Literatura
Alejandro Cardoso y su libro El espantapájaros de los cien centímetros
“Mi experiencia emocional en toda la obra ha sido muy intensa y sin dudas eso marcó la narrativa”, sostuvo el autor, que del jazz se volcó a la literatura, con una historia de vida conmovedora. La obra será presentada en la Biblioteca de Morón el 19 de octubre.
Por Antonio Secci
Alejandro Cardoso (1966), de profesión abogado, vinculado durante décadas al Poder Judicial como Consejero de Familia, acaba de publicar su primer libro titulado El Espantapájaros de los cien centímetros, obra que se suma a una curiosa diversidad de expresiones que el propio Cardoso ha cultivado a lo largo de su vida. Entre ellas el jazz (participó en innumerables shows dentro de la escena jazzística argentina y en el año 2006, integró la formación Sotavento Big Band, entre otras, con la que llegó a grabar varios discos). Ahora, en una muy lograda incursión por el mundo de los libros, ha publicado El espantapájaros de los cien centímetros, en donde hace una retrospectiva de la vida de su padre y su relación con él. Obra seria y pulida, este volumen acaso sea el primero de otros trabajos que se sumarán a los de este autor, que ha sabido serpentear por las artes y las leyes con notable fluidez y acierto.
Finalmente ha publicado El espantapájaros de los cien centímetros y nos gustaría saber cómo nació la idea y finalmente surgió la obra.
La idea nació en el seno de algunas reuniones familiares –de las innumerables que se han celebrado en mi entorno parental a lo largo de mi vida–. En ellas, mi padre era un inagotable contador de vivencias y anécdotas, todas muy ricas. Eran historias que merecían –merecen– no ser borradas por el paso del tiempo y el inevitable decurso vital, que todo lo desvanece. Conscientes de ello, sus allegados siempre le decíamos que debía plasmarlas por escrito, abocarse a un libro.
Muchos sienten el llamado de lo literario pero poco acuden a él…
En efecto, el tiempo fue pasando, así que un día le propuse poner manos a la obra y que plasmara en papel lo que fuera relevante para él. La idea primaria era que yo lo entrevistaría para iniciar el relato, darle forma al libro y algún día poder concretar ese sueño.
¿Funcionó?
Sí… Fue un proceso lento, pero fructífero. Él fue muy escueto y preciso en sus manuscritos y comencé a escribirlo junto a él hace ya 14 años. Escogimos narrarlo en tiempo presente, aunque luego debí cambiarle el tiempo verbal y darle mi impronta. El viaje ha sido largo, extremadamente conmovedor y por fin se ha concretado.
Todo un homenaje vital a la existencia y la herencia humana de un padre. No es poco.





Desde que yo era muy pequeño, el protagonista del libro me inculcó los valores éticos y morales que conservo –o al menos lo intento– hasta el día de hoy.
Mandato paterno, dirán muchos desde una perspectiva psicoanalítica…
Es probable, pero lo cierto es que quise contar una huella, una marca que no se diluye a partir de sus enseñanzas para apreciar la belleza de la vida, del amor, del perdón, la humildad y la sencillez. Sin olvidar que me instruyó sobre historia, teología, arte, idiomas, geografía, etc. Mi padre sembró en mí su parte más sensible y me esforcé para hacerle honor y mejorar ese legado día a día.
De eso se trata ser un padre: la guía que muestre el sendero… El poeta alemán Schiller decía que “no es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.”
Coincido absolutamente con Schiller…
¿Qué temas quiso resaltar y tratar en esta obra, El espantapájaros de los cien centímetros?
Esencialmente se trata de una novela biográfica. En verdad un homenaje dedicado a un ser humano extraordinario tanto para mí, como para quien tuvo la dicha de conocerlo. Un gran mérito, sobre todo considerando que él mismo ha sido una persona que padeció carencias tanto afectivas como materiales en su niñez y en buena parte de su vida, víctima de malos tratos y acreedor de todas las condiciones que podrían esperarse para el desarrollo de una persona de bien y llena de valores. Logró, con valentía, coraje, resiliencia, honestidad, simpleza, amor, mucho sacrificio y autodeterminación, dar vuelta su pesada historia y transformarse en uno de los héroes anónimos y seres humanos más bellos y dignos de amor para mí.
Existen en la historia algunas referencias políticas. Da la impresión de que es un libro que se trata de política o pretende moverse en ese terreno… Por momentos parece que hay una toma de ciertas posiciones ideológicas.
No, de ninguna manera. O al menos no ha sido mi intención reflejar posiciones ideológicas. El protagonista de esta historia y los personajes que se entrecruzan han sido personas reales y, como tales, han vivido dentro un marco, de la circunstancias de su época y tiempo, con sus valores éticos, y sociales –su idiosincrasia, en definitiva– tanto dentro de la historia grande de la humanidad, así como de la historia argentina. Esos personajes han dejado sus huellas –para bien o para mal, según la óptica desde la cual se las analice–. Obviamente, y entiendo que como todos nosotros, ellos también tuvieron sus creencias e ideologías, sus simpatías y antipatías. Pero lo cierto es que en el libro está expresado el pensar y el sentir del protagonista, sin ninguna pretensión de hacer bandera política, ni imponer ideología… Más bien todo lo contrario, en sus páginas se trata de poner en valor a la humanidad y con ello, destacar los mejores valores que vivieron y desarrollaron en sus existencias. La propia subjetividad inherente a toda narración puede dar la impresión de una forma sesgada –no olvidemos que ha sido contada desde mi punto de vista-. Simplemente procuré dar mi visión sobre su legado.
No recuerdo quién dijo alguna vez que “la historia es la novela de los hechos, y la novela es la historia de los sentimientos”.
