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La despedida del mundo artístico a la nieta de Cris Morena

Figuras del espectáculo como Marcelo Tinelli, Benjamín Vicuña y Nicolás Vázquez expresaron su dolor.

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Mila Yankelevich, hija del productor Tomás Yankelevich y de la empresaria Sofía Reca, murió el domingo 28 de julio tras un accidente entre dos embarcaciones en la bahía de Biscayne, Miami. Tenía solo siete años.

Según confirmó el Departamento de Recursos Marinos de Florida (FWC, por sus siglas en inglés), el choque ocurrió cerca de la zona de Nixon Beach, en Cayo Vizcaíno, y dejó al menos a cuatro personas heridas. Entre ellas estaba Mila, que fue trasladada de urgencia al Ryder Trauma Center del Jackson Memorial Hospital, donde finalmente falleció.

Las autoridades locales abrieron una investigación para esclarecer las circunstancias del siniestro, aunque hasta ahora no informaron si hubo conductores alcoholizados ni si las embarcaciones contaban con todas las habilitaciones reglamentarias.

La familia Yankelevich: del legado televisivo al duelo repetido

Mila era nieta de dos figuras centrales en la historia de la televisión argentina: Gustavo Yankelevich, exdirector de Telefe y actual productor, y Cris Morena, creadora de éxitos como Chiquititas y Rebelde Way. Su padre, Tomás, ocupó cargos directivos en Warner Bros. y en Telefe, y su madre es actriz y cantante.

La tragedia reactivó una herida profunda en la familia: en 2010, Romina Yan —hija de Cris Morena y Gustavo Yankelevich— murió de un infarto fulminante a los 36 años. Romina era hermana de Tomás y tía de Mila. «Es un déjà vu insoportable», lamentó una fuente cercana a la familia.

El mundo del espectáculo se volcó en mensajes de dolor

La noticia sacudió a la comunidad artística y televisiva argentina. Marcelo Tinelli, íntimo amigo de los Yankelevich, escribió en redes: “Estoy destruido. No lo puedo creer. Mi amor inmenso a toda la familia, que forma parte de mi vida. No lo entiendo, LPM”.

Wanda Nara, también en Miami por cuestiones laborales, expresó su afecto desde una mirada maternal: “Todo mi amor para ustedes. No hay palabras”. Benjamín Vicuña, que perdió a su hija Blanca en 2012, dejó un mensaje de empatía: “El dolor es una sombra que no se va nunca. Abrazo desde el alma”.

El actor Nicolás Vázquez, marcado por la muerte de su hermano Santiago en 2016, compartió solo el nombre “Mila” acompañado de un corazón roto. Y Georgina Barbarossa, quien estaba al aire con su programa en Telefe cuando se conoció la noticia, debió interrumpir la emisión entre lágrimas: “Se me estruja el alma”.

Cris Morena no habló, pero el silencio habló por ella

Hasta el momento, ni Cris Morena ni Gustavo Yankelevich emitieron declaraciones públicas. La reserva no sorprendió: la familia mantuvo un perfil bajo tras la muerte de Romina Yan y apenas realizó una aparición pública en 2020, cuando organizaron un homenaje televisivo a su memoria.

Desde entonces, Cris se dedicó a proyectos de formación artística y evitó los medios. El fallecimiento de su nieta volvió a golpear su entorno más íntimo, en un contexto emocional que muchos artistas describieron como “insoportable” y “repetido”.

Un accidente con pocas respuestas

La investigación quedó en manos de la Policía de Florida y del FWC, pero los partes oficiales avanzaron con lentitud. Hasta el martes por la noche no se conocieron partes toxicológicos ni declaraciones de los conductores de las embarcaciones.

Según Miami Herald, el área donde ocurrió el siniestro es muy frecuentada por turistas y locales durante los fines de semana, y suele presentar problemas de tránsito náutico. Aún no se determinaron responsabilidades penales.

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El Indio eterno: un rebelde que le habló a los que nadie escuchaba

De los sótanos platenses a los campos con 400.000 personas: la historia de Carlos Alberto «Indio» Solari es también la historia de una Argentina que encontró en el rock una forma de resistencia, identidad y comunidad. Un recorrido por la vida y la obra del artista más convocante de la historia del país.

