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Elecciones

Guatemala vota en un balotaje crucial

En un país fuertemente conservador y religioso, Arévalo y Torres descartaron legalizar los matrimonios igualitarios o el aborto, que solo está permitido si hay riesgo para la madre.

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Los guatemaltecos acudían hoy a las urnas para elegir un nuevo presidente tras una campaña marcada por intentos de marginar al candidato Bernardo Arévalo, el inesperado favorito de centroizquierda que lidera una cruzada contra la corrupción, mientras su rival Sandra Torres siguió sembrando dudas sobre la «honestidad» de los comicios, a la vez que una jueza electoral denunció amenazas.

Hijo de un mandatario que dejó huella, Arévalo, que enfrenta a la ex primera dama Torres, genera esperanzas de cambio en un país sumido en la pobreza, la violencia y la corrupción, que inducen a emigrar cada año a miles de guatemaltecos.

Pero el sociólogo, filósofo y diputado es visto con aprensión por la élite política y empresarial que dirige el país, acusada de corrupción.

«Guatemaltecos, este es el momento de votar con alegría, vayamos a votar temprano», dijo Arévalo, de 64 años, en breves declaraciones luego de votar en un colegio en el centro histórico de la Ciudad de Guatemala.

Torres, fue la más votada en la primera vuelta del 25 de junio y, en el que es su tercer balotaje, cuenta con el apoyo silencioso del presidente saliente, el derechista Alejandro Giammattei, y de la poderosa élite empresarial aliada del Gobierno.

En la recta final de la campaña, Torres puso en duda el proceso de conteo de votos: pidió a la Justicia que garantice la «transparencia» del balotaje y ayer denunció supuestas «acciones intrusivas» y «racistas» de observadores de la Unión Europea.

Tras emitir su voto, Torres pidió “honestidad” en el proceso electoral por algunas “anomalías» que han «estado denunciando“, según el diario local Prensa Libre.

Ante la consulta sobre si aceptará los resultados en caso de perder, Torres se mantuvo en silencio y se retiró del centro de votación, informó la agencia de noticias Sputnik.

La Corte Suprema acogió su pedido y ordenó al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que «tome las medidas para garantizar (el correcto) ingreso de datos al sistema informático» y permita a los fiscales partidarios tomar fotos de las actas de las mesas de sufragio.

La candidata es apoyada por varios partidos de derecha, pastores evangélicos y la Fiscalía, que ha tratado de ilegalizar al partido Semilla de Arévalo para marginarlo de la contienda presidencial.

«Hay que estar listos para las arremetidas», dijo Arévalo la semana pasada en una entrevista con Télam en relación a los intentos judiciales por correrlo de la elección.

«Vemos toda una armazón de corrupción en donde tristemente el partido contendiente ya es parte junto con el Estado, con el gobierno, y están tratando de ver la forma como logran burlar la voluntad popular que va a ser manifestada este domingo», agregó.

Un sondeo divulgado la semana pasada mostró un 50% de las intenciones de voto a favor de Arévalo y un 32% a favor de Torres.

La Corte Suprema guatemalteca dejó el viernes sin efecto en forma definitiva la orden de un juez de inhabilitar al movimiento Semilla de Arévalo.

Pero la Organización de Estados Americanos (OEA) expresó su «preocupación» por los planes de la fiscalía de detener a dirigentes de Semilla tras el balotaje.

Por su parte, Estados Unidos dijo esperar que el balotaje sea «libre, justo, transparente y pacífico».

Asimismo, la Misión de Observación Electoral dijo que le preocupaban las amenazas contra magistrados del TSE y llamó a las fuerzas de seguridad a proteger a los jueces durante la segunda vuelta.

«Hasta el momento los observadores no han registrado mayores incidentes, sin embargo, vemos con extrema preocupación las amenazas hechas públicas contra magistrados del supremo y la potencial renuncia de una de ellas, rechazamos y condenamos toda violencia, así como el hostigamiento al tribunal supremo electoral», dijo la portavoz de la misión en una conferencia de prensa.

Más temprano, la magistrada Blanca Alfaro -principal figura para sustituir en el cargo en el próximo período a la presidenta del TSE, Irma Palencia- anunció que renunciará al tribunal debido al inadecuado ambiente en que desarrolla su labor, y luego de que en la víspera había denunciado que recibió amenazas, que se intensificaron en los últimos tres meses y fueron más graves en días recientes.

De 64 años, Arévalo es hijo del primer presidente elegido democráticamente en Guatemala, Juan José Arévalo (1945-1951), y promete seguir la senda de su padre con una fuerte agenda social y de cambio.

Además de la cruzada contra Semilla, la fiscalía lleva adelante desde hace un par de años una campaña contra periodistas y funcionarios judiciales que combatieron la corrupción, y ha encarcelado o empujado al exilio a varios de ellos.

Analistas señalan que Guatemala vive un retroceso hacia el autoritarismo como reacción del establishment a la Cicig, un ente creado por la ONU que investigó la corrupción gubernamental entre 2007 y 2019.

En 2019 el entonces presidente derechista Jimmy Morales cerró la Cicig, y Giammattei no quiso resucitarla.

En un país fuertemente conservador y religioso, Arévalo y Torres descartaron legalizar los matrimonios igualitarios o el aborto, que solo está permitido si hay riesgo para la madre.

Sin embargo, la ex primera dama, de 67 años, asevera que su rival es ateo -aunque es católico como ella-, que quiere legalizar el aborto, las uniones entre personas del mismo sexo y las drogas.

También llamó «huecos» (homosexuales) a los seguidores de Semilla.

Torres, candidata por la Unión Nacional de la Esperanza (UNE), afirmó asimismo que Arévalo planea hacer expropiaciones y que convertirá a Guatemala «en una Venezuela y en una Cuba».

Su rival se defendió de los dichos de Torres afirmando que ella «es la candidata de la mentira y la desinformación».

Torres es exesposa del fallecido presidente socialdemócrata Álvaro Colom (2008-2012), y es especialista en políticas públicas y empresaria textil.

Unos 9,4 millones de guatemaltecos están habilitados para elegir al sucesor de Giammattei, quien debe entregar el mando el 14 de enero de 2024.

Los casi 3.500 centros de sufragio abrieron a las 7 (las 10 en Argentina) y cerrarán a las 18 (las 21 en Argentina).

Los primeros escrutinios oficiales se conocerán unas tres horas después del fin de la votación.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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