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Cultura

Cultura en peligro: echan a Di Meglio y reacomodan cargos sin explicaciones

El Gobierno reemplazó al director del MHN sin explicación formal, en el marco de una crisis por falta de seguridad y un vaciamiento progresivo del sistema de museos nacionales.

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Gabriel Di Meglio dejó la dirección del Museo Histórico Nacional (MHN) tras más de cinco años de gestión. El historiador confirmó que el Ministerio de Capital Humano le comunicó su salida sin brindar fundamentos, y denunció que se trató de una decisión política. “No me renovaron, simplemente. Me dijeron que venía Rodríguez Aguilar a reemplazarme”, expresó.

Di Meglio sostuvo que la institución atraviesa un “buen momento”, con aumento sostenido de visitantes y la incorporación de nuevas muestras, pese a la desinversión general que afecta a los organismos culturales. Su salida se concretará el 1° de agosto.

En su reemplazo asumirá María Inés Rodríguez Aguilar, actual directora nacional de Museos, funcionaria de perfil técnico cercana a Liliana Barela, titular de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural. Rodríguez Aguilar ya había intervenido el MHN en 2001, cuando ambas integraban el mismo esquema de gestión.

Vaciamiento progresivo y crisis de seguridad

La salida de Di Meglio se produjo en un contexto adverso para el sistema nacional de museos. A lo largo de 2024, varias sedes tuvieron que restringir su funcionamiento por la falta de personal de seguridad. La causa principal fue el retraso en los pagos del Estado a las empresas tercerizadas encargadas del servicio.

En el caso del MHN, se registraron cierres parciales y la inhabilitación de salas enteras por la imposibilidad de garantizar condiciones mínimas para el público. La situación se agravó luego del cierre del Museo Nacional de la Historia del Traje, cuya colección y trabajadores pasaron bajo la órbita del museo de Parque Lezama sin recursos adicionales.

Según denunció la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), las autoridades “dejan caer contratos, cierran instituciones y sobrecargan de tareas al personal restante”. También advirtieron que el Ejecutivo no convocó a concursos abiertos para cubrir direcciones de museos ni garantizó un esquema de financiamiento acorde.

El reordenamiento de nombres y cargos

El desplazamiento de Di Meglio forma parte de una serie de movimientos internos. Rodríguez Aguilar dejará su puesto como directora nacional de Museos para asumir en el MHN. En su lugar quedará María Paula Zingoni, quien también continuará a cargo del Palais de Glace “hasta que se designe un reemplazo”, según explicaron desde la Secretaría de Cultura.

Zingoni fue designada por su “trabajo en la integración entre lo público y lo privado”, una frase repetida por el gobierno libertario para justificar la orientación hacia modelos de gestión mixtos, en línea con su política de desestatización y ajuste.

El Ministerio de Capital Humano negó que haya despidos programados, aunque reconoció que por el momento no se abrirán concursos para cargos directivos. La decisión contradice el discurso oficial sobre “transparencia” y “meritocracia” en la administración pública.

Un modelo cultural en disputa

Desde distintos sectores culturales alertaron que el recambio no es aislado, sino parte de un vaciamiento sistemático. Según la Red Federal de Trabajadoras y Trabajadores de Museos, en lo que va del año se paralizaron actividades en más de una decena de espacios, incluyendo el Museo Malvinas, el Museo del Traje y el Palais de Glace.

El propio Di Meglio vinculó su desplazamiento con una lógica de “reubicación de cargos” sin planificación: “Supongo que quisieron darle el puesto a ella. No me dieron muchas explicaciones”. Desde el sector académico también lamentaron la decisión. La historiadora Dora Barrancos expresó que “la gestión de Di Meglio recuperó el sentido democrático y plural del museo”, y cuestionó el giro hacia modelos verticales.

La cultura pública atraviesa uno de sus momentos más críticos desde el regreso de la democracia. La falta de presupuestos, la caída del salario real del personal técnico y la desarticulación de equipos ponen en riesgo décadas de trabajo acumulado. La salida de Di Meglio puede ser un síntoma más de ese deterioro.