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El Indio Solari: trayectoria y legado de una leyenda del rock y la cultura argentina

Hay figuras que no pertenecen solo a la música. Carlos Alberto «Indio» Solari, fallecido este viernes a los 77 años, fue una de esas raras excepciones que logran convertirse en símbolo colectivo de una época, de una clase, de una forma de ver el mundo. 

Nacido el 17 de enero de 1949 en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, y formado artísticamente en La Plata, dejó una obra que excede los géneros, los decibeles y los estadios: construyó, con sus letras y su música, un lenguaje propio que millones de personas adoptaron como propio.

Los orígenes: La Plata, el under y el nombre de una receta

La historia comenzó en los márgenes, como corresponde a toda historia que importa. En 1976, en plena dictadura militar, Solari y Skay Beilinson fundaron en La Plata lo que con el tiempo se convertiría en un fenómeno sin precedentes: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

El nombre, según relató el propio Solari en entrevistas posteriores, surgió de una receta culinaria dibujada en un afiche: «Era un dibujo de una rubia con un pañuelo que daba una receta de redonditos de ricota.» Así nació el nombre de una entidad que nunca fue solo una banda, sino una representación simbólica de una comunidad.

Desde sus primeros pasos, Los Redondos establecieron una estética propia, tanto en lo musical como en su modo de relacionarse con el público. La independencia artística fue una decisión política tomada desde el principio: el grupo rechazó sistemáticamente las ofertas de los grandes sellos discográficos y optó por la autogestión, una postura que, según declaró Solari, era tan musical como ideológica. «Nunca quisimos firmar con nadie. A mí no me importaba eso», afirmó el artista, dejando en claro que su relación con la industria sería, desde siempre, la de un adversario.

La banda pasó años recorriendo bares del under platense y porteño, construyendo un culto de seguidores que fue creciendo en silencio hasta volverse imposible de contener. Para entonces, la Negra Poli (Patricia Loiseau) ya era parte del proyecto: su rol como gestora, pintora y alma visual de la banda resultó fundamental para forjar la estética reconocible de Los Redondos.

La discografía: un mapa de la Argentina posible

El primer álbum oficial, Gulp!, llegó en 1985. Pero fue Oktubre (1986) el disco que instaló a Los Redondos en el imaginario cultural argentino de manera definitiva. Su sonido crudo, su mezcla de post-punk, blues y rock barrial, y sobre todo las letras de Solari, cargadas de metáforas barrocas y una mirada corrosiva sobre el poder, la droga, el amor y la marginalidad, fueron inmediatamente reconocibles por una generación que había sobrevivido la dictadura y buscaba un lenguaje para nombrar lo que había vivido.

La discografía de Los Redondos con Solari al frente sumó nueve álbumes de estudio: Gulp! (1985), Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989), La mosca y la sopa (1991), Lobo suelto / Cordero atado (1993), Luzbelito (1996), Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000).

Cada disco marcó una etapa, una tonalidad distinta de la misma voz; desde el frenesí de los ochenta hasta la oscuridad poética de Luzbelito, pasando por la virulencia de los noventa menemistas. Las letras de Solari, que los críticos compararon con la tradición del Barroco español, especialmente con Francisco de Quevedo, por su densidad semántica y su uso del lenguaje cifrado, funcionaban de manera doble: eran oscuras para quien quisiera descifrarlas con lógica, y transparentes para quien las escuchara desde las tripas.

El fenómeno popular: de los bares a los campos

Los recitales de Los Redondos dejaron de ser conciertos para convertirse en algo que la sociología del rock todavía no terminó de clasificar del todo. Se los llamó «misas», «peregrinaciones», «rituales». La comparación no era retórica sino descriptiva: la relación del público ricotera con la banda tenía una dimensión de pertenencia y de identidad que pocas bandas en el mundo lograron sostener durante tanto tiempo.

