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El macrismo metió preso a un chico por tuitear y ahora Larreta pide «más libertad» en las redes sociales

El jefe de Gobierno olvida u omite que durante la presidencia de Mauricio Macri fue preso Nicolás Lucero por un tuit con una canción de cancha.

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En una nueva demostración del doble standard del Pro, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, acusó al kirchnerismo de «querer controlar lo que se diga en las redes sociales».

«El kirchnerismo nos intenta distraer: ahora proponen una ley mordaza, con el argumento totalmente inverosímil de que todo lo que pasa es del periodismo, la Justicia, la oposición. Lo que están proponiendo es controlar la libertad de expresión. No lo vamos a permitir. Me preocupan mucho los avances contra la prensa, contra la libertad de expresarse libremente de todos los argentinos. Con la excusa de esta ley podrían llegar a controlar lo que se diga en las redes sociales», sostuvo el mandatario de la Ciudad.

«Mi visión es exactamente la contraria. En lugar de callar al que piensa distinto, propongo más libertad. En lugar de la censura, propongo más libertad. En lugar de la ley mordaza, propongo más libertad«, dijo Larreta.

Horacio Rodríguez Larreta omite que en el Gobierno de Mauricio Macri, de quien fue jefe de Gabinete en la CABA durante los ocho años de gestión, fue detenido Nicolás Lucero por tuitear una canción de cancha.

Antes de que se desatara la fiebre de los hinchas que cantaban en las canchas insultos contra Mauricio Macri, Nicolás Lucero tuiteó en 2017 una letra que criticaba al por entonces presidente. Patricia Bullrich lo metió preso y lo destacó. Un año después, en pleno furor del MMLPQTP, se preguntaba si le iba a pasar lo mismo a quienes se manifiestan en las tribunas o si fue «el único boludo».

El Ministerio de Seguridad de Macri detuvo en su casa de José León Suarez. Una vez libre dijo: «Hay tantos delincuentes que están sueltos y yo por cantar una canción tenga una causa penal, esas cosas me pasan a mi solo no pego una».

Larreta también anunció que los alumnos de escuelas porteñas recuperarán el próximo 31 de octubre «el día de clases que se perdió en el feriado nacional del viernes pasado«, decretado por el presidente Alberto Fernández tras el atentado contra la vicepresidenta, Cristina Kirchner.

«No podemos perder ni un solo día. Vamos a reprogramar un día de capacitación de los docentes y con eso vamos a mantener los 192 días de clases«, subrayó Rodríguez Larreta.

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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