Franja de Gaza
Israel viola a un preso palestino y pone al país «al borde de la anarquía»
La detención de varios soldados sospechosos de haber torturado a un detenido palestino empezó con enfrentamientos con la Policía Militar y terminó con el asalto de dos bases israelíes.
Soldados israelíes se reúnen en la entrada de la base militar de Sde Teiman, donde se efectuó la detención de los reservistas sospechosos de abuso de un palestino detenido, Israel, el 29 de julio de 2024.
La sociedad israelí y sus organismos gubernamentales se han visto divididos en relación con el escándalo en torno al presunto maltrato y abusos sexuales sufrido por un prisionero palestino en una base de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y la posterior detención por parte de la Policía Militar de nueve reservistas, sospechosos de haber torturado a la víctima desde hace semanas.
Abusos tras las rejas
El prisionero fue encontrado en la base militar de Sde Teiman hace tres semanas en estado crítico y trasladado a un hospital para recibir tratamiento e intervención quirúrgica. Actualmente su vida ya no corre peligro.
La prensa israelí reporta que el preso, detenido por las FDI en la Franja de Gaza por sospechas de actividad terrorista, habría sido víctima de «abusos graves» por parte de los soldados que le custodiaban en la base, ubicada en el sur de Israel, ya que tenía «signos de graves abusos, incluso en el ano». Además, se apunta que es probable que los uniformados actuaran juntos durante las agresiones.
Mientras, medios árabes detallan que el detenido sufrió una «brutal tortura de carácter sexual» que le causó «una herida grave en la zona del recto».
En el caso están presuntamente implicados diez reservistas israelíes, nueve de los cuales fueron detenidos este lunes en la base de Sde Teiman. El décimo sospechoso, según se reporta, no fue arrestado porque en el momento de la llegada de la Policía Militar no se encontraba en la base. Su detención está pendiente.
Los diez soldados fueron acusados de «maltrato grave a un detenido» y están siendo investigados por orden de la abogada general militar de las FDI, Yifat Tomer-Yerushalmi.
Policías militares allanaron este lunes la base de Sde Teiman con el fin de interrogar a los reservistas, quienes se resistieron a ser aprehendidos.
Medios locales reportaron que los sospechosos se atrincheraron y rociaron con gas pimienta al personal de la Policía Militar, pero al final fueron llevados a la base de Beit Lid para su interrogación, donde permanecen detenidos hasta el día de hoy.
Ira de la ultraderecha
La noticia de la detención causó la indignación de activistas de extrema derecha y de varios políticos del país hebreo. En señal de protesta, decenas de manifestantes, incluidos miembros de la Knéset —Parlamento de Israel— irrumpieron en la base de Sde Teiman y permanecieron allí durante varias horas.
Zvi Succot, del partido ultranacionalista Sionismo Religioso, quien estaba entre los que asaltaron la base, declaró que no se puede «investigar a los soldados antes de investigar a los que fallaron» en evitar el ataque del movimiento palestino Hamás del pasado 7 de octubre.
Mientras, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, condenó a través de un mensaje de video el arresto de los reservistas, diciendo que «los soldados de las FDI merecen respeto» y no deben ser tratados como «criminales». «Quite las manos de nuestros heroicos guerreros», dijo dirigiéndose a la abogada general militar Tomer-Yerushalmi.
Por su parte, el ministro de Defensa, Yoav Gallant, criticó la irrupción de los activistas en la base, al afirmar que «incluso en momentos de ira, la ley se aplica a todos». «Debemos permitir que las partes autorizadas lleven a cabo las investigaciones necesarias, manteniendo al mismo tiempo la dignidad de nuestros soldados», insistió.
Toma de una segunda base militar
A pesar de que la noche del lunes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el jefe del Estado Mayor de las FDI, teniente general Herzi Halevi, y el presidente del país, Isaac Herzog, condenaron el asalto de la base de Sde Teiman y llamaron a la calma, unas horas más tarde una turba de ultranacionalistas irrumpió en la base de Beit Lid, localizada en el centro del país, adonde fueron llevados los soldados detenidos.
