Entrevista
Trabajo sexual: comercio de placeres no hegemónicos
¿Cuál es la diferencia entre trabajadoras sexuales y futbolistas? ¿es -acaso- algo puramente genital?.
Por Camila Ison
En marzo de 2022 me encontré en un café de Canning, Provincia de Buenos Aires, con Ayelén, a quien conocí por amistades en común, para entrevistarla.
Tiempo atrás, ella empezó a invitar a través de sus redes sociales a que sus seguidores se suscriban a su cuenta de OnlyFans. Sentí curiosidad, en principio, porque era alguien de mi círculo cercano.
En un contexto en el que esta plataforma tomó relevancia, sobre todo, dentro de una generación más resuelta y con menos tabúes, y en un país en el que no existe un consenso sobre los derechos de los trabajadores y trabajadoras sexuales, me pareció significante escucharla.
Ayelén sube una foto luciendo su conjunto strappy o, en español, de arnés. Las cintas no cubren sus pezones, apenas son censurados por la despixelación pensada para que Instagram no dé de baja su publicación. En la descripción, informa: “Videos muy interesantes con esto. Pregunten”, los comentarios pueden resumirse entre una hecatombe de emojis de fuego, “precio”, “quiero”, “K rika k estas mi amorsito” y derivados.

Tiene treinta y un años. Empezó a trabajar vendiendo contenido propio en Only Fans en febrero de 2021, su familia se lo sugirió para mermar el volumen de fotos subidas de tono en su Instagram. Hace tiempo que quiero hablar con ella, no lo sabe, no nos conocemos demasiado, pero la invito un café. Se sienta enfrente mío, no sin quejarse un poco del dolor corporal, porque hace unos días se hizo una liposucción. Hay personas alrededor, pero no se siente incómoda, habla segura, pero sobre todo, tranquila: cuenta sin restricciones la libertad con la que vive su actividad.
– «Cuanto más adentro voy, más entiendo que las chicas necesitan. La mayoría tiene hijos, hijas. Dicen “si se llega a enterar mi ex, me saca a mi hijo”. No tiene nada que ver, es un trabajo. Yo lo cuento, lo vivo con normalidad, mi familia lo sabe, mi pareja lo sabe. A veces mi papá me pregunta, “¿cómo va el trabajo?” y yo -incómoda- le digo que bien, pero no me imagino dándole detalles, “re bien, ayer uno me pidió…” bueno, eso no da- me aclara mientras se ríe. Pero, más allá de eso, lo cuento, porque no hago nada malo. No hacemos nada malo.»
Only Fans es un servicio de suscripción de contenido con sede en Londres, fundado en 2016. Los creadores de contenido pueden obtener ingresos a partir de los usuarios suscritos a su perfil, denominados «fans». Si bien es un servicio que incluye diversidad de contenidos, es popular entre trabajadores y trabajadoras sexuales.
«Yo uso Only Fans y Fans Ly, que tienen algunas condiciones distintas en cuanto al cobro. Por ejemplo, Only te saca un 20%, creo que Fans Ly tiene un porcentaje menor. También uso PornHub, que es distinto porque te pagan por publicidad, es decir, cada vez que alguien entra a tu video se muestra una publicidad, depende de cuántas veces se reproduzca, te pagan. Y mis cuentas las publicito en Telegram, que es una red privada tanto para las que trabajamos como para los clientes, y en Instagram».
En 2019 Frankkaster, streamer y empresario gamer argentino, mencionó en una entrevista que en su mejor etapa de Twitch llegó a ganar entre 200 y 250 dólares por día de publicidad. Tengo la duda atravesada, estoy por hablar, pero Ayelén contesta todo lo que quiero preguntarle antes de que pueda abrir la boca.

«Si te lo tomás en serio, digo, te tomás cinco horas por día, lo hacés en la franja horaria con más movimiento que es generalmente a la noche, te publicitás, etcétera, 500 dólares al mes hacés, que es más que un sueldo promedio. Creo que nos gusta la plata fácil. Bueno, fácil entre comillas, porque tenés que poner el cuerpo.»
Poner el cuerpo, el pudor, el miedo, los ideales, las expectativas, el quédiran una y otra vez, poner eso que muchos llaman dignidad, el estigma, las voces, las miradas, la intimidad, poner el cuerpo y todo lo que viene dentro. No solo no es fácil, es complejísimo. Se lo digo.
«Sí, decir que es fácil es parte del estigma. Un exnovio me decía, “No entiendo, ¿odiás que los hombres te acosen y terminás trabajando de esto?” No es lo mismo, acá lo manejo yo, mi consigna es “si no pagás, no.” Llega el día en que lo incorporás: “soy puta, ¿y qué?”, no es insulto, es mi trabajo, me dedico a esto».
Pienso en cuál será la diferencia, ¿por qué persiste el estigma de la prostitución –no solo en tanto trabajo sexual– sino trabajo corporal?
