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Una multitud marchó contra la criminalización del cultivo de marihuana

La manifestación por la despenalización del cultivo salió desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación y estuvo compuesta por jóvenes y numerosas familias.

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Una multitud participó hoy en Buenos Aires de una nueva edición de la Marcha Mundial de la Marihuana, iniciativa que se efectúa en diversos países, con la consigna de la despenalización total de su cultivo y luego que Diputados aprobara una ley para promover la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial.

La marcha por la despenalización del cultivo salió desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación y estuvo compuesta por jóvenes y numerosas familias quienes avanzaron con música de cumbia y reggae y levantando banderas de distintas organizaciones.

Al llegar al Congreso, referentes de diversos espacios se sumaron al reclamo de la despenalización del cultivo, la necesidad de que el Estado incorpore recursos en la investigación científica y la aplicación médica de los derivados del cannabis.

En la Plaza de los dos Congresos se montó una feria en la que distintos emprendedores ofrecieron alimentos veganos y propuestas de repostería con marihuana, pipas, picadores, boquillas, pipas de agua y diferentes artesanías con alusiones cannabicas.

Sobre el césped, numerosos grupos compartían rondas de mate y cigarrillos de marihuana, mientras se daban charlas sobre recomendaciones de cultivo o intercambio de producciones domésticas.

Gabriel, un empleado administrativo que vino desde San Martin junto a sus amigos, contó en diálogo con Télam que «cuando era más pibe el tema del porro era difícil blanquearlo en casa, pero en estos años se avanzó mucho y por eso es importante bancar espacios como este».

«Todavía hay una connotación negativa en un sector de la sociedad sobre la marihuana, pero el alcohol hace mucho más daño y parece que molesta menos; habría que preguntarnos por qué pasa eso o que sentido tiene que haya gente que tenga que seguir escondiendo la plantita por miedo a que un vecino lo denuncie», agregó.

Jazmin, que llegó con su pareja desde Parque Centenario, dijo a Télam que «es cierto que la mayoría de los que estamos acá somos usuarios recreativos de la marihuana, tal como otros toman vino o cerveza, pero como sociedad tenemos que tener conciencia que este tema es mucho más amplio».

«Acá están las mamás de ‘Mamá Cultiva’ y muchas organizaciones que trabajan con el aceite de cannabis en distintos problemas de salud, todos ellos pierden tiempo explicándole al estado que no están vendiendo porro mientras que lo que debería pasar es que haya más apoyo a la investigación medicinal y a estas organizaciones», completó.

Natalia, una estudiante de Lomas de Zamora, eligió destacar que «al igual que las marchas contra la violencia hacia las mujeres o por los derechos de las diversidades en estás movilizaciones se encuentran muchos colectivos que desde diferentes lugares enfrentan el mismo desafío y eso es muy valioso; por eso no es casualidad que hoy veamos tantos pañuelos verdes o cintas multicolores, porque todos entendemos que debates como estos se dan en la calle».

Flores de la Libertad, un grupo «cannábico solidario», como lo llamó uno de sus integrantes, destacó los avances «a pasos agigantados» de la normativa en el país. Sin embargo, sostuvo que «todavía hay grises legales» y aseguró que «son muchas las personas privadas de su libertad por cultivar».

«La ley es ambigua, aunque, de todos modos, se fue avanzando bastante en estos cinco años en lo que refiere a la reglamentación, a pasos agigantados», dijo. Y agregó: «Hay grises legales, hay allanamientos a diario en el país. Así que estamos ejerciendo una actividad ilegal, pero de alguna manera estamos regulándola».

En tanto, otros manifestantes reclamaron «avanzar en la educación al Poder Judicial» para acabar con la criminalización a cultivadores y a usuarios recreativos del cannabis.

La manifestación se realizó tras la aprobación en Diputados de la ley para el desarrollo del cannabis medicinal y del cáñamo industrial al promover mecanismos de autorizaciones para los productores y comercializadores y estrategias de seguridad, fiscalización y trazabilidad en la cadena.

Valeria Salech, fundadora de ese colectivo autogestivo y madre de Emiliano, quien padece epilepsia refractaria, sostuvo que la norma aprobada ayer por Diputados es «una buena noticia porque va a complementar» la Ley de Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus Derivados.

Esta ley -consideró- tenía un techo porque promovía las investigaciones médicas y científicas pero no generaba acceso a terapias, para las cuales se requiere a mediano y largo plazo la generación de una industria tanto para el uso medicinal como para el empleo industrial».

