Judiciales ⚖️
La Justicia investiga el protocolo represivo de Bullrich durante la ley Bases
Buscan identificar a los policías federales del Grupo de Operaciones motorizadas que participaron del operativo desplegado en las inmediaciones del Congreso
Un fiscal federal requirió identificar a los policías federales del Grupo de Operaciones motorizadas que participaron del operativo desplegado en las inmediaciones del Congreso el día que se debatió el proyecto de ley «Bases», y requirió que se precise cuál fue la orden que se les dio aquel día, informaron hoy fuentes judiciales.
Se trata de las primeras medidas de prueba para investigar el accionar policial durante las manifestaciones contra el proyecto de ley denominado «Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos», en las cuales varias personas resultaron heridas, muchas de ellas con balazos de goma, informaron fuentes judiciales.
Las medidas fueron dispuestas por el fiscal Ramiro González en el marco de un expediente que le delegó el juez federal Julián Ercolini y que tiene por objetivo «investigar los hechos de violencia acontecidos el 1 de febrero del 2024, aproximadamente a las 20.50, en los alrededores de la plazoleta ubicada frente al Congreso de la Nación», según surge del dictamen.
El fiscal requirió recabar el contenido de las cámaras de vigilancia del Congreso en relación al día de los hechos investigados, como así también solicitar las cámaras de seguridad públicas y privadas de la zona.
Además dispuso que se requiera a la Dirección de Asuntos Internos de la Policía Federal Argentina (PFA) «que indique si ha labrado sumario interno en virtud de los hechos de violencia entre los manifestantes y los oficiales de la P.F.A».
También requirió solicitar al Jefe de la Policía Federal Argentina que remita «la orden de servicio del operativo de seguridad dispuesto para cubrir la manifestación convocada en el contexto del debate del proyecto de ley denominado «Bases».
En el mismo dictamen, dispuso solicitar «la nómina del personal que cumplió aquella orden en el turno que comprende el horario de las 21 horas del Grupo de Operaciones Motorizada» y especifique la función de cada miembro de ese grupo; a la vez que requirió se informen «las modulaciones efectuadas entre las miembros de la fuerza entre las 20 y 23 horas».
El dictamen, conocido, hoy fue firmado días atrás por el representante del ministerio público fiscal, señalaron las fuentes consultadas.
Los hechos ocurrieron en la zona demarcada por las calles y avenidas Entre Ríos, Solís, Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, y fueron protagonizados por los manifestantes que se oponían al proyecto de ley y miembros de la Policía Federal, «quienes habrían disparado balas de goma que hirieron a (el abogado) Matías Aufieri en un ojo y a (el secretario parlamentario del Frente de Izquierda) Guillermo Ermili en la espalda», reseñó el fiscal.
El legajo tiene su inicio en la presentación realizada por el abogado Luciano Hazan, en su carácter de coordinador del Programa contra la Violencia Institucional y Defensor Coadyuvante de la Defensoría General de la Nación.
La intervención de Hazan se dio luego de que Ermili se presentara en la sede del Programa contra la Violencia Institucional con la intención de que se le facilite su voluntad de denunciar los hechos de violencia acaecidos, el 1 de febrero de 2024, en las inmediaciones del Congreso de la Nación.
De acuerdo con aquella denuncia, aproximadamente a las 21 de aquella jornada, «policías en motocicletas se acercaron de forma intempestiva a la plaza donde se agrupaban los manifestantes, sin que nadie hubiera cortado la circulación de las calles adyacentes, y comenzaron a arrojar un gas irritante mientras daban círculos alrededor de la Av. Entre Ríos, de esta ciudad».
«A continuación, escucharon explosiones muy fuertes y (los denunciantes) se percataron que los policías en motocicletas estaban disparando hacia los manifestantes apostados en la esquina de las calles Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, y luego contra aquellos que se encontraban en la plaza», se había denunciado.
Ermili indicó que los disparos con balas de goma eran dirigidos deliberadamente a la parte superior del cuerpo de los manifestantes y que en ese momento se cruzó con Matías Aufieri quien había sufrido un impacto de bala de goma en uno de sus ojos y, mientras intentaba calmarlo, recibió un disparo en la espalda, apenas arriba de la cintura.
«Frente a tal escenario, indicó que se acercaron al Congreso para recibir asistencia médica, pero en el camino se encontraron con Caros Platkosky quien llevó a Matías al hospital Santa Lucía. Luego, lo trasladaron al hospital Bazterrica, pero como no había oftalmólogo de guardia, lo llevaron al Instituto de la Visión. En cuanto al estado de salud actual de Aufieri, Ermili explicó que fue operado el pasado 2 de febrero por la mañana y que no perdería la vista pero que le espera una recuperación larga», reseñó el fiscal.
CABA
Menos psicopedagogos, más policías: la escuela porteña deja de ser un lugar de cuidado
El protocolo porteño habilita el ingreso de la Policía de la Ciudad a las escuelas a pedido de los directivos, por orden judicial o por fuerza mayor. Ninguna ley lo impedía, pero la comunidad educativa lo defendió como una conquista democrática.
La Policía de la Ciudad tiene, desde este lunes, una puerta formal para entrar a las escuelas porteñas. El nuevo protocolo del gobierno de Jorge Macri convierte en norma escrita lo que durante décadas la comunidad educativa resistió: la presencia de uniformados dentro de las aulas como respuesta a los conflictos escolares. La intervención policial podrá darse a pedido del propio colegio a través del 911, por orden judicial o por razones de fuerza mayor ante un riesgo inminente.