Algunos de los manifestantes llevaban uniformes de las FDI, cubrían sus caras y portaban armas de fuego. La parlamentaria Tally Gotliv, miembro del partido Likud, del primer ministro Netanyahu, estuvo presente en la manifestación. Horas antes, la política avisó a sus seguidores de que los sospechosos estaban siendo interrogados en la base de Beit Lid y les instó a dirigirse al lugar para protestar.
Según Haaretz, unas 200 personas participaron en el asalto. Decenas lograron entrar en las instalaciones del tribunal militar de la base y llamaron «traidores» a los policías militares que les intentaron detener, exigiendo la liberación de los nueve reservistas detenidos.
«Al borde de la anarquía»
Después de que la protesta fuera dispersada, el jefe del Estado Mayor de las FDI llegó este martes a la base de Beit Lid con el fin de asegurarse «de que no ocurra nada más grave». «La llegada de alborotadores y los intentos de entrar en las bases es un comportamiento grave, contrario a la ley, que está al borde de la anarquía y perjudica a las FDI, la seguridad del Estado y al esfuerzo bélico», recoge la prensa local su comunicado.
Por su parte, el ministro de Defensa calificó «la intrusión de civiles en las bases de las FDI» de «un acontecimiento grave que daña gravemente la democracia israelí y le hace el juego a nuestro enemigo durante la guerra». En este sentido, Gallant indicó que las FDI cuentan con su total respaldo como ministro de Defensa «para tomar medidas y actuar de inmediato para evitar la entrada de ciudadanos no autorizados» a sus instalaciones.
A pesar de ello, varios políticos del país hebreo siguen echando leña al fuego y animando a los ciudadanos a protestar con declaraciones controversiales. Así, Hanoch Milwidsky, diputado del Likud, aseveró que ve legítimo «insertar un palo en el recto» de presos palestinos si lo hacen soldados de las FDI.
DDHH
Defendió a Mandela, acusó a Israel de genocidio y hoy es Nobel de la Paz: quién es Navi Pillay
La sudafricana que defendió a los presos políticos del apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y que presidió la comisión de la ONU que concluyó que Israel comete genocidio en Gaza, fue distinguida con el Nobel de la Paz 2026. Donald Trump, que lo reclamaba a viva voz, se quedó afuera.
El premio más simbólico del planeta fue a parar a manos de la mujer que se atrevió a ponerle nombre a lo que ocurre en la Franja de Gaza. El Comité Noruego del Nobel eligió como Premio Nobel de la Paz 2026 a la jurista que encabezó la comisión de investigación independiente de la ONU que acusó a Israel de cometer genocidio contra el pueblo palestino. La decisión, conocida este viernes, llegó apenas horas después de que Donald Trump reclamara el galardón para sí mismo ante la prensa acreditada en la Casa Blanca.
La distinguida es la sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. Según anunció el propio Comité a través de su cuenta oficial, el premio le fue otorgado «por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional», así como por su aporte a la construcción de un orden jurídico global y a la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.
Un premio para el derecho internacional en tiempos de guerra
El Comité sostuvo que Pillay trabajó para exigir responsabilidades a los Estados y a sus líderes, y que su trayectoria brindó esperanza a las víctimas de la violencia y de los conflictos armados. A lo largo de su carrera, la jurista puso el foco en la obligación de individuos y Estados de respetar el Estado de derecho, sin excepciones para los poderosos.
El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, explicó el sentido de la elección: «Cada vez más conflictos se están abordando a través de la diplomacia, tratados y mecanismos legales, en lugar de amenazas, violencia y guerra. El derecho internacional es un fundamento para un mundo más pacífico».
Frydnes fue todavía más allá al describir el escenario global: «En un momento de desafíos existenciales (incluyendo más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo), el derecho internacional ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta«. La frase funciona como una respuesta directa a quienes pretenden reemplazar las normas internacionales por la ley del más fuerte.
Gaza: el informe que incomodó a las potencias
El dato que convierte este Nobel en un mensaje político de alto voltaje es su rol al frente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. En septiembre de 2025, ese organismo concluyó en un informe de 72 páginas que Israel cometió cuatro de los actos tipificados como genocidas por el derecho internacional desde el inicio de la ofensiva sobre Gaza. Entre las pruebas, el panel citó la destrucción de una clínica de fertilidad como evidencia de medidas destinadas a impedir nacimientos dentro del grupo palestino.
