Política 📢
Crece la tensión entre Milei y Villarruel, ahora por la visita de la vice a Chubut por los incendios
La vicepresidenta visitó la zona afectada mientras crece la especulación sobre un pedido de helicóptero que le habría sido negado. El Gobierno difundió la versión para marcar distancia con quien ya está al margen de las decisiones.
★ La crisis por los incendios en la Patagonia sumó un nuevo capítulo a la fractura interna del Gobierno libertario. Victoria Villarruel viajó este fin de semana a Chubut para recorrer las zonas afectadas por el fuego, en medio de versiones cruzadas sobre un supuesto pedido de helicóptero que le habría sido negado por el Ejecutivo Nacional.
Según fuentes oficiales consultadas por distintos medios, el Gobierno detectó que la vicepresidenta habría solicitado una aeronave a la Agencia Federal de Emergencias (AFE), dependiente del Ministerio de Seguridad que conduce Patricia Bullrich. La requisitoria habría sido rechazada.
El viaje de Villarruel y las versiones oficiales
La titular del Senado se encuentra en Chubut desde el fin de semana para «conocer de primera mano» el alcance de los incendios que afectan la provincia patagónica. Su equipo negó categóricamente el pedido del helicóptero, pero desde el entorno presidencial filtraron la versión del supuesto requerimiento como una nueva señal de «autonomía» de Villarruel respecto de la conducción de Javier Milei.
La maniobra no es nueva. Desde hace meses, el Gobierno viene difundiendo episodios que marcan la marginalidad de la vicepresidenta en la toma de decisiones. Villarruel, quien tuvo un rol clave en la campaña electoral de 2023, quedó progresivamente apartada del círculo íntimo de Milei tras diferencias en temas de política exterior, derechos humanos y gestión.
El tuit de Milei: agradecimientos sin mencionar a la vice
El domingo, mientras Villarruel recorría la zona del desastre, Milei publicó en sus redes sociales un mensaje de agradecimiento «a todos los que trabajaron» en el combate de los incendios.
«Gracias a todos los que trabajaron para que los recursos lleguen donde se necesitan», escribió el presidente, y destacó especialmente a «brigadistas, bomberos y voluntarios que luchan contra el fuego».
El mandatario cerró su mensaje con una frase grandilocuente: «Nada más heroico que arriesgar su vida por salvar la de otros».
El tuit no mencionó la presencia de Villarruel en la provincia, lo que fue leído en el ambiente político como una confirmación más del distanciamiento.
La profundización de la grieta libertaria
La relación entre Milei y Villarruel atraviesa su peor momento desde que asumieron el 10 de diciembre de 2023. La vicepresidenta fue perdiendo protagonismo político a medida que el núcleo duro del Gobierno (integrado por la hermana del presidente, Karina Milei, y el asesor Santiago Caputo) consolidaba su poder.
Las diferencias se hicieron públicas en varios episodios:
- Julio de 2024: Villarruel criticó el acuerdo con el Reino Unido por Malvinas mientras Milei avanzaba en acercamientos con Londres.
- Septiembre de 2024: La vicepresidenta cuestionó el veto presidencial a la actualización de jubilaciones, en una postura que fue vista como un guiño al peronismo.
- Diciembre de 2024: Villarruel respaldó públicamente reclamos de organizaciones de derechos humanos sobre desaparecidos durante la última dictadura, en contradicción con el discurso oficial del Gobierno.
Según fuentes parlamentarias que pidieron reserva de identidad, Villarruel «hace meses que no participa de ninguna reunión de gabinete» y su rol se limitó exclusivamente a la conducción del Senado.
Los incendios como escenario de disputa política
La catástrofe ambiental en la Patagonia se convirtió en un nuevo terreno de disputa interna. Mientras el Gobierno nacional envió recursos tardíamente y minimizó la gravedad de la situación en un primer momento, Villarruel eligió visibilizar su presencia en territorio.
La estrategia de la vicepresidenta parece apuntar a construir una imagen diferenciada del oficialismo, en sintonía con sectores del nacionalismo y el conservadurismo que cuestionan el alineamiento automático de Milei con Estados Unidos e Israel.
El episodio del supuesto helicóptero negado, sea cierto o no, funciona como mensaje político: desde el Ejecutivo se aseguran de que la opinión pública sepa que Villarruel «está sola» y no cuenta con los recursos ni el apoyo del Gobierno que integra.
