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Venezuela: la oposición intenta un nuevo “Juan Guaidó”

La República Bolivariana de Venezuela se prepara para la asunción presidencial de Nicolás Maduro, el próximo 10 de enero, en medio de una gran fiesta popular en Caracas. También lo intenta la oposición, de larga trayectoria destituyente y golpista, que no acató los resultados electorales, anunciado que habría fraude antes de consumadas las elecciones y buscando incendiar el escenario local a partir de las presiones internacionales, luego.

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Por Paula Giménez y Matías Caciabue

Bajo el liderazgo de María Corina Machado, desde “algún lugar de la clandestinidad”, con la venia de Joe Biden que se encuentra de salida de Casa Blanca de EEUU y sólo el reconocimiento oficial de Italia en Europa, se preparan las remanidas estrategias desplegadas durante al menos 20 años: discurso negador de la Quinta República, financiamiento espurio, presión política internacional y medidas coercitivas unilaterales, combinados con escenarios de violencia callejera y, tal como ocurrió en 2019, el montaje de una arquitectura institucional paralela, que, según demostró el tiempo, tenía como objetivo  apropiarse del patrimonio venezolano en el exterior.

Esta estrategia, aunque aún poco definida y carente de vigor, parece ser el eje central de las acciones actuales. Por ello, el pasado sábado, Edmundo González Urrutia inició un recorrido en busca de apoyo internacional, comenzando en Argentina, donde fue recibido en la Casa Rosada por el presidente Javier Milei, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y el canciller Gerardo Werthein. Posteriormente, visitó la Fundación Libertad. También fue recibido por el entramado de agrupaciones de venezolanos residentes en el país, lideradas por Elisa Trotta, quien fuera la “embajadora encargada” de Juan Guaidó durante el gobierno de Mauricio Macri. Estas agrupaciones organizaron una movilización frente a la Casa Rosada que ocupó aproximadamente el 20% de la Plaza de Mayo. Paralelamente, organizaciones argentinas, principalmente articuladas en el Capítulo Argentino de la Internacional Antifascista, realizaron intervenciones exigiendo respeto por la voluntad del pueblo venezolano expresada el 28 de julio. “Venezuela se respeta, Nicolás Maduro presidente” fue la consigna desplegada que se leyó desde una toma aérea junto al monumento a Simón Bolívar, en el Parque Rivadavia de la Ciudad de Buenos Aires.

La gira de Edmundo González siguió por Montevideo, Uruguay, donde ocurrió el mismo repertorio. Luego de ser recibido por el saliente y derrotado Luis Lacalle Pou, fue saludado por un centenar de personas con banderas venezolanas. Este sostén, muy probablemente venza en marzo, cuando el sillón presidencial sea ocupado por Yamandú Orsi y el Frente Amplio.

El “gran logro” que se apuntó la ultraderecha opositora esta semana fue la reunión con el presidente saliente de Estados Unidos, Joseph Biden, publicada en las redes sociales de Maria Corina Machado con un mensaje falaz que afirma que “Esto representa el reconocimiento a la Soberanía Popular expresada a través de los votos de millones de venezolanos el 28 de julio de 2024, y a la gesta épica de un pueblo que decidió ser LIBRE”. Resta conocer cuál será la posición del presidente entrante, Donald Trump. Habría que tomar nota sobre la reciente declaración del senador republicano Bernie Moreno en Noticias Caracol, quien afirmó que el presidente electo de EEUU, Donald Trump, trabajará con el mandatario venezolano Nicolás Maduro, que va a tomar posesión del cargo el próximo 10 de enero.

“EE.UU. no es quien elige quiénes son los líderes de estos países, tuvieron una elección, la gente dice que no fue justa, pero al final del día, los intereses de los Estados Unidos son detener el tráfico de drogas y que reciban de vuelta a todos los venezolanos ilegales que están en este país”.

Al parecer, hasta el momento, lo más cercano a Trump que ha logrado el “presidente” apócrifo, ha sido un encuentro con el asesor de seguridad nacional designado por Donald Trump, Mike Waltz.  En su cuenta de X, resaltó que conversaron sobre “las protestas cívicas convocada para el próximo 9 de enero”.

