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Abogada de DDHH exhibe pruebas del vínculo de Villarruel con Etchecolatz

La candidata del espacio libertario no sólo demuestra temerariamente su negacionismo sino que es una ferviente defensora de represores con varias condenas.

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La abogada querellante en juicios de lesa humanidad, Guadalupe Godoy, sostuvo este miércoles que la candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza (LLA) Victoria Villarruel es «una militante pro genocidas» y publicó textos donde aparece su nombre vinculado al represor multicondenado Miguel Etchecolatz.

«La candidata a Vicepresidenta de (Javier) Milei, como sabemos, es una militante pro genocidas, que apoya activamente a los imputados en los juicios, desde sus inicios», sostuvo Godoy en su cuenta oficial de Twitter.

En esa red social, subió una foto de una hoja de papel donde se pude ver escrito a mano el nombre de la candidata a la Vicepresidencia.

«Acá por ejemplo, está su nombre en el cuaderno en el que Etchecolatz se organizaba para el juicio del año 2006», apuntó la letrada.

También publicó una hoja de las visitas donde el nombre de Villarruel aparece «junto a (la presidenta del grupo político AFyAPPA) Cecilia Pando, visitando al (represor) Beto Cozzani, integrante de la patota de Etchecolatz y con un nefasto rol en el caso Graiver».

«Estos papeles están en la causa por la desaparición de Jorge Julio López, que desde el día anterior a la sentencia contra Etchecolatz, está desaparecido. Una de las líneas de investigación, reclamada desde el inicio por los organismos de derechos humanos, era conocer quiénes intentaban perpetuar la impunidad y detener el avance de los juicios», recordó Godoy en referencia al albañil y exmilitante del Partido Socialista (PS) de La Plata, desaparecido desde 2006.

«Buscando esas respuestas aprendimos rápidamente quién era quién», concluyó.

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Abuelas de Plaza de Mayo alerta por la suspensión de entregas de kits de ADN en el exterior

El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.

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La política de derechos humanos volvió a quedar en discusión tras la denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo: el Gobierno habría suspendido el envío de kits de ADN a consulados argentinos en el exterior, una herramienta clave para avanzar en la identificación de hijos de desaparecidos.

La medida impacta directamente sobre personas que viven fuera del país y que sospechan haber sido apropiadas durante la última dictadura. Sin esos kits, queda interrumpida la posibilidad de realizar pruebas de filiación sin viajar a la Argentina.

Un canal de búsqueda bloqueado

Desde la Red Internacional de Abuelas en Europa señalaron que el sistema funcionaba desde hace años sin inconvenientes. A través de consulados, las muestras se tomaban bajo supervisión oficial y eran enviadas para su análisis.

El argumento oficial, según trascendió, apunta a dificultades en la custodia de las muestras. Pero desde la organización lo rechazan de plano: sostienen que el mecanismo tenía validez y respaldo institucional desde hace casi dos décadas.

Impacto en el derecho a la identidad

La decisión golpea uno de los pilares del trabajo de Abuelas: el derecho a la identidad. Se estima que alrededor de 400 bebés fueron apropiados durante el terrorismo de Estado y aún falta restituir la identidad de muchos de ellos.

Organismos advierten que la suspensión de estos dispositivos ralentiza o directamente paraliza investigaciones que dependen de la voluntad de quienes viven en el exterior para iniciar el proceso.

Denuncias de desarticulación

Referentes del espacio también apuntaron contra la falta de articulación estatal. Señalan que la CONADI y áreas vinculadas a Cancillería quedaron debilitadas, lo que repercute en la continuidad de políticas públicas construidas durante años.

Las críticas no se limitaron a lo operativo: también denunciaron un retroceso en la política de memoria, verdad y justicia, con cuestionamientos a la falta de diálogo con los organismos.

El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.

En ese terreno, la denuncia de Abuelas marca algo más profundo: no sólo un problema de gestión, sino una disputa sobre el lugar que ocupan los derechos humanos en la agenda libertaria..

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