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Buenos Aires

Siguen matando al fútbol… y a los hinchas

“Mirá flaco, eso no se va a arreglar nunca. ¿Sabes por qué?», le dijo un comisario a quien suscribe cuando cubrió su primer caso de violencia en el fútbol hace más de 40 años.

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Por Marcelo Chiaradía

Corría el año 1982, la dictadura militar estaba en franco retroceso y yo hacía mis primeras incursiones en el periodismo intentando entrar a Diario Popular.

Me tocó ir a cubrir uno de los clásicos de la zona sur, en donde vivía: Temperley-Los Andes. Me había puesto contento, iba a ver al club de mi querido barrio, el «Gasolero», contra su tradicional rival.

Antes del partido, dentro de la cancha, hubo un enfrentamiento entre las dos hinchadas y desde la cabina de periodistas se veía la pelea que terminó con un muerto, José Luis Pérez.

Como el espectáculo debía continuar, a nadie le importó el asesinato y el partido se jugó igual. Terminado el encuentro, camine las 15 cuadras que había desde el estadio hasta la comisaría. Ahí hablé con el comisario para interiorizarme de la situación y aún hoy recuerdo su respuesta: “Mirá flaco, eso no se va a arreglar nunca. ¿Sabes por qué? Porque en media hora tengo a los dirigentes de los dos clubes pidiendo que larguemos a los detenidos, después cuando el fiscal empieza a investigar, nadie vio nada y todo queda impune. ¿Entendes?”.

Y no, la verdad, que en aquel momento no entendía….

Pero hoy, en el 2022 y con casi 300 muertes en las canchas, con la mayoría de esos asesinatos impune, empiezo a entender.

Entiendo que a la mayoría de los dirigentes les importa un pito el fútbol, la pasión, sólo les interesa el negocio. El negocio en donde tienen de cómplices a buena parte de la policía. El negocio en donde nos les importa el amor por la camiseta como a los verdaderos hinchas. No les interesa que muchos junten peso por peso para poder pagar una entrada a ir a su equipo favorito, aunque para entrar nos traten como delincuentes, y muchas veces nos corran, nos peguen, nos tiren gases o agua. No, no les interesa. Sólo les interesa el dinero.

Pero no son sólo los dirigentes de los clubes, son los que llegan a la AFA para enriquecerse los bolsillos, para a través de los árbitros, favorecer a tal o cual equipo, sólo por su ambición económica.

Y también es la dirigencia política, la que mira para el costado, la que no se hace cargo que nos están matando a los hinchas, que están matando al deporte más popular de la argentina.

No es sacando a los visitantes como se arregla la violencia en el fútbol. A los primeros que hay que sacar es a los corruptos.

Buenos Aires

Granja Tres Arroyos frenó su planta en Capitán Sarmiento y crece el temor al cierre definitivo

La principal avícola del país suspendió «hasta nuevo aviso» la actividad en la ciudad bonaerense, alegando falta de suministro eléctrico y razones operativas. El retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de oficinas alimentan la certeza entre los trabajadores de que la paralización será permanente.

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Retiran maquinaria y vacían oficinas: los trabajadores de Granja Tres Arroyos ya no creen en la "suspensión temporal".

La empresa avícola Granja Tres Arroyos notificó formalmente el cese de la actividad productiva en su planta de Capitán Sarmiento a partir del 31 de agosto de 2026. En un comunicado interno, la dirección argumentó que la medida obedece a «la falta de suministro eléctrico y a otras cuestiones operativas y productivas derivadas de circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento». La suspensión, definida como temporal, se extiende «hasta nuevo aviso», una fórmula que los propios trabajadores interpretan como el preludio de un cierre definitivo.

El vaciamiento que habla por sí solo

Lo que convierte la preocupación de los empleados en algo más que un temor sindical es lo que ocurre puertas adentro: el directorio inició el retiro de la maquinaria concesionada y el vaciamiento de las oficinas, señales que en el lenguaje industrial raramente acompañan una pausa transitoria. Según informó **Infobae**, esas acciones concretas son las que alimentan la convicción de que la paralización no será temporaria sino permanente, lo que pondría en riesgo los puestos de trabajo de los empleados que aún permanecen en la planta.

La suspensión en Capitán Sarmiento no es un episodio aislado, sino el último eslabón de una cadena de cierres y paralizaciones que viene sacudiendo a la empresa a lo largo de todo el año. La estructura productiva de Granja Tres Arroyos se desintegra de manera sistemática, planta por planta, sin que la conducción empresarial haya ofrecido una hoja de ruta clara sobre el futuro de sus instalaciones y su personal.

Un año de recortes en serie

El panorama acumulado en 2026 es de una gravedad que no admite eufemismos. A principios de agosto, la empresa comunicó el despido de más de 250 trabajadores de su planta industrial La China, ubicada en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), justificando la medida en la caída de la actividad provocada por la gripe aviar. Con anterioridad, Granja Tres Arroyos había paralizado por un mes la planta de Avex en Río Cuarto (Córdoba) y suspendido a todo el personal en la planta Pinazo de Pilar. En Wade II hubo paralizaciones por conflictos salariales y bloqueos, mientras que en Wade I la producción se redujo de manera notoria.

El historial reciente incluye además el cierre de la planta de Tristán Suárez con 200 despidos y el cierre de la planta de Becar en Concepción del Uruguay, desde donde los 270 trabajadores fueron trasladados a La China, la misma planta que meses después recibiría los despidos masivos de agosto. Una lógica de concentración y achicamiento que ahora desemboca en la parálisis de Capitán Sarmiento.

El peso de una deuda de 350 millones de dólares

Detrás de cada cierre y suspensión late una crisis financiera de proporciones: la empresa arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia con sus acreedores una reestructuración que contempla quitas de hasta el 75% del capital, plazos de pago a siete años y la venta de al menos cinco activos no estratégicos. A fines de 2024, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis, desde donde aceleró los recortes internos mediante un programa de retiros voluntarios y comenzó a afrontar sus obligaciones «de manera escalonada y en cuotas».

El colapso de la principal avícola del país no puede leerse en clave exclusivamente empresarial. Se trata de la destrucción de miles de puestos de trabajo en una industria que históricamente fue motor de empleo en el interior bonaerense y en provincias como Entre Ríos y Córdoba. Las suspensiones y cierres no solo dejan trabajadores en la calle, sino que erosionan la trama productiva de ciudades enteras que dependen del empleo industrial para sostener su economía local. La fórmula «fuerza mayor» que esgrime la empresa en sus comunicados no alcanza para explicar una crisis que es también el resultado de decisiones empresariales, de un contexto macroeconómico que encareció insumos y tarifas, y de un Estado que asiste al desmoronamiento sin intervenir con políticas activas de sostenimiento del empleo.

Puntos clave

  • Granja Tres Arroyos suspendió «hasta nuevo aviso» su planta de Capitán Sarmiento desde el 31 de agosto de 2026, alegando falta de suministro eléctrico y razones operativas.
  • El retiro de maquinaria concesionada y el vaciamiento de oficinas generan entre los trabajadores la certeza de que el cierre será definitivo.
  • En lo que va del año, la empresa despidió a más de 250 empleados en Concepción del Uruguay y paralizó o cerró plantas en Pilar, Río Cuarto, Tristán Suárez y Becar.
  • La compañía arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia quitas de hasta el 75% del capital con sus acreedores.
  • A fines de 2024, Granja Tres Arroyos ingresó en un proceso preventivo de crisis.

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