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Innovación 💡

La IA ya transforma el Estado: mientras el mundo avanza, Argentina observa

Un informe de la OCDE expone 200 casos reales de inteligencia artificial en el sector público global. La advertencia central es dura: automatizar sin reformar solo amplifica la ineficiencia. En Argentina, el debate llega tarde, con un Gobierno que desfinancia la ciencia y un movimiento obrero que ya puso el tema en agenda antes que el Estado.

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★ Mientras el Gobierno de Javier Milei sigue debatiendo si está «listo» para la inteligencia artificial, el resto del mundo ya lleva años aplicándola en el corazón del Estado. Un informe elaborado por la Dirección de Gobernanza Pública de la OCDE (GOV), bajo la dirección de Elsa Pilichowski y Gillian Dorner, compiló 200 casos reales de uso de IA en administraciones públicas de todo el mundo y llegó a una conclusión que no admite eufemismos: la IA no arregla lo que ya está roto, lo amplifica. El mayor riesgo no es moverse rápido, sino quedarse quieto mientras otros construyen el Estado del futuro.

El diagnóstico llega en un momento en que Argentina tiene, al menos, un antecedente propio para analizar: el sistema Prometea, desarrollado en el ámbito judicial, que genera borradores de resoluciones analizando expedientes completos. Lo que un funcionario tardaba días en redactar, la IA lo produce en minutos. La Justicia, que en América Latina se caracteriza por su lentitud estructural, empieza a moverse.

Pero hay una distancia sideral entre ese desarrollo puntual y una política de Estado que lo impulse. Y esa distancia se agranda en un contexto donde el Gobierno nacional desfinancia el CONICET, recorta el presupuesto en ciencia y tecnología y no tiene una agenda clara sobre soberanía tecnológica.

Los casos que el mundo ya no debate: los implementa

El informe de la OCDE no es un manual de promesas. Es un registro de hechos. Algunos de sus ejemplos más ilustrativos muestran tanto el potencial transformador como los riesgos reales de una implementación irresponsable.

El caso más alarmante es el de Países Bajos, donde un algoritmo estatal acusó a 26.000 familias de fraude en subsidios infantiles. Las consecuencias fueron devastadoras: familias perdieron sus casas, sus trabajos y sus matrimonios, y hubo niños separados de sus padres. La causa fue un modelo sesgado que discriminó por origen migrante, alimentado por datos defectuosos. El escándalo fue de tal magnitud que derivó en la caída del gobierno nacional. La lección es clara: la IA sin control democrático, sin transparencia y sin auditoría independiente puede convertirse en una máquina de injusticia social a escala industrial.

En el polo opuesto, Austria usa IA en su administración tributaria desde 2014. En 2023, el sistema analizó 6,5 millones de casos y permitió recuperar 185 millones de euros en impuestos que de otro modo nadie hubiera detectado. Quirúrgico, silencioso, eficiente.

Francia aplica IA para analizar fotografías satelitales y cruzarlas con declaraciones fiscales: detecta piscinas sin declarar, construcciones clandestinas, edificios que existen pero no figuran para el fisco. El Estado literalmente ve desde el cielo.

Brasil tenía 140.000 millones de dólares en litigios fiscales atascados, con cada caso tardando en promedio seis años en resolverse. La IA los agrupa, distribuye y prioriza con un 80% de precisión. Lo que tardaba una generación ahora tiene solución.

Singapur desplegó un chatbot fiscal con IA que atendió 70.000 consultas en un año y ahorró 11.666 horas a los contribuyentes. No es un bot de preguntas frecuentes: entiende contexto, personaliza respuestas y resuelve trámites completos.

Los números que incomodan al optimismo oficial

El informe de la OCDE expone una brecha que el entusiasmo tecnológico suele omitir. El 70% de los países utilizó la IA para mejorar procesos internos de gobierno, pero solo el 33% la aplicó al diseño y la implementación efectiva de políticas públicas. Es decir: la mayoría automatizó burocracia interna antes de preguntarse para qué sirve esa burocracia.

Y aunque el uso de la IA en la administración pública viene creciendo, el propio informe de la OCDE reconoce que todavía no tuvo un impacto transformador. La razón es estructural: solo el 39% de la ciudadanía tiene una confianza moderadamente alta o mayor en sus gobiernos nacionales, según datos de la OCDE de 2023. Y los gobiernos que no generan confianza difícilmente puedan implementar tecnologías sensibles sin resistencia legítima de la sociedad.

El Instituto Alan Turing estimó que la IA podría automatizar el 84% de las transacciones repetitivas del servicio público en el Reino Unido, ahorrando el equivalente a 1.200 años-persona de trabajo al año. Es una cifra que debería disparar una pregunta que los gobiernos de derecha suelen evitar: ¿qué pasa con los trabajadores desplazados?