En una rueda de prensa improvisada tras su reunión con Javier Milei, Edmundo González Urrutia afirmó: “Por el medio que sea, voy a estar allá”, refiriéndose a su intención de llegar a Caracas. Aunque no detalló cómo ni cuándo, insinuó su propósito de colocarse la banda presidencial, desafiando la orden de captura en su contra y la recompensa de 100 mil dólares ofrecida por el gobierno venezolano por información sobre su paradero.

Luego, el expresidente colombiano, Andrés Pastrana, comunicó que un conjunto de ex presidentes de la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA) acompañaría a Edmundo González en su intento de cruzarse la banda presidencial.

Desde Buenos Aires, las declaraciones se orientaron a respaldar a quien consideran presidente electo, aunque evitaron comprometerse en torno al posible respaldo para un ingreso forzoso de González Urrutia en Venezuela.

En este contexto, la detención del gendarme argentino Nahuel Gallo en Caracas, acusado de intentar ingresar al país de manera irregular, para desplegar un intento de magnicidio contra la vicepresidenta Delcy Rodríguez, ha complicado aún más las ya tensas relaciones diplomáticas entre ambos países. Las inconsistencias en la coartada de Gallo, las declaraciones de la vicepresidenta Victoria Villarruel y la apresurada denuncia por “traición a la patria” contra el exembajador Oscar Laborde —quien gestionó que a Gallo le llegara una carta de su madre— reflejan una creciente inquietud, al menos por parte de Patricia Bullrich, ante las posibles revelaciones que pudiera hacer el gendarme detenido.

De gobiernos paralelos y robo de activos públicos

El 28 de julio la opositora Plataforma de Unidad Democrática (PUD) publicó desde un sitio web paralelo al Consejo Nacional Electoral unos resultados que le daban la victoria a Edmundo González, basados en un conteo propio sobre las actas obtenidas por sus fiscales. Una documentación que se negó a presentar luego, tal como hicieron todos los demás partidos que se presentaron a elecciones, incluido el PSUV, ante la Justicia venezolana, cuando se realizaron las revisiones sobre el proceso.

Por esta razón se encuentra acusado en Venezuela de delitos de conspiración, usurpación de funciones, forjamiento de documentos,  desconocimiento a las instituciones del Estado e instigación a la desobediencia de las leyes, entre otros cargos, que pesan sobre él.

Tal como planea hacerlo Gonzalez Urrutia ahora, en 2019, Juan Guaidó se aventuró al montaje de un gobierno paralelo, luego de considerar fraudulentas y desconocer las elecciones de 2018. En aquél entonces, el plan fue  apuntalado política, militar y económicamente desde el exterior, principalmente por el gobierno de Donald Trump.

El autoproclamado presidente del que hoy casi nadie se acuerda, no sólo generó con el apoyo de la comunidad internacional un evento mediático para intentar bajo el disfraz del ingreso de ayuda humanitaria una incursión militar en Venezuela, sino que actuó en tándem con el gobierno estadounidense para apropiarse de los activos venezolanos en el exterior.

El 29 de enero de 2019, 6 días después de la autoproclamación, el Departamento de Estado estadounidense anunció la entrega  del control de bienes, activos y propiedades del gobierno venezolano en cuentas bancarias en Estados Unidos, a Juan Guaidó. Se confirmaba así la autoría del Plan: el trumpismo.

La disposición hacía mención específica de las cuentas del gobierno de Venezuela o del Banco Central venezolano alojadas en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, pero establecía que el cambio de control era aplicable para cuentas similares en cualquier banco que esté asegurado o respaldado por las autoridades estadounidenses.

En ese movimiento aplicaron otras medidas coercitivas unilaterales que funcionaron como un embargo petrolero en contra de PDVSA, la empresa estatal de Venezuela. Las mismas prohibían a la mayoría de las empresas con sede en Estados Unidos hacer negocios con Petróleos de Venezuela y disponían que cualquier dinero que fuera a PDVSA, incluido el de su subsidiaria estadounidense Citgo, sería movido a las cuentas a las que tiene acceso el gobierno que la Casa Blanca considera legítimo.

