Entrevista
Palestina, pensando fuera de la caja
Entrevista a Rafael Araya Masry.
Por Eugenia Rossi Gallo
Las imágenes que llegan desde Palestina son desoladoras y el abordaje mediático es absolutamente sesgado, pareciera que no se puede profundizar en el tema, que no se pueden hacer ciertas preguntas, ni mostrar solidaridad y empatía sin ser tildado de antisemita o de sionista, según la posición que se tome.
Es una época sin matices, donde se cae habitualmente en reduccionismos oclusivos, que lejos de ampliar el pensamiento, lo reducen a la superficialidad de tik tok. Por fuera de la lógica binaria, de la premura de las redes y de los algoritmos, hay una complejidad con varias aristas a desentramar.
Rafael es chileno, de origen palestino y argentino por adopción, ya que vive en nuestro país hace varias décadas. Es el presidente de la COPLAC (Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe), miembro del Consejo Central de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), miembro del Consejo Nacional Palestino y corresponsal de Radio U de Chile.
– En Chile hay una importante comunidad de descendientes de palestinos, ¿es así?
– Sí, así es, la comunidad palestina de Chile está compuesta por 400.000 personas entre palestinos y descendientes, y constituye la comunidad palestina más grande del mundo fuera de Oriente Medio.
– Vos sabés que lo más conocido es el ClubDeportivo Palestino de Chile, no?
– ¡Claro! Club del cual soy hincha y a quien he ido a ver cada vez que ha tocado jugar la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana.
– ¿Cuántos años hace que vivís en Argentina?
– Hace 41 años, vine en 1983, en plena dictadura de Chile y en la restauración de la democracia en Argentina.
– ¿Sos nieto de palestinos?
– Soy nieto de palestinos, también soy chileno porque nací en Chile, me eduqué, me formé, crecí en Chile, pero en Argentina quiero ser el mejor argentino y si viviera en Perú querría ser el mejor de los peruanos.
– Es un buen punto. Ahora, hablando de la diáspora de palestinos, ¿cuál es el rol de la Coplac?
– La Coplac es una organización que depende de la Organización para la Liberación de Palestina, que es el único y legítimo representante del pueblo palestino y que está conformada por 16 países de América Latina y el Caribe, es decir, agrupa a las comunidades palestinas en el continente. En Latinoamérica y en el Caribe hay alrededor de 1.500.000 palestinos. Dentro de la estructura de la OLP, tenemos determinados cupos en el Consejo Nacional Palestino, que es el órgano legislativo y canalizamos a través de esta integración nuestras propuestas a la Autoridad Nacional Palestina, que es el Gobierno legítimo palestino.
– ¿Qué acciones están llevando a cabo desde la última escalada del conflicto bélico?
– Yo creo que hay una constante en la meta final de toda acción solidaria con Palestina y es la concreción máxima de todo pueblo, tener un Estado propio, independiente y soberano, en este caso construido sobre la frontera que existía al 4 de junio de 1967, con Jerusalén Oriental como su capital. Es decir, defender en este minuto la tesis de los dos Estados, que puedan convivir, que puedan vivir en paz, y respetando los derechos nacionales de cada pueblo. Aunque si hablamos de ideal, para mí la idea de los dos Estados no es la ideal.
– ¿Cuál sería ese ideal?
– Yo, Rafael Araya Márquez, para mí la idea óptima sería la creación de un solo Estado, un Estado binacional. Binacional, multicultural, laico, por sobre todas las cosas, y donde cada persona represente un voto, un Estado democrático, pluralista. Creo en esa posibilidad, es un territorio tan pequeño además…el territorio palestino ocupado por Israel, representa cinco mil y algo de kilómetros cuadrados. Entonces hacer una federación o hacer dos Estados y esto lo decía claramente el presidente Arafat en su momento, ninguno de ellos va a ser capaz, en un Estado de pacificación total, de sobrevivir por sí solo en tanto la realidad económica de los pueblos. Yo te hablo de mis términos ideales y eso no tiene nada que ver por ahí tampoco con la realidad, porque lo que defiende hoy la propia comunidad internacional, en el marco del Cuarteto de Madrid, en el marco de la Organización de Naciones Unidas, es la defensa de los dos Estados construidos sobre la base de la frontera de 1967, es decir, el día antes que comenzara la llamada Guerra de los Seis Días, con Jerusalén Oriental como capital. Es decir, la división de Jerusalén para israelíes y para palestinos.