La CGT lo preguntó antes que el Estado

En diciembre de 2025, mientras Federico Sturzenegger ultimaba los detalles de su proyecto de «modernización» laboral, la CGT organizó un debate sobre inteligencia artificial y el futuro del trabajo en su sede histórica de Azopardo, según informó este medio. Del encuentro participaron el ex secretario de Asuntos Estratégicos del gobierno de Alberto Fernández, Gustavo Béliz, y el ex canciller Rafael Bielsa, junto a dirigentes cegetistas como Jorge Sola y Walter Correa, ministro de Trabajo bonaerense.

La central obrera fue la que primero puso sobre la mesa la pregunta que el Gobierno de Milei no quiere responder: ¿quién se beneficia y quién pierde cuando el Estado automatiza? La respuesta no es neutral. Depende de si hay regulación, de si hay reconversión laboral, de si hay planificación soberana o si simplemente se deja que el mercado decida.

En ese marco, existen contrastes notables. El sistema Prometea se desarrolló en el ámbito del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires y fue impulsado con apoyo institucional. Más recientemente, investigadores del BIOMED UCA-CONICET, liderados por Francisco Barrantes, lograron visualizar neurorreceptores vinculados al Alzheimer utilizando IA y microscopía de superresolución, con dos trabajos publicados en Nature Communications, según informó este medio en septiembre de 2025. Son desarrollos que ocurren a pesar del ajuste, no gracias a él.

Automatizar la ineficiencia: el riesgo que nadie del Gobierno nombra

La advertencia central del informe de la OCDE no es tecnológica: es política. Los gobiernos que implementen IA sin antes diagnosticar qué está mal en su administración no van a mejorarla, van a repetir sus errores más rápido y a mayor escala.

Un Estado que persigue a familias migrantes con un algoritmo sesgado, como en Países Bajos, o que aplica IA para detectar evasión fiscal pero no para garantizar derechos sociales, está usando la tecnología como instrumento de control y no de servicio público. La neutralidad tecnológica es una ilusión. La IA reproduce los valores, los prejuicios y las prioridades de quienes la diseñan y de quienes la financian.

En ese sentido, la pregunta no es si la Argentina de Milei está «lista» para la IA. La pregunta es: ¿lista para hacer qué, con qué criterios y a favor de quiénes? Un gobierno que reduce el Estado al mínimo, que desconfía de la planificación pública y que está dispuesto a tercerizar funciones esenciales al sector privado no tiene las condiciones para implementar IA con un horizonte de justicia social.

La OCDE también lo señala: los servicios públicos confiables, receptivos y justos son los que pueden aumentar la confianza de la ciudadanía en el gobierno. Y la confianza no se construye con algoritmos: se construye con decisiones políticas.

Puntos clave:

  • Un informe de la Dirección de Gobernanza Pública de la OCDE compiló 200 casos reales de IA en el sector público global y advirtió sobre el riesgo de automatizar la ineficiencia sin reformar estructuras previas.
  • Solo el 33% de los países aplicó IA al diseño e implementación de políticas públicas, mientras el 70% la usó para procesos internos de gobierno, según el mismo informe.
  • El caso de Países Bajos, donde un algoritmo discriminatorio destruyó la vida de 26.000 familias, es la contracara del uso eficiente documentado en Austria, Francia, Brasil y Singapur.
  • La CGT debatió el impacto de la IA en el mundo del trabajo en diciembre de 2025, antes de que el Gobierno de Milei pusiera el tema en agenda.
  • Investigadores del BIOMED UCA-CONICET publicaron en Nature Communications un avance en neurociencia usando IA y supermicroscopía, en un contexto de ajuste al presupuesto en ciencia.

Ciencia 🧬

Pollitos en huevos impresos en 3D: la apuesta biotecnológica que divide a la ciencia

La empresa estadounidense Colossal Biosciences anunció el nacimiento de 26 pollitos incubados en cáscaras artificiales fabricadas con titanio y silicona. El avance reavivó el debate sobre los límites éticos y científicos de la llamada «desextinción» de especies.

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Anuncio espectacular: qué hay detrás del “huevo artificial” que promete revivir especies extintas

★ La empresa de biotecnología Colossal Biosciences, con sede en Dallas, Texas, presentó el 19 de mayo de 2026 lo que describió como una «plataforma de incubación sin precedentes»: una estructura reticular impresa en 3D que reemplaza la cáscara natural de un huevo y permitió, según el comunicado de la compañía, el nacimiento de 26 pollitos sanos. El anuncio se difundió a través de redes sociales y un video promocional, pero sin publicación científica revisada por pares.

El dispositivo: qué es y qué no es

El sistema desarrollado por Colossal consta de dos componentes principales. Por un lado, una membrana semipermeable de silicona capaz de replicar la transferencia de oxígeno de un cascarón natural, permitiendo el paso del gas a niveles atmosféricos sin necesidad de oxígeno suplementario, a diferencia de métodos anteriores de incubación ex ovo que requerían ese recurso. Por otro, una estructura de celosía impresa en 3D que protege esa membrana y, según la empresa, fue diseñada para ser «completamente escalable y biológicamente precisa». El sistema incluye además una ventana transparente que permite monitorear el desarrollo embrionario en tiempo real.

