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Cultura

Los fuegos fugaces de la Pampa

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Por Matias Segreti

Sabemos que la oscuridad predispone y la luz dispone. Lo sabemos porque nos lo han dicho, los viejos señalaron el cielo y pronunciaron las palabras, el sol descubre y la noche oculta. El padre y la madre hablaron, y nosotros, que fuimos jóvenes alguna vez, creímos. ¿De qué otra cosa se hace el mundo, el propio mundo y el mundo más grande, el de la tierra y de los cielos, si no es de lo que uno cree? De eso nos agarramos todos los días, para seguir, para mirar a los ojos de los que amamos y no correr la mirada a los que odiamos, para volver a levantarnos cada día, a pesar de todo, a pesar de todos. 

Mi padre, para dar un ejemplo, creía en sus manos, pero no solo en la forma de sus dedos, en las líneas torcidas, los pelos que nacen cerca de los nudillos, en los callos y las manchas, en los magullones. Creía porque fueron ellas las que lo sujetaron al mundo, fueron sus manos las que trazaron sobre la tierra el dibujo de la casa, las que cargaron desde el camino hasta la lomada los ladrillos que cambiaron el rancho por paredes, las que alisaron los tabiques y abrieron la albarrada para que haya ventanas. Fueron también sus manos las que se extendieron como sombras y tiñeron el cuello de mi madre, las que apretaron hasta que algo crujió, una ramita que cortó el aliento. Fueron esas manos las que sujetaron el revólver y pum, sellaron en su cráneo el boquete escarlata.   

A mi padre lo enterramos la misma noche en que mató a mi madre y se disparó. Cargamos el cuerpo con mis hermanos y el tío Julián. Lo llevamos al monte, lo más lejos que pudimos. Caminamos un buen rato esquivando espinillos. Pasamos la cantera y después de atravesar un bosquecito de chañares elegimos una hondonada donde pudimos cavar. Nos turnamos porque había una sola pala. La tierra estaba dura, parecía no querer recibirlo, pero fue tanta la rabia con la que paleamos que hicimos un hoyo profundo y lo tiramos ahí. El tío Julián, antes de cubrirlo, escupió sus restos. 

A mamá la velamos durante tres días y dos noches. Vinieron del Jagüel donde había trabajado antes de conocer a mi padre, también de La Cañada donde vivían las primas y de Monte León, tierra de sus padres. Vinieron a llorarla con la misma lástima que le habían tenido en vida, porque para nadie fue sorpresa que mi padre la haya matado y hacía tiempo parecía un fantasma.

Nadie lamentó la ausencia de mi padre, varios se alegraron, se les enredaba la lengua entre los dientes para evitar la sonrisa. Uno solo habló, Rogelio, de La Cañada y tío de mamá. Nos preguntó qué habíamos hecho con el cuerpo, si se le había dado cristiana sepultura y fue el tío Julián el que le dijo que no, que no se venga con esas cosas, que al hombre se lo lleve el diablo. La señal de la cruz se hizo Rogelio y dijo las palabras: que tengan suerte entonces.

Sepultamos a mamá en una parcelita al lado de la capilla.

Los días se nos fueron pegando, el viento los fue apilando, uno sobre otro, estantecitos de polvo y sal en la boca. Entonces pasó lo que no debía pasar, porque los viejos nos habían dicho que era el sol quien permitía ver y era la noche, con su manto moreno, la que tapaba todo. Primero se abrió una boca entre el pajonal, cerca del arroyo, un lamento blanco que iluminó los árboles y alertó a los renacuajos que fueron a esconderse bajo las piedritas. Otra noche fue un rastro luminoso con forma de renguera, un fulgor glacial. En el monte, cerca de la cantera, la noche se iluminó. No era lo que creíamos, no era lo que nos habían enseñado. Varias veces pasó y los perros en vez de ladrar, huyeron. Una luz blanca, un fueguito fugaz. 

Cansados de la noche fuimos a ver a Rogelio, nos acompañó el tío Julián. Le contamos y volvió a hacerse la cruz, rapidito se la hizo, padre nuestro dijo y nos pidió que lo llevemos a donde habíamos tirado el cuerpo de mi padre. Llegamos después de andar un buen rato, ordenó que lo desenterremos. El tío Julián reprochó, dijo algo que no se entendió, pero Rogelio habló con calma, vamos a ver, es necesario dijo. Fuimos levantando la tierra con paciencia porque nadie quería ver de nuevo a ese monstruo. Escarbamos con troncos y piedras porque pala no había. Hurgamos en la tierra seca, usamos las uñas como arado, como garras, rascamos, hicimos el pozo hasta que tocamos algo blando. Descubrimos el cuerpo que ya había empezado a pudrirse. Limpiamos la tierra y Rogelio, que veía las cosas antes que nosotros dijo: las manos. 

Levantamos el cuerpo en silencio, al tío le temblaban las piernas, mí corazón se esforzaba queriéndose escapar. Lo llevamos al cementerio y al otro día lo sepultamos con el padre Pedro. Cerramos un círculo mal hecho, un redondel borroso.

