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Espionaje: revés judicial para Larreta por el reconocimiento facial

La puesta en funcionamiento se hizo “sin cumplir con los recaudos legales de protección de los derechos personalísimos de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires”.

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La Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario porteña rechazó hoy el recurso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) contra la declaración de inconstitucionalidad de la implementación del Sistema de Reconocimiento Facial de Prófugos (SRFP) mediante datos biométricos.

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Según fuentes vinculadas a la causa, la Sala I de la Cámara dispuso que la rehabilitación del funcionamiento del SRFP, “además de quedar supeditada a la constitución y debido funcionamiento de los órganos de control”, también “queda sujeta a la realización de las investigaciones y pruebas necesarias” sobre el software que se utiliza.

En abril de 2022 se había dictado una medida cautelar y luego sentencia de primera instancia a favor de la acción de amparo promovida por el Observatorio de Derecho Informático Argentino (ODIA) a la que luego se sumaron particulares, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y numerosas entidades se presentaron como “amicus curiae” (amigos del tribunal).

Al declarar la inconstitucionalidad del SRFP, la jueza de primera instancia Elena Amanda Liberatori aludió a la participación ciudadana como principio rector reconocido en el Sistema Integral de Seguridad Pública de la Ciudad y que “el artículo 495 bis de la Ley 5.688 creó la Comisión Especial de Seguimiento de los Sistema de Video Vigilancia”.

Entonces, la magistrada remarcó que la puesta en funcionamiento se hizo “sin cumplir con los recaudos legales de protección de los derechos personalísimos de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires”.

Al iniciar la acción de amparo los accionantes sostuvieron que el SRFP afecta, entre otros, los derechos a la intimidad, de reunión, a la no discriminación, la libertad ambulatoria y la presunción de inocencia.

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El CELS indicó que la operación del sistema dio lugar a la “puesta a disposición de la Justicia de 1.648 personas” con “un total de 141 ‘falsos positivos’, es decir, individuos que no tenían orden de captura, pero fueron detenidos arbitrariamente con base en un error de la herramienta tecnológica”.

El GCBA afirmó que la implementación del SRFP se trataba de una decisión que tomó dentro de sus facultades y aclaró que el sistema no tenía capacidad para identificar los datos biométricos de 45.000.000 de individuos y que no reconocía personas que no estuvieran contenidas dentro de la base de datos de prófugos.

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Destacó además que esa era una base de datos pública dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, donde la Justicia Federal, Nacional, de la Ciudad y de las Provincias volcaban los registros de pedidos de captura sobre los delincuentes que estaban prófugos.

La Sala I de la Cámara señaló que la falta de mecanismos de control “cuya implementación no se ha producido aún de modo cabal; o cuya intervención ha sido tardía o se ha visto demorada por circunstancias imponderables (pandemia) o por omisiones de las autoridades competentes— trasunta un incumplimiento de preceptos jurídicos y, consecuentemente, una vulneración del principio de legalidad”.

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Los camaristas Pablo Mántaras, Fabiana Schafrik y Carlos Balbín agregaron que “no obstante, no es posible afirmar (con la certeza que exige la declaración de inconstitucionalidad de las normas) que el funcionamiento del SRFP no resulte eficiente si este estuviera sometido a todas las fiscalizaciones que las normas especiales y generales prevén”.

Como en su demanda los particulares habían preguntado “¿Cuántos desaparecidos hoy estaríamos buscando?”, si un sistema así hubiese estado a disposición de la última dictadura, los camaristas lo rechazaron por considerar que al planteo como “desafortunado, hipotético, atemporal e infundado”.

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Del estadio al barrio: cómo el gesto de la Scaloneta se convirtió en un acto de identidad popular

Un taller de serigrafía del barrio porteño de Boedo se volvió viral al ofrecer estampados gratuitos de la bandera con la leyenda «Las Islas Malvinas son argentinas», la misma imagen que los jugadores de la Scaloneta desplegaron tras vencer a Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026. Este sábado abre sus puertas de 13.30 a 16.30 en Castro 934.

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El gesto de los jugadores de la Selección argentina al desplegar la bandera con la leyenda «Las Islas Malvinas son argentinas» tras la victoria ante Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026 dejó una huella que va mucho más allá del fútbol. Ahora, en el corazón del barrio de Boedo, un taller de impresión y serigrafía decidió hacer suya esa imagen y ofrecerla de manera gratuita a quien quiera llevarla en su ropa, su bandera o cualquier pedazo de tela.

La propuesta de @imprentacumbre, ubicada en Castro 934, se viralizó rápidamente en las redes sociales y transformó el local en un punto de encuentro para hinchas que quieren mantener vivo el símbolo patrio que la Scaloneta le mostró al mundo. El diseño replica la imagen que se vio en el estadio en Estados Unidos: el mapa de las Islas Malvinas con la leyenda histórica y las tres estrellas que representan las dos Copas del Mundo y la Copa América conquistadas por el seleccionado en el último ciclo.

«Nuestra tierra no se negocia, no se regala, no se vende»

Los responsables del taller fueron contundentes al explicar el espíritu de la iniciativa. «Pasás con un pedazo de trapo y te llevás una bandera histórica», sintetizaron. Y completaron: «De acá no se baja nadie y esto sigue. A defender lo que es nuestro: nuestra tierra no se negocia, no se regala, no se vende». La convocatoria no surgió de una campaña publicitaria sino de la respuesta espontánea de la comunidad, que los instó a repetir la jornada luego de una primera apertura que también desbordó de concurrentes.

La iniciativa cobró aún más significado en el contexto político que rodeó a la bandera desde el momento en que los jugadores la desplegaron en el campo de juego. La exhibición generó la apertura de un expediente disciplinario por parte de la FIFA, que prohíbe manifestaciones políticas en sus competencias, y desató un cruce inesperado: el presidente Javier Milei, declarado admirador de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, cuestionó el gesto de los futbolistas en redes sociales, calificando el reclamo como «berrinches de adolescente termo mononeuronal». La contradicción entre un presidente que ideológicamente reivindicó a quien condujo a Gran Bretaña en la guerra de 1982 y el reclamo de soberanía de los propios jugadores nacionales generó repercusiones en todo el espectro político.

Una cita popular este sábado en Boedo

La nueva jornada de estampado gratuito está confirmada para este sábado, de 13.30 a 16.30 horas, en Castro 934, Boedo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La dinámica es simple: quien lleve cualquier prenda o tela podrá estampar de manera gratuita el diseño de las Islas Malvinas con la inscripción histórica y las tres estrellas. No se requiere ningún requisito previo.

Más allá de la anécdota futbolera, la propuesta de la imprenta de Boedo refleja un estado de ánimo colectivo: el de una sociedad que, incluso en la derrota deportiva de la final ante España, eligió aferrarse a los símbolos que la Selección supo encarnar durante el torneo. La soberanía sobre las Islas Malvinas no es una causa que dependa de los resultados en una cancha, pero el gesto de los jugadores logró instalarla nuevamente en el centro del debate público.

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