Cultura
A 80 años del nacimiento de John Lennon, la figura más grande de la música pop contemporánea
Un 9 de octubre de 1940 nació en Liverpool el ídolo que revolucionó como ningún la música y la cultura.
Un 9 de octubre de 1940 nació en Liverpool el ídolo que revolucionó como ningún la música y la cultura.
Por Hernani Natale
En medio de uno de los feroces bombardeos que la Alemania nazi habitualmente lanzaba sobre Liverpool por su apreciado puerto en medio de la Segunda Guerra Mundial, nacía el 9 de octubre de 1940 John Lennon, el hombre que revolucionaría como ningún otro artista a la música popular contemporánea y a la cultura en general, y que se convertiría en el gran mito del rock mundial al ser asesinado 40 años más tarde, en Nueva York.
En su carácter de líder de The Beatles, desde donde conformó junto a Paul McCartney la dupla compositiva más importante de la historia, y con sus posicionamientos ante cuestiones políticas y sociales, Lennon provocó un cambio en toda una generación caracterizado por la lucha en pos de sus ideales de libertad.
Pero el espíritu rebelde, el carácter soñador y la irreverencia, del mismo modo que su compleja y conflictuada forma de ser, tuvieron sus raíces en el contexto familiar y social que rodeó sus primeros años.
John Lennon nació de la unión de Julia Stanley, hija menor de una familia de clase media acomodada, quien por su consentida crianza mostraba un carácter irresponsable y volcado hacia las bromas permanentes; y Alfred Lennon, un marino mercante poco amigo de las obligaciones, pero mucho de las noches de juerga.
Como un desenlace fácil de prever, el padre abandonó a su familia a los pocos años de nacer John y la madre dejó al pequeño al cuidado de su hermana mayor Mimi, cuando la crianza del niño se convirtió en un obstáculo para formar una nueva familia.
A partir de allí, las visitas a su hijo por parte de Julia transcurrirían en un tono más cercano a lo amistoso que a lo filial y, en ellas, le enseñaría a tocar el banjo.
Todos estos condimentos, en unos primeros años en donde además había que refugiarse cada noche ante los bombardeos nazis, fueron forjando un carácter especial en el pequeño que ya mostraba dotes para el dibujo y un gran interés por la lectura.
A los 16 años, el futuro beatle viviría dos acontecimientos clave que determinarían su futuro: la aparición del rock and roll, vía Elvis Presley; y la muerte de su madre, de la que fue testigo, atropellada mientras cruzaba la calle despidiéndolo con la mano al final de una visita. El victimario fue un patrullero conducido en contramano por un policía borracho.
«La perdí dos veces: cuando me abandonó de chico y cuando murió», dijo en varias ocasiones el propio John, quien canalizó su furia y tristeza en la música.
A la vez, la rebeldía emanada por la nueva cultura joven que llegaba desde Estados Unidos aparecía como la válvula de escape a la dura, carente de aspiraciones y monótona existencia que ofrecía el gris pueblo todavía devastado por los bombardeos.
De esta manera, el hombre marcado por la guerra -hasta su segundo nombre aludía a ella al ser bautizado Winston, en homenaje a Churchill-, el abandono de sus padres y un futuro poco prometedor, vislumbró que había un espacio en donde el universo que abría su imaginación cuando dibujaba y leía tenía lugar.
Fue en la fundamental alianza creativa con McCartney en donde todo esto se puso de manifiesto, en un cóctel que supo marcar el pulso de la época.
El impacto que tiene la figura de John Lennon en la historia de la cultura popular se expande aún hoy, al punto que 80 años después de su nacimiento, cada nueva generación cae rendida a sus pies.
La riqueza de la obra del genial artista también da lugar a que siempre aparezca material suyo sorprendente o historias narradas por quienes compartieron su vida que conmueven al ser reveladas.
En esta tónica, en estos días, la Radio 2 de la BBC emite una serie de programas con entrevistas realizadas por Sean Lennon, hijo de John y Yoko Ono, a McCartney, Elton John, y a su hermano Julian Lennon, el hijo mayor del exbeatle de su primer matrimonio con Cynthia Powell.
Los pasajes más emotivos de estos reportajes aparecieron en la voz de la estrella de The Beatles, quien recordó la excitación que los recorría cuando comenzaron a crear canciones juntos, lamentó las diferencias surgidas años más tarde y celebró haberse reconciliado con su viejo socio poco antes de su asesinato.