Algo así… Mi experiencia emocional en toda la obra ha sido muy intensa y sin dudas eso marcó la narrativa. Se trata de una historia inspiradora y de amor, destinada a las generaciones actuales, pero también a las venideras. En estos tiempos líquidos –como diría Zygmunt Bauman–, en los que se han ido destruyendo sistemáticamente los valores, las instituciones, el concepto de familia, además del sistema educativo y productivo de nuestro país, y en el que algunas escuelas y colegios se han transformado en simples guarderías y refugios de los que no se llevan nada aprendido, ni aprehendido. Tampoco las necesarias herramientas para poder afrontar su futuro.
La escuela pública argentina que vivió el protagonista dista mucho del escenario actual, eso queda bien patente en la obra.
Así es… Hoy los alumnos tan solo gastan el tiempo y escapan temporalmente de sus duras realidades, contrastadas con las de un mundo consumista que les exige rodearse de ciertos objetos, bienes y formas culturales de masa para poder pertenecer. Y además complacerse en ello para poder alcanzar (ilusoriamente) el mismo estatus que tienen sus héroes con pies de barro. Héroes que consumen por cualquier medio masivo de comunicación, electrónico, digital o de la naturaleza que sea.
Hay una vocación docente en el libro, que es a la vez una conciencia crítica…
Sí, y mi aspiración (que fue de alguna manera lo que animó a mi padre con sus historias) es que esta narración llegue a estas generaciones y colaborar en la tarea de hacerles comprender que sí existe un futuro mejor, que sí hay esperanza, que los sueños sí se cumplen, pero para ello deben poner su mayor esfuerzo y lo mejor de sí para cambiar sus realidades. Obviamente, y en actual sistema que nos rige, pocos alcanzarán los cánones que se imponen en la actualidad: riqueza, fama y otras formas aparentes de éxito. Pero seguramente sí podrán serán exitosos si el objetivo profundo, el foco, está en “ser humanos”. Ser personas empáticas, amorosas y cuidadosas del medio ambiente que nos rodea.
¿Cómo ha sido el proceso para publicar el libro?
El terreno editorial es algo resbaladizo y de difícil inserción, incluso para los profesionales del medio. Mucho más para los que iniciamos un sendero inicial y neófito. Me contacté con algunas editoriales, las que, por lo dicho, no llegaron siquiera a contestarme, así que decidí que no valía la pena perder tiempo y energías en buscar editores y decidí optar por la auto publicación. Narré las historias que me contó el protagonista, rescaté otras de quienes lo conocieron y las retenidas en mi memoria desde la infancia. También recurrí a familiares y a conocidos, desnudando gran parte de nuestra intimidad como familia, pero siempre haciendo foco en el protagonista. A través de personas allegadas di con Ediciones Libella, quién por medio de su titular y editora, Natalia Alterman, me ofreció los servicios de edición, maquetación, diseño, impresión e inscripción del libro, en el que estuve involucrado junto a ella y su equipo de principio a fin.
Para ir terminando… ¿Cuál sería el horizonte aspirado en el camino que emprende esta novela?
La pretensión es humilde, pero ambiciosa al mismo tiempo. Quiero que la historia y el legado de mi querido Espantapájaros sean divulgados y logren inspirar a muchas personas, como él lo ha hecho conmigo a lo largo de toda mi vida.
Una pregunta ineludible… ¿Qué significado encierra el título?
El significadosurge por una conjunción de la primera de sus “profesiones” -por llamarla de alguna manera- y de una creencia que tenía el protagonista, la que no tiene asidero, ni base empírica alguna, pero que fue su norte a lo largo de toda su vida. Podría suponerse, a priori, que se trata de un Espantapájaros de un metro de altura, pero el título no tiene que ver con eso. El significado está explicado en el libro, como una especie del famoso juego de la “búsqueda del tesoro”, impregnado con el espíritu didáctico y pragmático que me inculcó, dejando a los lectores que lo descubran al recorrer sus páginas y las historias del libro.
¿Cuáles va a ser la hoja de ruta a partir de ahora, si podemos llamarla así?
He tenido el privilegio de contar con la generosidad y el asesoramiento de un excompañero de secundaria, a quien me une el aprecio de la adolescencia, el compañerismo, la solidaridad, y la simpatía, a quien volví a encontrar en una reunión de exalumnos después de pasados más de 38 años de nuestro egreso. Fue Alejo Brignole -un autor y escritor también moronense como yo- ya afianzado y consagrado, quien desde un principio me ha brindado amable y cálidamente su apoyo. Gracias a su intervención e intermediación me encuentro aquí contándoles mi experiencia y logro personal como narrador.
¿Qué sigue en lo inmediato?
Lo que viene es presentar el libro, que fue impreso en el mes de junio de 2024. Gracias al interés y apoyo de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Morón –a cargo de Matías de Brasi- y de la coordinadora de la Biblioteca de Morón, María Eugenia Di Miro, me incluyeron muy generosamente en la apretadísima agenda cultural de la biblioteca, invitándome a presentar mi libro el próximo día 19 de Octubre de 2024, a las 18 Hs., en su sede central ubicada en la calle Alte. Guillermo Brown N° 763 de la Ciudad de Morón. Allí espero encontrarlos para poder brindarles algunos detalles de la obra y agradecerles su apoyo personalmente. Y desde ya, quiero agradecer el espacio que me ha brindado este medio para poder darles a conocer esta historia, que es simple, pero a la vez irrepetible y extraordinaria, como toda experiencia humana.
América Latina
«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana
El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.
Por Fernando Roperto
El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.
Una lectura que va a fondo
Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.
La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.
Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción
Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.
El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.
Arte y política en la Revolución Cubana
El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».
El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.
El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento
Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.
Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.
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