Soberanía 🇦🇷
“Fue un error involuntario”: Correo Argentino se disculpó por ponerle “Falkland” a las Islas Malvinas
La firma de disculpó y atribuyó el hecho a un proveedor externo, al tiempo que reafirmó su compromiso con la soberanía argentina. Dirigentes políticos y legisladores presentaron pedidos formales de rectificación y repudiaron el uso de la denominación británica.
El sitio web de Correo Argentino mostró por error a las Islas Malvinas bajo la denominación británica, lo que generó un fuerte rechazo político y social. La empresa se disculpó y atribuyó el hecho a un proveedor externo, al tiempo que reafirmó su compromiso con la soberanía argentina.
La polémica estalló cuando usuarios de redes sociales detectaron que el mapa interactivo del Correo Argentino identificaba a las Islas Malvinas como «Falkland Islands» y a Puerto Argentino como «Puerto Stanley». La reacción fue inmediata: la empresa estatal desactivó el mapa y emitió un comunicado en el que calificó el hecho como un «error involuntario» y responsabilizó a un proveedor externo de cartografía digital.
Según explicó el Correo Argentino en su cuenta oficial de X (ex Twitter), el incidente se originó en la utilización de la librería de código abierto Leaflet, que emplea datos de OpenStreetMap, donde las islas figuran con la denominación británica. «Esta situación fue producto de un error involuntario vinculado al proveedor externo del servicio cartográfico. Ante ello, se procedió de forma inmediata a desactivar el mapa correspondiente y a iniciar las gestiones necesarias para su corrección», afirmó la empresa.
Reacciones políticas y sociales: repudio y pedidos de rectificación
El episodio no tardó en escalar a la arena política. Dirigentes de distintos espacios, como Nicolás del Caño (Frente de Izquierda) y Guillermo Carmona (ex Secretario de Malvinas), repudiaron el error y lo calificaron como una muestra de «cipayismo». Los diputados socialistas Esteban Paulón y Mónica Fein presentaron un pedido formal en la Cámara de Diputados para exigir la rectificación y repudiar la utilización de la denominación británica.
La polémica se inscribió en un contexto de sensibilidad renovada por la cuestión Malvinas, especialmente tras las recientes declaraciones del presidente Javier Milei, quien expresó una postura aperturista hacia el diálogo con los isleños y evitó confrontar con el Reino Unido en foros internacionales. Según un relevamiento de la agencia Télam, la Cancillería argentina reiteró en marzo de 2025 que la soberanía sobre las islas «es irrenunciable» y que la denominación oficial es «Islas Malvinas», en línea con la Constitución Nacional y las resoluciones de la ONU.
El trasfondo digital: proveedores globales y tensiones locales
El incidente puso en evidencia la dependencia de servicios digitales globales y la dificultad de controlar la representación cartográfica en plataformas internacionales. OpenStreetMap, la base de datos utilizada por Leaflet, permite la edición colaborativa y refleja disputas geopolíticas en sus mapas. En el caso de las Malvinas, la denominación varía según la configuración regional y las presiones diplomáticas de los países involucrados.
Expertos en geopolítica digital, como la investigadora Florencia Rubiolo (CONICET), advirtieron que «la batalla por la soberanía también se libra en el terreno simbólico y digital», y que los Estados deben extremar los controles sobre los proveedores de servicios para evitar vulneraciones a la identidad nacional.
Contexto histórico y consecuencias
La cuestión Malvinas constituye una de las principales causas nacionales en la política argentina desde 1833, cuando el Reino Unido ocupó las islas. La disputa se intensificó tras la guerra de 1982 y persiste en los foros internacionales, donde la Argentina reclama la reanudación de negociaciones bilaterales, respaldada por resoluciones de la ONU y el apoyo de la mayoría de los países latinoamericanos.