Por otra parte, también como celebración de los 80 años de John, su viuda y Sean lanzarán «Gimme Some Truth. The Ultimate Mixes», una edición de lujo curada por ellos, con 36 clásicos remezclados con notables mejoras en el sonido, fotos inéditas de su archivo personal, viejas entrevistas y cartas, entre otros elementos.
Las cintas fueron tratadas de manera analógica por el ingeniero Paul Hicks, quien ya tuvo a cargo un trabajo similar en «Imagine. The Ultimate Collection», una anterior reedición del famoso disco; y remasterizadas por Alex Wharton, en los estudios Abbey Road de Londres.
Entre las «joyas» incluidas en el material gráfico, se encuentra la carta enviada por Lennon en 1969 a la Reina de Inglaterra, cuando devolvió la medalla que, junto a sus tres compañeros beatles, lo nombraba Caballero del Imperio Británico en 1965, en protesta por la postura oficial ante la Guerra de Vietnam y la extinta Biafra.
Este lanzamiento y este especial de la BBC son apenas dos de los muchos homenajes montados en todo el mundo y que, seguramente, tendrán sus réplicas el próximo 8 de diciembre, cuando se cumplan 40 años de su absurdo asesinato.
Cultura
Por qué los millennials compran experiencias y la Generación Z invierte en identidad digital
Análisis sobre por qué los millennials priorizan la compra de experiencias mientras la Generación Z invierte en identidad digital, presencia en línea y pertenencia comunitaria.
El consumo dejó de organizarse solo alrededor de objetos físicos. Durante décadas, comprar significaba adquirir algo que podía guardarse, usarse o mostrar en espacios materiales. Hoy, el valor también se construye en viajes, conciertos, cursos, eventos, perfiles, avatares, skins, suscripciones, comunidades y archivos digitales. En ese cambio, millennials y Generación Z muestran prioridades distintas: unos tienden a valorar la experiencia vivida; otros, la identidad proyectada en entornos digitales.
La diferencia no significa que los millennials ignoren lo digital ni que la Generación Z rechace las experiencias físicas. Se trata de énfasis culturales. En un entorno donde conviven redes, videojuegos, plataformas de ocio, compras integradas, apuestas y sitios como https://casino-jugabet.cl/, el consumo ya no se limita a poseer: también sirve para narrarse, participar y ocupar un lugar dentro de comunidades conectadas.
La experiencia como respuesta millennial
Los millennials crecieron en un periodo marcado por cambios económicos, digitalización progresiva y cuestionamiento de la propiedad tradicional. Para muchos, comprar una casa, formar patrimonio o acceder a ciertos bienes materiales resultó más difícil que para generaciones anteriores. En ese contexto, las experiencias ganaron valor: viajar, comer fuera, asistir a eventos, aprender algo o compartir una actividad se convirtió en una forma de construir memoria.
Comprar una experiencia ofrece algo que un objeto no siempre entrega: una historia. Un viaje puede contarse, una cena puede recordarse, un concierto puede compartirse y una actividad puede integrarse en la identidad personal. Para los millennials, la experiencia funciona como capital biográfico. No solo se vive; se convierte en parte del relato de vida.
También hay una dimensión de tiempo. Muchos millennials entraron en la adultez con jornadas extensas, presión laboral y saturación digital. Por eso, pagar por una experiencia puede sentirse como una forma de recuperar control sobre el propio tiempo. No se compra solo entretenimiento; se compra una pausa, una salida o una sensación de avance personal.
La Generación Z y la identidad como presencia
La Generación Z se formó en un entorno donde la identidad digital no es secundaria. Perfiles, nombres de usuario, fotos, avatares, listas, clips, objetos virtuales y comunidades en línea forman parte de la vida social. Para esta generación, invertir en identidad digital no parece raro, porque gran parte de la interacción ocurre en espacios mediados por pantallas.
Una compra digital puede cumplir funciones similares a una prenda, un accesorio o una entrada a un evento. Una skin, una suscripción, una herramienta de edición, una insignia o un objeto virtual permite decir algo: qué se valora, a qué comunidad se pertenece, qué humor se comparte o qué estética se adopta.
La identidad digital también es más flexible que la física. Puede cambiar rápido, adaptarse a plataformas distintas y responder a tendencias. La Generación Z entiende esa flexibilidad como parte del juego social. No siempre busca una identidad fija, sino una identidad editable.
De tener cosas a mostrar señales
Tanto millennials como Generación Z participan en una economía de señales. La diferencia está en el soporte. El millennial puede usar una experiencia para comunicar apertura, gusto, cultura o estilo de vida. La Generación Z puede usar elementos digitales para comunicar pertenencia, habilidad, sensibilidad estética o conocimiento de una comunidad.