Sin embargo, el procedimiento no fue el que sugirió la comunicación inicial de la empresa en sus redes. Los científicos de Colossal extrajeron los embriones de huevos fertilizados puestos por gallinas reales en las primeras 24 a 48 horas tras la postura, los transfirieron al sistema artificial y los colocaron en una incubadora convencional. También añadieron calcio de forma externa, elemento que en la gestación natural se absorbe de la propia cáscara.

La bióloga reproductiva Nicola Hemmings, de la Universidad de Sheffield, quien no forma parte del equipo de Colossal, fue directa: «Producir un pollito a partir de un recipiente artificial no es necesariamente algo nuevo», declaró. La experta y otros investigadores independientes señalaron además que el dispositivo no replica otros componentes del huevo, como los órganos temporales que se forman para nutrir y estabilizar al embrión en crecimiento y eliminar los desechos.

La promesa: revivir al moa gigante

El director ejecutivo de Colossal, Ben Lamm, presentó el avance como un paso hacia uno de los objetivos más ambiciosos de la empresa: recrear al moa gigante de la Isla Sur (Dinornis robustus), un ave extinta hace aproximadamente 600 años, cuya extinción fue provocada por la caza indiscriminada de los colonos maoríes en el siglo XV. El moa, que podía alcanzar los tres metros de altura y alimentarse de hojas a 3,6 metros del suelo, ponía huevos hasta 80 veces más grandes que los de una gallina, lo que hace inviable su incubación por cualquier ave viva moderna.

«No queríamos esperar hasta estar listos para dar a luz a un moa gigante. En realidad, queríamos empezar a trabajar ahora en los desafíos de ingeniería relacionados con la subrogación y el nacimiento», explicó Lamm. El ejecutivo también abrió la posibilidad de que la tecnología se comercialice o se ponga a disposición de zoológicos e instalaciones de cría para la conservación de especies.

Colossal no es una empresa nueva en la carrera de la «desextinción». Previamente anunció haber modificado genéticamente ratones para que desarrollaran pelaje similar al del mamut lanudo, y cachorros de lobo inspirados en el extinto lobo terrible.

Las voces críticas: escepticismo científico

El anuncio no fue recibido con unanimidad en la comunidad científica. El biólogo evolutivo Vincent Lynch, de la Universidad de Búfalo, fue contundente respecto del objetivo final de la empresa: «Puede que sean capaces de utilizar esta tecnología para crear un ave modificada genéticamente, pero eso es solo un ave modificada genéticamente. No es un moa.»

El cuestionamiento apunta a un problema de fondo: aun si el sistema de incubación funciona a escala, el proyecto requiere primero comparar el ADN antiguo extraído de huesos de moa bien conservados con los genomas de especies de aves actuales, editar genéticamente esas células y producir embriones viables. Cada uno de esos pasos representa obstáculos científicos de enorme complejidad que aún no tienen solución conocida.

A ello se suma la ausencia de una publicación científica con revisión por pares que respalde los resultados anunciados. La información fue difundida por la propia empresa a través de un comunicado de prensa y un video, lo que impide una evaluación independiente rigurosa de la metodología y los resultados. La revista científica Nature recibió explicaciones de la empresa sobre el funcionamiento del sistema, pero eso no equivale a una validación del método.

Contexto: una startup con grandes promesas y grandes financiadores

Colossal Biosciences se inscribe en una tendencia creciente de empresas privadas que avanzan sobre territorios que históricamente pertenecieron a la ciencia pública. La lógica del anuncio espectacular, el video viral y la promesa de «traer de regreso» especies extintas responde tanto a una agenda científica como a una estrategia de captación de inversores. El investigador Andrew Pask, de la Universidad de Melbourne, vinculado al proyecto, definió el objetivo con claridad: «El plano de trabajo es el genoma, pero si no tienes dónde construir, de nada servirá.»

La tecnología obtenida puede tener aplicaciones concretas en conservación de aves amenazadas o en investigación reproductiva. Lo que permanece en el terreno de la especulación, por ahora, es la posibilidad de recrear un moa gigante.

Puntos clave

  • Colossal Biosciences anunció el 19 de mayo de 2026 el nacimiento de 26 pollitos en cáscaras artificiales impresas en 3D y fabricadas con titanio y silicona.
  • Los embriones provienen de huevos fertilizados puestos por gallinas reales; no se trata de huevos completamente bioingenierizados.
  • El anuncio no fue acompañado de una publicación científica con revisión por pares.
  • Científicos independientes cuestionaron la completitud del sistema y la viabilidad de revivir al moa gigante.
  • El director ejecutivo Ben Lamm reconoció que aún «queda un largo camino» antes de intentar la resurrección del moa con este sistema.
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