La estrategia estuvo acompañada en aquél entonces por la seducción de elementos militares, que derivó en un levantamiento, que no logró arrastrar al grueso de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Además el gobierno paralelo, nombró su propio directorio en el Banco de Venezuela, que logró que se le negara al gobierno venezolano, disponer de los mil millones de dólares en oro, que la República Bolivariana tenía depositados en el Banco de Inglaterra, para afrontar los gastos de la Pandemia en 2020. Una situación similar ocurrió con la compañía Monómeros, una petroquímica del Estado venezolano radicada en Colombia, que Juan Guaidó logró controlar en 2019, nombrando un nuevo directorio, luego de que el gobierno de Iván Duque lo reconociera como presidente encargado. El Ministerio Público Fiscal venezolano estimó que este evento causó pérdidas aproximadas por 20 mil millones de dólares al Estado.

Guaidó tiene una veintena de causas abiertas en su contra por delitos de usurpación de funciones, corrupción, legitimación de capitales, instigación pública continuada a la desobediencia de las leyes, malversación agravada, aprovechamiento fraudulento de fondos públicos, conspiración con Gobiernos extranjeros, terrorismo, rebelión, tráfico de armas de guerra, traición a la patria y asociación para delinquir.

De acuerdo con un fallo de un Tribunal en Delaware en EEUU que daba curso a un embargo en favor de acreedores en marzo de 2023, Guaidó habría usado recursos de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) “para financiarse, pagar sus gastos legales” y obligó además “a la compañía a aceptar sus términos de refinanciamiento”.

“Esperamos la colaboración internacional para que este sujeto responda ante la justicia para determinar todas las propiedades que pudieron ser adquiridas por los integrantes del Gobierno interino con el dinero robado a la nación”, había señalado el Fiscal Tareck William Saab. “Los que en algún momento creyeron en este sujeto y salieron a marchar, ven que les resultó un vulgar chorro del peor calibre, robando y secuestrando”, añadió.

En enero de 2023 en su rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional paralela instituida por la oposición, Guaidó reconoció que había gastado “sólo” 150 mil millones de dólares para el sostenimiento de su mandato alterno, sin mucho más respaldo que su propia palabra.

Tal como parece ocurrir con la actual estrategia de Edmundo González y Corina Machado para el montaje de un gobierno paralelo, la aventura política de Guaidó tuvo más reverberancia internacional que a nivel local, donde no tuvo poder político o institucional para realizar movimientos significativos.

Sí logró, en su momento, nombrar cuerpos diplomáticos paralelos y el reconocimiento de varias decenas de países de la comunidad internacional, apalancado políticamente por el Grupo de Lima y la OEA.

Pese a ello, en 2023, EEUU dejó de reconocer el gobierno paralelo de Guaidó. A partir de la pérdida de apoyo político en la región y el cambio en la correlación de fuerzas en la Asamblea Nacional venezolana en 2021, Guaidó dejó sin pena ni gloria su cargo de “Presidente encargado”. Hoy se encuentra refugiado en Miami.

Un intento con sabor a poco y clima interno que no acompaña

A nivel local, pese a la frustración de quienes ya dieron por perdida la batalla opositora, la vida de la mayoría de la población venezolana sigue su curso, bajo los designios de una economía que ha dado muestras de su capacidad de recuperarse aún bajo el efecto de medidas coercitivas unilaterales.

A fin de diciembre la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) informó que  en 2024, el PBI de la República bolivariana creció un 6,2%, una cifra que contrasta con las de otras economías de la región, como Brasil (3,2%), México (1,4%) y Colombia (1,8%).  Para 2025, el organismo estimó un crecimiento del 3,1% para Venezuela, manteniéndola en el liderazgo regional, aún bajo  las sanciones económicas impuestas por Washington. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) también proyectó para 2025 un crecimiento para la economía venezolana de 2,5%.

