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Alberto pidió discutir de manera honesta un «mejor diseño de la Corte Suprema»
El presidente planteó la necesidad de debatir la actual situación del máximo tribunal al encabezar el cierre anual del Consejo Económico y Social (CES). También volvió señalar la necesidad de «reconstruir el federalismo».
El presidente Alberto Fernández planteó la necesidad de «abrir una discusión honesta sobre el mejor diseño de la Corte Suprema de la Nación» y consideró que «las demoras en el servicio de justicia imponen revisar los mecanismos de trabajo, el número de integrantes, y la división de tareas» del máximo tribunal.
Al encabezar el cierre anual del Consejo Económico y Social (CES), Alberto Fernández advirtió además que el futuro acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) requiere «la madurez, responsabilidad y sensibilidad de toda la dirigencia» política, de cara a una negociación que reúna «las expectativas de todos los sectores productivos» y permita bajar los «niveles de pobreza» en el país.
«Tenemos por delante el inmenso desafío de generar puntos de encuentro; el nuevo pacto social de la Argentina debe estar fundado en la solidaridad», expresó el Presidente, durante el evento en el Teatro Nacional Cervantes, de la Ciudad de Buenos Aires.
En ese marco, el mandatario volvió a plantear la necesidad de «reconstruir el federalismo» y reitero su propuesta de trasladar la Capital Federal al interior del país para garantizar «otro polo de desarrollo» que permita «poblar a la Argentina con un sentido armónico en lo social y productivo en lo económico».

En otro tramo de su discurso, el mandatario reiteró la necesidad de lograr una organización económica mundial ambientalmente sustentable y ponderó que «la Argentina tiene todo para ser protagonista» en el proceso de cambio climático a «nivel global».
A renglón seguido, Fernández anunció el próximo envío al Congreso de la Nación de una serie de proyectos de ley sobre materia ecológica, que abarcará aspectos como la «transición energética, preservación de bosques y la conformación de una agencia nacional de observación ambiental», entre otras iniciativas.
Alberto Fernández dedicó un párrafo de su discurso a temas vinculados con la seguridad y el respeto por los derechos humanos. Exhortó a «decirle nunca más a la violencia», sostuvo que aun hay una «deuda de la democracia argentina» y anunció que convocará a la conformación de una «agencia de prevención de la violencia».
Adelantó que «en los próximos cien días y con el apoyo técnico de Naciones Unidas» se convocará «a todas las instancias políticas, sociales y del conocimiento del país al diseño de un plan maestro de acción que guíe la constitución de una agencia de prevención de la violencia». «Tenemos que construir una política de Estado atendiendo a las características multicausales de este drama que afecta a la paz social», expresó el presidente.
En relación al accionar de la justicia, el jefe de Estado propuso «abrir una discusión honesta sobre el mejor diseño de la Corte Suprema de la Nación» y consideró que «las demoras en el servicio de justicia imponen revisar los mecanismos de trabajo, el número de integrantes, y la división de tareas» del máximo tribunal.
«Nadie tiene la razón absoluta en este tema porque se trata de armonizar posiciones que permitan consagrar una institución ejemplar por los años por venir», sostuvo el Presidente, quien planteó además la necesidad de modificar a través de una nueva ley la conformación del Consejo de la Magistratura.
En materia educativa, Fernández convocó «a todo el país a debatir una nueva escuela secundaria», con eje en la «formación del trabajo del futuro», y en la que prime una «cultura que respete las diversidades».
«Tenemos por delante el desafío del regreso a las aulas» de quienes desertaron por la pandemia, afirmó el jefe de Estado y pidió al CES contribuir a «enriquecer este debate en conjunto con el Parlamento».
Adelantó que el Gobierno convocará «en las próximas semanas a un congreso nacional de la productividad» para avanzar en «nuevas formas de vínculo entre la educación y el trabajo», donde se analice el avance de la tecnología «sin ningún tipo de concentración» y en el que se «superen las brechas de género que impiden la equidad».
