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Otro mes en alza para la compraventa de inmuebles en CABA: en julio creció más de 34%

¿Un mercado en recuperación?.

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La cantidad total de escrituras de compraventa de inmuebles en la Ciudad de Buenos Aires registró en julio un incremento del 34,5% interanual, con 6.651 registros en total.
El monto global de las operaciones ascendió a $976.906 millones, lo que representa una suba del 123,4% respecto al mismo mes de 2024, según datos difundidos por el Colegio de Escribanos porteño.

Suba en dólares y en pesos

El monto medio de los actos fue de $146.881.196, equivalente a 114.840 dólares al tipo de cambio oficial promedio. Esto implicó un aumento del 66,2% en pesos y del 25% en moneda estadounidense, lo que confirma que el mercado también se recalienta medido en dólares, tradicional referencia en el sector.

Boom de operaciones con hipoteca

Uno de los datos más significativos fue el de las escrituras formalizadas con hipoteca: 1.393 en julio, lo que implica una suba interanual del 519,1%.
En lo que va de 2025, se contabilizan 8.003 operaciones con crédito hipotecario, lo que representa cerca del 20% del total de compraventas.

El tercer mejor julio de la historia

El presidente del Colegio de Escribanos, Jorge De Bártolo, destacó que julio de 2025 se convirtió en el tercer mejor julio de toda la serie histórica, solo superado por los picos de 1998 y 2008.
“Fue el mejor mes con hipotecas después de siete años, con casi 1.400 créditos. Estos datos merecen ser valorados porque el crédito sigue empujando la actividad”, sostuvo.

Perspectivas y cautela macroeconómica

De Bártolo advirtió, no obstante, que “todavía se podría crecer más”, aunque reconoció que la consolidación del mercado depende de la estabilidad macroeconómica.
El dirigente subrayó que nuevas herramientas financieras, como las hipotecas divisibles o ‘créditos desde el pozo’, comienzan a tomar relevancia en la dinámica inmobiliaria.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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