Mundo 🌐
Trump endurece su guerra comercial con China, pero otorga una tregua de 90 días a 75 países
El presidente de Estados Unidos anunció una pausa temporal en los aranceles para más de 75 países, incluida la Argentina, mientras eleva al 125% los gravámenes a las importaciones chinas. La medida profundiza las tensiones con Beijing y genera incertidumbre en los mercados globales.
Una tregua selectiva en medio de la escalada
Donald Trump, fiel a su estilo impredecible, volvió a sacudir el tablero del comercio internacional al anunciar una pausa de 90 días en la suba de aranceles para aquellos países que no han tomado represalias contra su política comercial. Entre los beneficiados se encuentra la Argentina, que, según el mandatario, “inició contactos para negociar con Washington”. Sin embargo, la tregua no incluye a China, que enfrentará un aumento de aranceles del 125%, frente al 104% previo.
La decisión, comunicada a través de Truth Social, busca presionar a Beijing en el marco de una guerra comercial que ya lleva más de cinco años y que ha tenido un impacto significativo en las cadenas de suministro globales. Trump justificó la medida al acusar a China de “falta de respeto a los mercados” y de aprovecharse del sistema multilateral de comercio.
Argentina y otros países: ¿beneficio o estrategia?
La inclusión de la Argentina en la lista de países beneficiados por la pausa arancelaria podría interpretarse como un gesto estratégico de la Casa Blanca. Según Trump, más de 75 países han mostrado disposición a negociar, lo que habría motivado la reducción temporal de los aranceles recíprocos en un 10%. Sin embargo, esta aparente concesión no está exenta de condiciones: el esquema de aranceles del 10% sigue vigente para casi todos los países, mientras que bloques como la Unión Europea enfrentan gravámenes adicionales del 20%.
Para la Argentina, que atraviesa una delicada situación económica, la medida podría representar un alivio temporal en sus exportaciones hacia Estados Unidos. Sin embargo, expertos advierten que la volatilidad de las políticas comerciales de Trump genera incertidumbre y dificulta la planificación a largo plazo.
China responde: «No hay reciprocidad»
Desde Beijing, la respuesta no se hizo esperar. Durante una reunión en la Organización Mundial del Comercio (OMC), la delegación china acusó a Estados Unidos de violar las normas internacionales y de debilitar el sistema multilateral de comercio. “Se priorizan los intereses de Estados Unidos en perjuicio de los derechos legítimos de otros países”, afirmaron los representantes chinos, quienes también señalaron que evaluar el comercio únicamente por los saldos comerciales es “un enfoque engañoso”.
China, que ya había incrementado sus aranceles a los productos estadounidenses al 84%, enfrenta ahora un escenario aún más adverso. Según analistas, el aumento al 125% podría intensificar la desaceleración económica del gigante asiático, que ya lidia con una caída en sus exportaciones y un menor crecimiento del PIB.
Impacto global: mercados en vilo
La política comercial de Trump ha generado una fuerte volatilidad en los mercados financieros, que reaccionan con nerviosismo ante cada anuncio. El endurecimiento de los aranceles a China podría tener repercusiones globales, afectando no solo a las economías emergentes, sino también a los consumidores estadounidenses, que ya enfrentan precios más altos en productos importados.
Por otro lado, la pausa arancelaria para países como la Argentina podría interpretarse como un intento de aislar a China en el escenario global. Sin embargo, esta estrategia podría resultar contraproducente si otros países deciden aliarse con Beijing en respuesta a las políticas unilaterales de Washington.
Un futuro incierto
La guerra comercial entre Estados Unidos y China no muestra signos de resolución a corto plazo. Mientras Trump refuerza su postura proteccionista, Beijing busca consolidar alianzas con otros actores clave, como la Unión Europea y los países del sudeste asiático. En este contexto, la Argentina y otros países beneficiados por la tregua arancelaria deberán navegar con cautela en un escenario global cada vez más polarizado.
Geopolítica 🌎
Trump dijo que podría revisar el apoyo de EEUU a Gran Bretaña en la disputa por Malvinas
Por primera vez, el presidente estadounidense habló en persona sobre la disputa de soberanía del Atlántico Sur. La amenaza no responde a un giro diplomático genuino sino a la presión de Washington sobre sus aliados de la OTAN para que eleven el gasto en defensa al 5% del PBI. El gobierno de Milei eligió la cautela y prudencia.
Donald Trump irrumpió este lunes en la histórica disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Consultado por la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca sobre si Washington podría retirar su apoyo a la posición británica, el mandatario respondió con una frase que encendió las alarmas en Londres y generó expectativa contenida en Buenos Aires: Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas. Se trata de la primera ocasión en que Trump se expresa en persona sobre el conflicto.
