Buenos Aires
Policía atropelló y mató a dos jóvenes: le dieron 17 años pero ahora le bajan la condena
El móvil no tenía ni sirenas ni balizas. El hecho ocurrió en la madrugada del 1 de junio de 2020 en la localidad bonaerense de San Nicolás.
Un policía bonaerense que había sido condenado a 17 años de prisión por atropellar con un patrullero y provocar la muerte de Ezequiel Corbalán y Ulises Rial, dos jóvenes que circulaban en una moto por la ciudad bonaerense de San Nicolás en junio de 2020, en pleno aislamiento por el coronavirus, fue beneficiado con una reducción de la pena por una sala de Casación que entendió que se trató de un accidente.
La decisión de la Sala IV del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires recayó sobre Pablo Nicolás Moresco (26), quien el año pasado había sido condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de la mencionada ciudad como autor del delito de «doble homicidio simple con dolo eventual», que prevé una pena de hasta 25 años.
En el fallo de 24 páginas al que Télam tuvo acceso, los jueces Carlos Ángel Natiello y Mario Eduardo Kohan consideraron que la calificación legal pertinente para este caso debió ser la de un «homicidio culposo agravado por la conducción de vehículo automotor y por el número de víctimas fatales», que prevé una pena con un máximo de 6 años de prisión.
«(Maresco) debió prever la posibilidad de colisión, atento su maniobra de transitar por la mano contraria, sin balizas ni sirena, pero sí haciendo señas de luces e inclinando el patrullero hacia su izquierda, máxime teniendo en cuenta el trayecto que venía desplegando la motocicleta. Pero, bajo ningún concepto se representó el resultado muerte, sino que su obrar se debió a su impericia en el manejo del patrullero», explicó Natiello en su voto al que adhirió su colega.
Según Casación, «Corbalán pudo verificar la presencia del móvil policial, y, sin embargo, intentó temerariamente esquivarlo, maniobrando en consecuencia en un espacio reducido».
Además, la Sala IV criticó la decisión del TOC 2, integrado por los jueces María Elena Baquedano, Laura Mercedes Fernández y Alejandro Gabriel López, debido a que en su fallo admitió que Moresco «no tuvo intención de matar» y, por ende, «no corresponde que lo haya condenado por homicidio doloso».
«El Tribunal no valoró que, según las pericias accidentológicas y las declaraciones testimoniales, la luz frontal de la moto funcionaba perfectamente, por lo que avanzó de frente hacia el vehículo conducido por el imputado, necesariamente debió advertir que se trataba de un móvil policial. Un móvil policial es inconfundible. Lo que sucedió es que, aunque tuvieron que haber advertido que se trataba de un móvil policial, lo que realmente querían era huir de la autoridad», sostuvo Natiello.
Para el juez, «así como eludieron no a uno, sino a dos patrulleros, al ver a un tercer móvil también quisieron eludirlo, pero la excesiva velocidad y, sobre todo, la altísima intoxicación alcohólica le impidió al conductor controlar su vehículo, frente al accionar riesgoso del imputado, quien confió en que la presencia del patrullero y las señas de luces efectuadas, serían suficientes para lograr que los motociclistas detuvieran su marcha».
El magistrado añadió que «si bien es cierto que el móvil no tenía ni sirenas ni balizas, cabe destacar que la situación fue reportada a la superioridad y la orden del comisario fue salir a patrullar», y consideró, entonces, que «resulta excesiva cargar toda la responsabilidad por dicha situación a un subordinado, que actúa en una institución vertical y jerárquica».
Casación coincidió con la apelación presentada por el abogado Fernando Soto, representante del policía, al destacar que «no puede resultar ajeno que quienes transitaban en dicho ciclomotor no llevaban puesto el casco reglamentario y la muerte se produjo por las heridas en el cráneo que, sin dudas no se hubieran producido o hubieran sido de muchísima menor entidad si hubieran cumplido con la ley y hubieran llevado puesto el casco de uso obligatorio».
El hecho ocurrió en la madrugada del 1 de junio de 2020, pasadas las 3, cuando Ezequiel (30) y Ulises (25) fueron a comprar a un quiosco de San Nicolás a bordo de una moto Corven 150 cilindradas, hasta que efectivos a bordo de una patrulla quisieron identificarlos, ya que los jóvenes estaban violando el ASPO decretado por el Gobierno nacional ante la pandemia de coronavirus.
Sin embargo, Corbalán aceleró y los agentes policiales de la zona dieron inicio a un operativo cerrojo tras irradiar una alerta, aunque la persecución solo duró algunas cuadras, hasta Carbajo y Piaggio del barrio San Martín.
Allí, el patrullero manejado por Moresco chocó de frente a la moto en la parte izquierda y ambos tripulantes, que no tenían el casco puesto, cayeron contra el asfalto.
Ulises murió casi en el acto como consecuencia de las lesiones sufridas y Ezequiel quedó internado en grave estado en un hospital local hasta el viernes 5 de junio, cuando falleció.
En función de las declaraciones de testigos, el TOC 2 determinó que el patrullero iba a unos 20 kilómetros por hora cuando se cruzó de carril, «sin la sirena» y «con las balizas apagadas», cuyo motivo fue explicado por la Sala IV en su fallo.
