Conectate con El Argentino

Cultura

¿Podrá Soda Stereo entrar al Rock and Roll Hall of Fame?

A 40 años de su disco debut, se renueva la ilusión de que se convierta en la primera banda hispanoparlante en ingresar a ese grupo selecto.

Publicado hace

#

Ante la inminente reunión de los directivos del Rock and Roll Hall of Fame para definir a los artistas que serán ingresados en 2024, se renueva la ilusión de que Soda Stereo se convierta en la primera banda hispanoparlante en formar parte de ese selecto olimpo, alimentada especialmente en esta edición por el hecho de que este año se cumplirá el 40º aniversario del lanzamiento de su homónimo disco debut.

La campaña para que el histórico trío conformado por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti engrose la lista de leyendas inducidas en esta institución fue impulsada en 2020 por el periodista mexicano, nacionalizado estadounidense, Miguel Gálvez, un fan que logró juntar hasta el momento más de 33 mil firmas de apoyo provenientes de unos 66 países, y el respaldo de reconocidos músicos argentinos y latinoamericanos.

Además de reunir adhesiones de nombres de peso como el guitarrista Carlos Alomar, productor del disco «Doble vida»; Gustavo Santaolalla, el mexicano Alex Lora y el español Enrique Bunbury, entre tantos; la idea también cuenta con el visto bueno de los propios Zeta y Charly Alberti, como así también de Laura Cerati, hermana del fallecido líder del grupo.

«Para mí es algo muy emocionante que un grupo de fans y gente que nos sigue desde hace tiempo se haya puesto al hombro llevar adelante esta iniciativa. Es algo que no se ha hecho nunca, por lo cual, de lograrse, no solamente sería importante para la banda, sino también para la música latina, que me parece que ya es hora que pase esto», comentó Charly a Télam al ser consultado sobre el tema.

Y amplió: «Sé que ellos están constantemente buscando apoyo y dando a conocer la iniciativa. Han hablado con un montón de gente y las veces que me comuniqué con ellos les agradecí y deseé lo mejor. No es algo que nosotros promovamos como banda pero sí es algo que apoyamos, que es diferente».

A pocos días de las deliberaciones en el comité ejecutivo del Rock and Roll Hall of Fame para definir a los ingresados en esta temporada, las cuales se llevarán a cabo entre el 1 y el 7 de febrero -de acuerdo a los antecedentes de los últimos años-, Miguel Gálvez aceptó ante esta agencia que «es sumamente complejo» el ingreso de una banda como Soda Stereo debido a «una mentalidad muy arraigada de nominar solo a bandas anglosajonas»; sin embargo, se manifestó «con optimismo y esperanza» a partir de algunos indicios.

Imagen

Acaso el más fuerte es el mensaje recibido por parte de Jason Hanley, uno de los directivos de la institución que forma parte de las deliberaciones. «Sería grandioso ver a una banda como Soda Stereo nominada al Rock and Roll Hall of Fame algún día. Gran banda de Argentina y `De música ligera´ es un gran track», escribió la autoridad al respecto.

El entusiasmo de Gálvez también se apoya en el crecimiento experimentado por la campaña en los últimos años, en el incremento del interés en el tema por parte de medios sajones y en el aumento del número de reproducciones de material de la banda en distintas plataformas.

«El gran reto de nuestra campaña es que si bien Soda es muy reconocido en América Latina, en Estados Unidos sólo es conocido por un grupo muy selecto de especialistas musicales, y por un pequeño número de personas que se aventuran en investigar música en otros idiomas. Afortunadamente, gracias a las plataformas de streaming y, en especial, a latinos alrededor del planeta, personas en muchos países no hispanos están descubriendo a Soda Stereo y convirtiéndose en fans sin importar el aspecto del lenguaje», detalló.

Reflejo fiel de eso es que de las 33.450 firmas de apoyo obtenidas, lógicamente hay un números muy grande que proviene de Argentina y países latinoamericanos, pero también hay rúbricas desde remotos e impensados puntos del planeta como Malta, Lituania, Malasia, Estonia, Bosnia y Herzegovina, Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Nueva Zelanda, Curazao, Guinea y Filipinas, entre tantos.

El periodista, que se volvió fan de Soda cuando escuchó de ellos por primera vez en México en 1987 a través de una colega que había visto a la banda en Viña del Mar, y que tuvo oportunidad de entrevistar al grupo en los tempranos `90, durante la gira de «Canción animal» y de «Dynamo», también encontró en el 40º aniversario del disco debut de la banda un motivo para darle un impulso definitivo a la campaña.

«¿Qué mejor manera de celebrar los 40 años del inicio formal de una banda que influyó positivamente la música latinoamericana, y que sigue tocando millones de corazones? Y como lo hemos platicado con muchas personas del universo Soda, incluso con algunos de sus colaboradores, el ingreso al Rock and Roll Hall of Fame sería la mejor forma de ponerle un broche de oro y cerrar su historia activa con un reconocimiento histórico al convertirse en la primera banda en español en ingresar», consideró.