Pese al encuentro entre González y Biden y al llamado a fines de diciembre de Blinken en el que les brindó reconocimiento explícito y aliento la ventana que se abre hasta la asunción de Donald Trump, provoca un limbo que hace difícil saber qué ocurrirá.

De la Unión Europea, González aún espera sin éxito el reconocimiento pleno del bloque a su auto proclamada victoria del 28 de julio. Sólo Italia se ha unido a la propuesta de Estados Unidos de reconocer el gobierno paralelo. El parlamento europeo ha instado al bloque a extender las sanciones a funcionarios del gobierno venezolano, pero dicha medida no ha sido aprobada aún por el bloque.

En Latinoamérica sólo Costa Rica, Panamá, Ecuador -que probablemente cambie de gobierno en febrero-, Perú, Argentina y el saliente gobierno de Uruguay, son los países que han dado reconocimiento a la eventual autoproclamación de Edmundo González Urrutia. Aún con tensiones, el Plan “Guaidó 2.0” parece tener mucho menos actores involucrados. Es cierto que ni el mundo ni la región son los mismos que en 2019.

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CGT, CTA y UTEP marchan al Congreso con los jubilados en el inicio de un nuevo plan de lucha

La central obrera relanzó su ofensiva contra el gobierno de Javier Milei con una movilización convocada para las 15 en Rivadavia y Rodríguez Peña. El cosecretario general Cristian Jerónimo anticipó que no acompañarán «ninguna ley que presente el Gobierno». El acto marca el inicio de un plan de lucha que podría derivar en un quinto paro general.

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El Argentino Diario-Operativo de seguridad-Congreso-Marcha federal.
Sin tregua con Milei: el sindicalismo y los movimientos reflejan a la calles con cuatro paros de historia y un quinto en el horizonte.

La Confederación General del Trabajo (CGT), junto a las dos vertientes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y organizaciones de jubilados, confluirán este miércoles en una nueva jornada nacional de protesta frente al Congreso contra las políticas del gobierno de Javier Milei. La convocatoria, que se extenderá con adhesiones del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) del gobernador Axel Kicillof y del Frente de Izquierda (FIT), marcó el relanzamiento formal de un plan de lucha acordado entre las tres centrales sindicales luego de la pausa que impuso el Mundial de Fútbol 2026.

«No acompañamos ninguna ley que presente el Gobierno»

El cosecretario general de la CGT, Cristian Jerónimo, fue contundente en declaraciones radiales durante la previa de la movilización: la central obrera no acompañará «ninguna ley que presente el Gobierno», porque «se va todo a contramano de lo que necesita la sociedad». El dirigente también hizo un repaso de la historia de conflictividad entre el sindicalismo y la actual administración: «La CGT, que asumió este gobierno a los 15 días, le hizo el primer paro general, y de ahí hasta acá le hizo cuatro paros generales. Cuando se planteó lo de la reforma laboral, se hicieron tres movilizaciones, un paro general, más de 14 movilizaciones que acompañó la CGT», recordó.

Jerónimo también señaló que el problema estructural que enfrenta la economía argentina no se resuelve con la agenda oficial: «El problema más grande que tiene la mayoría de las actividades es lo que les está sucediendo a las empresas: que no hay trabajo, que hay una recesión profunda y que lo único que se ve todos los días es cómo cierra una empresa». Su par en el triunvirato, Jorge Sola, había anticipado días atrás que la central marcharía «para poner en evidencia lo que sucede con los trabajadores».

Cuatro paros generales y una reforma laboral ya aprobada

La movilización de este miércoles se produce en un contexto de derrota parcial para el sindicalismo. La Sala IV de la Cámara Contencioso Administrativo Federal rechazó la apelación de la CGT y dejó vigentes los artículos más cuestionados de la Ley de Modernización Laboral, aprobada en el Congreso en febrero de 2026 tras el cuarto paro general de la central obrera. Aquella huelga, que el propio Sola cifró con un acatamiento superior al 90%, no alcanzó para frenar la norma que, según la CGT, «retrocede 100 años» en materia de derechos laborales.

