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Restablecieron la luz en las inmediaciones del incendio de Villa Devoto

Edesur restableció el suministro eléctrico a siete cuadras de la zona donde se ubica la vivienda que se incendió el sábado pasado, en la localidad de Villa Devoto.

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La empresa de distribución de energía Edesur restableció el suministro eléctrico a siete cuadras de la zona donde se ubica la vivienda que se incendió el sábado pasado, en la localidad de Villa Devoto, en la que falleció una persona, informó el Ministerio Público Fiscal porteño.

Según lo informado por Edesur, y a partir de la autorización de la Fiscalía PCyF 19, ya se procedió a normalizar y restablecer el suministro eléctrico en las siguientes cuadras: Bermúdez 3500 impar, Pedro Morán 5000 par, Cervantes 3400 impar, Bermúdez 3400 par, Bermúdez 3300 par, José Luis Cantilo 5000 par e Impar y la zona de José Luis Cantilo 4900 Impar.

Asimismo, desde el Ministerio informaron que una vez finalizada hoy la inspección en la que participan personal de Bomberos de la Ciudad, del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (Enre) y del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), Edesur continuará con los trabajos de reparación y normalización del suministro de luz del resto de las viviendas afectadas, que reciben la electricidad de líneas que pasan por la vereda -buzón- del domicilio donde se produjo el siniestro.

La empresa notificó que, dada la magnitud del incendio, se estima que los trabajos llevan entre uno o dos días a partir de hoy.

El incendio en el barrio Villa Devoto ocurrió el sábado pasadas las 12, en una casa ubicada en Pedro Morán y Quevedo, donde un operario de Metrogas trabajaba por una fuga de gas.

Por causas que se desconocen, se produjo una fuerte explosión que provocó el derrumbe de la vivienda ubicada en ese lugar y el incendio de una camioneta de Metrogas, junto a otros dos vehículos estacionados en la zona.

Dentro del inmueble, además, los bomberos hallaron un cuerpo sin vida entre los escombros con signos de quemaduras, en la zona del living, mientras que un operario de la empresa resultó lesionado y quedó internado, fuera de peligro, en el hospital Zubizarreta.

En el marco de la investigación, la fiscalía ordenó la autopsia de la persona fallecida tras el incendio.

Asimismo, se pidió el secuestro de la camioneta de dicha empresa y de otros cuatro autos afectados, para realizar pericias, las cámaras de la zona y el secuestro de la ropa del operario de Metrogas herido.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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