– Para la ONU no pareciera ser un tema de agenda el conflicto palestino- israelí…
– Es que la ONU fue creada para preservar la paz, para que no se volviera a repetir la tragedia de lo que significó la Segunda Guerra Mundial a nivel global. Y la ONU sigue siendo, con toda su incapacidad para implantar sus decisiones, democráticamente votadas en el seno de la Asamblea General o del Consejo de Seguridad, no tiene la capacidad de ejercer medidas coercitivas contra aquellos estados que violan la Carta de la ONU o que violan la ley internacional. Hay cinco países que tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad. Y de todas las resoluciones que sancionan al Estado de Israel, en los últimos tiempos han pasado dos.
La penúltima fue en el 2016, donde Estados Unidos se abstuvo. Esto aconteció 10 días antes de que el presidente Barack Obama se fuera de la Casa Blanca para entregarle el poder a Donald Trump. Fue una resolución aprobada por unanimidad, salvo por la abstención de Estados Unidos y que reitera el carácter ilegal de todas las colonias israelíes en la ribera occidental, en Cisjordania y en Jerusalén Oriental. Esta resolución llama a los estados a desconocer cualquier cambio geográfico o demográfico en el territorio palestino. Y la otra fue un llamado a fortalecer la cuestión humanitaria en la franja de Gaza, a raíz de los ataques israelíes contra la población civil en Gaza.
– ¿Hay alguna diferencia en lo que respecta a la política internacional entre republicanos y demócratas?
– Cuando te das cuenta que quien gobierna los Estados Unidos de Norteamérica no es el presidente electo, sino son las grandes corporaciones, el complejo militar-industrial, las grandes industrias de armamento, entonces uno tiene que preguntarse realmente cuál es el rol político de un presidente en los Estados Unidos. El poder del lobby en ese país es el que determina las leyes, sea referido a los laboratorios, a la exportación de armas, a las jubilaciones o al sistema de salud. Tuvo que transar mucho Obama para que su programa de salud universal fuera aceptado. Con respecto al plano internacional, cuando recién asumió Obama, habló a partir del sufrimiento, del dolor que significa para el pueblo palestino estar viviendo tantos años de opresión. En aquel momento manifestó su voluntad de incidir en un proceso de pacificación y de negociación para la creación de un Estado palestino independiente y soberano. Algo cambió en el camino. En su última declaración, antes de dejar el gobierno el presidente Obama, dijo sobre Palestina e Israel, que era un problema de ellos, que tenían que resolverlo entre ellos. Se desentendió absolutamente de todo aquello que había pregonado. Lo mismo da quien gobierna Estados Unidos, en cuanto a estos temas de política internacional y en cuanto a la guerra.
– Un famosísimo empresario de medios argentino diría, “presidente puesto menor”.
– Sí. Eso funciona lamentablemente así.
– ¿Cuál es el grado de apoyo, hacia adentro de Israel, que tiene la guerra?