Los cuatro paros generales bajo la gestión Milei se realizaron el 24 de enero y el 9 de mayo de 2024, el 10 de abril de 2025 y el 19 de febrero de 2026. A eso se suman más de 14 movilizaciones vinculadas al rechazo de la reforma laboral y marchas en defensa de la universidad pública y el sistema de salud. Pese al historial de conflictividad, el Gobierno resistió cada uno de esos embates y avanzó con su agenda de desregulación y ajuste sin modificar su rumbo central.

Jubilados en el centro de la escena

La jornada de este miércoles se articuló en torno a la protesta que distintas organizaciones de jubilados vienen realizando cada semana frente al Congreso. Los manifestantes se concentrarán desde las 15 en la intersección de las avenidas Rivadavia y Rodríguez Peña para marchar luego hacia la Plaza del Congreso. Las consignas centrales apuntan a la defensa del sistema previsional, el reclamo de una recomposición real de los haberes y el rechazo a las políticas económicas de la administración nacional, que profundizaron la pérdida de poder adquisitivo de los sectores pasivos.

La cuenta verificada de la CGT en la red X convocó a la movilización bajo la consigna: «La seguridad social es un derecho: marchamos junto a las y los jubilados. En defensa de sus derechos, sus ingresos y una vida digna». Además de la concentración central en Buenos Aires, se prevén actos y concentraciones en las regionales de distintas provincias, con actividades confirmadas en Rosario, Córdoba, Mendoza y Tucumán, entre otras ciudades.

Un plan de lucha que se extiende hasta noviembre

La movilización de este miércoles es solo el punto de partida de una serie de protestas que las centrales sindicales acordaron extender hasta noviembre de 2026. La próxima fecha confirmada es el 7 de agosto, Día de San Cayetano, patrono del Trabajo, cuando se prevé una nueva concentración masiva. Los dirigentes sindicales no descartaron convocar un quinto paro general si el Gobierno no da respuestas a los reclamos del movimiento obrero, aunque por el momento la estrategia apuesta a una escalada progresiva de protestas en lugar de medidas de fuerza inmediatas.

El operativo de seguridad desplegado para la jornada implicará cortes de tránsito en los alrededores del Congreso y restricciones en las principales arterias del centro porteño. Los organizadores de algunas concentraciones del interior resolvieron no anunciar previamente los puntos de concentración para evitar interferencias de las fuerzas de seguridad, una práctica que se viene repitiendo en protestas recientes.

El trasfondo: un sindicalismo que no cierra la tregua

Pese a que el Gobierno logró corregir, mediante negociaciones reservadas, algunas de las disposiciones más lesivas para la caja sindical incluidas en la Ley de Modernización Laboral, el gesto no alcanzó para sellar una tregua. La CGT retoma la ofensiva en un contexto político marcado por el inicio del ciclo electoral de 2027 y la necesidad de las centrales sindicales de mostrar capacidad de movilización frente a sus propias bases. El rechazo explícito de Jerónimo a cualquier proyecto legislativo del Ejecutivo, sin distinción, constituye una señal política de que el sindicalismo no está dispuesto a acompañar la segunda etapa del ajuste libertario, que incluye una nueva reforma que el Gobierno planea enviar al Congreso con capítulos que fueron eliminados del texto original de la ley laboral.

Puntos clave

  • CGT, CTA y UTEP marchan este miércoles al Congreso junto a jubilados, con concentración desde las 15 en Rivadavia y Rodríguez Peña.
  • El cosecretario Cristian Jerónimo confirmó que la central no acompañará ninguna ley del Gobierno de Milei.
  • La CGT acumula cuatro paros generales desde diciembre de 2023; el quinto no está descartado.
  • El plan de lucha acordado entre las tres centrales se extenderá hasta noviembre, con la próxima fecha el 7 de agosto en San Cayetano.
  • El Movimiento Derecho al Futuro de Kicillof y el FIT adhirieron a la convocatoria, sumando volumen político a la protesta.
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