La habilitación forma parte de la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial porteño con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de la Ciudad y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La norma adapta las escuelas al nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), vigente desde el 5 de septiembre, e impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años por hechos que pudieran constituir delitos, incluso fuera del establecimiento. El documento trascendió el fin de semana, cuando Federico Puy, secretario general adjunto de Ademys, lo difundió en su cuenta de X.
Un límite sin ley, pero con memoria
La frontera entre la escuela y la policía nunca estuvo escrita en una ley para los niveles obligatorios. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó en sus recomendaciones sobre policías en las escuelas: a diferencia de lo que ocurre con las universidades públicas, no existen normas en la Ciudad ni en la provincia de Buenos Aires que impidan a la policía ingresar a un establecimiento escolar, aunque sí hubo proyectos de ley que nunca fueron tratados. La única prohibición expresa es el artículo 31 de la Ley de Educación Superior, que veda el ingreso de la fuerza pública a las universidades nacionales sin orden judicial o pedido de sus autoridades.
Lo que sostuvo ese límite fue otra cosa: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral y un consenso político y pedagógico construido desde 1983. La escuela democrática se pensó como un espacio de cuidado, justamente porque la dictadura la había convertido en territorio de vigilancia. El régimen militar difundió en 1977 el folleto “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que ordenaba a docentes y directivos detectar al “enemigo” entre sus alumnos; y en septiembre de 1976, en La Plata, un grupo de estudiantes secundarios que habían reclamado por el boleto estudiantil fue secuestrado en lo que se conoce como la Noche de los Lápices.
La escalada porteña
El protocolo actual no nació de la nada. El 28 de marzo de 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el Ministerio de Seguridad porteño aprobó mediante la Resolución 86/2018 un “Protocolo de Ingreso a los Establecimientos Educativos de la Ciudad de Buenos Aires”, que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
Según el texto filtrado por UTE, su primer artículo establecía que “el personal policial podrá ingresar a los edificios o inmuebles escolares cuando sea requerida su presencia por alguno de los miembros del equipo de conducción del establecimiento”.
Llegó apenas 40 días después del protocolo antitomas impulsado por la entonces ministra de Educación, Soledad Acuña, y el entonces secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, se negó a hacer público su anexo con el argumento de que solo servía a los efectos “de la comunicación interna” de la fuerza.
Ese mismo año, Ademys denunció que, el día previo al tratamiento del aborto legal en Diputados, la policía entró a una escuela secundaria tomada para desalojar a los estudiantes. En 2022, frente a nuevas intervenciones, el secretario adjunto de UTE, Eduardo López, lo resumió en una frase: “La escuela no es un lugar para la Policía”.
El paso siguiente llegó en abril de este año. Tras la ola de amenazas de tiroteos que se multiplicó en todo el país después del ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo, el gobierno porteño activó un protocolo que dispuso que, ante una denuncia realizada por la escuela o por un tercero, el equipo directivo deberá permitir el ingreso de la Policía al establecimiento. La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, lo justificó así: “La respuesta tiene que ser, al mismo tiempo, seguridad y formación. Protocolo y acompañamiento. Consecuencia y reparación”. Estudiantes, familias y docentes respondieron entonces con una consigna que hoy vuelve a circular: “No a la policía en las escuelas”.
Qué cambia ahora
La diferencia con los antecedentes es de escala y de lógica. El ingreso policial ya no aparece como una excepción ante un arma o una amenaza puntual, sino como una pieza dentro de un circuito que empieza con la obligación de denunciar a adolescentes de 14 años.
El nuevo texto exige que los efectivos se identifiquen, actúen “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes y procuren “cesar el riesgo”; también prohíbe a las escuelas interrogar a los alumnos.
Las salvaguardas contrastan con los estándares que organismos de derechos humanos promovieron durante años. El CELS recomendó atender a la policía en la puerta mientras se evalúa la situación, sobre todo si los efectivos están armados y hay chicos en el edificio.
Y recordó una pauta de la guía elaborada por la provincia de Buenos Aires junto a UNICEF: no deben brindarse nombres de estudiantes a ninguna autoridad policial sin un oficio judicial, y la policía no puede tomar contacto con ningún menor de edad, aun cuando se presuma que tiene un arma, hasta que llegue un familiar o adulto responsable.
“Una antesala de las cárceles”
Puy advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’”, sostuvo que “constituye una clara persecución a los jóvenes” y alertó que busca convertir a las escuelas en una “antesala de las cárceles”. UTE, por su parte, rechazó “que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal” y advirtió “sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”; el gremio reclamó equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos.
Ninguna ley impedía que un patrullero estacionara frente a una escuela y sus agentes cruzaran el portón; lo impedía una idea de la democracia sobre qué lugar ocupan los chicos en la sociedad. Con este protocolo, el gobierno porteño elige reemplazar gabinetes, psicopedagogos y equipos de orientación por el 911, y deja la resolución de los conflictos adolescentes en manos de quienes están entrenados para otra cosa.
Lo que tenés que saber del Protocolo
- La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 habilita el ingreso policial a las escuelas porteñas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
- No existe una ley que prohíba el ingreso policial a escuelas; la única prohibición expresa rige para las universidades nacionales, por el artículo 31 de la Ley de Educación Superior.
- En 2018, la Resolución 86/2018 del Ministerio de Seguridad porteño aprobó un protocolo de ingreso a escuelas que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
- En abril de 2026, tras las amenazas de tiroteos, la Ciudad ya había dispuesto que los directivos permitieran el ingreso policial ante una denuncia.
- Ademys y UTE rechazaron el nuevo protocolo por criminalizar a las adolescencias.
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