El error del Correo Argentino, aunque subsanado rápidamente, reavivó el debate sobre la defensa de la soberanía y la necesidad de fortalecer los mecanismos de control en la era digital. «Reafirmamos nuestro compromiso con la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, en línea con la posición histórica e institucional de nuestro país», concluyó el comunicado oficial.
Puntos clave:
- El Correo Argentino mostró por error las Islas Malvinas como «Falkland Islands» en su sitio web, lo que generó un fuerte rechazo político y social.
- La empresa atribuyó el hecho a un proveedor externo de cartografía digital y corrigió la información de inmediato.
- Dirigentes políticos y legisladores presentaron pedidos formales de rectificación y repudiaron el uso de la denominación británica.
- El incidente evidenció la importancia de controlar los servicios digitales y la representación simbólica en plataformas globales.
- La disputa por la soberanía de las Malvinas sigue siendo un tema central en la política argentina y en la agenda internacional.
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Geopolítica 🌎
Ravier dijo que el buque inglés en Ushuaia no viola la Ley Gaucho Rivero y culpó a la provincia por autorizarlo
El vocero presidencial salió a defender la presencia del petrolero VS Promise en Ushuaia y le devolvió la responsabilidad al gobernador de Tierra del Fuego: el barco de bandera británica ingresó porque la propia provincia lo autorizó. Para la Nación, no hay violación de la Ley Gaucho Rivero; para Melella, el argumento encubre una contradicción inaceptable en la administración de un puerto que ya no controla.
El Gobierno nacional tomó la iniciativa de contestar públicamente la denuncia del gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, sobre la operación del buque petrolero VS Promise en el puerto de Ushuaia. Lo hizo a través del vocero presidencial Adrián Ravier, quien en su habitual conferencia de prensa en la Casa Rosada rechazó de plano que el episodio represente un riesgo para la soberanía argentina y apuntó directamente contra la gestión provincial.
La jugada del oficialismo fue doble: por un lado, intentó neutralizar técnicamente la acusación de Melella; por el otro, le atribuyó al propio gobierno fueguino la responsabilidad de haber habilitado el ingreso de la embarcación británica, generando así una contradicción que, según la versión oficial, invalidaría toda queja posterior.
La cronología que usó el Gobierno para deslindar responsabilidades
Ravier explicó ante la prensa que el VS Promise, un buque dedicado al transporte de crudo, cargó petróleo en el puerto de Cullen, en la zona norte de Tierra del Fuego, y que desde allí se desplazó hasta Ushuaia únicamente para aprovisionarse antes de continuar su ruta. El punto central de la defensa oficial fue que, al zarpar desde un puerto de la propia provincia, la autorización de ingreso correspondió a las autoridades provinciales y no a la administración federal del Puerto de Ushuaia.
La ironía política fue explícita: el mismo gobernador que denunció la presencia del buque, argumentó el vocero, habilitó su operatoria en aguas fueguinas antes de que la embarcación llegara a la terminal portuaria intervenida. El oficialismo presentó esa secuencia como una contradicción interna del discurso de Melella, quien primero autorizó y luego reclamó.
La Ley Gaucho Rivero y la interpretación que conviene al Gobierno
El núcleo jurídico del enfrentamiento gira alrededor de la Ley Gaucho Rivero, la norma provincial que prohíbe el amarre de buques vinculados al Reino Unido que operen en relación directa con la ocupación de las Islas Malvinas. Para Melella y su gobierno, la presencia del VS Promise en aguas fueguinas choca de frente con ese marco legal y con la posición histórica argentina sobre el Atlántico Sur.
La Nación no lo ve así. Ravier sostuvo que la norma aplica exclusivamente a embarcaciones que realicen actividades de exploración o explotación en la cuenca Malvinas, y que el VS Promise no encuadra en esa definición porque su paso por Ushuaia tuvo un propósito logístico, de aprovisionamiento, sin vinculación directa con operaciones en la zona disputada. Con esa lectura restrictiva, el Gobierno habilitó la escala del buque y, simultáneamente, trasladó al texto de la ley la justificación de su conducta.