«Yo trabajaba como prostituta desde mi departamento. Lo que pasó es que, básicamente, que sepan tu dirección es un problema. Generalmente tenés clientes fijos, pero siempre te toca un loquito. Más cuando estás en un “intermedio”, como yo en ese momento. Con esto quiero decir que, si lo hacés en vivo, quiero decir a la prostitución no virtual, lo ideal es tener un cuerpo hegemónico. Como yo no lo tenía, no podía cobrar en dólares, pero tampoco dos pesos. Empecé a hacerlo por mi exnovio, teníamos una relación abierta y era una fantasía de él porque sabía que a mi me gusta la plata, pero realmente me gusta mucho la plata. Me calienta la plata. Durante un tiempo lo dejé porque no me gustó, pero por necesidad volví, y lo terminé de dejar gracias a Only. Hoy en día me ofrecen, pero por cinco mil pesos, la verdad no. Eso lo puedo hacer en tres horas en Only Fans y no salí de mi casa, ¿por qué voy a poner el cuerpo? Sé que por menos de un millón de pesos no lo hago. Quizás, algún día alguien esté dispuesto a pagarlo, quién sabe. Personalmente, desde que mi familia me apoyó, en cierto modo me desestigmaticé. Pero no puedo con la prostitución. Yo sé que no es algo malo, pero está tan arraigado en mi cabeza… La gente no lo suele decir. Only Fans es un tipo de prostitución: virtual, distinta, pero no deja de serlo. Vivirlo online, el no tener el contacto, lo convierte en algo más soft. Así y todo, amigas me han dejado de hablar, me han dicho que incito a la trata. Y no. Yo creo que el hecho de que este tipo de Apps existan, habilita el diálogo, son temas de los que se tiene que hablar» .
Me voy a medias de la entrevista. Escucho a Ayelén pero pienso en que hay una tendencia que se sostiene: la subestimación de los trabajos que no requieren tanto de la intelectualidad como de la corporalidad. ¿Por qué normalizamos que quienes se dedican al modelaje “no hacen nada más que gustar” y no entendemos por qué los jugadores de fútbol ganan tanta plata si solamente “corren detrás de una pelota”, por qué molesta que sus discursos no sean alucinantes cada vez que se acercan a un micrófono? ¿Cuál es la diferencia entre Ayelén y una modelo? ¿Cuál es la diferencia entre trabajadores y trabajadoras sexuales y futbolistas? ¿es -acaso- algo puramente genital? Vuelvo al diálogo:
«La verdad es que hay todo un proceso que no lo hace cualquiera. Incluso, corporalmente hablando. Como te decía, si tenés un cuerpo hegemónico, ganás más. Al final tenés que invertir en vos misma. De chica mi sueño era ser modelo, ahora, de alguna manera, lo soy – dice y sonríe. Lo que tiene de distinto Only Fans a la prostitución es que muchas veces cómo te va “en vivo” depende de tu cuerpo, mientras que “online” depende de cómo te sepas vender. Tenés que aprender de marketing porque es parecido a un call center, tenés que saber enganchar clientes. A veces les pregunto a otras chicas cómo hacen y me dicen, “yo siempre estoy en la cama”. Obviamente es mentira, tenemos preparados hilos de fotos en la cama, y bueno, aunque estemos comprando en el supermercado, estamos en la cama».
Internet hizo y deshizo a ritmo de su evolución. En pocos años la industria de la música se reinventó: ir a Musimundo a escuchar un cd con auriculares para decidir, en el mejor de los casos, si comprarlo o no, parece un recuerdo de antaño. Sin embargo, no fue hace más de 10 años. Internet transformó el turismo, transformó la forma de movernos, la forma de interactuar, ¿cómo no iba a transformar la industria del sexo?
Cada día perseguimos maneras de satisfacer nuestro deseo, pero la búsqueda del placer es infinita. Ayelén detalla acerca de OnlyFans:
«En la plataforma hay muchas argentinas, muchas mujeres latinoamericanas. La mayoría son chicas jóvenes, ellas tienen la ventaja de haber crecido con la tecnología, saben sacarse fotos. Yo le tengo que pagar a un fotógrafo porque la foto de calidad suma y yo no tengo idea. También hay mucha gente grande, mujeres que podrían ser mi abuela, hay embarazadas, hay de todo. La fantasía de los hombres y las mujeres es enorme. Te piden cada cosa… Bueno, una cosa que me ofrecieron es una relación por plata. Yo dije que me encanta la plata, pero mi corazón es uno de mis límites, fingir que quiero a alguien me parece un montón».
¿Y el otro?
«La diferencia de edad. No sé si “límite” o trauma. Me violaron cuando tenía siete años y en la adolescencia de nuevo. La primera vez fue una violación intrafamiliar. En la adolescencia fue un hombre que decía que era manager de modelos. No se lo conté antes a mi familia por miedo, miedo a que mis papás vayan presos por ir a matar al tipo. También sufrí acoso laboral por parte de mis compañeros y mi jefe. Cuando los denuncié, me echaron a mí. Pero los abusos no afectaron mi vida sexual. Obviamente, hago terapia hace años y sí me afectó en otras cuestiones que considero aún más privadas. Claro que deja marcas, pero se me hace fácil fingir. Quizás por eso soy buena haciendo esto, ¿no?«.
No lo sé. En esta última hora puedo asegurar que es buena hablando, que es simpática, que es inteligente y auténtica. Pero no sé si es buena fingiendo, ¿cómo puedo saberlo?
Le pregunto qué espera del futuro.
«No creo ni espero que sea mi trabajo para toda la vida. Ya estoy un poco cansada, pero actualmente es un medio para hacer algo que me gusta más, y en lo cual nunca nadie más me va a tener que ver desnuda. A mí me gustaría tener una cafetería con una biblioteca, una vez vi una así en el Calafate y me enamoré. Bueno, actualmente estoy empezando mi negocio de gastronomía. Es muy difícil conseguir plata en un país tercermundista. De hecho, me faltan cuatro materias para recibirme en Ciencias de la Comunicación y nunca conseguí un trabajo afín. Siempre tuve trabajos en los que me pagaban dos mangos. Particularmente, creo que si el sistema no funciona bien, vas a seguir dándote latigazos para conseguir un poco más de plata como sea. Yo hoy lo hago a través de esta nueva forma de prostitución. Es absurdo que se condene, porque es muy fácil: si no hubiese clientes, no existiría la prostitución. Y siempre hay clientes. El sexo está a la venta: su comercialización existió, existe y seguirá existiendo, pese a quien le pese«.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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