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«Los trabajadores y trabajadoras de la Argentina rezamos por vos»: la CGT respaldó al Papa

La Confederación General del Trabajo (CGT) expresó su solidaridad y deseos de pronta recuperación al papa Francisco, quien permanece internado en el Policlínico Gemelli de Roma debido a problemas respiratorios y renales.

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La Confederación General del Trabajo (CGT) expresó su solidaridad y deseos de pronta recuperación al papa Francisco, quien permanece internado en el Policlínico Gemelli de Roma debido a problemas respiratorios y renales. Según fuentes vaticanas, el sumo pontífice de 88 años se encuentra en estado crítico y con pronóstico reservado.

«Rezamos por vos»

A través de un comunicado publicado en la red social X, la CGT manifestó:

«Los trabajadores y trabajadoras de la Argentina nos sumamos a los millones que a lo largo del mundo envían su afecto y buenos deseos a ese líder mundial en el que se ha transformado Francisco».

Además, enviaron un mensaje directo al Papa argentino:

«Los trabajadores y trabajadoras de la Argentina rezamos por vos».

El último encuentro con la CGT

El último contacto directo entre la CGT y Francisco ocurrió en septiembre de 2024, cuando una delegación encabezada por Héctor Daer (Sanidad) visitó el Vaticano. En aquella ocasión, el Papa reiteró su apoyo a las luchas obreras y cuestionó el avance de políticas económicas que afectan a los sectores más vulnerables.

En medio de la preocupación internacional por la salud del sumo pontífice, diferentes sectores políticos y sindicales de Argentina han expresado su respaldo y oraciones.

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El Papa que incomodó al poder: el legado político y espiritual de Francisco a un año de su partida

La voz de Jorge Bergoglio siempre buscó tender puentes donde otros construían muros, y su figura se convirtió en símbolo de una Iglesia que se atrevió a dialogar con la modernidad sin renunciar a su raíz espiritual. Nunca volvió a la Argentina, una decisión interpretada como una opción por la universalidad de su misión frente a la política local.

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Francisco, el Papa que eligió al mundo entero, lo dió todo y nunca volvió a su patria

★ El pontificado de Jorge Mario Bergoglio no puede reducirse a un catálogo de reformas institucionales ni a un ajuste administrativo de la Curia romana. Fue, ante todo, un gesto de humanidad sostenido durante trece años en medio de un mundo desgarrado por la desigualdad, la violencia y la desconfianza. Su voz buscó tender puentes donde otros construían muros, y su figura se convirtió en símbolo de una Iglesia que se atrevió a dialogar con la modernidad sin renunciar a su raíz espiritual.

El pastor de las periferias

Francisco fue el primer papa latinoamericano y el primero de la historia en asumir ese nombre, en referencia a Francisco de Asís, el santo de los pobres. Nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936 en el seno de una familia de inmigrantes italianos, Bergoglio transitó durante décadas la vida religiosa en los márgenes del poder eclesiástico antes de ser elegido como sucesor de Benedicto XVI el 13 de marzo de 2013, en un cónclave que sorprendió al mundo católico.

Desde el inicio de su pontificado, Francisco optó por la sencillez como gesto político: rechazó el Palacio Apostólico y eligió vivir en la Casa Santa Marta; usó una cruz de metal en lugar de oro; saludó a la multitud desde el balcón de San Pedro con un «buenas noches» que desarmó los protocolos. Esa coherencia entre el discurso y la conducta fue, quizás, el rasgo más reconocible de su figura pública.

Su insistencia en la «cultura del descarte», su denuncia de la «globalización de la indiferencia» y su defensa de los migrantes, los refugiados y los pobres estructurales configuraron una doctrina social que chocó frontalmente con los gobiernos de ultraderecha que proliferaron durante su pontificado. En más de una ocasión, sus palabras fueron leídas como interpelaciones directas a líderes como Donald Trump, Viktor Orbán o Javier Milei.

Laudato sí: cuando el Vaticano habló de economía y ecología

En 2015, Francisco publicó la encíclica «Laudato sí», un documento que trascendió ampliamente los límites del catolicismo y se transformó en un manifiesto ético y político de alcance global. En ese texto, el Papa no habló solo de la naturaleza: habló de la dignidad humana, de la necesidad de una economía que no devorara al planeta y de una cultura que reconociera la interdependencia de todos los pueblos.

La encíclica inspiró debates en organismos internacionales, fue citada en los preparativos del Acuerdo de París sobre cambio climático y dio voz institucional a quienes reclamaban justicia ambiental desde los márgenes del sistema. Tres años después, en 2020, Francisco amplió esa reflexión con «Laudate Deum», un documento más urgente y más político, en el que denunció el fracaso de los compromisos climáticos globales y señaló directamente la responsabilidad de los países ricos.