La interpretación es, cuanto menos, opinable. La Ley Gaucho Rivero fue sancionada precisamente para evitar que el territorio fueguino funcione como plataforma de operaciones de embarcaciones británicas en el contexto del conflicto de soberanía. Reducir su alcance a los casos de exploración directa deja fuera del radar situaciones como la que el propio gobernador Melella calificó como «inadmisible».
El puerto intervenido como escenario del conflicto
El contexto que rodea esta disputa no es menor. El Puerto de Ushuaia se encuentra bajo intervención federal desde que la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN) asumió su administración, desplazando a las autoridades provinciales que lo gestionaban históricamente. Esa intervención fue resistida por Melella desde el primer momento, con recursos judiciales y denuncias públicas en las que el gobernador señaló que la medida respondía a intereses estratégicos y económicos ajenos a Tierra del Fuego.
La paradoja que emerge del episodio VS Promise es de una contundencia difícil de ignorar: el Gobierno nacional, que tomó el control del puerto invocando razones de gestión estratégica y soberana, es el mismo que ahora defiende la legalidad de la escala de un buque de bandera británica en esa terminal bajo su propia administración. Melella no tardó en señalar esa contradicción: si la intervención federal se justificó en parte por la incapacidad provincial de gestionar un enclave de tal importancia geopolítica, ¿cómo se explica que la primera controversia relevante bajo la gestión nacional involucre a una embarcación del país que ocupa ilegítimamente las Islas Malvinas?
Soberanía de palabra, pragmatismo de hecho
La gestión de Javier Milei ha sostenido públicamente el reclamo argentino sobre las Malvinas como un principio irrenunciable. Sin embargo, la lectura que hace del caso VS Promise revela una tensión entre el discurso soberanista y las decisiones operativas concretas. Autorizar o convalidar, aunque sea por vía técnica e interpretativa, la escala de un buque británico en el principal puerto de la provincia más austral del país no es un gesto neutral en términos simbólicos ni geopolíticos.
El episodio se suma a una serie de roces entre la Nación y la provincia de Tierra del Fuego que exceden la cuestión portuaria y que configuran un patrón de centralización que contrasta con la retórica descentralizadora del gobierno libertario. Mientras el oficialismo habla de eficiencia y soberanía, la provincia que tiene las Malvinas en su escudo recibe como respuesta que el buque inglés entró porque ella misma lo dejó pasar.
Puntos clave
- El vocero Adrián Ravier negó que el VS Promise represente un riesgo soberano y atribuyó su ingreso a una autorización inicial de la propia provincia de Tierra del Fuego.
- El Gobierno argumentó que la Ley Gaucho Rivero no aplica al caso porque el buque realizó una escala de aprovisionamiento, no actividades de exploración en la cuenca Malvinas.
- El Puerto de Ushuaia se encuentra bajo intervención federal de la ANPyN desde principios de 2026, en disputa abierta con el gobernador Gustavo Melella.
- Melella había calificado públicamente la presencia del buque británico como un acto «inadmisible» que vulnera los reclamos históricos sobre las Malvinas.
- La postura oficial pone en evidencia una tensión entre el discurso soberanista del gobierno de Milei y sus decisiones operativas concretas en el Atlántico Sur.
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Carlos César Maldonado
20.04.2025 at 11:48
Personalmente NO ACEPTO LAS DISCULPAS !!!! — Los argentinos desde que aprendemos a hablar sabemos que las islas son «LAS MALVINAS» y sus islas mas pequeñas… — Con el actual, gobierno, (el de Macri fue igual) Los dos TAN, PERO TANNNN CIPAYOS !!! ADEMAS son lame «SENTADERAS» de Simio Fanfarron… No me parece que lo del CORREO SEA UN ERROR , son tan, pero tan !!!