Lawfare
Dalbón calificó de “tomada de pelo” el fallo contra Cristina y lanza campaña internacional por su absolución
El abogado de la ex presidenta confirmó que recurrirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos e impulsa una ofensiva global bajo el lema “Cristina Libre”, inspirada en la experiencia de Lula Da Silva. Acusa a la Corte Suprema de emitir una sentencia “ilegal, inconstitucional y arbitraria”.
Presentación ante la CIDH y estrategia internacional
Gregorio Dalbón, abogado de Cristina Fernández de Kirchner, anunció que presentará una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) contra el fallo que ratificó su condena en la Causa Vialidad. En esa causa, la expresidenta fue sentenciada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por presuntas irregularidades en la obra pública durante su gestión.
Dalbón anticipó que esa acción judicial será acompañada por una campaña de carácter internacional bajo el lema “Cristina Libre”. La iniciativa, según explicó, se inspira en la estrategia que se desplegó en Brasil durante la detención del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2018, cuando también fue víctima de una sentencia cuestionada y finalmente anulada.
“Vamos a hacer todas las presentaciones que correspondan. Las irregularidades saltan a la vista. Hasta un estudiante de derecho las detectaría”, sostuvo el letrado en diálogo con Radio Splendid.
Críticas a la Corte y acusaciones de “condena política”
Dalbón arremetió contra la Corte Suprema por confirmar la sentencia sin, según afirmó, haber revisado a fondo el expediente judicial. “La Corte ni siquiera pidió la causa. Se la sacaron de encima rápidamente y no tocaron el fondo de la cuestión. ¿Qué les costaba mirar la causa?”, se preguntó.
El abogado insistió en que la sentencia tiene un claro sesgo político. “No hay nadie que tenga duda de que fue una condena política y no jurídica. Nadie duda de las irregularidades que marcaron la sentencia. Es una tomada de pelo”, aseguró.
La Causa Vialidad, iniciada hace más de una década, apunta contra Cristina Kirchner por supuestas maniobras de direccionamiento en la adjudicación de obras públicas al empresario Lázaro Báez en Santa Cruz. El fallo fue ratificado por la Corte Suprema el pasado 11 de junio, y dejó firme la inhabilitación perpetua de la expresidenta.
Dalbón se ampara en el Pacto de San José de Costa Rica
Dalbón expresó que confía en que la CIDH avanzará con una recomendación que obligue al Estado argentino a anular el fallo. “En virtud del Pacto de San José de Costa Rica, la CIDH seguramente va a recomendar la anulación del juicio”, afirmó, y añadió que desde 2020 “las recomendaciones de los órganos internacionales de derechos humanos son vinculantes”.
El letrado ya había hecho presentaciones ante organismos internacionales en defensa de Cristina Kirchner, aunque esta vez parece apuntar a una campaña más articulada, con proyección internacional, destinada a presionar públicamente al sistema judicial argentino.
El proceso contra Lula Da Silva, del cual se toma el modelo, fue anulado por la Corte Suprema de Brasil en 2021, al declarar la parcialidad del juez Sérgio Moro, quien luego se convirtió en ministro del entonces presidente Jair Bolsonaro. Esa anulación le permitió a Lula postularse y ser elegido nuevamente presidente en 2022.
Contexto político y repercusiones
La reactivación del caso judicial contra Cristina Kirchner se produce en un contexto de fuerte tensión política, marcado por los intentos del oficialismo de Javier Milei por acorralar judicial y políticamente a referentes del peronismo.
En paralelo, referentes del kirchnerismo apuntan a una estrategia de persecución mediática, judicial y política, bajo la lógica del lawfare, que ya fue denunciada por organismos internacionales como el Grupo de Puebla y el Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia (CLAJUD).
Mientras tanto, sectores del oficialismo celebraron la decisión de la Corte como un acto de “reafirmación institucional”. Desde el entorno de la expresidenta, en cambio, afirman que se trata de “una maniobra para proscribirla”.
La ofensiva judicial y mediática que rodea a Cristina Kirchner sigue generando tensión institucional en el país. Con el relanzamiento de la campaña “Cristina Libre” y la presentación ante la CIDH, el kirchnerismo busca internacionalizar el reclamo y reposicionar a la ex mandataria en el escenario público, mientras el gobierno de Javier Milei profundiza su enfrentamiento con el peronismo. El desenlace judicial de este nuevo capítulo todavía está por escribirse, pero promete escalar en los próximos meses.
Puntos clave
- Dalbón confirmó que presentarán el caso ante la CIDH.
- Impulsan la campaña internacional “Cristina Libre”, basada en el modelo de Lula.
- Acusan a la Corte de dictar un fallo “ilegal, inconstitucional y arbitrario”.
- El abogado se ampara en el Pacto de San José de Costa Rica.
- El kirchnerismo sostiene que se trata de un caso de lawfare.
Análisis
Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado
Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.
El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.
Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.
El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.
El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos
En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.
La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.
La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.
El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia
El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.
En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»
El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.
Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel
El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.
En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.
En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.
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