¿Ruptura definitiva o construcción de perfil propio?
Analistas políticos consultados por este medio sostienen que Villarruel estaría preparando un camino propio de cara a las elecciones legislativas de 2025. Su posicionamiento en temas sensibles (Malvinas, derechos humanos, política exterior) la ubica en una zona diferente a la del mileísmo ortodoxo.
«Villarruel sabe que no tiene futuro político en La Libertad Avanza si Milei sigue controlando el espacio. Por eso construye una identidad propia que le permita, llegado el caso, competir por afuera», explicó una fuente del entorno de la vicepresidenta.
El Gobierno, por su parte, parece haber tomado la decisión de acelerar la ruptura. Cada episodio de distanciamiento es comunicado, amplificado y utilizado para marcar territorio: Villarruel ya no es parte del proyecto.
Puntos clave
• Victoria Villarruel visitó Chubut para recorrer las zonas afectadas por los incendios en la Patagonia
• El Gobierno difundió versiones sobre un supuesto pedido de helicóptero que le habría sido negado a la vicepresidenta
• El entorno de Villarruel desmintió haber solicitado la aeronave
• Milei agradeció el trabajo de bomberos y brigadistas sin mencionar la presencia de la vicepresidenta en la provincia
• La relación entre Milei y Villarruel atraviesa su peor momento, con diferencias públicas en política exterior, derechos humanos y gestión
CABA
Menos psicopedagogos, más policías: la escuela porteña deja de ser un lugar de cuidado
El protocolo porteño habilita el ingreso de la Policía de la Ciudad a las escuelas a pedido de los directivos, por orden judicial o por fuerza mayor. Ninguna ley lo impedía, pero la comunidad educativa lo defendió como una conquista democrática.
La Policía de la Ciudad tiene, desde este lunes, una puerta formal para entrar a las escuelas porteñas. El nuevo protocolo del gobierno de Jorge Macri convierte en norma escrita lo que durante décadas la comunidad educativa resistió: la presencia de uniformados dentro de las aulas como respuesta a los conflictos escolares. La intervención policial podrá darse a pedido del propio colegio a través del 911, por orden judicial o por razones de fuerza mayor ante un riesgo inminente.
La habilitación forma parte de la Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26, publicada en el Boletín Oficial porteño con la firma de los ministerios de Educación, Justicia y Seguridad de la Ciudad y del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. La norma adapta las escuelas al nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), vigente desde el 5 de septiembre, e impone a los directivos el deber de denunciar ante la Justicia a estudiantes desde los 14 años por hechos que pudieran constituir delitos, incluso fuera del establecimiento. El documento trascendió el fin de semana, cuando Federico Puy, secretario general adjunto de Ademys, lo difundió en su cuenta de X.
Un límite sin ley, pero con memoria
La frontera entre la escuela y la policía nunca estuvo escrita en una ley para los niveles obligatorios. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) lo explicó en sus recomendaciones sobre policías en las escuelas: a diferencia de lo que ocurre con las universidades públicas, no existen normas en la Ciudad ni en la provincia de Buenos Aires que impidan a la policía ingresar a un establecimiento escolar, aunque sí hubo proyectos de ley que nunca fueron tratados. La única prohibición expresa es el artículo 31 de la Ley de Educación Superior, que veda el ingreso de la fuerza pública a las universidades nacionales sin orden judicial o pedido de sus autoridades.
Lo que sostuvo ese límite fue otra cosa: la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral y un consenso político y pedagógico construido desde 1983. La escuela democrática se pensó como un espacio de cuidado, justamente porque la dictadura la había convertido en territorio de vigilancia. El régimen militar difundió en 1977 el folleto “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)”, que ordenaba a docentes y directivos detectar al “enemigo” entre sus alumnos; y en septiembre de 1976, en La Plata, un grupo de estudiantes secundarios que habían reclamado por el boleto estudiantil fue secuestrado en lo que se conoce como la Noche de los Lápices.
La escalada porteña
El protocolo actual no nació de la nada. El 28 de marzo de 2018, durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, el Ministerio de Seguridad porteño aprobó mediante la Resolución 86/2018 un “Protocolo de Ingreso a los Establecimientos Educativos de la Ciudad de Buenos Aires”, que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
Según el texto filtrado por UTE, su primer artículo establecía que “el personal policial podrá ingresar a los edificios o inmuebles escolares cuando sea requerida su presencia por alguno de los miembros del equipo de conducción del establecimiento”.
