Cambio climático
Al menos trece muertos tras una ola de calor intenso en EEUU
La sensación térmica de los últimos días rondó los 45 grados en el sur de Estados Unidos y en varias ciudades de Texas.
Al menos 13 personas fallecieron a causa de la severa ola de calor que golpea a Estados Unidos desde hace dos semanas, mientras que la calidad del aire en el territorio empeoraba debido a los incendios forestales que siguen activos en Canadá, informaron hoy autoridades locales.
La sensación térmica de los últimos días rondó los 45 grados en el sur de Estados Unidos y en varias ciudades de Texas, como Houston que cuenta con 2,3 millones de habitantes, las autoridades pusieron a disposición ciudadana sus instalaciones con aire acondicionado, en caso de que alguna persona no cuente con energía o el artefacto.
«Hubo 10 muertes relacionadas con el calor que eran residentes del condado de Webb y la undécima muerte fue la de una persona de un condado vecino llevada a un hospital local nuestro», dijo a la agencia de noticias AFP una portavoz de esa comuna texana.
En tanto, un adolescente falleció la semana pasada mientras hacía senderismo en el parque texano Big Bend, cuando las temperaturas superaban los 40 grados, y su padre también falleció, pero en un accidente de tránsito cuando iba a buscar ayuda.
La semana pasada, en Luisiana, murió una mujer de 62 años tras una tormenta que dejó sin energía a miles de familias.
«Fue hallada el 21 de junio en una área que no tuvo energía por un prolongado periodo de tiempo. Su muerte estuvo relacionada con el calor», informó el Departamento de Salud de Luisiana.
Además, el pavimento de algunas vías en Houston, uno de los estados petroleros más importantes del país, sufrió rajaduras debido al excesivo calor, indicaron autoridades locales.
«En años anteriores una emergencia de calor normalmente duraba dos o cuatro días como máximo. Desde el 14 de junio hemos tenido un calor excesivo, lo que significa que el índice es de 42 grados o superior. Y nunca he visto en los últimos 20 años que se extienda más allá de una semana», explicó el portavoz del Departamento de Salud de Houston, Porfirio Villarreal.
Entre 4 y 10 personas mueren anualmente en esta ciudad por una dolencia asociada con el exceso de calor, añadió el funcionario.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) indicó que el ozono troposférico, al ras del suelo, suele alcanzar niveles nocivos en días calurosos y soleados en entornos urbanos, y puede ser transportado largas distancias por el viento.
Casi 120 millones de estadounidenses (de una población de 330 millones) que viven en lugares con malas calificaciones por niveles nocivos de ozono o contaminación por partículas, corren riesgos de salud en 2023, según la American Lung Association, una ong que investiga la salud pulmonar.
Por otro lado, Canadá enfrenta la peor temporada de incendios forestales de su historia, atribuidos, entre otros factores, al excesivo calor y el humo se desplaza hacia el sur.
Por eso, territorios desde el centro oeste hasta la costa este de Estados Unidos, donde residen más de 120 millones de personas, permanecían bajo alertas de calidad del aire.
La calidad del aire en ciudades como Nueva York o Filadelfia era considerada insalubre hoy, según la plataforma gubernamental Airnow.
Recientemente se emitieron alertas desde Ontario, el norte de Minnesota y Michigan hasta Nueva York y los estados del sureste de Carolina del Norte y Georgia, sumándose a la lista gran parte de las localidades en la región de los Grandes Lagos de América del Norte.
El humo de los incendios forestales también se desplazaron a través del Océano Atlántico sobre Portugal y España.
Cambio climático
El Niño recién comienza: cómo sigue el clima en la Ciudad
La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el fenómeno alcanzará su punto máximo en diciembre y se extenderá hasta mediados de 2027. En la región pampeana, expertos advierten que las obras hidráulicas no alcanzan si no hay planificación urbana, gestión del riesgo y un Estado presente.
Temperaturas superiores a la media en gran parte del planeta, alteración de las pautas de precipitación y un riesgo creciente de sequías e inundaciones en diversas regiones: ese es el escenario que proyecta la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para los próximos meses. El organismo confirmó este jueves que el fenómeno El Niño seguirá intensificándose antes de alcanzar su punto álgido en diciembre de 2026 y que sus efectos se prolongarán durante los primeros tres o cuatro meses de 2027.
