Ciencia 🧬
Un logro científico histórico contra el Chagas: hecho en Argentina, con el CONICET que Milei recorta
Investigadores del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas desarrollaron GCcanner, un escáner molecular que permite analizar el genoma del Trypanosoma cruzi con precisión sin precedentes. La enfermedad de Chagas afecta a 1,3 millones de personas en Argentina y entre 6 y 7 millones en todo el mundo, causando cerca de 10.000 muertes anuales. El avance fue publicado en la revista científica Methods in Molecular Biology.
Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) desarrollaron GCcanner, una herramienta bioinformática capaz de analizar el genoma del Trypanosoma cruzi, el parásito causante de la enfermedad de Chagas, de manera más rápida, precisa y estandarizada que los métodos disponibles hasta ahora. El avance, publicado en la revista científica Methods in Molecular Biology, fue desarrollado por el equipo del laboratorio de Biología Molecular de Protozoarios del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIBIO, CONICET-UNSAM) y de la Escuela de Bio y Nanotecnología (EByN) de la UNSAM.
Un escáner molecular para un parásito esquivo
El Trypanosoma cruzi es uno de los parásitos más complejos de estudiar: posee una enorme diversidad genética y sus distintas cepas difieren en su capacidad de infectar, en la gravedad del daño que causan y en su respuesta a los medicamentos. Su genoma se organiza en dos grandes compartimentos: las regiones «core», donde se alojan los genes esenciales para la vida del parásito, y las regiones «disruptivas», donde se concentran los llamados factores de virulencia, es decir, los genes que el parásito utiliza para infectar células y evadir las defensas del sistema inmune humano.
El problema central que resuelve GCcanner es de método: hasta ahora, cada laboratorio del mundo utilizaba su propio protocolo para identificar esas regiones, lo que generaba resultados incompatibles, poco reproducibles y difíciles de comparar. «Es como si cada laboratorio usara una receta diferente para hacer la misma comida», explicó Virginia Balouz, investigadora del CONICET en el IIBIO y coautora del desarrollo. «Esto provocaba que los descubrimientos tuvieran sesgos y los resultados fueran poco reproducibles entre los diferentes laboratorios», agregó.
GCcanner estandariza ese proceso: identifica las regiones core y disruptivas usando directamente las secuencias genómicas, sin necesidad de anotarlas ni interpretarlas manualmente. «Funciona como un scanner molecular del genoma de Trypanosoma cruzi, revelando una capa de complejidad nunca antes vista en este patógeno», afirmó Carlos Buscaglia, jefe del laboratorio y también autor del trabajo. «Estudios como estos nos ayudan a entender las diferencias entre las distintas cepas del parásito y sientan las bases para el desarrollo de estrategias terapéuticas y diagnósticas», subrayó.
El genoma completo de la cepa autóctona, una referencia inédita
El desarrollo de GCcanner se apoya en un antecedente también clave: en 2025, el mismo equipo publicó en la revista Scientific Reports, en colaboración con investigadores del Instituto Pasteur de Montevideo, el genoma completo de la cepa RA, una cepa autóctona argentina del Trypanosoma cruzi considerada el modelo de laboratorio por excelencia para estudiar las infecciones más severas de la enfermedad.
Ese mapa genómico de alta resolución identificó cerca de 17.000 genes compartidos con parásitos emparentados, como los que causan la leishmaniasis, y unos 7.000 genes de factores de virulencia exclusivos del Trypanosoma cruzi. «Hasta ahora, la comunidad científica disponía de muy pocos genomas de alta calidad que representen las cepas que circulan en nuestra región», explicó Buscaglia. «Secuenciar con precisión la cepa autóctona RA proporciona una referencia genética confiable que antes no existía». Con GCcanner, agregó, «hoy sabemos con exactitud en qué compartimentos se ubican estos genes estratégicos».
Dividir para conquistar: la lógica detrás de la herramienta
La filosofía de diseño de GCcanner sigue una premisa que los propios investigadores describieron como «dividir y conquistar»: separar un problema grande y difícil de abordar en partes manejables, identificando regiones del genoma por su composición de manera racional. «De esta manera separamos regiones del genoma por su composición, de manera racional, para estudiar el rol de los genes contenidos en cada una», explicó Balouz.
La herramienta también facilita la comparación entre distintas cepas del parásito y la integración de resultados entre laboratorios de todo el mundo, un obstáculo que históricamente fragmentó el conocimiento sobre el Chagas y ralentizó el desarrollo de tratamientos. «Estudios como estos nos permiten conocer en detalle la genómica y la biología de una cepa que circula en nuestro país, y el uso de GCcanner ayudará a allanar el camino para desarrollar estrategias diagnósticas y terapéuticas adecuadas», concluyó Buscaglia.
Una enfermedad desatendida que golpea a los más vulnerables
La enfermedad de Chagas, causada por el Trypanosoma cruzi y transmitida principalmente por la vinchuca, afecta a 1,3 millones de personas en Argentina y a entre 6 y 7 millones en el mundo, con cerca de 10.000 muertes anuales. Se trata de una enfermedad considerada «desatendida» por los organismos internacionales de salud: afecta de manera desproporcionada a las poblaciones rurales más empobrecidas de América Latina, sectores que históricamente no representan mercados atractivos para la industria farmacéutica privada. Por eso, los avances en diagnóstico y tratamiento dependen casi exclusivamente de la investigación científica pública.
En ese contexto, el desarrollo de GCcanner por parte del CONICET y la UNSAM adquiere una dimensión política insoslayable: se produce en el marco de un ajuste sostenido sobre el sistema científico nacional impulsado por la gestión de Javier Milei, que acumula recortes presupuestarios al CONICET superiores al 50% en términos reales desde diciembre de 2023, según datos del sector científico. El avance demuestra que la investigación básica financiada por el Estado es la condición de posibilidad de cualquier estrategia soberana de salud pública.
Puntos clave
- Investigadores del CONICET y la UNSAM desarrollaron GCcanner, una herramienta bioinformática para analizar el genoma del Trypanosoma cruzi, publicada en Methods in Molecular Biology.
- La herramienta estandariza la identificación de regiones genómicas «core» y «disruptivas» del parásito, superando la fragmentación metodológica entre laboratorios del mundo.
- El mismo equipo publicó en 2025, en Scientific Reports, el genoma completo de la cepa autóctona RA del Trypanosoma cruzi, con 17.000 genes compartidos y 7.000 factores de virulencia exclusivos.
- La enfermedad de Chagas afecta a 1,3 millones de personas en Argentina y entre 6 y 7 millones en el mundo, con cerca de 10.000 muertes anuales.
- El avance se produce en medio de un ajuste superior al 50% en términos reales sobre el presupuesto del CONICET desde diciembre de 2023.
Ciencia 🧬
La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.
El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética
Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.
A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.
Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.
Una nueva era para la neurociencia
La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».
Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.
Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más
El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.
Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.
Quiénes son los premiados
Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.
Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.
Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Lo que tenés que saber:
- El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
- La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
- La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
- Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
- El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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