DDHH
Veinte organizaciones de DDHH contra la SIDE: piden derogar el DNU de inteligencia de Milei
Las entidades denunciaron que el decreto «debilita controles democráticos» y permite aprehender personas sin orden judicial. Advierten sobre vigilancia masiva y retroceso en la separación entre defensa y seguridad interna.
★ Una veintena de organizaciones de derechos humanos, políticas y sociales pidieron que el Congreso proceda a la derogación del DNU 941/2025 que reforma la Ley de Inteligencia, al advertir que «debilita los controles democráticos» porque permite la «aprehensión» de personas sin que quede claro bajo qué criterios ni con qué garantías, y sin autorización judicial.
La postura está plasmada en un documento firmado por Amnistía Internacional Argentina, la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), Poder Ciudadano, CELS, Democracia en Red, Fundación SES, Fundación Vía Libre y la Campaña Argentina por el Derecho a la Educación (CADE), entre otros. Las entidades de derechos humanos y sociales pidieron al Congreso que rechace ese DNU, mientras la oposición busca alcanzar el número para poder anular esa medida del Poder Ejecutivo.

«Advertimos que se trata de un DNU manifiestamente inconstitucional, que amplía la discrecionalidad estatal y habilita prácticas que creíamos superadas. El Congreso debe rechazarlo», expresaron las organizaciones en el documento.
Aprehensiones sin garantías y «policía secreta»
Las organizaciones señalaron que el DNU de reforma de la Ley de Inteligencia «es grave» porque el «decreto habilita vigilancia masiva, concentra más poder en la SIDE y debilita los controles democráticos». «Por primera vez en democracia, la SIDE puede proceder a la aprehensión» de personas sin que quede claro bajo qué criterios ni con qué garantías, y sin autorización judicial», señalaron.
El documento destacó que «esto deja habilitado el camino a detenciones arbitrarias, a la persecución y a la intimidación. Es transformar a los servicios de inteligencia en una especie de policía secreta y sin control».
Vigilancia masiva y falta de controles
En esa línea, las entidades sostuvieron que el DNU «obliga a más de 15 organismos públicos a compartir datos personales de la población con la SIDE, sin establecer procedimientos concretos ni mecanismos de control». Agregaron que «se vuelve así una herramienta para realizar vigilancia masiva. Además, la acumulación de grandes cantidades de datos en un solo organismo es todavía más peligrosa en la medida en que el Estado no tiene una política adecuada de seguridad de la información y las filtraciones son frecuentes».
«El decreto no prevé ningún tipo de control ciudadano sobre el accionar de la SIDE y concentra todavía más poder en esta agencia. Puede pedir información a provincias y municipios, aprobar presupuestos secretos, compartir tus datos con agencias de otros países sin autorización judicial. Y todo bajo absoluto secreto. Nadie sabrá qué hacen con tu información ni a quién se la dan», puntualizaron las organizaciones en el documento.
Carácter encubierto y falta de transparencia
Otro punto rechazado por las organizaciones de derechos humanos es que el decreto «establece que las actividades de inteligencia son encubiertas por definición. Esto significa que no vas a poder saber si te están investigando, por qué, ni qué información tienen sobre vos. El carácter encubierto puede frustrar eventuales investigaciones para probar responsabilidades del Estado. No hay forma de reclamar si se equivocan o abusan. El secreto es la regla».
Militares e inteligencia sobre organizaciones civiles
En otro tramo del documento rechazaron que los militares realicen tareas de inteligencia sobre organizaciones no estatales. En ese sentido señalaron que «durante décadas, Argentina trabajó para separar claramente defensa (militares) de seguridad interna (policías). Era una lección aprendida de la dictadura: los militares no deben ejercer funciones de control de la población civil».
Agregaron que «este decreto permite que las Fuerzas Armadas realicen tareas de inteligencia sobre ‘organizaciones no estatales’ —sin aclarar cuáles ni los criterios que harían que las organizaciones ingresaran en esa categoría— y les quita el control civil. Es un retroceso histórico peligroso».
Plazos legislativos y escenario político
El Gobierno dictó el 31 de diciembre el DNU 941/2025, que introduce profundos cambios a la Ley de Inteligencia al establecer que toda la actividad será «secreta», permitir la aprehensión de personas y otorgar un amplio poder a la SIDE. El Ejecutivo tiene hasta el jueves próximo para poder enviar esa norma al Congreso.
Tras llegar al Congreso, la Comisión de Trámite Legislativo contará con diez días hábiles para su tratamiento, pero es probable que ese plazo se venza ya que ni siquiera está constituida la comisión, con lo cual la oposición puede impulsar su tratamiento en el recinto de sesiones.
El pronunciamiento de las organizaciones de derechos humanos se suma a las acciones impulsadas por bloques opositores como Unión por la Patria, Provincias Unidas, Coalición Cívica, Encuentro Federal e Izquierda. El diputado Maximiliano Ferraro presentó un amparo judicial junto a Mónica Frade y Esteban Paulón, mientras que el senador Jorge Capitanich presentó un proyecto de ley para derogar el decreto.
La confluencia de organizaciones de derechos humanos, bloques políticos opositores y acciones judiciales configura un frente de resistencia a la reforma del sistema de inteligencia, en un contexto donde las memorias de espionaje ilegal y represión estatal permanecen vigentes en la sociedad argentina.
Puntos clave
• Veinte organizaciones de derechos humanos pidieron al Congreso derogar el DNU 941/2025 por «debilitar los controles democráticos».
• El documento advierte que el decreto permite aprehensiones sin orden judicial y obliga a más de 15 organismos públicos a compartir datos personales con la SIDE.
• Las entidades denunciaron que se habilita vigilancia masiva sin mecanismos de control y que el carácter encubierto de las actividades impide reclamar ante abusos.
• El pronunciamiento rechaza que las Fuerzas Armadas realicen tareas de inteligencia sobre «organizaciones no estatales» sin control civil.
• El Gobierno tiene hasta el jueves próximo para enviar el DNU al Congreso, donde la Comisión de Trámite Legislativo aún no está constituida.
DDHH
A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.
El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo
El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.
Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.
Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.
El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas
El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.
El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.
La impunidad como política de Estado
El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.
La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.
71 años después: la misma matriz, distintas herramientas
A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.
Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.
En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.
La resistencia como hilo histórico
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.
Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.
Puntos clave
- El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
- El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
- Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
- El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
- La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
-
Fútbol & Goles!2 díasEl arquero de Nigeria que no fue al Mundial y se robó las redes
-
Redes sociales3 díasTras el escándalo por Jorge Messi, echaron a Flor Peña de Luzu
-
Espectáculos 🎭3 díasEl padre de Gaspi habló tras la tragedia: «Para mí fue un atentado, no un accidente»
-
Fútbol & Goles!5 díasLos parches del Mundial 2026: qué significan las insignias que lucirán Messi y el Dibu
-
Fútbol & Goles!6 díasArgentina vs. Argelia: la historia que precede al debut más esperado del Mundial
-
Espectáculos 🎭3 díasTras la fake sobre Jorge Messi, Antonella dejó de seguir a Luzu, Flor Peña y a Occhiato
-
Política 📢2 díasCaos en el transporte: el Gobierno salió a aclarar que el CUD físico sigue vigente tras filas masivas
-
Medios3 días¿Cómo está Chiche Gelblung? Volvió a internarse a días de haber sido dado de alta
