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Presidencia

Alberto Fernández: «Milei habla de dolarización como Menem lo hacía sobre la convertibilidad»

Alberto Fernández compara la propuesta de dolarización de Milei con la convertibilidad de Menem y advierte sobre los riesgos económicos.

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El presidente Alberto Fernández sostuvo hoy que la propuesta de dolarizar la economía sostenida por el presidente electo, Javier Milei, «no es una buena idea» y lo comparó con el plan de convertibilidad que se instrumentó durante el gobierno de Carlos Menem, que, en principio resultó «exitoso» para contener la inflación pero luego terminó «en un desastre».

En una entrevista a Urbana Play, Fernández dijo que Milei tiene «la misma lógica que Menem porque creen que un factor determinante de la inflación y la inestabilidad económica es el déficit fiscal. Ellos creen que se resuelve ajustando en todo lo que podamos como obra pública, salud, cine, ciencia y tecnología y si no alcanza se venden las joyas de la abuela que son las empresas públicas. Es exactamente la misma lógica».

Además, el presidente reveló que le transmitió estas inquietudes a Milei en su encuentro para la transición al que calificó como «muy respetuoso» y le recordó «cómo terminó» el programa de convertibilidad.

«En el año 1999, Argentina terminó con una desocupación de 18 puntos y la industria nacional aniquilada», afirmó.

Fernández también se refirió a su gestión de gobierno, dijo que tiene «la tranquilidad espiritual de haber puesto todo en los cuatro peores años del siglo» y que siente «objetivamente tristeza porque le hubiera gustado que uno de los propios lo suceda».

Al ser consultado por las tensiones internas dentro de la coalición de Unión por la Patria, el presidente dijo que la alianza «funcionó al comienzo y empezó a ser disfuncional en algún momento».

«Una coalición se supone que tiene el mismo horizonte, pero en algún momento parecía que íbamos para lugares distintos», apuntó.

Islas Malvinas

La agenda Malvinas frenó el viaje de Milei a Londres: crónica de una gira que nunca tuvo sustento político

El presidente descartó el «Londres Week» planificado para fines de octubre después de que la cuestión de la soberanía sobre las Islas Malvinas volvió al centro de la escena política, impulsada por la selección de fútbol y el fracaso legislativo del oficialismo. Lo que arrancó como una gira de inversiones terminó en una ofensiva de soberanía que nadie tenía en el radar.

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Milei quería pisar Londres y el fútbol le cambió los planes: la historia del viaje que no fue.

Javier Milei no viajará a Londres. Lo que empezó como un foro de inversiones a gran escala, el «Londres Week» diseñado para replicar el esquema del «Argentina Week» de Nueva York de marzo pasado, naufragó ante la imposibilidad política de que el presidente pise suelo inglés sin pronunciarse sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas. La agenda Malvinas, que según miembros del propio gabinete no estaba ni remotamente en el radar cuando se planificó el viaje, terminó siendo el factor decisivo que canceló la gira.

La aspiración de Milei era convertirse en el primer presidente argentino en visitar el Reino Unido desde Carlos Menem en 1998. El «Londres Week» estaba diseñado para fines de octubre y, según trascendió en las últimas semanas, el entorno presidencial siguió alimentando la expectativa incluso cuando las señales políticas internas ya apuntaban en sentido contrario: se habló de una charla en la Universidad de Oxford, luego de «una reunión con empresarios», con el abandono progresivo del formato original.

El gol que torció la agenda presidencial

El punto de inflexión llegó desde una cancha de fútbol. La selección argentina, en la última edición del Mundial FIFA, desplegó una sábana blanca con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» tras vencer a Inglaterra en semifinales. El gesto deportivo reactivó el debate sobre soberanía con una intensidad que la Rosada no supo anticipar ni gestionar. La situación se agravó cuando la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, respaldó la decisión de la organización del torneo de prohibir al público llevar inscripciones sobre el archipiélago en disputa.

A ese escenario se sumó el fracaso del oficialismo en el Senado con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El detonante fue una declaración del canciller Pablo Quirno, quien sostuvo en defensa del proyecto que un extranjero «si quería» podía comprarse un pueblo. La frase encendió el rechazo social y enlazó el debate sobre tierras con la cuestión Malvinas, manteniendo vivo el tema en la agenda pública durante semanas.

Improvisación en Balcarce 50 y Cancillería

Mientras una parte del entorno presidencial difundía que el viaje seguía en pie, desde Balcarce 50 y Cancillería se sembraban interrogantes. La contradicción entre sectores del propio gobierno evidenció la ausencia de una posición unificada sobre cómo manejar la situación. El riesgo concreto era claro: que Milei aterrizara en Londres sin hablar de Malvinas habría sido una señal política devastadora en un momento en que la sociedad tenía el tema instalado con fuerza.

Frente a la imposibilidad de resolver esa tensión, el Poder Ejecutivo ensayó una operación de control del relato. Anunció el envío al Congreso de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, orientada a sancionar a empresas y personas vinculadas a la explotación ilegal de recursos en las islas. También anunció la creación de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y envió a los ministros Carlos Presti (Defensa) y Pablo Quirno (Relaciones Exteriores) a la provincia patagónica. «Desde el anuncio en cadena nacional, ya abrimos procesos sancionatorios contra 60 empresas y personas que operan directa o indirectamente la cuenca Malvinas sin nuestra autorización», declaró Milei.

El guiño de Trump y la ofensiva que no cierra

El oficialismo aprovechó además la promesa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de revisar su posición sobre Malvinas para montar una ofensiva que permitiera a Milei recuperar terreno en un tema históricamente adverso para el espacio libertario. Sin embargo, varias autoridades británicas rechazaron públicamente cualquier revisión de la soberanía sobre el archipiélago, lo que dejó en evidencia que la maniobra diplomática tiene límites concretos.

La secuencia completa del episodio revela un patrón de improvisación que ya caracterizó otras decisiones del gobierno: primero una iniciativa trazada sin evaluación de riesgos políticos, luego señales contradictorias desde el propio Ejecutivo y, finalmente, una cancelación envuelta en una operación de comunicación orientada a que la retirada parezca una ofensiva. La cuestión Malvinas, en todo caso, ganó visibilidad. El «Londres Week», en cambio, quedó en el archivo.

Puntos clave

  • Milei canceló el «Londres Week» planificado para fines de octubre, que lo habría convertido en el primer presidente argentino en visitar el Reino Unido desde Menem en 1998.
  • La selección argentina desplegó una bandera con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» tras vencer a Inglaterra en semifinales del Mundial, reactivando el debate soberanista.
  • El fracaso en el Senado de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, y la frase del canciller Quirno sobre la compra de tierras por extranjeros, agudizaron la presión política.
  • El Ejecutivo anunció el envío de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional y la creación de una Base Naval en Tierra del Fuego para controlar el daño narrativo.
  • Autoridades británicas rechazaron públicamente cualquier revisión de la soberanía sobre el archipiélago, limitando el margen de la maniobra diplomática del gobierno.
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