Comunidad 👥
«No quiero verlo más, perdón”: impactante declaración de Juan Pedro Guarino
Fue uno de los que estuvo detenido, pero fue liberado sin pruebas. Comprometió a Máximo Thomsen. Ya se habían peleado anteriores veces.
Juan Pedro Guarino, el rugbier que era parte del grupo imputado por la muerte de Fernando Báez Sosa y luego fue desvinculado, aseguró que no vio los golpes que sus amigos le dieron a la víctima, pero sí a Máximo Thomsen al lado “de un chico” quien resultó ser la víctima.
“No lo podía creer” dijo, ante lo cual el querellante Fernando Burlando le preguntó por qué: “Habíamos ido de vacaciones a pasarla bien, ellos ya se habían peleado anteriores veces, yo había hablado con mi mamá y mi novia que si volvía a pasar, yo me iba a volver de las vacaciones. Por eso digo que no lo podía creer”.
“Sentí hasta vergüenza, me da mucho dolor”, acotó. Guarino dijo que entró a Le Brique, el boliche estaba “muy lleno” y que vio en un momento a Thomsen y Matías Benicelli pelear. Ante esa situación, decidió él salir por su cuenta para no quedarse solo.
Al salir del boliche, vio a Luciano Pertossi peleando con otro chico y que luego escuchó “gritos” y que ellos se levantaron y se fueron: “Imaginé que iban a pelearse de vuelta y por lo que yo miro, veo a Thomsen y a un chico tirado en el piso que después me entero quién era”.

«¿Compartiste días de detención?», le preguntó Burlando y el joven respondió: «Yo estaba enojado y no lo podía creer, no sé si estoy enemistado, pero intenté cortar todo tipo de relación. Los días los tenía que pasar igual, pude cortar una vez que salí».
El abogado Burlando le preguntó a Guarino si tras el incidente había ido a comer al McDonalds del centro de Villa Gesell y Guarino aseguró que fue con Luciano Pertossi, uno de los acusados, pero que no habló sobre lo que había pasado unos minutos antes del hecho.
“El enojo lo sigo teniendo, tristeza, dolor, no poder creerlo, desde ese día hasta hoy”, respondió Guarino. Ante las preguntas, Guarino dijo que volvió a la casa que compartía con el grupo de ocho imputados y Alejo Milanesi. “¿Cómo se enteró que habían asesinado a una persona?”, indagó Burlando y Guarino contó: “Yo me entero cuando estábamos ya a la tarde de ese día con los precintos y nos sientan en un banco, y ahí nos dice la Policía”.
El fiscal de juicio Juan Manuel Dávila se paró para interrogar al testigo quien estaba señalando la ubicación de él y demás imputados en una pantalla donde se exhibieron distintos videos: “¿Éste de ahí no era usted?”, le preguntó el funcionario, y a metros de donde Fernando Báez Sosa era golpeado por los acusados.
“No lo recuerdo”, respondió Guarino, y segundo a segundo iba a avanzando el video y le pedía identificar a los acusados hasta que aquel sostuvo: “no quiero verlo más, perdón”, a lo que el fiscal le dijo “era necesario” y siguió pidiendo la identificación de las personas que él veía en el video.
Ciencia 🧬
Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre
Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.
Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.
Un diagnóstico que llega tarde, o nunca
Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.
«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».
El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.
Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro
La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.
«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.
Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso
El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.
En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.
El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.
Puntos clave
- El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
- La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
- Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
- La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
- El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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