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Tras el papelón histórico, Boca busca DT de jerarquía: Lorenzo y Mohamed apuntan al banco xeneize

La derrota por 1-0 ante Universidad Católica en La Bombonera consumó la eliminación histórica del Xeneize de la Copa Libertadores por primera vez en 32 años y selló el fin del ciclo de Claudio Úbeda. El Consejo de Fútbol de Juan Román Riquelme evalúa dos perfiles de fuerte liderazgo internacional para afrontar el repechaje de la Copa Sudamericana.

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Boca afuera de la Libertadores y sin DT con el repechaje ya en el horizonte

★ La noche del miércoles dejó en La Bombonera una cicatriz institucional difícil de borrar. Boca Juniors cayó 1-0 ante Universidad Católica de Chile y quedó eliminado de la Copa Libertadores en la fase de grupos, algo que no ocurría en el club desde 1994, cuando el equipo dirigido por César Luis Menotti sufrió el mismo destino. El único gol del encuentro lo anotó el mediocampista chileno Clemente Montes a los 33 minutos, tras un contragolpe surgido de un error defensivo que condensó todas las fragilidades del equipo conducido por Claudio Úbeda.

El técnico se retiró del estadio entre silbidos. El veredicto de la hinchada fue tan inapelable como el resultado. La conducción del club, encabezada por el presidente Juan Román Riquelme, tomó una resolución inmediata: el vínculo de Úbeda, que vence formalmente el 30 de junio próximo, no será renovado, y ya se activó la búsqueda de un reemplazante de jerarquía internacional.

Un fracaso con marca histórica

El dato estadístico golpea con fuerza particular en la identidad institucional del club: es la primera vez en 32 años que Boca cae eliminado en la fase de grupos de la Copa Libertadores. El Xeneize terminó tercero en el Grupo D de la competencia, posición que lo condena al playoff de repechaje de la Copa Sudamericana, un torneo de segundo orden continental para una institución que se enorgullece de sus seis títulos de Libertadores.

La actuación mostrada a lo largo del grupo reflejó un equipo con marcadas deficiencias en el retroceso y escasa contundencia ofensiva. El gol de Montes fue producto de un tiro libre mal defendido y un contragolpe que el equipo local no supo frenar: síntesis perfecta de los problemas que el ciclo de Úbeda no logró resolver.

Cabe precisar que en 2025 Boca había sufrido otra eliminación temprana, también ante un rival de la región: cayó ante Alianza Lima en la instancia de Repechaje, previa a la fase de grupos. La de este miércoles, sin embargo, reviste mayor gravedad deportiva e institucional por producirse dentro de la competición principal.

Los dos candidatos del Consejo de Fútbol

Ante la urgencia del calendario, en la carpeta del Consejo de Fútbol de Boca sobresalen dos nombres: Néstor Lorenzo, actual director técnico de la Selección de Colombia, y Antonio «El Turco» Mohamed, actualmente al frente de los Pumas de la UNAM de México.

Ninguno de los dos es un nombre de emergencia. Ambos perfiles responden a una búsqueda deliberada de liderazgo, experiencia internacional y autoridad táctica, cualidades que la conducción xeneize considera indispensables para encarar un repechaje a todo o nada y, eventualmente, reconstruir un proyecto deportivo que acumula más tropiezos que certezas desde hace más de dos años.

Lorenzo encarnaría la opción más ambiciosa. Su trabajo al frente de Colombia consolidó equipos defensivamente sólidos, pragmáticos en el resultado y capaces de rendir bajo presión. Sin embargo, la viabilidad operativa es compleja: desvincularlo de la Federación Colombiana de Fútbol exigiría una negociación de alta dificultad, especialmente en el período inmediatamente posterior al Mundial 2026, cuando su cotización y sus compromisos institucionales se encuentran en el punto más alto.

Mohamed ofrece un perfil diferente y una resolución más directa. El «Turco» tiene antecedentes probados en torneos de eliminación directa, tanto en el fútbol argentino como en la Liga MX de México, y la naturaleza de su vínculo con los Pumas de la UNAM haría posible una negociación entre clubes en plazos más acotados. Su conocimiento del medio local y su capacidad para recomponer anímicamente planteles afectados representan virtudes específicas para el momento que atraviesa el club.

El repechaje como primera gran prueba

Quien asuma la conducción tendrá poco tiempo para adaptar el equipo. Las fechas del playoff ante O’Higgins de Chile ya están confirmadas: el partido de ida se disputará en La Bombonera el miércoles 22 de julio, con el Xeneize como local, y la revancha tendrá lugar en el Estadio Codelco El Teniente de Rancagua el miércoles 29 de julio.