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Cuotas de un millón y sin edificio: el modelo del colegio privado que no resiste el ajuste

Cierra el St. Martin in the Fields tradicional colegio bilingüe, fundado en 1992, anunció que no abrirá el año que viene. La caída sostenida de la matrícula y el fin del alquiler de un edificio que será demolido sellaron el destino de una institución que durante más de tres décadas formó a generaciones enteras del barrio porteño de Belgrano.

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Trescientos cincuenta estudiantes de nivel inicial, primario y secundario enfrentan la urgencia de buscar nuevo destino educativo para 2027. El St. Martin in the Fields School, institución bilingüe, mixta y laica del barrio porteño de Belgrano, anunció el cierre definitivo de sus puertas al término del ciclo lectivo en curso. La decisión fue comunicada primero por correo electrónico y luego ratificada en una reunión con padres convocada por las propias autoridades del colegio.

La institución, fundada en 1992 por la psicopedagoga Liliana G. de Piccinini en la calle 3 de Febrero al 1700 de Belgrano, sostiene desde hace más de tres décadas una propuesta pedagógica que hoy no logra sostenerse. El colapso responde a una combinación de factores: la pérdida de entre 120 y 150 vacantes en los últimos cinco años, un proceso que las autoridades vinculan a la baja de la tasa de natalidad en el país, y el vencimiento del contrato de alquiler del edificio en diciembre, con una sola salida posible: la demolición del inmueble por parte de sus propietarios.

Una tormenta perfecta: matrícula en caída y sin edificio

La crisis educativa de los colegios privados porteños tiene en el St. Martin in the Fields uno de sus casos más nítidos. El colegio acumuló cientos de vacantes vacías que nunca pudieron llenarse, generando una sangría financiera progresiva en una estructura de costos operativos elevados, donde las cuotas mensuales parten desde el millón de pesos. A ese deterioro sostenido se sumó la imposibilidad de renovar el alquiler: los dueños del inmueble tomaron la decisión irrevocable de no extender el contrato y demoler la propiedad al término del año.

El resultado es una institución que llegó al final de su recorrido sin margen de maniobra. La situación de los tres niveles educativos, inicial, primario y secundario, quedó comprometida de un día para el otro, forzando a las familias a una búsqueda de vacantes a contrarreloj en un circuito educativo porteño que no siempre puede absorber traslados masivos y repentinos.

La comunidad, en estado de conmoción

En las veredas del colegio, el clima es de desolación. «Estamos muy impactados por lo sorpresivo, tristes y preocupados, porque tenemos un enorme compromiso«, expresó Virginia, abuela de dos alumnos del establecimiento. La mujer remarcó el «profundo dolor» que atraviesa a la comunidad y lamentó que la conducción se haya quedado sin margen para continuar con el proyecto educativo, al tiempo que rescató la calidad del cuerpo docente.

Frente a la emergencia, los directivos ya iniciaron conversaciones formales con otras instituciones de la zona para intentar cerrar acuerdos de traslado. La esperanza central es una fusión o absorción por parte de otro colegio, una alternativa administrativa compleja pero que garantizaría la continuidad pedagógica de grupos enteros y evitaría la diáspora definitiva de la comunidad escolar.

El fantasma del Chester College y el ajuste que llega a las aulas

El cierre del St. Martin in the Fields no es un episodio aislado. La comunidad educativa de Belgrano lo compara con la quiebra del Chester College en 2002, otra institución de características similares en el mismo barrio, que también dejó a cientos de familias sin banco de un día para el otro. Dos décadas después, la historia se repite, pero en un contexto económico donde la caída de la matrícula no es solo demográfica: es también el reflejo de familias que ya no pueden sostener cuotas de colegios privados frente al derrumbe del salario real y el impacto del tarifazo sobre el presupuesto del hogar.

La caída de la matrícula en el sector privado es un fenómeno que se registra en distintos puntos del país. El problema del financiamiento y la viabilidad de los proyectos educativos privados se agrava a medida que el ajuste impacta en el poder de compra de las familias, que son quienes sostienen las cuotas y, con ellas, los salarios docentes y los costos operativos de las instituciones. Cuando la ecuación se rompe, el cierre es la consecuencia inevitable.

Analítico:.

De Impacto: 350 chicos sin banco: cierra el histórico St. Martin in the Fields de Belgrano.

De Impacto Crítico: El ajuste llegó a las aulas: otro colegio bilingüe porteño cae frente a la caída del salario y las cuotas imposibles.

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