Alberto Fernández inició su discurso anunciando que los 15 participantes mejor calificados del programa Inteligencia Artificial podrán continuar «capacitándose en el exterior» y aseguró que ese plan «es único a nivel mundial» y «demuestra cómo funciona la interacción de empresas, estados y la universidad».
Elecciones
Brasil: Lula amplía la ventaja en la primera vuelta, pero el balotaje sigue abierto
A seis días de las elecciones, el presidente brasileño aparece cinco puntos por encima de Flávio Bolsonaro en la última medición de Quaest. La segunda vuelta, en cambio, permanece dentro de un escenario de paridad.
A menos de una semana de las elecciones presidenciales de Brasil, Lula da Silva amplió su ventaja sobre Flávio Bolsonaro en la intención de voto para la primera vuelta. La última encuesta de Quaest ubicó al presidente y candidato a la reelección con el 39 por ciento, frente al 34 por ciento del senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Son cinco puntos de diferencia que modifican parcialmente el escenario registrado durante las últimas semanas, cuando distintas mediciones mostraban una disputa mucho más ajustada. Pero la fotografía de la primera vuelta no alcanza para despejar la principal incógnita de la elección: qué puede ocurrir si la disputa llega al balotaje del 25 de octubre.
Cinco puntos que no cierran la elección
El sondeo de Quaest, realizado para O Globo y Globo, registró un crecimiento de dos puntos para Lula respecto de la medición anterior y de un punto para Flávio Bolsonaro.
Por detrás de ambos, ninguno de los restantes candidatos alcanza el 4 por ciento. El 5 por ciento de los consultados todavía no definió su voto, mientras que otro 10 por ciento manifestó que votará en blanco, anulará el sufragio o no concurrirá a votar.
La elección del 4 de octubre será, por lo tanto, apenas la primera estación de una disputa que puede extenderse hasta fines de octubre. Para evitar una segunda vuelta, un candidato debe superar el 50 por ciento de los votos válidos.
El balotaje vuelve a ser la gran incógnita
El dato central para entender la elección brasileña está en el eventual enfrentamiento entre Lula y Flávio Bolsonaro.
Las mediciones de las últimas semanas mostraron escenarios de empate técnico entre ambos en una segunda vuelta. Es decir, la ventaja que Lula registra en la primera ronda no se traduce automáticamente en una diferencia equivalente si la elección se reduce a dos candidaturas.
Ese escenario obliga a mirar más allá de los porcentajes de la primera vuelta. El destino de los votos obtenidos por los demás candidatos, junto con el comportamiento de los indecisos y de quienes todavía evalúan no votar por ninguna de las principales opciones, puede resultar determinante para la segunda instancia.
La disputa por el legado de Lula
La elección también funciona como un plebiscito sobre la gestión del actual presidente. La valoración del gobierno permanece dividida y constituye uno de los principales ejes de la campaña.
Quaest registró en sus últimas mediciones niveles elevados de desaprobación de la gestión, aunque Lula mantiene una posición competitiva en la intención de voto. La economía, el costo de vida y la situación de los ingresos forman parte de las preocupaciones centrales expresadas por los electores.
En paralelo, la candidatura de Flávio Bolsonaro concentra el voto del espacio político identificado con su padre, Jair Bolsonaro, quien permanece como una figura central de la disputa electoral pese a no ser candidato.
Una elección atravesada por la polarización
La contienda presidencial brasileña vuelve a quedar estructurada alrededor de dos proyectos políticos enfrentados. De un lado, Lula busca un nuevo mandato y reivindica la continuidad de su programa de gobierno. Del otro, Flávio Bolsonaro intenta reconstruir electoralmente el espacio político de su padre y llevarlo nuevamente al Palacio del Planalto.
La primera vuelta será el 4 de octubre y definirá qué dos candidaturas, en caso de que ninguna alcance la mayoría necesaria, avanzarán al balotaje del 25 de octubre.
A seis días de las urnas, la encuesta de Quaest muestra una diferencia de cinco puntos en la primera vuelta. Pero también deja expuesto que la disputa por la Presidencia de Brasil todavía tiene una segunda instancia por delante.
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