Para Boca, esas fechas no admiten transiciones lentas. El fracaso en la Libertadores no es solo una herida deportiva: implica también la pérdida de ingresos por participación en el torneo más importante del continente, y alimenta un clima de cuestionamiento interno hacia la gestión de Riquelme, quien desde que asumió la presidencia no ha logrado consolidar una conducción técnica estable ni los resultados internacionales que la historia y la infraestructura del club deberían garantizar. La carrera por el banco xeneize comenzó. La decisión final, como siempre en este período, recaerá sobre Riquelme.

Puntos clave:

  • Boca cayó 1-0 ante Universidad Católica y quedó eliminado de la Copa Libertadores en fase de grupos por primera vez en 32 años.
  • Claudio Úbeda no renovará su contrato, que vence el 30 de junio de 2026.
  • El Consejo de Fútbol evalúa a Néstor Lorenzo (Colombia) y Antonio Mohamed (Pumas UNAM) como candidatos al banco.
  • Boca jugará el playoff de Copa Sudamericana ante O’Higgins: ida el 22 de julio en La Bombonera, vuelta el 29 de julio en Rancagua.
  • La eliminación implica pérdida de ingresos continentales y agrava el cuestionamiento a la conducción deportiva de Juan Román Riquelme.

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La final más sombría: las estadísticas convierten a la derrota ante España en el peor partido de la historia de la Scaloneta

Las estadísticas oficiales de la FIFA confirman lo que el ojo vio con dolor: Argentina tuvo apenas el 32,5% de posesión, completó 375 pases con solo el 79% de efectividad y no registró ni un remate al arco en los 90 minutos reglamentarios. Los datos colocan a la final del Mundial 2026 como el encuentro más pobre del ciclo que ganó todo.

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Las estadísticas confirman que Argentina vivió su peor partido en la era Scaloni en la final del Mundial 2026.

Hay derrotas que duelen y hay derrotas que, además, obligan a mirar de frente una incomodidad estadística sin atajos, pero, lo importante, es preguntarse por qué pasó esto en uno de los partidos más importantes de la historia de la Scaloneta. La final del Mundial 2026 que Argentina perdió ante España por 1 a 0, con el gol de Ferran Torres en el minuto 105 de la prórroga, no fue solo una caída en la cima: fue, según los datos oficiales de la FIFA, el partido más opaco a nivel estadístico de toda la era de Lionel Scaloni, medido en términos de control del juego y producción ofensiva.

El número que lo dice todo: 32,5%

Las métricas publicadas por FIFA Vercel, el sistema de estadísticas oficial del organismo, son terminantes. La Selección Argentina terminó el partido con apenas el 32,5% de posesión de pelota, completó 375 pases con un índice de precisión del 79% y generó 0,07 xG (goles esperados), una cifra extremadamente baja para cualquier partido mundialista y, directamente, inédita para la Argentina y mucho más para una final. España, en contraste, terminó con el 60,2% de posesión, completó 789 pases con un 90% de precisión y acumuló 2,52 xG. La distancia entre ambos equipos, en términos estadísticos, fue abismal.

Otros registros subrayan la misma historia: España remató 20 veces contra los apenas dos disparos de Argentina, ninguno dirigido al arco. Según datos de Opta, la Albiceleste tuvo un solo toque de balón dentro del área rival en los 90 minutos reglamentarios, mientras que el conjunto europeo acumuló 251 recepciones en el último tercio del campo.

Un récord negativo sin precedentes en finales mundiales

La dimensión histórica del dato es aún más reveladora. Según informó beIN Sports, Argentina registró en la final su porcentaje de posesión más bajo en un partido mundialista desde que este indicador comenzó a contabilizarse de manera sistemática en 1966. Pero el dato más brutal, el que ningún análisis puede suavizar, es otro: la Albiceleste se convirtió en la primera selección en la historia de las finales de la Copa del Mundo que no logró registrar un solo disparo al arco durante los 90 minutos reglamentarios. Es un récord negativo sin antecedentes en el certamen más importante del fútbol. Y todo esto es sin hablar del arbitraje, que, definitivamente, torció la balanza.