Objetivamente, la misión no es imposible pero sí compleja si se observa que esta institución tiene, a lo largo de su existencia, un nutrido listado de omisiones de bandas claves en la historia del rock, con Iron Maiden, King Crimson, Jethro Tull, Motörhead, The Smiths y Megadeth, como algunos ejemplos visibles. Otras como Kiss, The Cure o Depeche Mode, por citar apenas algunas, debieron esperar mucho más que los 25 años de su álbum debut que marca el requisito para ser parte de su galería.

Si bien es cierto que estas polémicas muchas veces han puesto en tela de juicio al Rock and Hall Hall of Fame, los artistas que respaldan el ingreso de Soda Stereo ponen el foco en otros beneficios que esto puede conllevar.

Así lo demostró con su comentario a esta agencia Gonzo Palacios, el músico que desde su «saxo sensual» en el hit «¿Por qué no puedo ser del Jet-Set?» fue un asiduo colaborador de la banda, especialmente en sus primeros discos.

«Cuando en marzo de 2021 años me contactó Miguel Gálvez para pedirme colaboración para la campaña, no lo dudé un segundo, no solo por Soda, que se ha ganado por demás su lugar en el Rock and Roll Hall of Fame, sino también por todo el rock en castellano, ya que si Soda Stereo, que es el grupo con más posibilidades objetivas de lograrlo, derriba esa barrera, dejaría despejado el camino para tantos otros artistas que se lo merecen tanto como ellos», consideró el exLos Twist y Fricción, entre otras recordadas agrupaciones.

Por su parte, la baterista, cantante y compositora Andrea Álvarez, quien se sumó como percusionista al grupo poco antes de grabar el disco «Canción animal», de 1990, opinó que «está bueno dejar sentada la importancia de Soda en todo lo que es el rock latino», pero además aportó un punto de vista que resume la postura de otros recurrentes colaboradores del grupo.

«En lo personal, no le doy importancia a ese tipo de cosas, no lo necesito, pero me encantaría que pasara porque sería un reconocimiento a los Soda que están entre nosotros, no solo a los dos músicos, sino también al equipo de trabajo. Soda es un grupo que marcó un antes y un después en la música de rock y pop de habla hispana, pero también era un equipo de trabajo de mucha gente y creo que ese reconocimiento es válido y necesario. Me gustaría que pase por ellos y por los fans que lo están esperando», puntualizó la artista a Télam.

Carlos Santana; Richie Valens, creador de «La bamba»; el cantante de Rage Against the Machine Zack de la Rocha y el bajista de Metallica Robert Trujillo son los artistas de ascendencia latina que ya forman parte de este selecto grupo. Soda Stereo podría ser la primera banda de habla hispana en ser inducida y abriría una puerta hasta ahora inaccesible. Por cierto, alguna experiencia ya tiene el famoso trío en ser punta de lanza de la cultura latina en el mundo.

Cultura

Por qué los millennials compran experiencias y la Generación Z invierte en identidad digital

Análisis sobre por qué los millennials priorizan la compra de experiencias mientras la Generación Z invierte en identidad digital, presencia en línea y pertenencia comunitaria.

Publicado hace

#

El consumo dejó de organizarse solo alrededor de objetos físicos. Durante décadas, comprar significaba adquirir algo que podía guardarse, usarse o mostrar en espacios materiales. Hoy, el valor también se construye en viajes, conciertos, cursos, eventos, perfiles, avatares, skins, suscripciones, comunidades y archivos digitales. En ese cambio, millennials y Generación Z muestran prioridades distintas: unos tienden a valorar la experiencia vivida; otros, la identidad proyectada en entornos digitales.

La diferencia no significa que los millennials ignoren lo digital ni que la Generación Z rechace las experiencias físicas. Se trata de énfasis culturales. En un entorno donde conviven redes, videojuegos, plataformas de ocio, compras integradas, apuestas y sitios como https://casino-jugabet.cl/, el consumo ya no se limita a poseer: también sirve para narrarse, participar y ocupar un lugar dentro de comunidades conectadas.

La experiencia como respuesta millennial

Los millennials crecieron en un periodo marcado por cambios económicos, digitalización progresiva y cuestionamiento de la propiedad tradicional. Para muchos, comprar una casa, formar patrimonio o acceder a ciertos bienes materiales resultó más difícil que para generaciones anteriores. En ese contexto, las experiencias ganaron valor: viajar, comer fuera, asistir a eventos, aprender algo o compartir una actividad se convirtió en una forma de construir memoria.

Comprar una experiencia ofrece algo que un objeto no siempre entrega: una historia. Un viaje puede contarse, una cena puede recordarse, un concierto puede compartirse y una actividad puede integrarse en la identidad personal. Para los millennials, la experiencia funciona como capital biográfico. No solo se vive; se convierte en parte del relato de vida.

