Soberanía alimentaria
Campesinos, cooperativistas y agricultores familiares marchan al Congreso
Presentarán el «Programa Agrario para el Alimento». El objetivo es impulsar políticas públicas que solucionen los problemas alimentarios causados por un modelo agropecuario concentrado y especulador. Durante la caravana, se regalarán más de 10 mil kilogramos de frutas y verduras a los vecinos.
Trabajadores del campo organizados en cooperativas, en la agricultura familiar y en el movimiento campesino e indígena, nucleados en la Mesa Agroalimentaria Argentina (MAA), iniciaron pasadas las 11 una caravana hacia el Congreso para presentar públicamente el «Programa Agrario para el Alimento», que impulsa una serie de políticas públicas concretas para dar soluciones a los «problemas del alimento, fruto de un modelo agropecuario concentrado y especulador».
En el trayecto, los trabajadores del campo regalarán más de 10 mil kilogramos de frutas y verduras a los vecinos de la zona.
Los dirigentes se concentraron esta mañana en las inmediaciones del Parque Lezama.
Tras pasar luego por los ministerios de Economía y de Agricultura, prevén llegar a las 13 al Congreso nacinal, donde se presentará el «Programa Agrario para el Alimento», adelantaron a Télam desde la organización.
«Como federación de organizaciones de todo el país nucleadas de la Agricultura Familiar y parte de la Mesa Agroalimentaria Argentina (MAA) sostenemos y defendemos nuestro Programa Agrario para el Alimento de los argentinos, basado en alimentos sanos, precios justos, acceso a la tierra, créditos blandos y construir una empresa nacional de alimentos», dijo a Télam Ricardo Sirotiuk, presidente de la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar (FONAF).
Más tarde, durante el acto en la Plaza de los Dos Congresos, -anunciaron- los dirigentes de la MAA darán lectura a los 10 puntos en los que se explica el programa de la MAA: «Plan nacional de abastecimiento frutihortícola; plan nacional aumento en producción de carnes; ley de acceso a la tierra; ley de arrendamiento rural; protección de territorios de familias campesinas e indígenas; programa nacional de impulso a la agroecología; segmentación impositiva agraria; financiamiento cooperativo; plan nacional de creación de mercados de cercanía; creación de empresa estatal de alimentos y de un Ministerio de la Alimentación«.
El objetivo de este programa agrario, que lleva como lema «El alimento es un derecho y no una mercancía», es «impulsar medidas desde la agroecología, la agricultura familiar y el cooperativismo para que no falte el alimento en la mesa de ningún argentino».
Consumo
El lujo del asado: comemos menos carne que en cualquier momento de los últimos 20 años
En julio de 2026 los argentinos consumieron apenas 46,3 kilos de carne vacuna por persona al año, el mínimo en más de dos décadas. La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA) relevó que la faena se contrajo casi un 10% y la oferta interna se desplomó, mientras las exportaciones crecieron un 8,8% y las ventas a Estados Unidos se triplicaron.
El asado del domingo, símbolo cultural e identitario de nuestro país, se volvió un lujo cada vez más difícil de sostener para las familias trabajadoras. Un nuevo informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) reveló que en julio de 2026 el consumo per cápita de carne vacuna cayó a 46,3 kilos por persona al año, el nivel más bajo registrado en más de 20 años, con una caída de casi 5 kilos respecto de igual período de 2025.
Este medio publicó en junio pasado los datos correspondientes al período enero-mayo, cuando el indicador ya marcaba 47,5 kilos anuales. La tendencia no solo se mantuvo sino que se profundizó.
Menos faena, menos oferta: el ajuste llega a la góndola
La caída del consumo no es un fenómeno de preferencias sino de disponibilidad y precio. Según el relevamiento de la CICCRA, entre enero y julio de 2026 se procesaron 7,09 millones de cabezas, un 9,8% menos que en el mismo período de 2025. Esa contracción de la faena se tradujo en una oferta de apenas 1,202 millones de toneladas para el mercado interno, una caída del 12% interanual. Menos animales faenados significan directamente menos carne en carnicerías y supermercados, y precios más altos para lo que queda en el mostrador. El asado dejó de ser un bien accesible para convertirse en un gasto que requiere planificación.
Las exportaciones en alza: el negocio mira para afuera
Mientras la mesa de los argentinos se vacía, el puerto se llena. En los primeros siete meses de 2026 se exportaron 487.200 toneladas de carne vacuna, un 8,8% más que en igual período de 2025. Solo en junio, el ingreso de divisas por exportaciones de carne alcanzó USD 427,8 millones, un salto del 40,4% interanual, con un precio promedio de USD 7.880 por tonelada, casi el doble de lo que vale la carne importada.
El gran motor del crecimiento exportador fue Estados Unidos, que amplió su cupo de importación de carne argentina de 20.000 a 100.000 toneladas. En el primer semestre del año, el mercado norteamericano adquirió 54.150 toneladas, un incremento del 193,9% frente al mismo lapso de 2025. China sigue siendo el principal comprador en volumen, pero perdió terreno relativo frente al avance del mercado estadounidense como destino de mayor valor agregado y precio por tonelada.
¿El modelo uruguayo? Importar barato para exportar caro
El sector ganadero y frigorífico analiza abiertamente un modelo de negocios que tiene a Uruguay como referencia: importar carne de Brasil a precio bajo para abastecer el mercado interno, y destinar la producción nacional a mercados de exportación donde los precios son sustancialmente más elevados. La lógica es matemáticamente clara: la carne importada desde Brasil puede ingresar a alrededor de USD 4 por kilo, mientras que la tonelada de exportación se vende a cerca de USD 8. Con precios internacionales proyectados en niveles altos hasta 2033, el incentivo económico para priorizar el mercado externo es estructural y no coyuntural.
Esta orientación plantea una tensión política y social de fondo. El acceso a la carne vacuna no es solo una cuestión alimentaria sino cultural, y su retiro de la mesa popular es también un indicador del deterioro del poder adquisitivo de la clase trabajadora. Las familias argentinas no dejaron de comer proteínas, como mostraron los datos de cobertura previa de este medio: migraron al pollo y al cerdo, que durante 2025 y 2026 acumularon subas de precios menores que la carne vacuna. Pero esa sustitución no es una elección libre sino una adaptación forzada al ajuste.
Un mínimo que no es casualidad
El desplome del consumo de carne vacuna a mínimos de 20 años se inscribe en una secuencia más amplia de contracción del consumo popular que este medio viene documentando. Los datos de la consultora Scentia mostraron caídas sostenidas en el consumo masivo durante 2025 y el primer semestre de 2026. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) relevó en julio siete meses consecutivos de baja en las ventas minoristas de pymes, con una caída del 3,8% interanual. La carne no es una excepción al patrón general: es su expresión más visible y culturalmente resonante.
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