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Movimientos Sociales

El PTS propone paro nacional y seis horas diarias laborales con cinco días de trabajo

El encuentro, del que participaron más de 300 delegados y delegadas de 20 provincias, analizaron los principales desafíos que tiene la izquierda, estuvo presidido por el obrero ceramista Raúl Godoy, trabajadores y trabajadoras y dirigentes estudiantiles e intelectuales de todo el país, se informó en un comunicado.

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El Partido de Trabajadores Socialistas (PTS), integrante del Frente de Izquierda Unidad (FITU), desarrolló este fin de semana en esta capital su XIX Congreso en el que aprobó un Manifiesto Programático que propone un paro nacional como inicio de un plan de lucha generalizado y un anteproyecto de ley de una jornada laboral de seis horas laborales diarias y cinco días de trabajo semanales sin rebaja salarial.

El encuentro, del que participaron más de 300 delegados y delegadas de 20 provincias, analizaron los principales desafíos que tiene la izquierda, estuvo presidido por el obrero ceramista Raúl Godoy, trabajadores y trabajadoras y dirigentes estudiantiles e intelectuales de todo el país, se informó en un comunicado.

«El Congreso desarrolló una intensa deliberación sobre la situación internacional signada por la invasión rusa a Ucrania y sus implicancias sobre la economía nacional y resolvió iniciar una gran campaña por la ruptura del pacto con el FMI que rubricó el gobierno con el apoyo de la derecha de Juntos por el Cambio, el desconocimiento soberano de la deuda externa y el enfrentamiento al programa desplegado por las grandes patronales del país para intensificar el ajuste contra el pueblo trabajador con más tarifazos, precarización y la flexibilización laboral», se indicó.

También votó un «Manifiesto Programático» destinado a «intervenir en la crisis nacional, apoyando las duras peleas en curso como la del sindicato del neumático, Bagley Córdoba y las de la Unidad Piquetera, unir a la clase trabajadora ocupada y desocupada para luchar por derrotar el ajuste del FMI, el Gobierno, la oposición derechista y los empresarios, en el camino de batallar por una salida socialista a la crisis y la decadencia a la que han llevado al país».

Así, se dispuso «exigir un paro nacional que sea el inicio de un plan de lucha en la perspectiva de la huelga general».

Y se definió «poner a disposición del resto de los partidos del Frente de Izquierda Unidad (FITU) y a las organizaciones obreras y de desocupados combativas el anteproyecto de ley de una jornada laboral de 6 horas y 5 días de trabajo, con reparto de las horas de trabajo y sin rebaja salarial, como una bandera de lucha para todo el movimiento obrero».

«En esta perspectiva resulta fundamental seguir organizado activamente a parte de los miles y miles de simpatizantes que hoy tiene el PTS y el Frente de Izquierda Unidad y seguir desarrollando cientos de asambleas abiertas», añadió.

El diputado nacional Nicolás del Caño, quien fue candidato presidencial del FITU en las dos últimas elecciones, propuso que el Congreso del PTS pusiera a consideración del resto de los partidos del FITU las precandidaturas presidenciales de Myriam Bregman y Alejandro Vilca para 2023.

Se explicó que «Nicolás del Caño, junto con Christian Castillo se concentrarán en la Provincia de Buenos Aires, donde el PTS resolvió profundizar el trabajo del partido, abriendo decenas de casas culturales socialistas en distintas localidades del gran Buenos Aires, donde se desarrollen las asambleas abiertas del PTS y sean centros de organización social, cultural, sindical y política».

DDHH

Cómo sigue la crisis de vivienda que sacude a España tras la muerte de Maricarmen

Un día después de la muerte de la jubilada de 87 años desalojada en Madrid, unas 20.000 personas marcharon desde la Puerta del Sol hasta su casa. La protesta se replicó en otras ciudades mientras el Gobierno de Pedro Sánchez enfrenta elecciones anticipadas y una huelga general por la vivienda.

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Con velas en la mano y en un silencio que solo se quebró al llegar a la puerta del edificio, unas 20.000 personas caminaron este jueves desde la Puerta del Sol hasta la casa de la que Maricarmen Abascal fue expulsada en camilla.

La cifra la dio la propia Delegación del Gobierno en Madrid. Al llegar a la calle del barrio de Retiro donde la mujer vivió 71 años, la columna rompió su mutismo con un grito dirigido a la empresa propietaria del inmueble: «¡Urbagestión, asesinos!». La muerte de una jubilada de 87 años se convirtió en el detonante de la mayor rebelión por la vivienda que vive España en más de una década.

