CABA
Transporte y CABA se reúnen para discutir el traspaso de 32 líneas de colectivos
En la ciudad de Buenos Aires circulan 135 líneas de colectivos, de las que 103 son interjurisdiccionales, cuyos recorridos pasan las fronteras de capital y llegan a los diferentes partidos del conurbano bonaerense. Solo 32 de estas líneas tienen origen y destino dentro de territorio porteño.
El Ministerio de Transporte de la Nación y el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires llevarán a cabo mañana la primera reunión para discutir el futuro de la administración de 32 líneas de colectivos con origen y destino dentro del distrito, lo que incluye la fijación de tarifas y las eventuales asignaciones de subsidios, en la actualidad a cargo del Estado nacional.
El encuentro fue confirmado hoy por la subsecretaria de Planificación y Coordinación del Ministerio, Micaela Morán, quien puntualizó que el Gobierno busca un trato «igualitario» y «federal», en consonancia con lo que reclaman «otras jurisdicciones, tanto oficialistas como opositoras».
Morán recordó que la ley 26.740, que transfirió a la Ciudad la competencia y fiscalización del transporte de subtes y colectivos dentro de sus límites geográficos, «tiene diez años» y a pesar de ello sigue siendo la Nación la que regula todas las líneas de colectivos en el distrito.
En la ciudad de Buenos Aires circulan 135 líneas de autotransporte de pasajeros, de las que 103 son interjurisdiccionales (con recorridos que incluyen partidos del conurbano bonaerense), en tanto las 32 restantes tienen origen y destino dentro de su territorio.
Esas 32 líneas son la 4, 5, 6, 7, 12, 23, 25, 26, 34, 39, 42, 44, 47, 50, 61, 62, 64, 65, 68, 76, 84, 90, 99, 102, 106, 107, 108, 109, 115, 118, 132 y 151.
Los subsidios que el Estado nacional destina para las tarifas de esas 32 líneas representan aproximadamente $ 14.000 millones anuales.
Si bien desde Transporte se puntualizó que el eje de la discusión pasa por la competencia de cada jurisdicción, más allá de la cuestión tarifaria y los consiguientes subsidios, en el Gobierno porteño se aseguró que lo que se pretende es un aumento del valor del pasaje y que sea la administración de Horacio Rodríguez Larreta la que se haga cargo del costo político de la decisión.
En la actualidad, el boleto mínimo de colectivo en la Ciudad es de $ 18, un monto notoriamente inferior al vigente en el resto del país, donde hay tarifas que llegan a triplicar ese valor.
Morán reiteró los conceptos expresados oportunamente por el ministro Alexis Guerrera y el secretario Diego Giuliano y remarcó que «va a ser una decisión de la Ciudad aumentar las tarifas o mantenerlas en un monto razonable».
Al respecto, puso de relieve que la provincia de Buenos Aires aporta el 91% de los subsidios a las tarifas de colectivos, pero insistió en que la competencia excede la cuestión tarifaria y abarca otras clases de controles.
«El Ministerio no puede decidir por dónde van las líneas de colectivo de la ciudad ni dónde tienen que estar las paradas», ejemplificó la funcionaria.
En el marco de ese debate, un informe de la consultora Politikon Chaco precisó que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), integrada por la ciudad autónoma y los partidos del conurbano, percibió en 2021 $ 96.215,2 millones en concepto de subsidios al transporte público de pasajeros.
Ese monto representa el 77,9% del total y más que triplica los recursos que se giraron a todo el resto del país en el mismo período.
La diferencia es aún mayor si se toma la asignación de recursos per capita por región, ya que el AMBA recibió $ 6.599,7 contra un promedio nacional de $ 2.695.
Sin embargo, ese promedio está influenciado por las transferencias a CABA y el conurbano, al punto que si se las excluyera del cálculo «en ninguna otra región la medición per cápita supera los $1.200 por persona», remarcó la entidad dirigida por Alejandro Pegoraro.
Es decir, la relación entre lo que recibe el AMBA por habitante y el resto del país es de más de 5 a 1 y se amplía a 10 a 1 si la comparación se hace con el NEA ($ 674,7 por habitante) y la Patagonia ($ 612,6), según el análisis de la entidad en base a información del Ministerio de Transporte.
