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Opinión

La revolución de la unidad

A las personas de mi generación nos asustan pocas cosas

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Por Osvaldo Nemirovsci (Diputado nacional mandato cumplido)

A las personas de mi generación nos asustan pocas cosas. Yo a los 5 años salía a pintar con cal las veredas de la calle Monroe, en la vieja Villa Urquiza, en el límite con Villa Pueyrredón, donde la Avenida Constituyentes decía que nuestra calle pasaba a llamarse Griveo. Creíamos, y nuestros viejos también, que eso evitaba la propagación de la poliomielitis, o Parálisis Infantil, que era el nombre que nos atormentaba. De nuestro grupo de amigos del barrio, esa epidemia agarró a la más bella de las chicas, María Cristina, la hija del policía.

Con eso empezamos, y esta generación vivió mil cosas: dictaduras más o menos, dictaduras sangrientas y criminales, pandemia, crisis económicas más o menos, crisis tremendas, golpes militares, hacer la colimba y que nos humillen 390 días seguidos, estar presos, exilios, torturas, fracasos colectivos y personales, guerra en Malvinas, frustraciones políticas, traiciones dirigenciales varias, la muerte de Perón (golpe psicológico para nuestra generación todavía no estudiado en forma debida), el terror de los asesinos del Proceso, los quilombos del 2001…en fin.

A esta altura nos asustan pocas cosas.

De ahí que esta generación, si bien veterana, todavía tiene algo para decir en la Argentina.

¡La experiencia de lo vivido en esa forma, no se compra en la ferretería de la esquina!

No me asusta Milei, sólo hay que enfrentarlo.

No será nuevo (es el modelo que el general propuso en 1974) pero la idea de Gobierno de Unidad Nacional, hoy es revolucionaria.

Sí, no se atraganten con esta palabra los que tiran tiros desde Internet y conocen la Resistencia y la lucha contra la dictadura desde los libros de historia.

Hoy hablar de Unidad Nacional, es revolucionario.

Y hay que hacerlo sin verdades absolutas (como enseñó Néstor), sin sectarismo y como dice Massa «convocando a esa Unidad, a los mejores, vengan de donde vengan».

Esa es la tarea de esta etapa.

Mi generación pondrá el hombro, otra vez más.

¡Viva Perón!

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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