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Análisis

El 1° de mayo y la ultraderecha en Argentina

La lucha por reivindicaciones democráticas y revolucionarias de la clase trabajadora en todo el planeta. 

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El-Argentino-“Trabajo, solidaridad y lucha”, Ricardo Carpani (1961).

Por Julio C. Gambina

La movilización obrera por el Día Internacional de la Lucha de los Trabajadores tiene registro desde 1890 y tuvo su materialización en la Argentina, en simultáneo con los territorios de mayor organización y lucha proletaria, especialmente en Europa y EEUU. 

El capitalismo, en tanto relación social contradictoria, mostraba a fines del siglo XIX la voluntad e identidad por constituir un sujeto y un programa para la revolución y la emancipación social. 

Argentina capitalista

Argentina consolidó su estructura capitalista desde la propiedad terrateniente concentrada, favorecida por el Estado y la ocupación militar de vastos territorios conquistados a los pueblos originarios, junto al ingreso de capital externo y una clase trabajadora mayoritariamente inmigrante desde la segunda mitad del siglo XIX.

La reivindicación principal hacia 1890 remitía a las 8 horas y mejoras en las condiciones de trabajo, algo que se mantendrá en las luchas de años siguientes, contestadas con violenta represión, ejemplo de lo cual son las huelgas patagónicas, en el chaco santafesino, o la semana trágica en contra de la masacre en los talleres Vasena. 

Eran reivindicaciones en contra de la impunidad “gran empresarial”, que venía con jornadas de trabajo en el mundo, que fueron de 16, luego de 12, incluso más en dónde se podía, para recalar en la demanda laboral por una jornada de 8 horas, una temporalidad que a más de un siglo se mantiene, pese al inmenso desarrollo tecnológico, de las fuerzas productivas y de las formas de organización de la producción y la circulación.

Democracia y revolución

Así, el primero de mayo se transformó en una fecha simbólica, expresión de la lucha por reivindicaciones democráticas y revolucionarias de la clase trabajadora en todo el planeta. 

Es un recorrido que transita desde la disminución de la jornada laboral a la revolución, por lo que ya temprano, aun antes de 1890, en 1871, la reacción del poder capitalista adjudicó a la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) la responsabilidad ideológica por la Comuna de París. 

No alcanzaba la lucha por reivindicaciones democráticas y la lucha era por el gobierno y el poder.

La fecha del primero de mayo es síntesis histórica de la tradición reivindicativa y revolucionaria que anida en el Manifiesto comunista, en la AIT y en la obra teórica de Carlos Marx y Federico Engels, especialmente “El Capital”, fundamentación del derecho de los expropiados a la expropiación de los expropiadores.

El primero de mayo es síntesis de la lucha de clases en el régimen capitalista, precisamente desde que las/os explotadas/os promueven la constitución de su proyecto clasista en contra de la explotación. 

Claro que desde el origen aparecen distintas concepciones sobre la sociedad a construir y contra quién y cómo luchar. A esa diversidad la llamamos “fragmentación”, que es parte de la búsqueda del camino efectivo para las transformaciones necesarias, democráticas y revolucionarias. 

Es un trayecto que puebla de la historia en la tradición anarquista, socialista, comunista, por destacar las principales identidades en el movimiento obrero mundial.

Son búsquedas de un proyecto clasista que recorren la historia de las luchas del movimiento obrero en todo el mundo, con las especificidades nacionales, que en la Argentina se procesa en ruptura con la tradición universal con la emergencia del peronismo hacia 1945, hegemonía desde entonces en la clase obrera y el movimiento popular.

Podemos afirmar que, desde el origen, el movimiento obrero busca su lugar en la confrontación con el poder concentrado del capital, y en ese camino se han construido estrategias y tácticas que animaron el debate entre anarquistas, socialistas, comunistas, en diversas variantes en su interior, incluso, corrientes que reivindicaron objetivos inmediatos y se asocian a una concepción sindicalista, mutualista o cooperativista, en donde también conviven diferentes estrategias y tácticas para su desarrollo.

El capitalismo, en tanto relación social supone contradicción y confrontación entre las clases sociales propietarias de medios de producción y de quienes solo tienen la posibilidad de ofertar su fuerza de trabajo para obtener compensación dineraria para resolver en el mercado la satisfacción, a veces, de manera miserable, de los bienes y servicios que hacen a la reproducción de la vida propia y de la familia trabajadora.

La ofensiva del capital

Pero el capitalismo cambió con la acumulación de poder obrero y popular y concedió reivindicaciones, especialmente luego del 1917 y el ciclo de revoluciones hasta fines de los años 70 del siglo pasado, en lo que hemos denominado un tiempo de “defensiva” capitalista. 