Llegó apenas 40 días después del protocolo antitomas impulsado por la entonces ministra de Educación, Soledad Acuña, y el entonces secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, se negó a hacer público su anexo con el argumento de que solo servía a los efectos “de la comunicación interna” de la fuerza.
Ese mismo año, Ademys denunció que, el día previo al tratamiento del aborto legal en Diputados, la policía entró a una escuela secundaria tomada para desalojar a los estudiantes. En 2022, frente a nuevas intervenciones, el secretario adjunto de UTE, Eduardo López, lo resumió en una frase: “La escuela no es un lugar para la Policía”.
El paso siguiente llegó en abril de este año. Tras la ola de amenazas de tiroteos que se multiplicó en todo el país después del ataque en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, el 30 de marzo, el gobierno porteño activó un protocolo que dispuso que, ante una denuncia realizada por la escuela o por un tercero, el equipo directivo deberá permitir el ingreso de la Policía al establecimiento. La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, lo justificó así: “La respuesta tiene que ser, al mismo tiempo, seguridad y formación. Protocolo y acompañamiento. Consecuencia y reparación”. Estudiantes, familias y docentes respondieron entonces con una consigna que hoy vuelve a circular: “No a la policía en las escuelas”.
Qué cambia ahora
La diferencia con los antecedentes es de escala y de lógica. El ingreso policial ya no aparece como una excepción ante un arma o una amenaza puntual, sino como una pieza dentro de un circuito que empieza con la obligación de denunciar a adolescentes de 14 años.
El nuevo texto exige que los efectivos se identifiquen, actúen “respetando los derechos” de niñas, niños y adolescentes y procuren “cesar el riesgo”; también prohíbe a las escuelas interrogar a los alumnos.
Las salvaguardas contrastan con los estándares que organismos de derechos humanos promovieron durante años. El CELS recomendó atender a la policía en la puerta mientras se evalúa la situación, sobre todo si los efectivos están armados y hay chicos en el edificio.
Y recordó una pauta de la guía elaborada por la provincia de Buenos Aires junto a UNICEF: no deben brindarse nombres de estudiantes a ninguna autoridad policial sin un oficio judicial, y la policía no puede tomar contacto con ningún menor de edad, aun cuando se presuma que tiene un arma, hasta que llegue un familiar o adulto responsable.
“Una antesala de las cárceles”
Puy advirtió que el protocolo “obliga a las directoras a denunciar a estudiantes que ‘podrían estar cometiendo un delito’”, sostuvo que “constituye una clara persecución a los jóvenes” y alertó que busca convertir a las escuelas en una “antesala de las cárceles”. UTE, por su parte, rechazó “que las escuelas se conviertan en puertas de entrada al sistema penal” y advirtió “sobre el riesgo de estigmatización y criminalización de niñas, niños y adolescentes”; el gremio reclamó equipos especializados, formación y recursos para abordar los conflictos sin judicializarlos.
Ninguna ley impedía que un patrullero estacionara frente a una escuela y sus agentes cruzaran el portón; lo impedía una idea de la democracia sobre qué lugar ocupan los chicos en la sociedad. Con este protocolo, el gobierno porteño elige reemplazar gabinetes, psicopedagogos y equipos de orientación por el 911, y deja la resolución de los conflictos adolescentes en manos de quienes están entrenados para otra cosa.
Lo que tenés que saber del Protocolo
- La Resolución Conjunta N.º 1/MEDGC/26 habilita el ingreso policial a las escuelas porteñas a pedido del colegio, por orden judicial o por fuerza mayor.
- No existe una ley que prohíba el ingreso policial a escuelas; la única prohibición expresa rige para las universidades nacionales, por el artículo 31 de la Ley de Educación Superior.
- En 2018, la Resolución 86/2018 del Ministerio de Seguridad porteño aprobó un protocolo de ingreso a escuelas que nunca se publicó en el Boletín Oficial.
- En abril de 2026, tras las amenazas de tiroteos, la Ciudad ya había dispuesto que los directivos permitieran el ingreso policial ante una denuncia.
- Ademys y UTE rechazaron el nuevo protocolo por criminalizar a las adolescencias.
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