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Movimientos Sociales

Río Negro: convocan al diálogo por el conflicto de tierras en Villa Mascardi

Después de la represión estatal y de la humillante detención a mujeres mapuche, ahora el gobierno rionegrino convoca al «diálogo».

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El Gobierno de Río Negro convocó hoy a un canal de negociación con las entidades que nuclean a las comunidades mapuches a diez días del desalojo en Villa Mascardi, pero una de las organizaciones que los representan rechazó la convocatoria al plantear que no están dadas «las condiciones necesarias para el diálogo».

La convocatoria fue motorizada por la Secretaría de Derechos Humanos de Río Negro, desde donde se propuso abrir «una mesa del diálogo» con una fecha a confirmar para el primer encuentro, aunque la iniciativa no fue aceptada por la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche.

Al rechazar la iniciativa, el werken (portavoz) de esa entidad, Orlando Carriqueo, señaló que diez minutos antes le había llegado «la invitación formal del Gobierno de Río Negro para una instancia del diálogo, para las 15».

«Más allá de la informalidad y poca seriedad que están teniendo el Gobierno de Río Negro y el Gobierno nacional, le informamos (a la gestión rionegrina) que no son las condiciones necesarias para el diálogo y la solución de un conflicto estructural con el pueblo mapuche en Río Negro», explicó.

«Los representantes que envía el Gobierno carecen de autoridad política para afrontar este conflicto», manifestó Carriqueo para negarse a participar.

Según lo adelantado desde la administración de Arabela Carreras, la propuesta de iniciar una «mesa del diálogo» incluiría la participación de representantes de las carteras de Seguridad y de Mujeres, Géneros y Diversidad del Estado nacional, como también representantes de Parques Nacionales.

También fueron convocados el Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro y el Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (Codeci) en representación de las comunidades originarias de la zona cordillerana.

Por el Gobierno rionegrino formarían parte los ministerios provinciales de Seguridad y Justicia, Educación y Derechos Humanos, y Gobierno y Comunidad, informaron desde la gestión de Arabela Carreras.

El 4 de octubre pasado, un comando unificado de las fuerzas federales, con la participación de la policía de Río Negro, realizó un desalojo en la zona de Villa Mascardi, 35 kilómetros al sur de Bariloche, en el que se detuvo a siete mujeres en los predios ocupados por las familias del asentamiento Lof Lafken Winkul Mapu.

La jueza federal subrogante que interviene en la causa, Silvina Domínguez, otorgó la prisión domiciliaria a cuatro de las siete mujeres, dos de las cuales continúan alojadas en las sede regional de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) de Bariloche.

Una de las mujeres detenidas en el operativo, Andrea Despo, resultó sobreseída luego de comprobarse que el día del procedimiento «estaba casualmente en el lugar» y que tiene residencia en la ciudad de Trelew, Chubut.

Respecto a las otras mujeres, ya fueron indagadas y está en curso el plazo de diez días hábiles para que se resuelvan sus situaciones procesales.

Boxeo

El Roña Castro hacía lo que la política no: su última pelea fue contra el hambre

Desde un gimnasio de Temperley, el excampeón mundial llegó a sostener 14 comedores con más de 6.400 personas. Había pasado hambre de chico y no se cansó de denunciar que el Estado nacional los había dejado solos.

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El Argentino Diario-Jorge Roña Locomotora Castro.
"Nación no nos ayuda en nada": el Roña Castro hacía lo que el gobierno de Milei dejó de hacer.

Cada viernes, frente a la puerta de un gimnasio de boxeo en Temperley, se formaba una fila de mil números. Arroz, fideos, polenta y harina pasaban de mano en mano mientras un excampeón mundial organizaba la entrega. Jorge «Roña» Castro, que murió tras descompensarse en un bingo de Morón, había convertido su gimnasio en una trinchera contra el hambre.

Unas tres semanas antes de su muerte, en el programa TVR, que se emite por C5N, Castro puso en números la magnitud de esa tarea. «Teníamos 2.100 personas hace dos años y medio atrás; ahora tenemos 6.400. Se triplicó la cantidad», explicó. Y advirtió que la cifra ya había quedado corta: «Hoy hay mucho más porque hay caras nuevas. Ahora estamos anotando de nuevo a todos los que van a comer, y va mucha gente grande».

«¿Sabés lo que es que te ruja el estómago?»

Su compromiso no nació de un cálculo, sino de una herida. Castro creció con cinco hermanos en Caleta Olivia y, tras la separación de sus padres, se fue a vivir con su padre a Catamarca. «Mi viejo chupaba, el alcohol lo perdía y me molía a trompadas, no sabés las necesidades que pasé. No comía, estaba como raquítico», recordó.