En ambos casos, el consumo se vuelve lenguaje. Una persona no compra solo por utilidad, sino por lo que esa compra permite expresar. La experiencia millennial se muestra en fotos, relatos y recuerdos. La identidad digital zoomer se muestra en perfiles, avatares, clips y presencia constante.
Esto no debe leerse como superficialidad. Las señales sociales siempre han existido. Lo nuevo es que ahora circulan con más velocidad y en más espacios. La validación no ocurre solo en reuniones físicas, sino también en chats, plataformas, juegos y redes.
Economía, acceso y prioridades
Las condiciones económicas también influyen. Muchos millennials aprendieron a valorar experiencias porque ciertos bienes duraderos parecían menos accesibles o menos prioritarios. Al mismo tiempo, las plataformas de viaje, eventos y servicios bajo demanda hicieron que la experiencia fuera más fácil de comprar y compartir.
La Generación Z, por su parte, entra al consumo en un entorno donde los bienes digitales son normales. Comprar dentro de una aplicación, pagar por una función, mejorar un perfil o adquirir un objeto virtual forma parte de la rutina. Además, muchas compras digitales tienen precios menores que grandes experiencias físicas, aunque su acumulación pueda ser significativa.
Esto produce una lógica de microinversión identitaria. Pequeñas compras permiten ajustar cómo se aparece ante otros. El gasto no siempre busca duración; busca relevancia en un contexto concreto.
Comunidad y pertenencia
La comunidad es central en ambos modelos. Los millennials suelen comprar experiencias que pueden compartirse con amigos, pareja o familia. El valor aumenta cuando la experiencia se vive con otros o cuando se convierte en memoria común.
La Generación Z invierte en identidad digital porque muchas comunidades funcionan en línea. Un objeto virtual, una estética de perfil o una suscripción puede abrir acceso, reconocimiento o conversación. La pertenencia no depende solo de estar presente, sino de dominar códigos internos.
En este sentido, la identidad digital no es una fantasía separada de la vida real. Es una extensión de relaciones, gustos y posiciones sociales. Para quienes pasan parte importante de su sociabilidad en entornos digitales, invertir allí tiene sentido.
Riesgos de ambos modelos
Comprar experiencias puede convertirse en presión por vivir siempre algo memorable. Viajes, eventos y salidas pueden transformarse en obligación de producir contenido o demostrar una vida activa. La experiencia pierde valor si se vive más para mostrarla que para disfrutarla.
Invertir en identidad digital también tiene riesgos. Los objetos virtuales dependen de plataformas, reglas y cuentas. Además, la búsqueda constante de actualización puede generar gasto impulsivo y ansiedad por quedar fuera de una tendencia.
Ambos modelos muestran que el consumo contemporáneo está ligado a reconocimiento. La pregunta no es solo qué se compra, sino qué necesidad social o emocional intenta cubrir esa compra.
Una diferencia de entorno, no de esencia
Millennials y Generación Z no consumen de formas opuestas. Ambos buscan identidad, pertenencia y sentido. Los millennials tienden a encontrarlo en experiencias que producen memoria. La Generación Z lo encuentra con frecuencia en herramientas digitales que producen presencia.
La diferencia central está en el escenario donde cada generación aprendió a relacionarse. Para unos, la experiencia física fue una respuesta al exceso de objetos y a la incertidumbre económica. Para otros, la identidad digital es una respuesta a una vida social distribuida entre plataformas. En ambos casos, el consumo dejó de ser posesión simple y se volvió construcción de relato.
-
Fútbol & Goles!3 díasEl arquero de Nigeria que no fue al Mundial y se robó las redes
-
Redes sociales5 díasTras el escándalo por Jorge Messi, echaron a Flor Peña de Luzu
-
Espectáculos 🎭5 díasEl padre de Gaspi habló tras la tragedia: «Para mí fue un atentado, no un accidente»
-
Política 📢4 díasCaos en el transporte: el Gobierno salió a aclarar que el CUD físico sigue vigente tras filas masivas
-
Goles! ⚽4 díasLa mamá de Messi perdonó a Florencia Peña: “Espero que tomemos un café juntas”
-
Fútbol & Goles!7 díasLos parches del Mundial 2026: qué significan las insignias que lucirán Messi y el Dibu
-
Espectáculos 🎭5 díasTras la fake sobre Jorge Messi, Antonella dejó de seguir a Luzu, Flor Peña y a Occhiato
-
Medios5 días¿Cómo está Chiche Gelblung? Volvió a internarse a días de haber sido dado de alta
