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Análisis

¿Qué vamos a hacer para que la derecha no vuelva a gobernar?

Por Demetrio Iramain.

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Por Demetrio Iramain

Durante su intervención en Pilar Cristina dejó abierta la posibilidad de ser candidata, dijeron algunos. Para otros, la alejó un poquito más. “Yo voy a hacer, como siempre, lo que tenga que hacer para lograr que nuestro pueblo, nuestra sociedad, pueda organizarse en un proyecto de país que vuelva a recuperar la ilusión, la fuerza y la alegría de nuestra gente”, dijo.

En rigor, Cristina siempre hizo lo que debía hacer para la felicidad de este pueblo. En términos estrictamente electorales, también. Como cuando en 2005 enfrentó a Chiche Duhalde en la provincia de Buenos Aires y separó definitivamente al naciente kirchnerismo del pejotismo conservador.

Cuando Junto a Néstor Kirchner decidieron su candidatura presidencial en 2007 para garantizar de ese modo una alternancia entre ellos dos, que después se vio frustrada por la inesperada y dolorosa partida de su compañero de vida.

Cuando en 2015 dejó con las manos vacías a Florencio Randazzo en la candidatura, y muchos segmentos del kirchnerismo de entonces protestaron airadamente por la fórmula encabezada por Scioli, Carta Abierta entre los más notorios.

Cuando en 2017 creó Unidad Ciudadana para detener la sangría que había experimentado el ex Frente para la Victoria, y mantener firmes las convicciones y altas las banderas de la Década Ganada ante tantos y tantas que las olvidaban por pura conveniencia.

Y en 2019, cuando cedió a Alberto el encabezamiento de la fórmula del Frente de Todos, que posibilitó echar a Macri en primera vuelta y dejarlo sin reelección.

Nadie puede afirmar que Cristina vaya a ser candidata en 2023, ni negarlo rotundamente. Tal vez tampoco ella lo sepa. El enemigo juega, y últimamente está con ganas de matar. La violencia está instalada y el Partido Judicial, lejos de condenarla con fallos ejemplares, la ha permitido y legitimado.

Pero qué duda cabe que Cristina va a hacer lo que tenga que hacer para que este pueblo vuelva a ser feliz. La vicepresidenta es, con fueros o sin ellos, la figura política central de los últimos 20 años argentinos. Su decisión va a resultar determinante para el próximo proceso electoral.

Ojo: el éxito colectivo de nuestro país no depende sólo de que ella no se equivoque. No fue magia y su liderazgo no es el producto de una casualidad en la historia.

La pregunta es qué vamos a hacer cada uno de nosotros y nosotras, para que la derecha no vuelva a gobernar a partir del año que viene. Unidos, organizados y solidarios, siempre.

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Opinión

“La visión y la pasión puesta en el porvenir»

A 3 años de la Gran Estafa de Vicentín.

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Por Carlos Del Frade

“La visión y la pasión puesta en el porvenir» es la frase que todavía funciona como saludo de bienvenida en la página web de Vicentin y es la síntesis de una historia que comenzó hace más de noventa años, en los días finales del segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen y durante la gestión de Pedro Gómez Cello, de origen radical, en Santa Fe, el segundo territorio de la Argentina.

La historia oficial de Vicentin habla de los “inicios del grupo agroindustrial”. Allí se puede leer que el nacimiento se remonta “a fines de la década del ’20 con un pequeño comercio de acopio y ramos generales en Avellaneda, localidad situada al norte de la provincia de Santa Fe. Años más tarde, la empresa inicia su actividad con la puesta en marcha de su primera planta desmotadora de algodón y fábrica de aceite resultante de la molienda de semillas de algodón, lino y maní”.

“Estas innovaciones iniciales se fueron potenciando hasta alcanzar dimensión industrial relevante cuando en 1966 se incorpora en la molienda de semillas el proceso de extracción por solventes que condujo que los niveles de producción se incrementaran considerablemente y que la compañía se insertara definitivamente en el sector agroindustrial argentino”, sintetiza en una docena de renglones nada menos que 37 años de historia política, económica y social en la Argentina y Santa Fe.

Para el periodista Juan Melo, “los hermanos Máximo, Pedro y Roberto, llegados desde Italia en 1920, fundaron un pequeño comercio de acopio y ramos generales en Avellaneda, en el norte santafesino, que fue creciendo y años después –en 1937– se convirtió en una primera planta desmotadora de algodón, y en una pequeña fábrica de aceite en 1943”.

Las multinacionales que ahora dominan el comercio de granos, como Cargill, Bunge y Dreyfus, recién comenzaban a instalarse en el país”, sigue diciendo la nota.

Muchos años después, en 1979, la compañía se instaló en San Lorenzo, a la vera del río Paraná. Construyó una nueva planta de extracción con capacidad de 2.000 toneladas por día, que es apenas el 10% de lo que muelen hoy las mayores plantas de la Argentina. Sus sueños como agroexportadora nacerían recién en 1985, con la inauguración de su propia terminar de embarque.

La revista “Forbes”, versión Argentina, en el año 2018, ubicó a la familia Vicentin en el puesto 29 entre los “50 más ricos” del país.

Alrededor de ciento treinta integrantes de un árbol que tiene como principales ramas a las familias Vicentin, Buyatti, Padoán, Nardelli y Boschi.

Semejante estructura familiar tiene infinidad de hechos, luminosos, oscuros y difusos que pueden multiplicarse por una inimaginable cantidad de veces a lo largo de más de noventa años.

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