La reforma interna: sinodalidad y lucha contra los abusos

Uno de los aspectos más concretos y duraderos del pontificado fue el impulso a la sinodalidad: la idea de que las decisiones en la Iglesia deben construirse desde la participación de las comunidades y no solo desde la cúspide jerárquica. El proceso sinodal que impulsó entre 2021 y 2024 fue el más amplio en la historia reciente de la Iglesia Católica, con consultas en más de cien países.

Pero el capítulo más doloroso de su gestión fue, sin duda, la crisis de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Francisco enfrentó esa realidad de manera desigual: fue criticado por demoras y por haber protegido en un primer momento a figuras como el cardenal chileno Fernando Karadima o el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Con el tiempo, sin embargo, su posición se endureció: convocó cumbres sobre protección de menores, modificó el derecho canónico para facilitar la destitución de abusadores y fue el primero en afirmar públicamente que los sacerdotes deben responder ante la justicia civil.

Un argentino que no volvió a la Argentina

Uno de los gestos más comentados, y más enigmáticos, de su pontificado fue la decisión de no visitar la Argentina durante los trece años de su papado. Fue el único país latinoamericano importante que Francisco no pisó como Pontífice. Las interpretaciones fueron múltiples: evitar quedar atrapado en la polarización política de su país natal; no aparecer como un recurso electoral en manos de ningún gobierno; priorizar las «periferias» del mundo, como hizo al visitar Irak, Sudán del Sur o Myanmar.

Quienes lo conocieron en Buenos Aires recuerdan a un sacerdote que viajaba en subte por la línea A, que caminaba como un vecino más por las calles del centro, que visitaba villas miseria y hablaba con los pobres sin intermediarios. Ese Bergoglio porteño nunca regresó como Papa, pero su ausencia fue, a su modo, una declaración de principios.

La pandemia, las guerras y la IA: Francisco ante los desafíos del siglo

El pontificado de Francisco se desarrolló en un contexto global de crisis acumuladas. La pandemia de COVID-19 lo encontró solo en una Plaza de San Pedro vacía, rezando bajo la lluvia en una imagen que dio la vuelta al mundo y que condensó, de manera brutal, la fragilidad de la humanidad ante lo imprevisible.

Las guerras en Siria, en Ucrania y en el Medio Oriente lo tuvieron como una voz incómoda, que pedía diálogo cuando el mundo parecía elegir la confrontación. Sus llamados al cese del fuego rara vez fueron escuchados por los actores en conflicto, pero su insistencia le valió un lugar singular en la diplomacia informal del siglo XXI.

En sus últimos años, Francisco también advirtió sobre los riesgos de la inteligencia artificial y la deshumanización que podía traer consigo el avance tecnológico sin regulación ética. En enero de 2024, dedicó su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz al tema de la IA, una señal de que el Vaticano no estaba dispuesto a quedar al margen de ese debate.

El legado: una Iglesia que respiró al ritmo del mundo

Francisco será recordado como el Papa que eligió la sencillez frente al poder, la periferia frente al centro, la misericordia frente al dogma. Su legado no se medirá en títulos ni en honores, sino en los gestos que desarmaron la rigidez institucional y devolvieron humanidad a una Iglesia que, en muchos sectores, había perdido credibilidad.

Prefirió ser «pastor del mundo» antes que hijo de una patria, y en esa renuncia se reveló su mayor fidelidad: la de abrir la Iglesia al dolor y la esperanza de todos los pueblos. Como informó este medio en coberturas anteriores, su relación con el pontificado de León XIV, su sucesor, ya está marcada por ese legado de apertura y de posicionamiento político global de la Santa Sede.

Jorge Bergoglio, aquel cura que transitaba en el subte de la línea A y caminaba como un vecino más por Buenos Aires, nos recordó que creer era comprometerse, que rezar era también actuar, y que la espiritualidad auténtica no debería encerrarse en los templos, sino desplegarse en la vida cotidiana, en el gesto sencillo de tender una mano al otro.

Puntos clave:

  • Francisco fue el primer Papa latinoamericano y el primero en elegir ese nombre, en referencia a Francisco de Asís; fue elegido en cónclave el 13 de marzo de 2013.
  • Su encíclica «Laudato sí» (2015) trascendió el ámbito religioso y se convirtió en un documento de referencia en los debates sobre justicia ambiental y economía global.
  • Impulsó el proceso sinodal más amplio de la historia reciente de la Iglesia, con consultas en más de cien países entre 2021 y 2024.
  • Nunca visitó la Argentina durante su pontificado, una decisión interpretada como una opción por la universalidad de su misión frente a la política local.
  • Advirtió sobre los riesgos de la inteligencia artificial sin regulación ética, dedicando su mensaje de paz de 2024 a ese tema.

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