Maricarmen Abascal murió el miércoles 7 de octubre en el Hospital Gregorio Marañón, donde permanecía internada desde el 23 de septiembre, día en que una comisión judicial ejecutó su desalojo en el cuarto intento, pese a los cientos de vecinos y activistas que intentaron impedirlo. Vivía en ese departamento desde 1956, bajo un contrato de renta antigua firmado por su padre. La marcha del jueves, convocada bajo la consigna «Hasta siempre, Maricarmen», se repitió con distintas dimensiones en Toledo, Cáceres, Barcelona, Valencia y Sevilla.

«Si ella no pudo, iremos nosotros»

La frase se repitió en los carteles que encabezaron la columna madrileña y resume el clima de las últimas horas. En Toledo, los manifestantes fueron todavía más lejos: «No es una muerte, es un asesinato». Lo que empezó como la defensa de una vecina se transformó en una impugnación directa a un modelo que convirtió la vivienda en mercancía.

La acampada de la Puerta del Sol, que este jueves sumó su decimotercera jornada, amaneció el miércoles convertida en un velatorio colectivo. Los manifestantes levantaron altares improvisados frente a la Real Casa de Correos, sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, y al pie de la estatua del Oso y el Madroño. «Yo creo que esa mujer ha muerto porque con 87 años le han trastocado su estabilidad y su tranquilidad y de alguna forma no ha podido más», dijo Igor, uno de los acampantes, en diálogo con la prensa.

Otra manifestante, Aska, apuntó contra las respuestas oficiales: «Maricarmen fue la chispa o la gota que colmó el vaso, pero esto va más allá, se necesitan soluciones reales». Las medidas impulsadas por el Ejecutivo, agregó, «son parches». Rubén, otro de los presentes, reclamó que «los partidos políticos deben venir a esta acampada y escuchar realmente lo que quiere la gente». Músicos como Rozalén, El Chojin y Marwan se acercaron al campamento, donde coincidieron en que «Maricarmen ha sido el detonante».

Un acuerdo que llegó tarde y un Gobierno contra las cuerdas

La presión social había logrado lo que los tribunales negaron. El 28 de septiembre, con mediación del Ayuntamiento de Madrid, la empresa Urbagestión Desarrollo e Inversión SL aceptó que la mujer regresara a su vivienda, y el 2 de octubre firmó el contrato y entregó las llaves. Maricarmen nunca recibió el alta. «Si bien se consiguió un acuerdo histórico que le habría permitido volver a su vivienda, esta solución ha llegado demasiado tarde», denunció el Sindicato de Inquilinas, que calificó su muerte de «absolutamente evitable» y el proceso que atravesó de «torturante».

El terremoto político fue inmediato. El Gobierno de Pedro Sánchez aprobó dos reales decretos de emergencia habitacional, bautizados como los «Decretos Maricarmen«, que fueron rechazados por el Congreso de los Diputados.

Sin respaldo parlamentario, Sánchez adelantó las elecciones generales al 29 de noviembre. Las centrales sindicales CCOO y UGT anunciaron, además, una huelga general de 24 horas por la crisis de la vivienda. Una mujer desalojada terminó volteando la agenda política de todo un país.

Tras conocerse la muerte, Sánchez escribió en su cuenta de X: «Todo mi cariño a la familia y a los seres queridos de Maricarmen. Un abrazo también a todos los que hoy sentimos esta pérdida como propia. Descanse en paz».

Una crisis que viene de lejos

El estallido no surgió de la nada. El 5 de abril de 2025, decenas de miles de personas marcharon en más de 40 ciudades españolas bajo el lema «Se acabó el negocio de la vivienda», en la primera movilización simultánea a escala nacional desde la ola contra los desahucios de la década anterior. Los organizadores, una red de sindicatos de inquilinos y asociaciones vecinales, acusaron entonces al Estado de haber convertido la vivienda en un modelo de negocio, pese a que el artículo 47 de la Constitución española garantiza el derecho a una vivienda digna y adecuada. En enero de 2026, el Gobierno anunció incentivos fiscales para los propietarios que congelaran los alquileres y límites a los contratos de temporada, medidas que las organizaciones consideraron insuficientes.

El caso Maricarmen expone, con crudeza, qué pasa cuando el derecho a la vivienda queda subordinado a la rentabilidad de los fondos inmobiliarios. Una lección que también resuena en la Argentina, donde el DNU 70/2023 de Javier Milei derogó la Ley de Alquileres y dejó a millones de inquilinos librados a las reglas del mercado.

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