Policiales 🚨
El 64% de los chalecos antibalas de las fuerzas federales estaba vencido según auditoría de 2024
Una auditoría interna del Ministerio de Seguridad de la Nación detectó en 2024 que el 64% de los chalecos relevados en las fuerzas federales estaban vencidos. El material obsoleto apareció además en circuitos ilegales y en manos de organizaciones criminales, mientras el Estado aún no resolvió su destrucción sistemática.
Las fuerzas de seguridad de todo el país acumulan más de medio millón de chalecos antibalas obsoletos, mientras parte de ese material fuera de servicio apareció en circuitos ilegales y en manos de organizaciones delictivas. El dato surge de una auditoría interna del Ministerio de Seguridad de la Nación y de estimaciones de la propia industria del sector.
Los chalecos antibalas tienen una vida útil certificada de cinco años, un plazo fijado por el RENAR y garantizado por los fabricantes. Vencido ese período, el material debe descartarse porque ya no puede asegurarse su nivel de protección balística. Sin embargo, la baja efectiva de esos equipos no se concretó en la mayoría de las fuerzas del país.
El diagnóstico de la auditoría de 2024
La auditoría interna del Ministerio de Seguridad de la Nación realizada en 2024 relevó los inventarios de Gendarmería, Prefectura Naval, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Policía Federal. El resultado fue categórico: sobre un total de 76.812 chalecos, 49.159 estaban vencidos, el 64 por ciento del total. A ese número se suman los inventarios provinciales y municipales; según estimaciones de la industria, las unidades obsoletas acumuladas en el país superan el medio millón.
El entonces vocero presidencial Manuel Adorni reconoció en septiembre de 2024 que, hasta el 10 de diciembre de 2023, «los policías usaban chalecos vencidos», al anunciar la incorporación de 19.700 unidades nuevas para las fuerzas federales. La declaración confirmó lo que las auditorías internas ya documentaban: el Estado administró durante años un parque de equipos de protección caducos para su personal de seguridad.
El problema se replica en las provincias
La situación no es exclusiva del ámbito federal. La Policía de la Ciudad retiró 6.147 chalecos vencidos o deteriorados; la provincia de Córdoba incorporó 17.000 unidades nuevas ante un faltante operativo crítico; y Entre Ríos repuso 1.300 equipos después de admitir que la mayoría de los existentes estaban fuera de término. La multiplicación del fenómeno a escala nacional configura un problema sistémico que involucra a prácticamente todas las jurisdicciones del país.
Material del Estado en manos del crimen
La acumulación de material obsoleto sin destruir tiene consecuencias que van más allá del riesgo para los propios agentes. Los paneles balísticos de chalecos vencidos conservan parte de sus propiedades protectoras y, si no son destruidos correctamente, pueden reutilizarse para fabricar de manera clandestina nuevos paneles, blindajes, escudos o chalecos. Especialistas del sector advierten que ese circuito ya opera en la práctica.
En febrero de 2026, el armero de una banda de sicarios conocido como «El Negro Juan» fue detenido en Córdoba con un chaleco antibalas de la Policía provincial, una ametralladora de fabricación israelí y otras armas. El hallazgo ilustra en términos concretos el riesgo que implica la acumulación de material sin disposición final adecuada.
La normativa existe, pero no se cumple
La ANMaC reguló la destrucción de chalecos mediante la normativa de Materiales de Usos Especiales (MUEs) y habilitó a empresas privadas para realizar el procedimiento. El organismo ordenó en 2021 destruir 3.446 chalecos defectuosos fabricados por Fabricaciones Militares y entregados a la Policía bonaerense; en 2022 dispuso una medida similar sobre otro lote de la Policía de la Ciudad. Las órdenes no se concretaron por falta de capacidad tecnológica.
Actualmente funcionan en el país dos máquinas habilitadas bajo la normativa de la ANMaC para destruir materiales balísticos, propiedad de Tecnología Antibalas S.A. (Tecant). El proceso fragmenta paneles, etiquetas y fundas para impedir su reutilización y concluye con un certificado de destrucción que garantiza la trazabilidad del material dado de baja.
Según fuentes de la industria, la Argentina dispone hoy de la capacidad técnica, la normativa y las empresas necesarias para resolver la acumulación de equipos obsoletos. Lo que falta es la decisión política de los gobiernos nacional, provinciales y municipales para implementar un plan de destrucción sistemática del material fuera de servicio.
Un Estado que no protege ni controla
El cuadro de situación revela una doble falla estatal. Por un lado, las fuerzas de seguridad operaron durante años con equipos de protección individual vencidos, exponiendo a sus agentes a riesgos innecesarios en el ejercicio de funciones que el propio Estado les asigna. Por el otro, la acumulación de material sin destruir abrió una brecha en el control de armamento y equipamiento táctico que organizaciones criminales ya están aprovechando.
La crisis de los chalecos antibalas condensa, en un solo problema, dos dimensiones del mismo fracaso: el abandono de las condiciones laborales del personal de seguridad y la incapacidad institucional para gestionar el ciclo de vida del equipamiento público. Medio millón de chalecos vencidos no son solo un número; son la evidencia material de un Estado que no cuida a quienes cuida a los demás, y que tampoco controla lo que desecha.
