para hacerlo, Darío se sentó y escribió su marcha triunfal que pasaría a la historia. Y, como a tantas bibliotecas de nuestro país, llegó también a la de la familia Guevara.
Ernesto Guevara de la Serna “Che» nació el 14 de junio de 1928, pleno auge de la crisis del sistema capitalista a nivel global. En lo que respecta a la Marcha Triunfal, Ernesto se la aprendería de memoria como efecto de escuchar a su padre recitarla repetidamente. Esta transmisión lo acompañaría hasta sus últimos días, transcribiendo la misma, en su cuaderno en la selva boliviana. Hoy, el manuscrito de Rubén Darío está en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores en Ciudad Autonoma de Buenos Aires. Y, el cuaderno con la transcripción del Che, en un archivo del ejército en la ciudad de La Paz, Bolivia. Marcha Triunfal, poema que celebra una revolución, escrito en el río de La Plata, que fue transcripto por un revolucionario en la selva de Bolivia.
* escritor y activista político
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