«Si bien hay un cambio de carril por parte del patrullero, no existió la clara voluntad o intención de embestir a la moto, sino que fue esta quien chocó contra el patrullero. Entonces, más allá de que el patrullero dejó un escaso espacio para la circulación de la moto al cruzarse, fue esta la que decidió pasar por allí, pudiendo haberse detenido o pasar por la derecha del patrullero», resaltó y concluyó: «Esto no exime a Moresco que haber desplegado una conducta riesgosa, más no alcanza razonablemente para adjudicársela a título de dolo».
Ahora, con el cambio de calificación legal, el Tribunal de primera instancia debería imponerle al efectivo, que continúa en libertad, una nueva pena estipulada entre 3 y 6 años de prisión, aunque el fiscal de Casación y los particulares damnificados analizaban apelar ante la Suprema Corte bonaerense.
Buenos Aires
Granja Tres Arroyos frenó su planta en Capitán Sarmiento y crece el temor al cierre definitivo
La principal avícola del país suspendió «hasta nuevo aviso» la actividad en la ciudad bonaerense, alegando falta de suministro eléctrico y razones operativas. El retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de oficinas alimentan la certeza entre los trabajadores de que la paralización será permanente.
La empresa avícola Granja Tres Arroyos notificó formalmente el cese de la actividad productiva en su planta de Capitán Sarmiento a partir del 31 de agosto de 2026. En un comunicado interno, la dirección argumentó que la medida obedece a «la falta de suministro eléctrico y a otras cuestiones operativas y productivas derivadas de circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento». La suspensión, definida como temporal, se extiende «hasta nuevo aviso», una fórmula que los propios trabajadores interpretan como el preludio de un cierre definitivo.
El vaciamiento que habla por sí solo
Lo que convierte la preocupación de los empleados en algo más que un temor sindical es lo que ocurre puertas adentro: el directorio inició el retiro de la maquinaria concesionada y el vaciamiento de las oficinas, señales que en el lenguaje industrial raramente acompañan una pausa transitoria. Según informó **Infobae**, esas acciones concretas son las que alimentan la convicción de que la paralización no será temporaria sino permanente, lo que pondría en riesgo los puestos de trabajo de los empleados que aún permanecen en la planta.
La suspensión en Capitán Sarmiento no es un episodio aislado, sino el último eslabón de una cadena de cierres y paralizaciones que viene sacudiendo a la empresa a lo largo de todo el año. La estructura productiva de Granja Tres Arroyos se desintegra de manera sistemática, planta por planta, sin que la conducción empresarial haya ofrecido una hoja de ruta clara sobre el futuro de sus instalaciones y su personal.
Un año de recortes en serie
El panorama acumulado en 2026 es de una gravedad que no admite eufemismos. A principios de agosto, la empresa comunicó el despido de más de 250 trabajadores de su planta industrial La China, ubicada en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), justificando la medida en la caída de la actividad provocada por la gripe aviar. Con anterioridad, Granja Tres Arroyos había paralizado por un mes la planta de Avex en Río Cuarto (Córdoba) y suspendido a todo el personal en la planta Pinazo de Pilar. En Wade II hubo paralizaciones por conflictos salariales y bloqueos, mientras que en Wade I la producción se redujo de manera notoria.
El historial reciente incluye además el cierre de la planta de Tristán Suárez con 200 despidos y el cierre de la planta de Becar en Concepción del Uruguay, desde donde los 270 trabajadores fueron trasladados a La China, la misma planta que meses después recibiría los despidos masivos de agosto. Una lógica de concentración y achicamiento que ahora desemboca en la parálisis de Capitán Sarmiento.
El peso de una deuda de 350 millones de dólares
Detrás de cada cierre y suspensión late una crisis financiera de proporciones: la empresa arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia con sus acreedores una reestructuración que contempla quitas de hasta el 75% del capital, plazos de pago a siete años y la venta de al menos cinco activos no estratégicos. A fines de 2024, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis, desde donde aceleró los recortes internos mediante un programa de retiros voluntarios y comenzó a afrontar sus obligaciones «de manera escalonada y en cuotas».
El colapso de la principal avícola del país no puede leerse en clave exclusivamente empresarial. Se trata de la destrucción de miles de puestos de trabajo en una industria que históricamente fue motor de empleo en el interior bonaerense y en provincias como Entre Ríos y Córdoba. Las suspensiones y cierres no solo dejan trabajadores en la calle, sino que erosionan la trama productiva de ciudades enteras que dependen del empleo industrial para sostener su economía local. La fórmula «fuerza mayor» que esgrime la empresa en sus comunicados no alcanza para explicar una crisis que es también el resultado de decisiones empresariales, de un contexto macroeconómico que encareció insumos y tarifas, y de un Estado que asiste al desmoronamiento sin intervenir con políticas activas de sostenimiento del empleo.
Puntos clave
- Granja Tres Arroyos suspendió «hasta nuevo aviso» su planta de Capitán Sarmiento desde el 31 de agosto de 2026, alegando falta de suministro eléctrico y razones operativas.
- El retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de oficinas generan entre los trabajadores la certeza de que el cierre será definitivo.
- En lo que va del año, la empresa despidió a más de 250 empleados en Concepción del Uruguay y paralizó o cerró plantas en Pilar, Río Cuarto, Tristán Suárez y Becar.
- La compañía arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia quitas de hasta el 75% del capital con sus acreedores.
- A fines de 2024, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis.
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