En aquel momento, Pillay fue tajante: «La responsabilidad por estos crímenes atroces recae en las autoridades israelíes de los más altos niveles, que orquestaron una campaña genocida durante casi dos años con la intención específica de destruir al grupo palestino en Gaza». Israel rechazó de inmediato la conclusión, como hizo cada vez que un organismo o una figura pública utilizó ese término para describir su campaña militar.
Además, la jurista se desempeña en la causa que investiga a Myanmar por el genocidio contra la minoría rohingya ante la Corte Internacional de Justicia. Premiarla a ella es premiar exactamente aquello que Washington y Tel Aviv intentaron desacreditar durante años. Un mensaje que también interpela a los gobiernos que, como el de Javier Milei, se alinearon sin matices con la Casa Blanca y con el gobierno de Benjamín Netanyahu.
Los premios que intentaron quitarle
El reconocimiento de Oslo contrasta con los obstáculos que Pillay enfrentó en los últimos años. En septiembre de 2022, la Asociación de Naciones Unidas de Alemania iba a entregarle la Medalla de la Paz Otto Hahn en una ceremonia en el Ayuntamiento Rojo de Berlín, pero la entonces alcaldesa Franziska Giffey suspendió el acto tras la presión del embajador israelí en Alemania, Ron Prosor. El diplomático llegó a declarar que «que Navi Pillay investigue a Israel es como pedirle a Putin que presida una comisión de investigación sobre Ucrania».
En octubre de 2023, la rama estadounidense de la Asociación de Derecho Internacional desvinculó de su conferencia anual el premio que iba a entregarle, después de que una treintena de organizaciones pidieran a los grandes estudios jurídicos retirar su patrocinio. La campaña de desprestigio no logró lo que buscaba: en 2025 recibió el Premio de la Paz de Sídney y hoy suma el Nobel.
De la trinchera contra el apartheid a los tribunales internacionales
Pillay se graduó en derecho en 1965 en la Universidad de Natal y empezó a trabajar junto al abogado N.T. Naicker, integrante del Congreso Nacional Africano (CNA), quien estaba bajo arresto domiciliario. En 1967, con apenas 26 años, abrió su propio estudio y se convirtió en la primera mujer no blanca en hacerlo en la provincia de Natal. Según recordó ella misma, ningún bufete quería contratarla porque «no aceptaban que empleados blancos recibieran instrucciones de una persona de color».
Durante 28 años defendió a militantes antiapartheid del CNA, del Movimiento de Conciencia Negra y de otras organizaciones, y denunció la tortura contra presos políticos. En 1971 obtuvo una medida judicial para impedir que la policía aplicara métodos ilegales de interrogatorio a su propio esposo, detenido bajo la Ley Antiterrorista. Dos años después logró que los presos políticos de la isla Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a asistencia letrada.
En 1988 se doctoró en ciencias jurídicas en Harvard, la primera sudafricana en lograrlo en esa facultad. Más tarde integró y presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde formó parte del tribunal que en la causa Akayesu reconoció por primera vez la violación como un acto de genocidio, un hito para los derechos de las mujeres en el derecho penal internacional. Luego fue jueza de la Corte Penal Internacional, antes de asumir como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.
Trump, el gran perdedor de la jornada
La víspera del anuncio, el presidente de Estados Unidos insistió en que merecía el premio. «Nunca ha habido nadie en la historia del Premio Nobel que lo merezca más. Resolví ocho guerras. Detuve la destrucción total del mundo», aseguró Trump ante los periodistas en la Casa Blanca.
El mandatario evocó además a la venezolana María Corina Machado, galardonada en 2025: «La última vez se lo dieron a una joven, que era una persona fabulosa. Y ella dijo que no lo merecía, que yo lo merecía. Y me lo dio». Aun así, admitió que el Comité difícilmente lo elegiría. La distancia entre el presidente que exige medallas y la jueza que exige rendición de cuentas a los poderosos resume el mensaje de Oslo.
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