Con datos provisorios de diciembre, en 2021, se distribuyeron $123.482,2 millones en subsidios al transporte público de pasajeros en todo el país.
«Sin embargo, tal y como se está debatiendo en la actualidad, existe una alta concentración de esos recursos solo en el AMBA, jurisdicción que concentró el 77,9% de ese total durante el año, equivalente a la suma de $96.215,2 millones», indicó Politikon Chaco.
En consecuencia, al resto del país (incluyendo el interior de Buenos Aires), «se destinaron solo $ 27.266,9 millones», completó.
Detrás del 77,9% de subsidios girados al área metropolitana se ubicó Córdoba, con solamente el 3,8% en el segundo lugar ($ 4.715 millones, veinte veces menos que el AMBA).
Luego estuvieron Santa Fe (3,2%), Mendoza (2,2%), Tucumán (2%) y el resto de la provincia de Buenos Aires (1,6%).
Con el 1,1% cada una figuraron Salta, Jujuy y San Juan, seguidas por Misiones con el 1%, Entre Ríos (0,8%), Corrientes y Santiago del Estero (0,6% en cada caso).
Con el 0,5% se anotaron Chaco y Neuquén, seguidas por Chubut (0,4%), Río Negro, San Luis y Catamarca (0,3% cada una), La Rioja y La Pampa (0,1%), en tanto Tierra del Fuego y Santa Cruz prácticamente no tuvieron subsidios.
CABA
La K del afiche: Macri usa fondos públicos para hacer campaña contra los pobres
El alcalde de la Ciudad criminaliza a los sin techo mientras recorta vivienda al mínimo histórico de 14 años, 65.000 propiedades permanecen vacías y el crédito hipotecario excluye a la mayoría de los porteños.
El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desplegó una campaña publicitaria institucional con afiches en paradas de colectivos que muestran a efectivos antimotines de la Policía de la Ciudad y el lema «La ciudad sin Okupas con Ley y Orden», con la K deliberadamente elegida como operación de propaganda política.
La iniciativa del jefe de Gobierno, Jorge Macri, convive con un presupuesto para vivienda que según la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) es el más bajo de los últimos 14 años, una crisis habitacional que afecta a decenas de miles de familias porteñas y un colapso en el acceso al crédito hipotecario que convierte la vivienda propia en un privilegio inalcanzable para la mayoría.
La K que no es un error ortográfico
El afiche no escribe «ocupas» con C. La elección de la K no es descuido ni tradición ortográfica alternativa, es un recurso político deliberado: asociar visualmente la palabra con el kirchnerismo, con la letra que identifica al espacio político adversario.
Se trata de una pieza de propaganda institucional financiada con dinero público que atribuye a los sectores más vulnerables, quienes no tienen acceso a la vivienda propia y deben recurrir a la ocupación de inmuebles, una filiación política específica. El mensaje subyacente es tan claro como brutal: los que no tienen casa son K, son el enemigo.
La campaña se inscribe en una secuencia de operaciones comunicacionales que Jorge Macri viene ejecutando desde su asunción con evidente orientación electoral de cara a 2027. Poco antes de este afiche, el propio Macri publicó en sus redes sociales la frase «Un muro de control contra la barbarie y el desgobierno de Kicillof«, al lanzar el denominado «Operativo Muro» sobre la General Paz. La retórica de la seguridad como divisa electoral no es nueva; lo que la vuelve particularmente grave es que se financia con presupuesto estatal y se despliega mientras la crisis habitacional de la Ciudad se profundiza sin respuesta.
El presupuesto para vivienda: el más bajo en 14 años
Según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el Presupuesto 2026 de la Ciudad prevé que las partidas destinadas a organismos de vivienda representen menos del 1% del gasto total porteño, con una caída real del 22,9% respecto de 2025, alcanzando su nivel más bajo desde al menos 2012. Mientras tanto, el mismo presupuesto asigna el 15,4% del gasto total a seguridad, unos 2,6 billones de pesos, según datos del propio Gobierno de la Ciudad.