Una herramienta de presión, no un cambio de política
El contexto de la declaración es inseparable de la batalla que el gobierno de Trump libra contra sus aliados de la OTAN en materia de gasto en defensa. La semana pasada, el diario británico The Telegraph reveló que funcionarios del Pentágono amenazaron al primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, con modificar la postura estadounidense sobre las Malvinas si Londres no elevaba su inversión militar hasta el 5% del PBI, en línea con las exigencias que Washington impone a toda la alianza. El plan de Burnham, que apenas se compromete a llegar al 3% del PBI en defensa para 2030, quedó muy por debajo de las expectativas de la administración republicana.
Cuando fue consultado específicamente sobre si esperaba que el gobierno británico incrementara sus compromisos, Trump fue explícito: El Reino Unido tiene algunos problemas, pero se resolverán. La frase, leída en conjunto con la anterior, traza una línea directa entre el apoyo histórico de Washington a Londres en el conflicto austral y el cumplimiento de las metas de gasto militar.
Antecedentes: del correo filtrado al Despacho Oval
No es la primera vez que el tema aparece en la agenda de la administración Trump. En abril pasado, la agencia Reuters filtró un memorando interno del Pentágono que evaluaba la suspensión del respaldo al Reino Unido en la disputa como parte de potenciales represalias contra aliados que, según Washington, no habían acompañado suficientemente las operaciones estadounidenses contra Irán. En aquel momento, el secretario de Estado Marco Rubio intentó quitarle peso al episodio: Fue tan solo un correo electrónico. La gente se está exaltando demasiado, declaró, presentando la filtración como una simple idea interna sin trascendencia institucional.
Lo que en abril era un correo sin firma oficial es ahora una declaración presidencial desde el corazón del poder norteamericano. La escalada es innegable, aunque los analistas advierten que la distancia entre una amenaza táctica de negociación y un giro real en la política exterior estadounidense sigue siendo enorme. El propio Departamento de Estado aclaró también el viernes pasado que la posición estadounidense sigue siendo de neutralidad: reconocemos que existen reclamos de soberanía contrapuestos entre la Argentina y el Reino Unido, no adoptamos ninguna postura con respecto a los reclamos de soberanía de ninguna de las partes, indicó un vocero.
Buenos Aires en modo expectante: cautela y prudencia
En la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei eligió la mesura. La evaluación oficial, según trascendió, es que el movimiento de Washington debe interpretarse dentro de la estrategia de presión a los aliados de la OTAN y no como un cambio formal de la política exterior estadounidense respecto del conflicto de soberanía. La postura oficial es de cautela y prudencia, un tono llamativamente bajo para una administración que durante meses intentó instalar la narrativa de que su relación privilegiada con Trump podría traducirse en un apoyo explícito al reclamo argentino.
El contraste con episodios previos resulta elocuente. En agosto de 2025, el propio embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, fue tajante al cerrar esa especulación: Los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas y eso no ha cambiado, declaró ante una consulta televisiva, desactivando el globo que el oficialismo había inflado durante semanas. Ahora, paradójicamente, es Trump quien vuelve a poner el tema sobre la mesa, aunque desde una lógica completamente distinta: no como favor a Milei, sino como palanca de presión sobre Londres.
El Atlántico Sur como moneda de cambio en la OTAN
La dinámica que describe este episodio es más propia de la lógica transaccional de Trump que de un giro doctrinario en la política exterior de Washington. El proyecto de la denominada OTAN 3.0 busca que Europa y Canadá asuman la mayor parte del costo de su propia defensa convencional, reduciendo la carga financiera y militar de Estados Unidos sobre la alianza. En ese esquema, las Malvinas no son un asunto de justicia histórica ni de soberanía latinoamericana: son una ficha de negociación. Una palanca más en el tablero de presiones que Washington despliega sobre sus socios para que paguen más por su seguridad colectiva.
Para la Argentina, la situación abre un escenario geopolítico inédito desde 1982, aunque cargado de incertidumbre. La posibilidad de que la potencia que avaló el control británico del archipiélago desde la guerra no solo deje de respaldar a Londres sino que eventualmente incline la balanza hacia Buenos Aires depende, en este caso, no de la voluntad soberana argentina sino de cuánto decida gastar el gobierno laborista de Burnham en aviones y fragatas. Una ironía histórica que habla más de la lógica imperial de Trump que de ningún reconocimiento genuino al reclamo argentino.
Puntos clave
- Trump afirmó en el Despacho Oval que siempre revisa todas las posiciones, en la primera declaración presidencial directa sobre Malvinas.
- La amenaza de retirar el apoyo a Gran Bretaña se enmarca en la presión de Washington para que Londres eleve su gasto en defensa al 5% del PBI dentro de la OTAN.
- El Departamento de Estado ratificó el viernes que su posición sigue siendo de neutralidad en el conflicto de soberanía.
- En abril, Marco Rubio minimizó un correo filtrado del Pentágono que planteaba la misma amenaza, definiéndolo como simplemente un correo con algunas ideas.
- El gobierno de Milei optó por la cautela y prudencia y lee el episodio como parte de la estrategia de Trump hacia los aliados de la OTAN, no como un giro formal.
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