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Entrevista

«Superé el bullying cuando empecé a tomar clases de danza y sentí que encajaba»

La artista que estrena «Heathers, el musical” se confiesa con El Argentino y cuenta por qué hoy disfruta del amor sin rótulos aunque desea enamorarse, y de qué manera la danza fue su cable a tierra en un momento complejo de su vida.

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Por Andrea Reyes

La versión local de “Heathers, el musical”, bajo la dirección de Fernando Dente y encabezado por Sofi Morandi y Nico Di Pace, estrena el 1 de julio a las 17 horas en el teatro Ópera. Este espectáculo reúne gran elenco surgido de audiciones abiertas, y una de las afortunadas en ser elegida fue la cantante y bailarina, Flor Anca. La artista que actualmente es jurado de “Canta Conmigo Ahora” y que supo brillar en espectáculos como “La Bella y la Bestia” y “Sugar”, entre otros, habla con El Argentino y cuenta cómo se siente siendo parte de este musical:No lo puedo creer. Cuando vi el cartel por primera vez, quedé paralizada, tardé en caer, pero lo estoy re-disfrutando”.

-¿Fluye la química con Fer Dente?

-El otro día lo veía dirigir y decía «este pibe, hasta es mejor dirigiendo que todo junto lo que hace». Si bien tuve directores que amo, nunca me había pasado lo que él logra, porque forma un clima hermoso de trabajo. Lo respetas un montón, querés hacer las cosas, pero a la vez te sentís contenida y relajada.

-¿De qué va “Heathers, el musical” y cuál es tu rol?

-Es una comedia negra. Se desarrolla en una escuela y trata el tema del bullying. Se refiere a los límites que una persona puede pasar con tal de encajar, incluso hasta llegar a matar. Yo soy una de las heathers adolescentes, Duke, y soy la más mala de todas.

-¿A vos te pasó eso de querer encajar?

-No, yo era la bullineada en el colegio. No salía a los recreos porque me cargaban por mi cuerpo delgado, y eso en mi barrio no pegaba: había que ser otro estilo de mujer, más voluptuosa, y en cambio yo era muy flaquita. Me hacían bullying por ser flaca. Me sentía espantosa y sufría. Corría por la calle para que no me vieran.

-¿Y cómo lograste superarlo?

-Lo superé con lo que hago; cuando empecé a tomar clases de danza y me di cuenta que ahí encajaba. Me empezaron a importar mucho más otras cosas y conocí a otras personas. Otro ambiente más mío. Encontré mi lugar y eso me daba seguridad. Así que la danza te diría que es mi espacio, mi base.

-¿Qué rol ocupó tu familia en el proceso de tu carrera?

-Mi familia fue totalmente la base más importante. Ellos nunca me dijeron que no a nada y me dejaron soñar. En realidad creo que todos somos muy soñadores, muy locos.

-¿Alguno viene del palo del arte?

-Mi mamá no se dedica a esto porque no la dejaron de chiquita, pero es muy talentosa. Es la más artista. Y del lado de mi papá, él tiene una radio y mi tía es Nancy Anka, pero con K.

-¿Ella te dio algún consejo para entrar al medio?

-Yo no soy muy del consejo; esto a mí me fluyó naturalmente. Yo no sabía ni qué era Broadway. Un día iba por la calle y le dije a mi mamá «quiero hacer danza árabe» y empecé a bailar. Te diría que la danza me descubrió más a mí, que yo a ella. Se me presentó y me dejé llevar. Yo tenía un sueño, pero no decía «quiero trabajar», porque lo tenía muy lejano: vengo de un barrio normal, de una escuela pública, más que por la tele de ver las bailarinas de Showmatch, no es que íbamos al teatro. A lo sumo mi mamá me llevó a ver Chiquititas. No estaba re-incentivada en ese sentido. Lo que pasó fue más el resultado de lo que me fue pasando a mí.

-Hablando de Showmatch, vos trabajaste con Marcelo Tinelli

-Él tiene una energía única, es muy carismático. Al principio me generaba muchos nervios, pero más que nada por su energía, porque Marcelo es como que maneja todo. Me encanta. ¿Qué te voy a decir?

-Flor, vos comentaste que descubriste tu sexualidad a partir de la tapa de una revista con Araceli González. ¿Te la cruzaste alguna vez? ¿Le dijiste algo?

-No, nunca me la crucé. Igual creo que le diría «Araceli, fuiste vos». Me daría mucha risa decirle, porque fue algo re impactante, me lo re acuerdo. Es muy loco cómo me quedó eso grabado y no me lo pude olvidar con los años. Me acuerdo que me quedé como diez minutos contemplándola y ahí pensé: «Esto es que quiero ser como ella o que me enamora», y dije «no, me gusta».

-¿Estás en pareja? ¿Hay espacio para el amor?

-Siempre hay espacio. No estoy en pareja ahora, pero estoy bien.

-Estás bien acompañada, pero sin rótulos.

-Claro, estoy en cosas, disfrutando de la vida. Igualmente, soy re del amor, pero ahora estoy muy enfocada en el estreno y lo quiero hacer bien.

-Pero si te llega el amor…

-Sí, obvio. Estaría buenísimo. Yo estoy abierta al amor, pero no está sucediendo ahora. Igual estoy tranquila, en plan soltera por ahora.

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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