– Mira, no es un gran apoyo, aunque lamentablemente tienes un 79% de la población israelí según una encuesta, que está de acuerdo con el ataque a la Franja de Gaza. Eso tiene que ver con un modelo de educación, con la relevancia que tiene para la sociedad israelí su fuerza armada. Los niños salen del colegio y se van a hacer el servicio militar y después quedan incorporados a la reserva. No obstante, por primera vez hace dos meses, en Tel Aviv desfilaron manifestantes pidiendo por la paz, pidiendo el fin del genocidio en Gaza. Hay una gran autora israelí, judía israelí, que es la doctora Nurit Pelet, doctora en educación, que perdió a su hija en un atentado en la ciudad de Tel Aviv, una hija de 13 años. Lo admirable de Nurit es que ella pudo ir más allá del dolor infinito que le generó la pérdida de su hija, para intentar entender las razones de aquel chico que se inmoló en un bar, para comprender qué lo llevó a eso. Ella hizo un estudio profundo del modelo educativo israelí desde el Jardín de Infantes, donde constata que está hecho para menospreciar al palestino. Lo hemos visto en infinidad de ocasiones, cuando hacen la famosa marcha de Jerusalén, “muerte a los árabes”, viene la segunda ANAGMA, está en YouTube, no son inventos. Yo creo que la sociedad israelí tiene la responsabilidad de hacer carne ese deseo de paz, ese deseo de instaurar el principio de la otredad, que el otro es un igual.
– Para esto que vos decís, Rafa, debería haber un cambio de paradigma cultural, que no va a suceder mientras gobierne Netanyahu.
– Hoy es más la población palestina que está de acuerdo con la solución de dos estados que la sociedad israelí. Eso marca inevitablemente, un sesgo en el pensamiento y en la ideología básicamente sionista del Estado de Israel.
Afortunadamente tenemos también otras voces judías. Por ejemplo, el sitio de B’Tselem, que es una de las más grandes e importantes organizaciones de derechos humanos en Israel o Breaking the Silence, rompiendo el silencio, que son los exsoldados que les tocó servir en los territorios palestinos ocupados de la ribera occidental, Jordania o Jerusalén oriental. Existen otros contenidos dentro del propio Estado de Israel. No en vano, el gobierno de Netanyahu prohibió para estas organizaciones, incluso para rabinos por los derechos humanos, un movimiento rabínico en Israel que lucha por la solución de los dos estados y por pacificar las cosas con Palestina y reconoce los derechos del pueblo palestino, les ha prohibido recibir donaciones desde el exterior para poder financiar sus actividades.
Si te remites a los días previos al 7 de octubre del 2023, todos los fines de semana había 100, 150, 200 mil personas manifestando frente a la casa de Netanyahu exigiéndole la renuncia. Netanyahu quería modificar el régimen judicial israelí permitiendo que el gobierno interfiriera en la designación de jueces y fiscales. Por otro lado se habían reabierto las tres causas por las que está siendo acusado Benjamín Netanyahu, que son causas de corrupción y todos los medios israelíes decían que esas causas lo llevarían a la cárcel. Entonces, cuando el jefe de la inteligencia egipcia, diez días antes de la incursión militar de Hamás en el territorio israelí, le avisa a Netanyahu que han visto mucho movimiento de fuerzas de Hamás, dijo “quédese tranquilo que tenemos todo bajo control, incluso tenemos en vista la perspectiva de que pudieran intentar invadirnos”. Lo mismo le dijo el jefe de la CIA cuatro días antes.
– Y casualmente todo el sistema de seguridad falló.
– No solo eso, la más grande de las unidades militares encargadas de la custodia de la franja de Gaza, dado que se festejaba la fiesta de Sukkot, la envían a unidades militares en Cisjordania. Es decir, vacían de la principal fuerza destinada a frenar cualquier tipo de ataque por parte de Hamás. Entonces, yo no quiero pensar mal, pero esto Netanyahu lo deja venir. Esa es mi idea personal y mi evaluación. ¿Quién va a cambiar un primer ministro en medio de un conflicto?
– Necesitaba la arremetida bélica para ganar popularidad y para unir al pueblo en post de eso.
– Claro, pero además para distraer la atención de la sociedad israelí, distraerla de los casos de corrupción… Y de cualquier posible crítica a su persona y su gestión.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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