También hay una dimensión de tiempo. Muchos millennials entraron en la adultez con jornadas extensas, presión laboral y saturación digital. Por eso, pagar por una experiencia puede sentirse como una forma de recuperar control sobre el propio tiempo. No se compra solo entretenimiento; se compra una pausa, una salida o una sensación de avance personal.

La Generación Z y la identidad como presencia

La Generación Z se formó en un entorno donde la identidad digital no es secundaria. Perfiles, nombres de usuario, fotos, avatares, listas, clips, objetos virtuales y comunidades en línea forman parte de la vida social. Para esta generación, invertir en identidad digital no parece raro, porque gran parte de la interacción ocurre en espacios mediados por pantallas.

Una compra digital puede cumplir funciones similares a una prenda, un accesorio o una entrada a un evento. Una skin, una suscripción, una herramienta de edición, una insignia o un objeto virtual permite decir algo: qué se valora, a qué comunidad se pertenece, qué humor se comparte o qué estética se adopta.

La identidad digital también es más flexible que la física. Puede cambiar rápido, adaptarse a plataformas distintas y responder a tendencias. La Generación Z entiende esa flexibilidad como parte del juego social. No siempre busca una identidad fija, sino una identidad editable.

De tener cosas a mostrar señales

Tanto millennials como Generación Z participan en una economía de señales. La diferencia está en el soporte. El millennial puede usar una experiencia para comunicar apertura, gusto, cultura o estilo de vida. La Generación Z puede usar elementos digitales para comunicar pertenencia, habilidad, sensibilidad estética o conocimiento de una comunidad.

En ambos casos, el consumo se vuelve lenguaje. Una persona no compra solo por utilidad, sino por lo que esa compra permite expresar. La experiencia millennial se muestra en fotos, relatos y recuerdos. La identidad digital zoomer se muestra en perfiles, avatares, clips y presencia constante.

Esto no debe leerse como superficialidad. Las señales sociales siempre han existido. Lo nuevo es que ahora circulan con más velocidad y en más espacios. La validación no ocurre solo en reuniones físicas, sino también en chats, plataformas, juegos y redes.

Economía, acceso y prioridades

Las condiciones económicas también influyen. Muchos millennials aprendieron a valorar experiencias porque ciertos bienes duraderos parecían menos accesibles o menos prioritarios. Al mismo tiempo, las plataformas de viaje, eventos y servicios bajo demanda hicieron que la experiencia fuera más fácil de comprar y compartir.

La Generación Z, por su parte, entra al consumo en un entorno donde los bienes digitales son normales. Comprar dentro de una aplicación, pagar por una función, mejorar un perfil o adquirir un objeto virtual forma parte de la rutina. Además, muchas compras digitales tienen precios menores que grandes experiencias físicas, aunque su acumulación pueda ser significativa.

Esto produce una lógica de microinversión identitaria. Pequeñas compras permiten ajustar cómo se aparece ante otros. El gasto no siempre busca duración; busca relevancia en un contexto concreto.

Comunidad y pertenencia

La comunidad es central en ambos modelos. Los millennials suelen comprar experiencias que pueden compartirse con amigos, pareja o familia. El valor aumenta cuando la experiencia se vive con otros o cuando se convierte en memoria común.

La Generación Z invierte en identidad digital porque muchas comunidades funcionan en línea. Un objeto virtual, una estética de perfil o una suscripción puede abrir acceso, reconocimiento o conversación. La pertenencia no depende solo de estar presente, sino de dominar códigos internos.

En este sentido, la identidad digital no es una fantasía separada de la vida real. Es una extensión de relaciones, gustos y posiciones sociales. Para quienes pasan parte importante de su sociabilidad en entornos digitales, invertir allí tiene sentido.

Riesgos de ambos modelos

Comprar experiencias puede convertirse en presión por vivir siempre algo memorable. Viajes, eventos y salidas pueden transformarse en obligación de producir contenido o demostrar una vida activa. La experiencia pierde valor si se vive más para mostrarla que para disfrutarla.

Invertir en identidad digital también tiene riesgos. Los objetos virtuales dependen de plataformas, reglas y cuentas. Además, la búsqueda constante de actualización puede generar gasto impulsivo y ansiedad por quedar fuera de una tendencia.

Ambos modelos muestran que el consumo contemporáneo está ligado a reconocimiento. La pregunta no es solo qué se compra, sino qué necesidad social o emocional intenta cubrir esa compra.

Una diferencia de entorno, no de esencia

Millennials y Generación Z no consumen de formas opuestas. Ambos buscan identidad, pertenencia y sentido. Los millennials tienden a encontrarlo en experiencias que producen memoria. La Generación Z lo encuentra con frecuencia en herramientas digitales que producen presencia.

La diferencia central está en el escenario donde cada generación aprendió a relacionarse. Para unos, la experiencia física fue una respuesta al exceso de objetos y a la incertidumbre económica. Para otros, la identidad digital es una respuesta a una vida social distribuida entre plataformas. En ambos casos, el consumo dejó de ser posesión simple y se volvió construcción de relato.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo