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Trabajo

El Estado en retirada: más de 60 mil despidos y un vaciamiento sin precedentes

El ajuste laboral del Gobierno Milei dejó un tendal: 17,7% menos de trabajadores en el Sector Público Nacional.

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Desde que Javier Milei asumió la presidencia, el Estado nacional perdió 60.784 puestos de trabajo. No es una metáfora ni un cálculo exagerado: son personas con nombre, familia e historia que quedaron afuera de su laburo en apenas dos años.

El recorte equivale a una caída del 17,7% de toda la dotación estatal, o dicho de manera más cruda: 83 trabajadoras y trabajadores expulsados por día.

El informe “La dotación de personal del Sector Público Nacional”, del CEPA, actualizado a octubre de 2025, muestra con precisión quirúrgica el carácter regresivo, antisocial y profundamente ideológico del ajuste. No se trata de “efficiencia”, como repite el Gobierno: es un vaciamiento deliberado de funciones esenciales del Poder Ejecutivo, acompañado de una ofensiva privatizadora y desindustrializadora.

Empresas del Estado: el primer frente del recorte

Las empresas y sociedades del Estado concentraron la mayor cantidad de despidos en términos absolutos. El mapa del achique muestra casos emblemáticos:

Correo Argentino encabeza el ranking con 5.155 despidos.

Operadora Ferroviaria S.E. acumula 3.375 cesantías, afectando servicios ya golpeados por la falta de inversión.

Banco Nación perdió 2.069 trabajadores, un dato que anticipa el avance privatizador sobre la banca pública.

Aerolíneas Argentinas registra 1.887 desvinculaciones, mientras el Gobierno insiste en entregar rutas y desmantelar estructuras estratégicas.

En términos relativos, el golpe más brutal se dio en la ex Télam, donde se despidió casi el 80% del personal, una decisión que apunta a la eliminación de la comunicación pública y al silenciamiento de voces críticas. La acompañan ENARSA Patagonia, Educar S.A. y Contenidos Públicos S.E., todas áreas clave para la soberanía energética, digital y cultural.

Administración Pública Nacional: un vaciamiento funcional

El ajuste también arrasó con organismos descentralizados y desconcentrados. En números absolutos, los casos más graves son:

ARCA: 3.220 puestos de trabajo menos.

CONICET: 1.964 científicos, técnicos y administrativos despedidos, un golpe directo al sistema científico nacional.

ANSES: 1.584 trabajadores menos, en un contexto donde la demanda social crece y las jubilaciones pierden poder adquisitivo.

En términos proporcionales, los recortes revelan un desmantelamiento estatal:

Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales: perdió el 64% de su planta.

Junta de Seguridad en el Transporte (JST): reducción del 46,6%.

INAES: recorte del 43,5%, afectando al entramado cooperativo y de la economía social, uno de los sectores más dinámicos del país.

El caso del INAES, justamente, sintetiza la contradicción del discurso oficial: mientras el Gobierno habla de “libertad” y emprendedurismo, destruye el organismo que regula y promueve las cooperativas, uno de los motores reales del desarrollo productivo popular.

Un modelo de país que expulsa

El patrón es claro: menos Estado, más mercado; menos derechos, más precariedad. La reducción generalizada de personal no responde a un análisis técnico ni a un plan de modernización, sino a una estrategia política que busca:desfinanciar empresas públicas para justificar futuras privatizaciones, debilitar áreas estratégicas como ciencia, energía, comunicación, transporte y políticas sociales, quebrar la capacidad operativa del propio Estado, y desplazar el costo del ajuste hacia los trabajadores.

En este contexto, la pérdida de 60 mil empleos no es solo un dato estadístico: es la expresión concreta de un proyecto que prioriza la especulación financiera y la dependencia externa por encima del desarrollo nacional.

A un año del experimento libertario, la pregunta ya no es cuánto más puede ajustarse, sino qué queda en pie. La caída del 17,7% en la dotación pública confirma un dato inapelable: el Estado argentino atraviesa el mayor proceso de achicamiento desde la década del 90, sin plan productivo, sin horizonte social y sin una estrategia para sostener funciones esenciales.

Entre despidos masivos, recortes presupuestarios y vaciamiento institucional, se perfila un país más chico, más desigual y con menos capacidad de garantizar derechos. Un Estado que retrocede para dejar avanzar negocios privados, muchos de ellos ligados a los mismos grupos económicos que hoy celebran el ajuste.

Industria

Coca-Cola cerró su histórica planta de Ventura tras 114 años y reubicará a 78 de sus 85 trabajadores

La distribuidora Reyes Coca-Cola Bottling puso fin a 114 años de operaciones en Ventura y consolidará su logística en otras sedes del sur del estado. Setenta y ocho de los 85 empleados afectados serán trasladados a plantas activas; los siete restantes deberán buscar vacantes dentro de la propia compañía.

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114 años de historia en una planta que Coca-Cola liquidó de un plumazo para optimizar su balance.

El 10 de julio de 2026, la histórica planta de distribución de Reyes Coca-Cola Bottling en la ciudad de Ventura, California, cerró sus puertas de manera definitiva. La instalación había comenzado a funcionar en 1912 y se mantuvo activa de forma ininterrumpida durante más de once décadas, convirtiéndose en una de las relaciones comerciales de mayor continuidad en la región.

La decisión no implica que la multinacional abandone el mercado local. Los comercios, restaurantes y supermercados de Ventura y sus alrededores continuarán recibiendo el suministro de bebidas con normalidad, ya que la distribución regional será absorbida por otros centros activos de la firma en el sur de California.

Consolidación logística como argumento central

Reyes Coca-Cola Bottling justificó el cierre como parte de una estrategia de consolidación y optimización de su infraestructura logística. La compañía argumentó que concentrar las operaciones de distribución, ventas y mantenimiento en instalaciones más modernas y de mayor escala permite reducir costos fijos y simplificar rutas, sin resignar cobertura territorial. La sede de Ventura, con su arquitectura centenaria y sus limitaciones operativas, no encajaba en ese esquema de eficiencia que la empresa buscó imponer en toda su red del sur del estado.

La empresa opera decenas de plantas integradas de producción y logística en diez estados del país, lo que le otorga un margen de maniobra considerable para absorber el volumen que hasta ahora procesaba Ventura sin necesidad de construir nuevas instalaciones.

El destino de los 85 trabajadores

El cierre afectó directamente a 85 empleados que se desempeñaban en distintas áreas operativas del establecimiento. Según confirmó la propia compañía, 78 de esos trabajadores serán reubicados en otras sedes activas de Reyes Coca-Cola Bottling dentro del estado de California, preservando sus puestos en el marco de la reestructuración. Los siete restantes, aquellos que no califiquen para los traslados disponibles, deberán explorar vacantes en otras plantas de la firma distribuidas en el resto del país.

La transición ordenada para la mayoría del personal matiza el impacto inmediato en el mercado laboral de Ventura, aunque no elimina la incertidumbre para quienes dependen de que existan vacantes compatibles en otras geografías y estén en condiciones de relocalizarse.

114 años de historia y un vacío simbólico

Más allá de los números, el cierre deja una marca difícil de cuantificar en la identidad de Ventura. La planta abrió sus puertas en 1912, cuando la ciudad todavía cargaba con la impronta de su fundación misional, y sobrevivió a la Gran Depresión, a las guerras mundiales y a las sucesivas transformaciones del sector de consumo masivo. Durante más de un siglo fue una presencia constante en el tejido productivo local, parte del paisaje cotidiano de generaciones de trabajadores y vecinos.

Su desaparición física no es solo un dato contable en un balance corporativo; es la liquidación de un vínculo territorial que las lógicas de eficiencia y consolidación trataron como un activo prescindible. El argumento empresarial es impecable desde la perspectiva de la rentabilidad; lo que se pierde no aparece en ningún estado de resultados.

Puntos clave

  • La planta de Ventura operó de manera ininterrumpida desde 1912 hasta el 10 de julio de 2026, acumulando 114 años de actividad.
  • El cierre responde a una estrategia de consolidación logística de Reyes Coca-Cola Bottling en el sur de California.
  • 78 de los 85 empleados afectados serán reubicados en otras sedes activas de la empresa dentro del estado.
  • Los 7 trabajadores restantes deberán buscar vacantes en plantas de la firma en otros estados del país.
  • El suministro de bebidas a comercios y establecimientos de Ventura continuará sin interrupciones.
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