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De Pablo criticó las medidas económicas de Milei y Caputo: “Es una barbaridad”

El economista mostró pesimismo sobre la situación económica en 2024, destacando la incertidumbre constante.

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Lo que tenés que saber:

  • El economista Juan Carlos de Pablo cuestionó la eliminación del Impuesto PAIS anunciada por el gobierno de Javier Milei.
  • Aseguró que la prioridad debería ser reducir los impuestos que afectan directamente a la producción local.
  • De Pablo advirtió sobre posibles riesgos derivados de la medida, como un incremento del déficit comercial.
  • El economista mostró pesimismo sobre la situación económica en 2024, destacando la incertidumbre constante.

De Pablo cuestiona la eliminación del Impuesto PAIS

El economista neoliberal Juan Carlos de Pablo mostró su disconformidad con la decisión del presidente Javier Milei de eliminar el Impuesto PAIS a partir del lunes próximo. Según de Pablo, esta no fue la medida más urgente ni la más adecuada. El economista sugirió que, en lugar de eliminar dicho tributo, el gobierno debería enfocarse en reducir impuestos relacionados con los débitos y créditos bancarios, que considera más beneficiosos para aliviar la carga sobre la producción local. “Cosas que alivien la producción local” fue su recomendación.

De Pablo también hizo énfasis en las dificultades que enfrentan los emprendedores ante la presión impositiva en varios niveles: “No tengo ningún problema con que un tipo se funda porque sea un inútil, pero que se funda porque no puede competir con la presión impositiva de un importador -nacional, provincial, municipal y las restricciones sindicales y judiciales- es una barbaridad”, expresó, resaltando los desafíos adicionales a los que se enfrentan las pequeñas empresas en el contexto actual.

Posibles efectos negativos para la economía local

Durante su análisis, de Pablo advirtió sobre los posibles efectos negativos de la eliminación del Impuesto PAIS, especialmente en lo que respecta al déficit comercial. “Este es un tema que me preocupa en el plano industrial”, indicó el economista, añadiendo que las decisiones económicas del gobierno podrían tener consecuencias a partir de principios de 2024. De Pablo expresó su temor de que la eliminación del impuesto, en combinación con otras políticas, podría generar un déficit comercial hacia febrero o marzo, lo que reflejaría un manejo tardío de la economía.

Si de Pablo formara parte del equipo económico, su enfoque sería otro. Aseguró que su prioridad sería resolver los problemas internos de la economía, como la competitividad y el déficit, antes que centrarse en acuerdos internacionales, como el con el FMI. “Si no lo pongo número, lo pongo número dos, mucho más que el acuerdo con el Fondo”, subrayó el economista.

Incertidumbre sobre la proyección económica

En cuanto a las proyecciones económicas para el próximo año, de Pablo mostró una actitud pesimista, afirmando que “no sé ni lo que es la semana próxima”. Según su visión, la situación económica actual es altamente impredecible y los argentinos deben enfrentarse a una constante incertidumbre. El economista destacó que las decisiones se toman de forma cotidiana y las soluciones parecen buscarse a corto plazo, sin una claridad sobre lo que sucederá en el futuro cercano.

Dólar 💵

El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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