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Violencia de Género

Fabián Tablado, el asesino que lleva la marca de la condena social

Desde el 27 de mayo de 1996, Edgardo Aló lleva adelante una cruzada contra lo que él definió como la inacción de la justicia y para evitar que el hombre que mató a su hija de 113 puñaladas, no vuelva a lastimar a nadie.

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Por Néstor Llidó

“La sociedad hizo y hace, algo que la Justicia corrupta no hizo. La gente no se calló la boca y gritó que era perpetua, pero lo consideraron un homicidio simple sin agravantes. Le dieron 24 años, que ni siquiera cumplió, ya que salió antes, a pesar de recibir otra pena por una causa que enfrentó estando en la cárcel”.

Es la primera reflexión de Edgardo Aló, quien no deja ni un día de convocar a la “concientización” sobre las trágicas consecuencias de los noviazgos violentos y desde el crimen de su hija Carolina encabeza una “cruzada” contra la inacción de la justicia, mientras el asesino carga con la “condena social”, más allá de la fría letra del Código Penal y su implementación.

El 27 de mayo de 1996, Fabián Gerardo Tablado asesinó de 113 puñaladas a su novia Carolina Aló en su casa de la calle Albarellos al 300 de Tigre. Se acaban de cumplir ya 27 años de ese homicidio al que entonces se lo consideraba, junto con otros ataques de la violencia machista, con la equívoca etiqueta de “crímenes pasionales”, muy lejos de la aplicación del concepto del femicidio.

Eran novios, él tenía 20 años y ella 17. Iban juntos a la secundaria nocturna, cuando en aquella jornada se les permitió retirarse antes, pese a no estar autorizados. Fueron al domicilio de Tablado y fue allí donde se produjo la agresión que los peritos que analizaron la autopsia resumieron como “incalificable”, por la cantidad de lesiones ocasionadas con cuatro armas blancas diferentes.

Sin embargo, al momento de afrontar la condena, no se consideró el agravante de la alevosía, por ejemplo. No eran tiempos de una sociedad que analizara la violencia machista con perspectiva de género, como hacía falta ante semejante crueldad. “Cuando hay plata, la Justicia mira para otro lado”, comenta Edgardo Aló a EL ARGENTINO, en referencia al fallo que no sentenció a perpetua al asesino de su hija.

La condena judicial y el rechazo social

Los 24 años de cárcel por el crimen de Carolina Aló se transformaron en 26, debido a que ya en prisión Fabián Tablado se casó, tuvo dos hijas mellizas y en una de las visitas de su pareja la amenazó de muerte, por lo que recibió otra condena. No obstante, resultó beneficiado por esas “cuestiones penitenciarias” para que saliera en libertad en febrero de 2020 y no en diciembre de 2022, según el cómputo de la pena.

Allí se inició otro capítulo del caso, al fijar una restricción perimetral para que Tablado se acercara al padre de Carolina. La desobedeció y entonces tuvo que volver a la cárcel durante otro año. Ahora está radicado en una residencia evangelista de Posadas, en la capital misionera, luego de ser “rechazado” por los pueblos de Bell Ville (Córdoba), San Clemente del Tuyú (Buenos Aires), Cañada de Gómez (Santa Fe) y Gobernador Virasoro (Corrientes).

“Por algo este psicópata anda por la vida con una tobillera para ser monitoreado, se le fijó una perimetral inédita de 300 kilómetros para que no se acerque a mi familia y soy el único caso de contar un botón antipánico para que un varón se cuide de otro varón”, señala Edgardo Aló.

En el imaginario popular, a lo largo de los años, frente al caso del crimen de Carolina Aló se instaló aquello que “algún día el padre va a matar a Tablado”. Era el comentario generalizado, ante un episodio que sentó un mojón en la historia criminal contemporánea del país.

Y ante la consulta puntual, el hombre responde: “No puedo saber cómo reaccionaría, más allá que la Justicia me haya empujado a esa idea. Por eso evito que este tipo pueda lastimar a mi familia, a más mujeres como ya lo hizo, con la perimetral que recientemente le prorrogaron. Yo digo que estos asesinos tienen que salir de la cárcel, el mismo día en que sus víctimas puedan salir del cementerio”.

Ley sobre noviazgos violentos

Por la denominada «Ley Carolina Aló», promulgada por el gobierno bonaerense en enero de 2021, se estableció que cada 27 de mayo se conmemore el «Día de la Visibilización y Lucha contra la Violencia en los Noviazgos».

Con la Fundación que creamos vamos dejando la marca de la concientización a cada lugar que vamos del país”, expresa Edgardo Aló, quien el último sábado encabezó el acto de recuerdo y homenaje a su hija, en la plaza de Tigre donde se instaló un monolito.

En el colegio secundario al que asistían el femicida y la adolescente se pintó un mural, colocaron una placa y a través de una consulta popular se decidió bautizar con el nombre de Carolina Aló a la Escuela Nro. 15 de la localidad de General Pacheco.