Judiciales ⚖️
Ya condenado por Silvina Luna, Lotocki vuelve al banquillo por la muerte de otro paciente
El ex cirujano estético Aníbal Lotocki, condenado a ocho años de prisión por lesiones graves contra cuatro mujeres, enfrenta desde este miércoles un nuevo juicio oral por el supuesto homicidio simple de Rodolfo Zárate, un hombre de 50 años que murió en abril de 2021 tras una lipoescultura y dermolipectomía en la clínica CEMECO de Caballito. Otros cinco médicos y una instrumentadora quirúrgica también están en el banquillo.
El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N.° 17 de la Ciudad de Buenos Aires abrió este miércoles el debate oral y público por la muerte de Rodolfo Christian Zárate, víctima de una serie de negligencias que el fiscal Pablo Recchini describió con precisión demoledora en el requerimiento de elevación a juicio. El caso expone, una vez más, el patrón de impunidad con el que Lotocki operó durante años en el mercado de la cirugía estética, dejando un rastro de cuerpos dañados, historias clínicas adulteradas y pacientes sin respuesta.
Un paciente de riesgo, una cirugía temeraria
Según la reconstrucción fiscal, el 16 de marzo de 2021 Zárate concurrió al consultorio de Lotocki en Florida al 600, en el barrio de Retiro, donde acordó someterse a una lipoescultura y una dermolipectomía por 6.500 dólares. Los estudios preoperatorios revelaron que el paciente había padecido coronavirus y tenía diabetes. Pese a ese cuadro, la operación fue programada y realizada el 15 de abril de 2021 en el Centro Médico Conde (CEMECO), en Caballito.
La intervención fue de una magnitud inusitada: remoción de tejidos en cuellos, pectorales, hombros, axilas, brazos, pelvis, región lumbar y sacra, glúteos y cara anterior del abdomen, todo en un mismo acto quirúrgico. El fiscal Recchini señaló que, dado el impacto de esas múltiples vías de abordaje sobre un paciente con sus antecedentes, hubiera sido «médicamente aconsejable» distribuir los procedimientos en diferentes etapas. No se hizo.
A eso se sumó un episodio que sintetiza la irresponsabilidad atribuida al imputado principal: durante la cirugía, Lotocki abandonó el quirófano por aproximadamente cuarenta minutos para atender una audiencia virtual con su abogada, dejando la intervención en manos de sus ayudantes. Al regresar, se encargó de la plicatura y el cierre.
El colapso y la muerte en CEMECO
Tras la operación, Zárate fue trasladado a una habitación de la clínica. Una enfermera detectó una anomalía en su drenaje. Lotocki decidió que el paciente regresara al quirófano para reabrir una de las heridas. Al día siguiente, el 16 de abril de 2021, Zárate sufrió una descompensación severa que requirió intubación. El personal de CEMECO solicitó una ambulancia a su obra social y, ante la gravedad del cuadro, pidió un segundo móvil. Los médicos determinaron que el paciente estaba «mal intubado». Poco después, murió de un paro cardíaco.
Para el fiscal Recchini, Lotocki actuó con pleno conocimiento de los riesgos mortales que corría Zárate y «confió en que (la muerte) no se produciría» sin tomar ninguna medida para evitarla, «omitiendo empecinada, consciente y voluntariamente poner en práctica todas aquellas acciones que evitasen el resultado, ignorando todas y cada una de las pautas de alarma que surgían de modo evidente desde antes de iniciar el acto quirúrgico hasta producido finalmente el fallecimiento». Además, se lo acusa de haber alterado la historia clínica del paciente.
Los otros acusados y el encubrimiento
Junto a Lotocki se sientan en el banquillo el cirujano plástico Daniel Enrique Zambrano García, el anestesiólogo Santiago Luis Olguín, el cirujano plástico Polansky Peláez Hoyos, la médica anatomo-patóloga Silvia Mabel Fernández y la directora de CEMECO. En una situación diferenciada se encuentra la instrumentadora quirúrgica Florencia Marina Krzeczek, imputada por presunto encubrimiento.
El debate está presidido por los jueces Pablo Vega, Julio López Casariego y Juan Giudice Bravo. La acusación pública está a cargo de la fiscal María Luz Castany, titular de la Fiscalía General N.° 30. Las audiencias se realizarán todos los miércoles de agosto y septiembre, a partir de las 9, y se transmitirán en vivo por el canal de YouTube del Poder Judicial de la Nación.
El historial que el sistema dejó avanzar
Este nuevo juicio no puede leerse de manera aislada. Lotocki ya fue condenado a ocho años de prisión por lesiones graves reiteradas y estafa contra las modelos y figuras públicas Silvina Luna, Pamela Sosa, Gabriela Trenchi y Stefanía Xipolitakis, quienes denunciaron haber sido intervenidas con sustancias no aprobadas que derivaron en daños físicos severos y permanentes. El caso de Silvina Luna fue el más trágico: la modelo falleció en agosto de 2023 como consecuencia directa de las complicaciones generadas por las intervenciones de Lotocki.
En este segundo juicio, Lotocki enfrenta además cargos por lesiones gravísimas supuestamente padecidas por otras cinco mujeres: Paola Auzmendi, Sandra Viviana Domínguez, Beatriz Verger, Julieta Cuadros y Yésica Forti, operadas en distintas instancias entre 2016 y 2021. La acumulación de víctimas y causas dibuja el perfil de un médico que operó durante años al margen de toda ética profesional, amparado en la permisividad de un sistema que tardó demasiado en actuar.
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