El contraste es obsceno: Macri multiplica los recursos para policías y operativos de imagen mientras destroza la política habitacional. El propio jefe de Gobierno lo expresó sin eufemismos al anunciar en abril de 2026 la construcción de viviendas en un predio de Parque Chacabuco: «Vamos a construir viviendas para policías y familias de clase media en un terreno que recuperamos de los okupas. Con la plata que antes se usaba para regalar viviendas en las villas. Ley y orden.» La declaración resume con claridad el cambio de paradigma: el Estado porteño deja de atender a los que menos tienen para premiar a quienes ya tienen acceso a ingresos formales y estables.
Ese giro lo confirma el propio Macri al declarar que las gestiones anteriores «fracasaron» por concentrarse en villas y asentamientos. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad documentó que más de 65.000 viviendas en condiciones de ser habitadas permanecen vacías o deshabitadas en CABA, en contraste con el número de familias con situación habitacional deficitaria. El problema no es la falta de inmuebles; es la concentración de esos inmuebles en pocas manos y la ausencia de políticas que intervengan sobre esa concentración.
El crédito que nadie puede pagar
El Gobierno porteño anunció en marzo de 2026 una línea de créditos hipotecarios con tasa subsidiada del 7,5% más UVA para primera vivienda, destinada a unidades de hasta 80 metros cuadrados con un valor máximo de 2.800 dólares el metro cuadrado. La cuota inicial, según los propios ejemplos del Banco Ciudad, requiere ingresos familiares formales y documentados desde los 322.000 pesos por cada 10 millones solicitados. A eso se agrega la exigencia de aportar entre el 20 y el 30% del valor del inmueble como anticipo.
En la práctica, ese crédito está diseñado para quienes ya tienen ahorros, empleo en relación de dependencia con antigüedad, historial crediticio limpio y capacidad de endeudarse en UVA, es decir, un instrumento que se ajusta por inflación y que puede disparar la cuota ante cualquier salto de precios.
La enorme mayoría de los trabajadores informales, monotributistas de categorías bajas, desocupados y familias con ingresos inestables, que son precisamente quienes más necesitan acceso a la vivienda, quedan directamente excluidos del sistema. El crédito no resuelve el déficit habitacional; atiende a quienes ya están cerca de la solución y abandona a quienes están lejos.
La concentración que nadie nombra
El debate sobre la vivienda en CABA no puede separarse de la estructura de concentración del mercado inmobiliario porteño. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad advirtió que la Ciudad registra un importante déficit habitacional y duplicó su población en villas y asentamientos en paralelo al incremento del parque de viviendas ociosas. El suelo urbano y los alquileres presentan valores que las políticas públicas no logran contrarrestar, en un contexto de ausencia de regulación efectiva sobre la especulación inmobiliaria.
Entre 2017 y 2019 las partidas de vivienda porteña llegaron a representar alrededor del 4% del presupuesto, con procesos de integración sociourbana en barrios como el Mugica, Villa 20, Rodrigo Bueno y el Playón de Chacarita.
En la gestión Macri esos procesos se suspendieron, las licitaciones se paralizaron y las obras se retomaron de manera muy lenta sin finalizarse, según consignó la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). La parálisis de la integración urbana beneficia al mercado inmobiliario concentrado; la criminalización de los ocupantes sin recursos sirve para tapar esa parálisis con imágenes de escudos antimotines.
Represión como espectáculo, derechos como gasto
Organizaciones de DDHH cuestionaron el modelo securitario de la gestión Macri. Matías Busso, de la Asociación contra la Violencia Institucional (ACVI), señaló que el Gobierno porteño se caracteriza por utilizar las fuerzas de seguridad para violar todo tipo de derechos humanos, y advirtió que operativos como el «Tormenta Negra» pueden llevarse a cabo sin control jurisdiccional ni intervención de un juez. Integrantes de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) denunciaron que esas intervenciones son discriminatorias y racistas, aplicadas sobre barrios vulnerados bajo una presunción de sospecha permanente.
Los afiches con antimotines, el operativo muro, la retórica de la K usurpadora: todo es parte de la misma operación política. Una Ciudad que gasta 2,6 billones en seguridad y apenas el 1% de su presupuesto en vivienda no tiene un problema de ocupaciones ilegales. Tiene un problema de concentración de la riqueza, de exclusión estructural y de voluntad política para atender a los que quedan afuera del mercado. El afiche en la parada del colectivo no es una política de vivienda. Es una declaración de quiénes importan y quiénes no.
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