¿Las manos? no estaban en ese cuerpo, algo o alguien las había arrancado, un corte perfecto como el del cristal. 

Ahora que no somos más jóvenes y que conocemos al miedo, saber que siguen en el monte y cada tanto iluminan, nos deja tranquilos, sobre todo porque ya no pueden moverse como antes. 

Cultura

Tecnópolis: Figoli supera por $20.700 millones a Buenos Aires Arena

Perfeta Producciones ofreció $204.000 millones por explotar el predio de Villa Martelli durante 25 años, contra $183.300 millones de Buenos Aires Arena, socia de La Nación y Live Nation. Pero el 70% del puntaje queda librado a la apreciación de la AABE.

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El parque de ciencia y tecnología que abrió sus puertas en 2011 como espacio público y gratuito quedó a un paso de pasar a manos privadas por un cuarto de siglo. En la licitación de Tecnópolis, la oferta del empresario Marcelo Figoli supera por $20.700 millones a la de Buenos Aires Arena, la sociedad que integran Live Nation y el diario La Nación, pero la decisión final dependerá de rubros que la AABE evaluará con total discrecionalidad.

El concurso fue convocado por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) mediante la Resolución 98/2025, publicada en el Boletín Oficial el 15 de diciembre de 2025, para conceder el uso y la explotación comercial del predio de Villa Martelli por 25 años, con una prórroga posible de un año más. El destino fijado es el de actividades recreativas, de esparcimiento y ocio, con posibles actividades complementarias deportivas, culturales y comunitarias.

Las ofertas

Según la documentación del concurso, Perfeta Producciones S.A. presentó una oferta económica total de $204.000 millones, frente a los $183.300 millones de Concesión Villa Martelli BAA SAPU, la sociedad de Buenos Aires Arena S.A. La diferencia es de alrededor del 11 por ciento a favor de Perfeta.

El canon mensual surge de dividir el total por los 300 meses de concesión: $680 millones por mes en el caso de Perfeta y $611 millones en el de Buenos Aires Arena. La propuesta de Buenos Aires Arena coincide exactamente con el canon base fijado en el pliego, es decir, el mínimo que el Estado aceptaba cobrar.

Setenta puntos a criterio de la AABE

El concurso reparte 100 puntos: hasta 40 por el proyecto, hasta 30 por el plan de inversión, hasta 20 por el canon ofrecido y hasta 10 por los antecedentes. Con los datos disponibles, Perfeta se impone en los dos rubros que se miden con criterios objetivos, el canon y los antecedentes.

El resto, el proyecto y el plan de inversión, suma 70 de los 100 puntos y queda librado a la apreciación de la AABE. Será en ese terreno, el más subjetivo del concurso, donde el Gobierno defina quién se queda con un predio público de más de 50 hectáreas.

Quiénes compiten

Perfeta forma parte de una alianza con Fénix Entertainment, el grupo estadounidense AEG Worldwide y Cárdenas Marketing Network (CMN). Figoli es el empresario detrás de Fénix Entertainment, a la que está vinculada Perfeta; entre sus antecedentes recientes figura la concesión por 20 años del Aconcagua Arena, en Mendoza. AEG opera estadios y arenas en distintos mercados y declara recibir más de 100 millones de asistentes por año.

Del otro lado está Buenos Aires Arena, que opera el Movistar Arena y cuenta con el respaldo de Live Nation Entertainment, que en junio adquirió una participación mayoritaria en la sociedad. La Nación conservó una participación accionaria significativa y busca sostener y ampliar su presencia en el negocio del entretenimiento en vivo.

Un parque público que se achica

Tecnópolis ocupa 509.759,79 metros cuadrados y depende hoy de la Secretaría de Cultura de la Nación. Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, su planta de trabajadores pasó de 333 a 198 personas, una reducción de más del 30 por ciento. El Gobierno justifica la concesión en una estructura de gastos elevada, un bajo nivel de uso y problemas de deterioro, según fuentes oficiales.

El predio, inaugurado durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fue pensado como una gran muestra de ciencia, tecnología y cultura con acceso gratuito, que sostuvo incluso tras su reapertura. Lo que se licita ahora no es un parque de divulgación científica, sino un negocio de espectáculos que se disputan dos gigantes del entretenimiento con socios extranjeros.

Lo que tenés que saber:

  • La AABE licita la concesión de Tecnópolis por 25 años para actividades recreativas y de ocio.
  • Perfeta Producciones, de Marcelo Figoli, ofreció $204.000 millones; Buenos Aires Arena, socia de La Nación y Live Nation, $183.300 millones.
  • La oferta de Buenos Aires Arena equivale al canon base de $611 millones mensuales fijado en el pliego.
  • El proyecto y el plan de inversión suman 70 de los 100 puntos y dependen de la evaluación de la AABE.
  • La dotación de Tecnópolis bajó de 333 a 198 trabajadores durante la gestión de Milei.
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