Córdoba

A dos meses del crimen de odio de Vica Monteros en Córdoba, su familia clama justicia

A dos meses del asesinato de Víctor Hugo «Vica» Monteros en el barrio Alberdi de Córdoba, la querella confía en la solidez de la causa contra el único imputado, Maximiliano Sallito, quien enfrenta cargos por homicidio agravado por alevosía, ensañamiento y crimen de odio. Su familia lo recuerda y pide justicia.

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A dos meses del asesinato de Víctor Hugo «Vica» Monteros en el barrio Alberdi de la ciudad de Córdoba, la querella confía en la solidez de la causa contra el único imputado, Maximiliano Sallito, quien enfrenta cargos agravados por alevosía, ensañamiento y crimen de odio. Su familia lo recuerda como alguien que «construía mucho más que edificios».

El 12 de abril de 2026, Maximiliano Sallito, de 27 años, ingresó al domicilio de Víctor Hugo «Vica» Monteros en el barrio Alberdi de la ciudad de Córdoba y lo atacó por la espalda con un arma blanca. La ferocidad del ataque, con 37 puñaladas, no dejó margen a la víctima. Para borrar los rastros del crimen, el agresor intentó incendiar la vivienda antes de escapar. Vecinos alertaron a la Policía a tiempo, y las llamas no pudieron consumir las evidencias. Dos meses después, la investigación avanza con un único imputado bajo prisión preventiva en el penal de Bouwer y una familia tucumana que exige justicia.

Un crimen con agravantes: alevosía, ensañamiento y odio

La imputación contra Sallito es contundente en sus agravantes. Según explicó el abogado querellante Martín Maine, el caso está caratulado como «homicidio calificado por alevosía, ensañamiento y odio a la orientación sexual, en concurso ideal, hurto y daño». La investigación, a cargo del fiscal Guillermo González de la Fiscalía de Instrucción, Distrito 1, Turno 2 de Córdoba, se encuentra en la etapa penal preparatoria.

Un elemento central para sostener el agravante de crimen de odio son las cuentas de la red social X que manejaba el propio imputado, identificadas como @maxisallito y @maxisallito1. Desde esos perfiles, Sallito publicaba y compartía mensajes de odio contra mujeres y contra la comunidad LGBTIQ+, material que la querella incorporó al expediente para demostrar la subjetividad homicida.

El letrado señaló que la conducta posterior al crimen también refuerza la imputabilidad del acusado: «Después de haber cometido el homicidio, con 37 puñaladas, incendió la casa para ocultar las pruebas», afirmó Maine, quien descartó la participación de terceros. «No creo que haya otra condena que no sea cadena perpetua. Son tres agravantes de homicidio calificado: alevosía, ensañamiento y crimen de odio, que se explica en el móvil, en la subjetividad del homicida», concluyó el abogado.

Pericias psicológicas y el debate sobre la imputabilidad

Durante la semana pasada se concretaron pericias interdisciplinarias, psicológicas y psiquiátricas ordenadas por la Fiscalía para evaluar la capacidad de Sallito de enfrentar un juicio. Para la semana en curso se prevén nuevas evaluaciones de carácter exclusivamente psicológico. Los resultados aún se aguardan, aunque desde la querella la postura es categórica: el imputado actuó con plena conciencia de sus actos y debe ser considerado imputable. «Como parte de la querella, considero, claramente, que se trata de una persona imputable«, sostuvo Maine.

El recuerdo de Vica: arquitecto, amigo, hijo y hermano

Víctor Hugo Monteros era tucumano. Hace casi veinte años eligió Córdoba para estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba y construyó allí su vida. Su hermana Luciana lo describió como alguien con «una alegría especial, de esas que iluminan cualquier lugar al que llegan», cariñoso, generoso e inteligente. Junto a sus afectos en Tucumán, con quienes mantenía contacto permanente, forjó también una extensa red de vínculos en Córdoba: amigos de la facultad, del trabajo, del crossfit.

Defensor del valor de la educación como herramienta de libertad, Vica solía compartir una convicción con quienes lo rodeaban: «Hay algo más importante que la plata y es tu libertad mental. Estudiar te ayuda a pensar, a reflexionar. Eso es invaluable», recordó Luciana. En el plano profesional, trabajaba en un proyecto de arquitectura llamado «Lumo» junto a su colega y amiga Salomé, y colaboraba activamente en los proyectos personales y familiares de quienes lo rodeaban.

La familia reclama justicia con la misma serenidad con que recuerda a Víctor. «Esperamos que la Justicia pueda determinar con claridad lo ocurrido y que se tengan en cuenta todas las circunstancias que rodearon este crimen. Valoramos los avances que se han producido hasta el momento», expresó Luciana, que cerró su testimonio con palabras que resumen la vida de su hermano: «La mejor manera de honrar a Vica es recordarlo por cómo vivió: libre, generoso, alegre, luchador y profundamente humano. Ese es el legado que nos dejó y que nadie podrá quitarnos».

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