Ese chico que pedía comida para sobrevivir terminó haciendo lo mismo, ahora para otros. «Yo mangueaba, igual que lo hago ahora, para parar la olla, no había otra, no hay otra», contó. La empatía con quienes hacían la fila no era un discurso: era su propia biografía repetida en otros cuerpos. «Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos», resumió.

De una olla a 14 comedores

Todo empezó en marzo de 2020, cuando abrió un gimnasio en el barrio San José de Temperley y, un mes después, la pandemia lo obligó a cerrar. «Con el gimnasio comencé en la pandemia con la olla popular. Hicimos una olla, después pusimos dos y terminamos haciendo seis. Hicimos el primer comedor y hoy tenemos 14 comedores y nueve merenderos: cuatro comedores son nuestros y a otros diez los abastecemos», relató en TVR. Se levantaba a las cinco de la mañana para ir al Mercado Central a buscar mercadería.

Conocía de memoria la rutina de cada barrio: «Los chicos salen del colegio y van a tomar su merienda, porque nosotros damos almuerzo, no damos cena. A mí no me gusta decirle ‘villa’, estamos en lugares humildes donde la gente puede andar muy bien de día, pero de noche ya es medio peligroso. Entonces nosotros damos de morfar al mediodía y a la tarde toman la merienda».

Los viernes de la fila

La entrega de mercadería tenía su propio método. Los miércoles repartía números para que el viernes cada uno retirara su bolsa, y hasta ponía orden en persona: «En la cola a veces se pelean por entrar, entonces salgo y les digo: ‘Vos viniste recién, andá al fondo y hacé la cola'».

Lo que más lo impactaba era quiénes formaban esa fila. «Cuando reparto mercadería los viernes, vas a mi gimnasio y hay 1.000 personas. Y son toda gente grande, no son pendejos; va toda gente grande a buscar morfi. Yo les doy siete productos y la gente se va contenta y te agradece. Me pone contento que la gente se pueda llevar algo para pasar el fin de semana», contó.

La ayuda no se limitaba a la comida. «El argentino siempre fue solidario con nosotros. Siempre que a mí me piden comprar una silla de ruedas, muletas o remedios, lo hacemos porque hay mucha gente que lo necesita», explicó. La demanda, de todos modos, lo superaba: «No damos abasto. No llega», lamentaba. «Perder el trabajo y la dignidad es muy duro», decía al ver a vecinos que alguna vez habían vivido bien acercarse con vergüenza a pedir un plato.

«Nación no nos ayuda en nada»

Castro nunca separó su trabajo social de la realidad política. Cuestionó de frente el relato oficial sobre la baja de la pobreza: «Milei dice que sacó a 12 millones de la pobreza y la gente va cada vez más a los comedores». Y fue contundente sobre el abandono: «El Gobierno nacional nos quitó todas las ayudas. Cada vez tenemos más gente en los comedores y Nación no nos ayuda en nada. Sí nos ayuda la provincia de Buenos Aires, las fábricas y los comercios».

En TVR fue todavía más lejos: «Sé que la estamos pasando mal en este Gobierno. Ojalá que venga otro gobierno, porque este puso esa motosierra y los está serruchando a todos: a los jubilados, a los discapacitados». Los jubilados eran, para él, la cara más cruda del ajuste. «Trabajaron tanto para jubilarse, para tener un buen pasar, y tienen un pasar de mierda. Un jubilado cobra 380.000 pesos y todos los meses y todos los días te aumentan las cosas. Vas a un supermercado y todos los días aumentó algo», describió.

Incluso fue a ver con sus propios ojos las marchas de los miércoles frente al Congreso: «A mí me da bronca porque yo fui un miércoles a ver a los jubilados, para ver cómo los reprimían. Esta gente manda a reprimir a todos los pobres; gente grande que va a defender lo suyo». Su conclusión era tan simple como política: «Los comedores y los merenderos no deberían existir».

Morón, el último proyecto

En los últimos tiempos se había radicado en Morón, donde trabajaba para abrir un nuevo espacio comunitario con capacidad para 500 personas. Hasta el final pidió donaciones y colaboraciones para sostener la red: «El que quiera donar, con poquito que nos llegue, nos ayuda». Su muerte deja un interrogante incómodo: quién va a ocupar ahora el lugar que la política dejó vacío y que un excampeón decidió llenar con ollas.

Lo que tenés que saber:

  • Castro convirtió en 2020 su gimnasio de Temperley en un centro de asistencia alimentaria.
  • Sostenía 14 comedores, cuatro propios y diez abastecidos, y nueve merenderos.
  • Unas tres semanas antes de morir contó en TVR que la asistencia se triplicó, de 2.100 a 6.400 personas, con cada vez más gente grande.
  • Denunció que el Gobierno nacional les quitó todas las ayudas y que la motosierra golpeaba a jubilados y personas con discapacidad.
  • Trabajaba en un nuevo comedor para 500 personas en Morón.
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