Hacia 2000, el grupo reunió a 70.000 personas en el Estadio Monumental de Núñez, en uno de los hitos más recordados de la historia del rock argentino. Un año después, en 2001, diferencias internas llevaron a la separación definitiva de la banda. No hubo comunicado oficial pomposo ni gira de despedida: Los Redondos se disolvieron con la misma discreción con que habían vivido, rechazando la grandilocuencia del negocio del espectáculo.

La etapa solista: más grande aún

El silencio duró tres años. En 2004, Solari regresó con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y el álbum El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), que demostró que su capacidad de convocatoria no había menguado en absoluto. Le siguieron Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013) y El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), su último disco de estudio.

La etapa solista batió sus propios récords. Recitales en Gualeguaychú y en San Martín (Mendoza) reunieron a más de 150.000 personas en cada ocasión. Pero el hito definitivo llegó el 11 de marzo de 2017 en Olavarría: aproximadamente 400.000 personas se congregaron en el Predio La Colmena, en lo que se convirtió en el recital más masivo de toda la historia del rock argentino, tanto para shows pagos como gratuitos. El evento tuvo, sin embargo, una sombra trágica: los desbordes en la organización y la seguridad dejaron un saldo de dos personas fallecidas y múltiples heridos, una tragedia que pesó sobre el artista y que precipitó su despedida de los escenarios.

El Parkinson y el retiro: crear hasta el final

En marzo de 2016, durante un recital en Tandil ante 150.000 personas, el Indio confirmó públicamente lo que ya era un secreto a voces: padecía la enfermedad de Parkinson. Con su característica economía de palabras, lo dijo de frente a su público: el Parkinson «me anda pisando los talones.» El diagnóstico, una enfermedad neurodegenerativa que afecta progresivamente el control motor, fue el inicio de una cuenta regresiva que él mismo administró con dignidad y con trabajo.

Tras el recital de Olavarría, su mánager Julio Sáez confirmó que no habría más shows en vivo. En 2023, el propio Solari lo ratificó en una entrevista con la radio madrileña Mariskal Rock: «Me parece que ya no tengo más ganas de asomar por este mal. No quiero ser un artista que esté peleando ahí en el escenario. El Indio ya cumplió su tiempo», declaró. Sin embargo, nunca dejó de crear: en 2022 lanzó el proyecto experimental El Mister y los Marsupiales Extintos, difundiendo canciones nuevas por YouTube; colaboró con el artista Wos en la canción Quemarás; y publicó libros de textos e imágenes que ampliaron el universo de su obra más allá de la música.

El último gesto: la UBA y el reconocimiento de la cultura oficial

En mayo de 2026, tres semanas antes de su muerte, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el Aula Magna de la Facultad de Medicina. Por primera vez, la academia reconoció de manera explícita lo que el pueblo argentino ya sabía: que la obra de Solari era una forma legítima de conocimiento, de poesía y de pensamiento crítico. El artista envió un mensaje grabado. Gaspar Benegas, guitarrista de Los Fundamentalistas, recibió el diploma en su nombre. Fue su última aparición pública, y fue también una despedida sin saberlo.

El significado: lo que queda cuando se apaga la voz

Explicar el significado del Indio Solari en la historia argentina es, en parte, explicar por qué sectores enteros de la sociedad que el establishment cultural ignoraba durante décadas encontraron en un músico de Paraná y La Plata una voz que los nombraba. Sus canciones no hablaban de los triunfadores ni de la Argentina exitosa que se publicitaba en los noventa. Hablaban de los márgenes, del deseo, de la violencia del poder, de la belleza tosca de la vida cotidiana, de la droga como fuga y como trampa, de la política como contradicción permanente.

La autogestión de Los Redondos no fue solo una decisión comercial: fue un modelo alternativo que demostró que era posible construir un fenómeno cultural masivo sin depender de los grandes grupos multimedia ni de las corporaciones del entretenimiento. Esa independencia fue su legado más político, más profundo y más silencioso.

Con su muerte, Argentina pierde a uno de sus pocos artistas verdaderamente populares, en el sentido más estricto y más noble de la palabra: popular porque pertenecía al pueblo, porque fue hecho con y para él, y porque ese pueblo le devolvió, a lo largo de cinco décadas, algo que el mercado nunca pudo medir ni reproducir.

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