La información surge del boletín mensual de la OMM correspondiente al trimestre octubre-noviembre-diciembre, publicado el 8 de octubre de 2026. El episodio se desarrollará en su fase catalogada como «muy fuerte», con temperaturas superficiales del océano Pacífico que escalarán a niveles récord, sobre todo en su sector tropical y oriental.
Un fenómeno que ya condiciona economías y ecosistemas
Desde la OMM advirtieron que este Niño «influirá en los patrones climáticos y tendrá un impacto en las economías, los ecosistemas y las comunidades de todo el mundo«. La advertencia no es menor para una Argentina que históricamente alterna entre la sequía extrema y las inundaciones devastadoras según el ciclo climático dominante. La fase muy fuerte del fenómeno implica que ninguna región del país puede descartar impactos severos en su sistema productivo y en la vida cotidiana de sus comunidades, desde el norte subtropical hasta la Patagonia.
La región pampeana: mucho más que una cuestión de obras
En ese marco, el investigador de la Fundación Tejido Urbano, Matías Araujo, planteó una lectura que va más allá de la obra hidráulica. Araujo señaló que las inundaciones son un fenómeno recurrente en buena parte de la región pampeana, pero que sus consecuencias dependen de múltiples factores que exceden la cantidad de lluvia: la exposición de la población, las condiciones previas de vulnerabilidad y la capacidad institucional para prevenir, responder y recuperarse.
«Las obras hidráulicas pueden contribuir a reducir la amenaza, pero no eliminan por sí solas el riesgo», sostuvo Araujo. Y amplió el diagnóstico: «La expansión urbana sobre áreas inundables, los cambios en los usos del suelo, la pérdida de superficies de amortiguación y las condiciones socio-habitacionales también inciden sobre la magnitud final del impacto». La misma precipitación no produce el mismo daño en todos los territorios: los barrios populares construidos sobre humedales rellenos, los asentamientos sin saneamiento formal y las zonas con déficit habitacional acumulan una vulnerabilidad que ningún canal alivia.
Araujo fue contundente al señalar que el impacto de una inundación continúa mucho después de que el agua baja. «La pérdida de viviendas, bienes e ingresos puede generar efectos prolongados sobre los hogares, especialmente entre aquellos con menor capacidad de ahorro o protección. Al mismo tiempo, el Estado debe reconstruir infraestructura, reponer servicios y destinar recursos extraordinarios a asistencia y recuperación», advirtió.
Sin Estado presente, no hay solución técnica que alcance
La propuesta del investigador es integral: combinar infraestructura hidráulica tradicional con reservorios, áreas de amortiguación, superficies permeables y soluciones basadas en la naturaleza, pero también intervenir sobre el crecimiento urbano, proteger áreas de reserva y evitar que continúe creciendo la exposición de población e infraestructura en zonas inundables. La ecuación no cierra si el Estado se retira del territorio.
A esto se suma una dimensión institucional que en el contexto de ajuste libertario adquiere una carga política concreta: la necesidad de contar con monitoreo hidrometeorológico, mapas de riesgo actualizados, sistemas de alerta temprana, ordenamiento territorial, Defensa Civil activa, planes de emergencia y mecanismos de coordinación entre municipios, la Provincia y los organismos de cuenca. Ninguno de esos recursos se sostiene con un Estado desfinanciado y desguazado.
Lo que tenés que saber de “El Niño”
- La OMM confirmó que El Niño alcanzará su pico máximo en diciembre de 2026 y se extenderá hasta el segundo trimestre de 2027.
- El episodio se desarrollará en fase «muy fuerte», con temperaturas superficiales del Pacífico en niveles récord.
- El fenómeno eleva el riesgo de sequías e inundaciones en la Argentina y altera los patrones de precipitación a escala global.
- El investigador Matías Araujo advirtió que la vulnerabilidad social y la expansión urbana sobre áreas inundables determinan el impacto real de las lluvias, más allá de las obras.
- La respuesta efectiva requiere planificación estatal integral: no solo infraestructura, sino también ordenamiento territorial, sistemas de alerta y protección de los sectores más expuestos.
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