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Batalla campal en el Acceso Oeste: comerciantes vs. colectiveros

Reclamaban un sueldo básico de 180 mil pesos y quemaban cubiertas. Les pidieron que apagaran las llamas y respondieron con piedrazos.

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Comerciantes y vecinos se enfrentaron está mañana con choferes de colectivos que cortaban el tránsito sobre el Acceso Oeste y su intersección con la ruta 23, en la localidad bonaerense de Moreno.

Todo comenzó cuando un grupo de empleados de un supermercado le pidió a los choferes que dejaran de quemar neumáticos.

«Les dijimos que no podemos respirar, que no podemos trabajar en el comercio y nos respondieron con piedrazos«, denunció uno de los empleados de comercio.

La agrupación «Choferes Autoconvocados», formada por trabajadores de distintas líneas transportistas reclama un salario básico de 180 mil pesos.

Participaban trabajadores de las empresas Acceso Oeste, Línea 23, La Primera de Gran Burg, Línea 203; Transporte La Perlita; Línea 57, Expreso Atlántida, Transporte del Oeste, Empresa Almafuerte, Expreso La Cabaña y Línea 540 de zona sur, entre otros.

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Filas eternas y coches llenos: el ajuste del transporte ya se siente en la calle

Según las empresas hay un 20 por ciento menos de coches en circulación.

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El recorte no se anunció en conferencia ni se publicó en el Boletín Oficial. Se sintió, directamente, en la calle. En Constitución, Retiro y Liniers, la postal se repitió: filas largas, colectivos que no frenan y usuarios que esperan sin saber cuándo llega el próximo.

Menos unidades, más tensión

La AAETA lo blanqueó sin rodeos: hay un 20 por ciento menos de coches en circulación. El argumento es el aumento del gasoil, que (según las empresas) vuelve inviable sostener la frecuencia habitual.

Pero la ecuación cierra de un solo lado. Mientras las cámaras empresarias ajustan la oferta, la demanda sigue intacta. O peor: crece. El resultado es un sistema que se achica sobre los mismos usuarios de siempre.

El ajuste viaja en colectivo

Coches llenos que pasan de largo. Esperas que duplican o triplican los tiempos habituales. Paradas desbordadas en horas pico.

La escena no distingue líneas ni recorridos. El problema es estructural: menos unidades en la calle implican más presión sobre cada servicio activo.

Subsidios, tarifas y un conflicto abierto

Detrás del recorte, el reclamo empresario apunta a la actualización de subsidios y tarifas. Sin embargo, el traslado del costo es inmediato: recae sobre los pasajeros, que pagan con tiempo (y con paciencia) lo que no cierra en los números del sector.

En ese marco, el transporte público vuelve a convertirse en una variable de ajuste silenciosa. Sin anuncios rimbombantes, pero con impacto concreto en la vida cotidiana: viajar peor, más apretados y durante más tiempo.

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