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Cristina y Massa mantuvieron una reunión de trabajo: de qué hablaron

La vicepresidenta y el designado superministro de Economía, se juntaron en pos «de los desafíos que tiene la Argentina hacia adelante y de los planes de gestión».

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La vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, mantuvo este lunes una reunión con el designado ministro de Economía, Producción y Agricultura, Sergio Massa, en su despacho de la Cámara de Senadores.

Así lo informaron de manera oficial los voceros de la titular de la Cámara alta, quien posteó una foto con el todavía diputado nacional a través de su cuenta de Twitter.

En ese sentido, desde la oficina de prensa de la vicepresidenta indicaron que el encuentro se realizó esta tarde y que las reuniones protocolares entre Massa y Fernández de Kirchner «son más que habituales» y que el encuentro «no es ninguna novedad».

Asimismo, destacaron que se habló «de los desafíos que tiene la Argentina hacia adelante y de los planes de gestión del futuro ministro».

Massa asumirá este miércoles como ministro del Gobierno de Alberto Fernández, en tanto que mañana hará oficial su renuncia a la Cámara de Diputados que también presidía.

La titularidad de la Cámara baja quedará para la bonaerense Cecilia Moreau, en tanto que la banca de Massa será ocupada por Juan Marino.

Durante la jornada de este lunes, el futuro ministro dio a conocer quiénes serán sus colaboradores en el área económica.

En ese sentido, anunció la continuidad de Raúl Rigo como secretario de Hacienda y de Eduardo Setti como Secretario de Finanzas, y la llegada de Daniel Marx, como asesor en temas de deuda.

Massa, a través de su cuenta de Twitter, informó durante la mañana la designación de Rigo, a quien «lo acompañarán Jorge Domper como subsecretario de Presupuesto y Claudia Balestrini a cargo de la Subsecretaría de Ingresos Públicos».

Rigo, un experto en cuentas públicas, volverá de este modo a esa función apenas 27 días después de haber presentado su renuncia al rol que ya cumplía en la Secretaría de Hacienda cuando el ministerio era conducido por Martín Guzmán.

Casi un mes después, Massa toma la determinación de reincorporar a este hombre clave en el diseño presupuestario de los gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, que continuó en funciones con el macrismo hasta que el exministro de Economía Nicolás Dujovne decidió desplazarlo.

Sin embargo, con el recambio del Gobierno en 2019 y la llegada de Martín Guzmán al Palacio de Hacienda, Rigo retornó a Economía.

Por la tarde, y a través de la misma red social, Massa dio cuenta que Eduardo Setti se mantendrá en la secretaria de Finanzas, cargo que viene que desempeñando desde comienzos de julio cuando había asumido Cecilia Batakis, «y lo acompañarán en el equipo, Leandro Toriano, Natalia Capurso y Celeste Izquierdo».

Además, el vicepresidente del Banco Central será Lisandro Cleri y vuelve a la función pública Leonardo Madcur como Jefe de Asesores del Ministerio.

Madcur ingresó al Ministerio de Economía de la mano del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, como su segundo, en mayo de 2002, cuando el país transitaba una crisis social, institucional y económica.

El designado jefe de asesores, por entonces, no conocía personalmente al ministro de Economía, Roberto Lavagna, pero a partir de allí se ganó el reconocimiento.

Asimismo, Massa anunció que Daniel Marx integrará «el comité para el desarrollo del mercado de capitales y seguimiento de la deuda pública».

Marx fue secretario de Finanzas durante el Gobierno de Fernando de la Rúa, y entre 1989 y 1993 fue jefe negociador de la deuda externa argentina, teniendo a cargo su reestructuración.

«El objetivo es ordenar y cuidar las cuentas públicas», expresó Massa al dar a conocer los primeros nombres de quienes lo acompañarán en el equipo económico.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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