Cultura

Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo de la memoria una herida abierta

Tenía 97 años y falleció en Unquillo, Córdoba, donde vivió durante décadas. Con una obra que atravesó el expresionismo, la denuncia política y el dolor de la dictadura que desapareció a su hija, Alonso construyó uno de los legados más poderosos del arte argentino del siglo XX.

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El Argentino Diario-Carlos Alonso, pintor.
Carlos Alonso: el pintor que convirtió la desaparición de su hija y el horror de la dictadura en arte irreductible.

Una hija desaparecida, el exilio, los cuerpos como metáfora de la violencia de Estado y más de setenta años de producción ininterrumpida: Carlos Alonso no fue solo un pintor, sino uno de los registros más lúcidos y dolorosos que el arte argentino dejó sobre sus propios traumas.

El artista plástico Carlos Alonso, nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, murió este lunes 21 de septiembre de 2026 en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Su obra, que abarcó la pintura, el dibujo y el grabado, atravesó más de siete décadas marcadas por el expresionismo y por una mirada profundamente crítica sobre la Argentina y sus heridas.

De Cuyo a Europa: una formación entre maestros

Su trayectoria comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para sumarse al grupo encabezado por Lino Enea Spilimbergo, experiencia que resultó decisiva en su desarrollo artístico. Tres años después viajó a Europa y tomó contacto directo con la obra de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, influencias que reaparecerían de manera recurrente en sus trabajos.

En 1957 obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte del Quijote de la Mancha y en 1968 se instaló en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia de Dante Alighieri. Esas incursiones en la gran literatura occidental no fueron ejercicios académicos; fueron el laboratorio donde Alonso afiló una mirada sobre el poder, el castigo y el cuerpo que luego trasladaría a la realidad argentina.

El cuerpo como territorio político

A fines de los años 60 comenzó su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, en la que la disección del cuerpo se convirtió en metáfora de la violencia que el poder ejerce sobre los sujetos. Esa misma línea lo llevó a su trabajo sobre El matadero de Esteban Echeverría, donde la carne animal y el cuerpo humano se fusionan bajo el mismo signo del sacrificio y la dominación. En esas obras, Alonso demostró que la tradición pictórica europea y la historia argentina podían dialogar sobre el mismo territorio: el de los cuerpos que el poder destruye.

La dictadura, el exilio y Paloma

La última dictadura militar marcó su vida de manera irreversible. Alonso debió exiliarse y vivió primero en Italia y luego en España. En 1977, su hija Paloma Alonso, de 21 años, fue secuestrada por el terrorismo de Estado y permanece desaparecida. Esa ausencia que no cierra se convirtió en el eje alrededor del cual giró su producción posterior.

Su regreso a la Argentina en 1980 y su instalación definitiva en Unquillo no significaron un cierre, sino una profundización. La serie Manos anónimas, en la que abordó el terrorismo de Estado y la violencia política, es quizás la síntesis más descarnada de esa experiencia: manos que no tienen cara, cuerpos sin nombre, la brutalidad como sistema. La desaparición de Paloma no fue solo una tragedia personal; fue la herida que le dio a su obra una dimensión que ninguna técnica podría haber construido artificialmente.

Reconocimientos y una última exposición

Su trayectoria recibió los premios Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición retrospectiva que revisó su producción y su diálogo con la tradición pictórica occidental. Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.

En 2025, Alonso realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, institución que contribuyó a fundar, su última exposición pública. Fue una muestra dedicada a una faceta menos difundida de su obra: su relación con el paisaje de las sierras cordobesas, el territorio que eligió para vivir y donde finalmente murió. Hasta el final, el paisaje y la memoria coexistieron en su pintura como dos formas de habitar el tiempo.

Lo que tenés que saber

  • Carlos Alonso murió el 21 de septiembre de 2026 en Unquillo, Córdoba, a los 97 años.
  • Fue uno de los artistas plásticos más importantes del siglo XX argentino, con una obra que abarcó pintura, dibujo y grabado durante más de siete décadas.
  • Su hija Paloma fue secuestrada y desaparecida por la última dictadura militar en 1977, hecho que transformó de manera definitiva su producción artística.
  • En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva; en 2025 realizó su última exposición en Unquillo.
  • Su obra integra las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel de Mendoza.
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