Para dimensionar la caída, alcanza con comparar con otros partidos del mismo ciclo. En la final de Qatar 2022 contra Francia, Argentina completó 635 pases con una precisión del 82%, remató 20 veces y controló el 55% de la posesión. Incluso en la semifinal de ese mismo torneo ante Croacia, donde el equipo cedió voluntariamente el balón (34,4% de posesión), Argentina igual generó situaciones de gol y convirtió tres veces. La diferencia con la final de 2026 es cualitativa: en aquellas instancias hubo planificación y criterio en el repliegue; en el MetLife, en cambio, hubo sometimiento.

Scaloni: «Han sido mejores, la verdad»

El propio Lionel Scaloni no esquivó el diagnóstico. En la conferencia de prensa posterior al partido, entre lágrimas y con la voz cortada, reconoció la superioridad española sin medias tintas: «Han sido mejores hoy, la verdad», admitió. También señaló que llegaron «en un momento justo» y que aun así lo dejaron todo. Luego puso en duda su continuidad al frente del equipo: «Para seguir se necesitan muchas cosas, resetearse y formar un grupo como este, que difícilmente se vuelva a formar. Me duele en el alma. Lo siento», declaró antes de abandonar la sala de prensa de manera prematura.

La frase «Somos grandes en la victoria y tenemos que ser grandes en la derrota» resume el intento del entrenador por encuadrar el resultado dentro de una narrativa de honor. Pero los números no admiten narrativa: el equipo que en sus 104 partidos previos bajo este ciclo acumuló 76 victorias y ganó dos Copas América, un Mundial y una Finalísima, cerró esa era con su peor actuación estadística documentada.

Las circunstancias que explican, pero no excusan

El partido no estuvo exento de condicionantes. A los 41 minutos del primer tiempo, Lisandro Martínez sufrió una molestia muscular y debió ser reemplazado por Nicolás Otamendi, lo que obligó a Scaloni a reorganizar la última línea defensiva de emergencia. Luego, sobre el final del tiempo reglamentario, la expulsión innecesaria e inexplicable de un futbolista de élite como Enzo Fernández, que sabe exactamente lo que hace y como lo hace, dejó al equipo con diez hombres durante la totalidad de la prórroga, período en el que llegó el gol que definió el campeonato. Estos factores explican, al menos en parte, el derrumbe estadístico en la segunda mitad y el tiempo suplementario.

Sin embargo, los datos del primer tiempo ya anticipaban el desastre: con once jugadores en cancha y el marcador en cero, Argentina soportó 15 remates de España (9 al arco) y solo logró un 35% de tenencia, sin inquietar al arquero rival. El desequilibrio no fue solo circunstancial; fue constitutivo del partido y no por virtud del equipo contrario.

El debate que viene: ¿fracaso o cumbre del ciclo más exitoso?

La derrota abre un debate que excede lo estadístico. El ciclo Scaloni fue el más exitoso en la historia reciente del fútbol argentino: ningún técnico antes había acumulado tantos títulos en tan poco tiempo. Pero la imagen de una Selección Argentina que en la final del mundo no pudo ni siquiera ensayar un remate al arco durante los 90 minutos reglamentarios es, también, parte del legado. ¿Qué pasó?¿Tantas cosas salieron mal? La pregunta que quedó flotando en el estadio MetLife, y que tardará años en responderse, es si el equipo llegó a su límite exactamente en el peor momento posible, o si hubo decisiones técnicas y físicas que aceleraron ese desenlace. Pero la verdad es que el banco estaba lleno de futbolistas de excelencia que no entraron ni un minuto a la cancha… ¿Por qué?

Más allá de las preguntas y las especulaciones, lo que no admite discusión es el dato duro: basándose estrictamente en la posesión de pelota y la precisión en los pases, la final del Mundial 2026 ante España es el partido más pobre que registra la estadística en ocho años de gestión de Lionel Scaloni al frente de la Albiceleste.

Puntos clave

  • Argentina terminó la final con el 32,5% de posesión y solo el 79% de precisión en los pases, ambos mínimos históricos del ciclo Scaloni.
  • La Selección no registró ningún remate al arco durante los 90 minutos reglamentarios, una primera vez en la historia de las finales mundiales.
  • España completó 789 pases con 90% de efectividad y acumuló 2,52 xG frente a los 0,07 xG de Argentina.
  • Las lesiones de Lisandro Martínez y la expulsión de Enzo Fernández condicionaron el desarrollo, pero el desequilibrio fue visible desde el comienzo.
  • Scaloni reconoció la superioridad española y puso en duda su continuidad: «Hasta diciembre estoy acá, después va a ser complicado», declaró.
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