Economía 💲
El programa económico de ayer, hoy
Libertad como bandera, pero represión y limitación a las disidencias como política son paralelismos dramáticos de una época que cada vez que asemeja más a aquella que rememoramos todos los meses de marzo desde hace 40 años.
Por Martín Epstein
Algunas horas pasaron desde que en una Plaza de Mayo colmada como pocas veces en estos 48 años recordáramos un nuevo aniversario del inicio del más nefasto tiempo de nuestra historia reciente, y por eso se hace necesario reflexionar sobre los principios que empujaron esos tiempos y cómo vuelven hoy con un reverdecer que preocupa. Un gobierno negacionista que reivindica el terrorismo de Estado eligió este domingo volver a los remanidos argumentos que pretenden desviar la atención de los crímenes cometidos por ese nefasto ciclo autoritario en nuestro país.
El 24 de marzo de 1976, enmarcado en un golpe cívico militar que marcará un antes y un después para nuestra sociedad, se puso en marcha un profundo cambio en la estructura productiva del país, rompiendo con décadas de disputa entre programas de raigambre industrial y agrario exportadores. Para decirlo con claridad, la dictadura genocida se desplegó con múltiples objetivos, pero uno central fue instaurar un nuevo patrón de acumulación de la mano de la valorización financiera.
Desregulación, apertura económica y comercial, privatizaciones y endeudamiento externo fueron los pilares del programa económico de Martínez de Hoz. Amparándose en los principios de la libertad, vaya paradoja, se impuso a fuerza de tortura, desaparición y muerte un Estado represivo que pudiera garantizar un clima de negocios propicio para lo que se conocerá popularmente como la “bicicleta financiera”. Esa primera forma del neoliberalismo argentino, bajo el diagnóstico del gasto publico y la emisión monetaria como razón central de la inflación, avanzo en su programa que concluyo sin resolver la inflación, pero multiplicando por 5 la deuda externa y la pobreza.
Desregulación, apertura económica y comercial, privatizaciones y endeudamiento externo son hoy los lineamientos de un gobierno nacional que se propone como aquel reorganizar la nación. Libertad como bandera pero represión y limitación a las disidencias como política son paralelismos dramáticos de una época que cada vez que asemeja más a aquella que rememoramos todos los meses de marzo desde hace 40 años.
Ojalá esta marcha del 24 sea, como muchas veces lo fue, un punto de partida transformador. El camino debería tender a enfrentar el accionar de un gobierno que se percibe no solo con poder ilimitado, sino sobretodo, un gobierno que abiertamente defiende el terrorismo de estado. La confluencia social debería ser un ejemplo a seguir por las expresiones políticas que puedan revertir un programa económico que, al igual que en los tiempos oscuros de la patria, son eje estructurante de un modelo que solo cierra con el hambre de las grandes mayorías.
Industria
Caputo cruzó a la UIA y justificó el ajuste: “Cada uno defiende sus intereses”
El ministro de Economía salió a responder los cuestionamientos de los industriales y acusó al sector de vender productos caros y de baja calidad. El choque se da en plena crisis fabril, con 90 mil puestos de trabajo perdidos y la producción un 10% por debajo de los niveles de 2022.
El acto por el Día de la Industria ya había dejado una imagen elocuente: el gobierno de Javier Milei mandó apenas un representante de segunda línea al evento de la Unión Industrial Argentina. Sin ministros, sin señales. Pero la respuesta llegó igual, solo que desde otro escenario.
Luis Caputo eligió el foro de la Fundación Libertad y Progreso para contestarle a la UIA. Y no fue con guantes. El ministro de Economía acusó directamente a los industriales de producir bienes de menor calidad y venderlos a precios dos, tres o cuatro veces más caros que en el mundo. «Que los argentinos paguen bienes de menor calidad dos, tres o cuatro veces más me parece injusto», dijo Caputo, y remató: «Cada uno defiende sus intereses; a mí me toca defender el de los argentinos».
El blanco de sus críticas fue el vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, quien había sostenido en el acto del mediodía que en el Gobierno «no saben lo que es una fábrica». Caputo no lo nombró, pero calificó esa declaración de poco «decorosa».
Dos velocidades: una metáfora que deja a la industria en el banco
Recién llegado de Washington, donde se reunió con el secretario del Tesoro norteamericano Scott Bessent, el ministro defendió la llamada «economía en dos velocidades» con una comparación futbolera. Dijo que los sectores exportadores son como Lionel Messi, Ángel Di María y Enzo Fernández sentados en el banco, mientras que la industria orientada al mercado interno habría ocupado ese lugar de privilegio durante décadas a costa de los consumidores.
«El crecimiento va a venir por las exportaciones», afirmó Caputo, y sostuvo que la reasignación de recursos que impactó en la economía era inevitable. Para el ministro, no está mal que haya sectores que crezcan a distintas velocidades; lo que está mal, según él, es «que se le dé una connotación negativa».
El problema es que esa «connotación negativa» tiene nombre y número. El presidente de la UIA, Martín Rapallini, había presentado unas horas antes un diagnóstico concreto: la producción industrial está un 10% por debajo de los niveles de 2022, con sectores que acumulan caídas de hasta el 30%, y se perdieron 90 mil puestos de trabajo registrados en la industria desde agosto de 2023. No es una narrativa, son trabajadores sin empleo.
Un proyecto de rutas y pocas respuestas para la fábrica
Como cierre de su presentación, Caputo anunció que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso un proyecto para concesionar 5 mil kilómetros de rutas nacionales sin impuestos. Una medida orientada, una vez más, a la logística de exportación antes que a la demanda interna.
Lo que no hubo fue ninguna respuesta al reclamo central que la UIA puso sobre la mesa: el «puente» que el sector productivo necesita para no hundirse durante el ajuste. Crédito productivo, política cambiaria que no asfixie las fábricas, protección arancelaria selectiva, sostenimiento del consumo. Nada de eso apareció en el discurso del ministro.
Caputo dijo entender «perfectamente las frustraciones que todo cambio genera». Pero comprender una frustración no es lo mismo que tener una política industrial. Y por ahora, la segunda brilla por su ausencia.
Puntos clave
- El ministro Caputo acusó a la industria nacional de vender bienes de menor calidad a precios dos, tres o cuatro veces superiores a los internacionales.
- Caputo calificó de poco «decorosa» la declaración del vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, quien afirmó que el Gobierno «no saben lo que es una fábrica».
- El ministro defendió la «economía en dos velocidades» y sostuvo que el crecimiento vendrá por las exportaciones.
- La UIA informó que la producción industrial está un 10% por debajo de 2022 y que se perdieron 90 mil puestos de trabajo registrados desde agosto de 2023.
- El Ejecutivo enviará al Congreso un proyecto para concesionar 5 mil kilómetros de rutas nacionales sin impuestos.
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