Muchas son las conquistas del movimiento obrero y popular desde las primeras formulaciones hacia 1848 y que fueron inspiración programática y de consignas de los primeros de mayo desde 1890.

La lucha y organización obrera y popular colocó a la defensiva al proyecto del capital.

Ante esa inmensa acumulación de poder popular, que afectaba seriamente la tasa de ganancia hacia fines de los 60 y comienzos de los 70 del Siglo XX, la respuesta del poder capitalista adquirió la forma de una fortísima y violenta “ofensiva”, la que se desplegó en inicio como terrorismo de Estado en Sudamérica, para constituirse en “modelo” de disciplinamiento del movimiento obrero y popular con la restauración conservadora en Gran Bretaña y EEUU; extendida al mundo europeo en los 80 y al mundo con la caída de la URSS en los años 90 del siglo pasado.  

El capitalismo dejaba su temporalidad a la “defensiva” y construía un nuevo tiempo de ofensiva por la universalización del régimen del capital, lo que significaba desarmar las conquistas democráticas y revolucionarias logradas en una lucha más que centenaria.

Ahora, la “defensiva” era del movimiento obrero y popular. Es un tiempo de más de medio siglo de reestructuración regresiva del orden capitalista desde 1973, que tiene su expresión en la flexibilización laboral y salarial, la precariedad laboral, la pérdida de ingresos salariales y del conjunto de los sectores populares; con pérdida de derechos sindicales, sociales, colectivos, individuales, agigantando la desigualdad en la apropiación del ingreso y de la riqueza.

Es una dinámica que incluyó la complicidad de las burocracias sindicales, políticas e intelectuales gestadas en tiempo de ofensiva popular, quienes cultivaron una concepción más cercana a la negociación y la conciliación de clases en términos de demandas democráticas postergando el programa por la revolución. 

Cada proceso nacional tiene sus matices al respecto, que bien vale considerar en tiempos de recreación de una estrategia para el movimiento obrero y popular ante los límites de la lógica de acumulación capitalista emergente a la salida de la crisis de los 60/70. 

El neoliberalismo que inició como ensayo en Sudamérica tiene límite en la crisis capitalista del 2007/09, agravada en tiempos de pandemia y de guerras y militarización del presente, lo que se manifiesta en desaceleración económica en un marco de crecimiento del gasto militar, devastación del medio ambiente, expansión del delito y el capitalismo criminal, con mayor explotación y saqueo. 

La ultraderecha y el disciplinamiento para extender la explotación

Nuestra hipótesis, es que otra vez, desde Sudamérica aparece un nuevo ensayo de relanzamiento de la estrategia ofensiva del régimen del capital, y remito al fenómeno de la ultraderecha en el gobierno de Argentina desde diciembre del 2023.

Este primero de mayo del 2024 desafía al movimiento obrero a discutir una estrategia, que más allá de las fragmentaciones de corrientes y tradiciones, recupere una dinámica de ofensiva popular, recogiendo un programa diversificado en la lucha de estos años, en donde lo democrático, sea la lucha por el ingreso, las condiciones de trabajo; las demandas del feminismo popular o el ambientalismo en contra del modelo productivo de devastación, y que enlace con la perspectiva de un cambio revolucionario en contra de la explotación y el saqueo.

La ofensiva terrorista de Estado de las dictaduras genocidas del sur a inicios de los 70´, tiene ahora proyecto con consenso electoral, para profundizar la lógica de subordinación del trabajo, la naturaleza y la sociedad en el capital, lo que requiere el disciplinamiento de la clase trabajadora a la propuesta liberalizadora del capital.

Es un tema que se juega en el disciplinamiento institucional del régimen representativo y federal a los designios del poder ejecutivo, subordinando y hegemonizando al poder legislativo y al judicial, una dinámica en proceso con el objetivo de consolidarse en próximos turnos de renovación parlamentaria y ejecutiva, hacia el 2025 y 2027.

Hablamos desde la Argentina y la realidad del gobierno Milei, en tanto reencarnación de un proyecto restaurador del poder oligárquico imperialista que pretende subordinar a las derechas locales en todas sus variantes detrás del programa de máxima del capital trasnacional, además, con pretensión de constituirse en modelo global para superar la crisis presente del capitalismo.

El movimiento popular en la Argentina, en la resistencia que hoy manifiesta al ajuste y la regresiva reestructuración capitalista, necesita recuperar su historia y desde la diversidad, reagruparse en la construcción de un proyecto político que recoja las tradiciones combativas nacionales y articule con procesos similares en la región y el mundo. Se trata de construir un programa y una estrategia de cara al primero de mayo y su historia, para hacer realidad en el presente las reivindicaciones democráticas y revolucionarias en la perspectiva de una sociedad sin explotación.

Análisis

El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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